Conoce más sobre la cultura gaucha de la Patagonia
En los ranchos aislados de Argentina, se destacan las montañas imponentes, la comida casera y las costumbres gauchas.

En la provincia argentina de Neuquén, dos gauchos pastorean vacas Angus-Hereford desde terrenos cercanos a las cumbres en el verano hasta los pastizales de zonas más bajas en invierno.
En la provincia argentina de Neuquén, dos gauchos pastorean vacas Angus-Hereford desde terrenos cercanos a las cumbres en el verano hasta los pastizales de zonas más bajas en invierno.
Pasando el área más árida del límite norte de la Patagonia argentina, debajo de una empinada pendiente de 460 metros, en un extremo remoto de un exuberante pastizal, Saúl Jara cuida sus rebaños todos los veranos.
Jara proviene de una familia de varias generaciones de puesteros (peones de campo que viven en una de las partes de una estancia, que tienen a su cuidado, así como a los animales que corresponden a ella). Su forma de vida cambia según las estaciones, y va desplazándose con sus cabras, vacas y caballos por las tierras bajas durante el invierno (invernada) y los terrenos más cercanos a las cumbres durante el verano (veranada). Para poder explotar las tierras públicas, cuenta con derechos concedidos por el gobierno, que se transmiten de padres a hijos.
En la entrada del puesto de Jara -una choza de hierro corrugado, sin agua corriente ni electricidad- hay un caballo capón. Adentro, sobre una hornalla, una olla quemada con grasa de cabra; junto a esta, unos bollos de masa preparados para un festín de tortas fritas. Jara nos saluda desde la puerta con una gran sonrisa y sin la boina puesta, como es costumbre cuando los gauchos comparten una comida.
El encanto de la cultura gaucha
Los gauchos, hombres fuertes y habilidosos con los caballos, entre nobles y rebeldes, con una mística solitaria y taciturna, han atraído a una gran cantidad de viajeros deseosos de vivir una experiencia típicamente argentina. Hoy, la mayoría de los gauchos (y algunas gauchas) son una parte fundamental de las estancias tradicionales. Las opciones para vivir una experiencia en una estancia son muchas: desde las grandes casonas en las pampas de la provincia de Buenos Aires hasta las casas lujosas entre los viñedos de Mendoza o las Sierras Chicas de Córdoba. Pero los vastos pastizales y las antiguas montañas de la Cordillera Patagónica del norte permiten una mirada más auténtica a las costumbres gauchas de antaño.

La casa de huéspedes principal de Estancia Ranquilco se encuentra entre álamos gigantes.
La casa de huéspedes principal de Estancia Ranquilco se encuentra entre álamos gigantes.

Los huéspedes y voluntarios de Estancia Ranquilco suelen encariñarse mucho con los caballos del rancho. Aquí, Lara Simon y Vicente posan frente a la casa de voluntarios.
Los huéspedes y voluntarios de Estancia Ranquilco suelen encariñarse mucho con los caballos del rancho. Aquí, Lara Simon y Vicente posan frente a la casa de voluntarios.

En marzo, cuando termina la temporada de visitas en Estancia Ranquilco, un guía disfruta de un solitario paseo al atardecer.
En marzo, cuando termina la temporada de visitas en Estancia Ranquilco, un guía disfruta de un solitario paseo al atardecer.

Los empleados del rancho Tom Von Gnechten y Victor Callesen se toman un descanso.
Los empleados del rancho Tom Von Gnechten y Victor Callesen se toman un descanso.

