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Los 10 mejores secretos del Machu Picchu

Este antiguo sitio inca tiene secretos ancestrales atrapados en sus paredes y algunos más recientes que divulgaremos aquí.

Por Mark Adams

Por Mark Adams, autor de Turn Right at Machu Picchu

1. No es la ciudad perdida de los incas

Cuando el explorador Hiram Bingham III encontró Machu Picchu en 1911, en realidad buscaba una ciudad diferente conocida como Vilcabamba. Esta era la capital oculta a la que el pueblo inca había escapado después de que los conquistadores españoles llegasen en 1532. Con el tiempo se hizo famosa como la legendaria ciudad perdida de los Incas. Bingham pasó la mayor parte de su vida argumentando que Machu Picchu y Vilcabamba eran la misma ciudad, una teoría que no se pudo probar como errónea hasta después de su muerte en 1956. (Actualmente se cree que la verdadera ciudad de Vilcabamba se construyó en la jungla a aproximadamente 80 kilómetros al oeste de Machu Picchu). Investigaciones recientes han puesto en duda si Machu Picchu había sido realmente olvidada. Cuando Bingham llegó, tres familias de agricultores vivían en el lugar.

2. Los terremotos son frecuentes

Las piedras de los edificios más bellos de todo el imperio inca no utilizan ningún tipo de argamasa en las uniones. Estas rocas se cortaron de manera tan precisa y se encajaron de forma tan ajustada que no se podría introducir ni una tarjeta de crédito entre ellas. Aparte de las ventajas estéticas evidentes de este estilo de construcción, existen ventajas en cuanto a la ingeniería. Perú es un país sísmicamente inestable (Lima y Cuzco han sido azotadas por los terremotos), y Machu Picchu fue construido en lo alto de dos fallas. Cuando se produce un terremoto, las piedras de los edificios “bailan”, es decir, se mueven durante los temblores y luego vuelven a su lugar. Sin este método de construcción, muchos de los edificios más conocidos en Machu Picchu se habrían derrumbado hace mucho tiempo.

3. Las partes más impresionantes son invisibles

Si bien se recuerda a los incas por sus hermosos muros, sus proyectos de ingeniería civil eran también increíblemente avanzados. (Especialmente, como se observa a menudo, para una cultura que no usaba animales de tiro, herramientas de hierro o ruedas). El sitio que hoy tuvo que ser esculpido a partir de una muesca entre dos pequeños picos, moviendo piedras y tierra para crear un espacio relativamente plano. El ingeniero Kenneth Wright ha estimado que el 60 por ciento de la construcción realizada en Machu Picchu se encuentra bajo tierra. Buena parte de esas construcciones consta de cimientos profundos y rocas trituradas utilizadas como drenaje. (Como podrá contarle cualquier persona que visite durante la temporada húmeda, Machu Picchu recibe mucha lluvia).

4. Se puede caminar hasta las ruinas

Un viaje a Machu Picchu tiene muchas características, pero no se distingue por ser barato. Los boletos de tren desde Cuzco pueden costar más de cien dólares cada uno, y el precio de la entrada cuesta USD 43 adicionales. En el medio, un viaje de ida y vuelta en autobús por la pendiente de 609 metros de altura sobre la que se encuentran las ruinas incas cuesta otros USD 14. Sin embargo, si no le importa hacer ejercicio, se puede subir y bajar de forma gratuita. El empinado camino sigue aproximadamente la ruta de Hiram Bingham de 1911 y ofrece unas vistas extraordinarias del santuario histórico de Machu Picchu, que se ve casi como era en la época de Bingham. El ascenso es arduo y lleva aproximadamente 90 minutos.

5. Existe un excelente museo escondido que nadie visita

Para los visitantes acostumbrados a los carteles explicativos en los parques nacionales, una de las cosas que más les llamará la atención acerca de Machu Picchu es que el sitio prácticamente no ofrece información alguna sobre las ruinas. (Esta falta tiene una ventaja: las ruinas permanecen despejadas). El excelente Museo de Sitio Manuel Chávez Ballón (entrada USD 8) completa mucho de los espacios en blanco acerca de cómo y por qué se construyó Machu Picchu (las exhibiciones están en inglés y español) y por qué los incas eligieron un lugar natural tan extraordinario para crear la ciudadela. Aunque primero hay que encontrar el museo. Está inconvenientemente escondido al final de un largo camino de tierra cerca de la base de Machu Picchu, a unos 30 minutos a pie desde la ciudad de Aguas Calientes.

6. Hay más de un pico para escalar

Mucho antes del amanecer, los entusiasmados visitantes hacen cola fuera de la estación de autobuses de Aguas Calientes con la esperanza de ser unas de las primeras personas en llegar al lugar. ¿Por qué? Porque solo las primeras 400 personas que se inscriban son elegidas para subir al Huayna Picchu (el pequeño pico verde, con forma de cuerno de rinoceronte, que aparece en el fondo de muchas fotos de Machu Picchu). Casi nadie se molesta en subir a la cima del extremo opuesto del lugar, que se suele denominar la montaña de Machu Picchu. Con 500 metros de altura, es dos veces más grande, y las vistas que ofrece de la zona que rodea las ruinas (sobre todo del río Urubamba que rodea Machu Picchu como una serpiente en espiral) son espectaculares.

7. Hay un templo secreto

Si usted es uno de los afortunados madrugadores que obtiene un lugar en la lista de invitados a Huayna Picchu, trate de no solo ascender a la montaña, tomar unas fotos e irse. Tómese el tiempo para seguir el asombroso camino hasta el Templo de la Luna, situado al otro lado del Huayna Picchu. Aquí, se ha construido una especie de santuario ceremonial en una cueva llena de exquisitos trabajos en piedra y nichos que probablemente alguna vez se usaron para guardar momias.

8. Todavía hay cosas por descubrir

Si se aleja de las ruinas centrales de Machu Picchu, notará que de vez en cuando hay caminos laterales que se desvían hacia el espeso follaje. ¿Hacia dónde van? Nadie lo sabe. Debido a que el bosque nuboso vuelve a crecer rápidamente en el área que rodea a Machu Picchu, puede haber senderos desconocidos y ruinas que todavía no se han encontrado. Se han renovado varios conjuntos de terrazas que estarán abiertos al público por primera vez este verano.

9. Tiene un gran sentido de la orientación

Desde el momento en que Hiram Bingham llegó hasta Machu Picchu en 1911, los visitantes han entendido que el entorno natural de las ruinas es tan importante para el sitio como los propios edificios. Investigaciones recientes han demostrado que la ubicación del lugar y la orientación de sus estructuras más importantes estuvieron fuertemente influenciadas por el emplazamiento de las cercanas montañas sagradas, o apus. Una piedra en forma de flecha en la cima de Huayna Picchu parece apuntar hacia el sur, directamente a través de la famosa piedra de Intihuatana, al monte Salcantay, uno de los apus más venerados en la cosmología inca. En los días importantes del calendario inca, se puede ver el amanecer o la puesta de sol detrás de otros picos importantes.

10. Puede haber sido el final de una peregrinación

Una nueva teoría propuesta por el arqueoastrónomo italiano Giulio Magli sugiere que el viaje a Machu Picchu desde Cuzco podría haber tenido un propósito ceremonial: revivir el viaje celestial que, según la leyenda, realizó el primer inca cuando salió de la Isla del Sol en el lago Titicaca. En lugar de seguir el camino más sensato a lo largo de las orillas del río Urubamba, los incas construyeron el poco práctico, pero visualmente impresionante Camino del Inca que, según Magli, preparaba a los peregrinos para el ingreso a Machu Picchu. La etapa final de la peregrinación habría terminado con el ascenso de los escalones hasta la piedra de Intihuatana, el punto más alto de las ruinas principales.

Artículo original publicado el 15 de junio de 2011.

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