En Estancia Ranquilco, los huéspedes disfrutan de las comidas caseras de la chef Liz Millikan. En el rancho se cultiva y cosecha todo lo que se come, como las verduras de la huerta y la carne de ganado.
En Estancia Ranquilco, los huéspedes disfrutan de las comidas caseras de la chef Liz Millikan. En el rancho se cultiva y cosecha todo lo que se come, como las verduras de la huerta y la carne de ganado.
En la Estancia Huechahue, en la provincia sureña de Neuquén, cuatro generaciones de la familia Wood han explotado las 6.000 hectáreas de estepa patagónica para desarrollar ganadería autosostenible. Los visitantes se hospedan en el rancho, pero pueden cabalgar con gauchos, y observar sus técnicas, y también colaborar con tareas de ganadería. Otras actividades posibles son la pesca, el rafting y la caza.
En Huechahue se cultiva y se cría casi todo lo que el personal y los invitados comen, y así ha sido siempre desde que se estableció la propiedad a principios del siglo pasado. La propietaria Jane Wood Williams destaca que, últimamente, se ven afectados por la enorme cantidad de turistas en las cercanías de Bariloche y el Distrito de los Lagos, clásico destino patagónico. De hecho, gran parte de las regiones ganaderas más al norte han tenido un desarrollo mayor, y han establecido límites para los terratenientes y para separar los animales en áreas específicas. En muchas regiones, los gauchos que trabajan para los propietarios de las estancias se trasladan tanto caminando como en automóviles, y son una pieza fundamental de la dinámica del rancho.

El pasante Adam Bittner y Leo Carrithers-Jara cabalgan mientras el sol se pone en la Estancia Ranquilco de la Patagonia. Al no contar con tecnología para distraerse, los huéspedes y los trabajadores pasan las noches bajo las estrellas y se reúnen en fogatas.
El pasante Adam Bittner y Leo Carrithers-Jara cabalgan mientras el sol se pone en la Estancia Ranquilco de la Patagonia. Al no contar con tecnología para distraerse, los huéspedes y los trabajadores pasan las noches bajo las estrellas y se reúnen en fogatas.
Un rancho en el fin del mundo
Todo esto explica por qué la Estancia Ranquilco, y esta área de la provincia de Neuquén hacia el norte, es un lugar extraordinario.
"Puedes andar a caballo durante dos semanas sin cruzarte una sola carretera, una cerca o una persona, excepto a los gauchos locales", comenta T.A. Carrithers, quien creció en una comuna en el norte de California. Carrithers se hizo cargo de la estancia hace unos 10 años; hoy, dirige la posada de huéspedes. El paisaje de la estancia (40.000 hectáreas) consiste en los valles áridos del norte de la Patagonia y los picos irregulares, y caballos que corren libres y manantiales que manan del suelo. Una parte de la veranada andina adyacente es tierra pública sin cultivar. "El mundo moderno ha desestimado la trashumancia, un estilo de vida que consiste en desplazarte por el terreno con tus rebaño y manada según las estaciones, y pasar el verano en los puestos. Sigue siendo una práctica muy común entre las familias locales, pero ya casi no existe en otros lugares", cuenta.

Un guía descansa a la sombra de su caballo, luego de un viaje de varios días desde la Estancia Ranquilco de la Patagonia.
Un guía descansa a la sombra de su caballo, luego de un viaje de varios días desde la Estancia Ranquilco de la Patagonia.

En el puesto o cabaña del gaucho Raúl Benavides, la radio se carga con un panel solar portátil. En este lugar remoto, Raúl pasará la mayor parte del año aquí cuidando a su rebaño y viviendo de la tierra.
En el puesto o cabaña del gaucho Raúl Benavides, la radio se carga con un panel solar portátil. En este lugar remoto, Raúl pasará la mayor parte del año aquí cuidando a su rebaño y viviendo de la tierra.

Los voluntarios y el personal de Estancia Ranquilco se reúnen para compartir una cena y una fogata junto al río Trocoman.
Los voluntarios y el personal de Estancia Ranquilco se reúnen para compartir una cena y una fogata junto al río Trocoman.

Las voluntarias Colleen Tully y Michelle Van Sandt comparten historias junto al río.
Las voluntarias Colleen Tully y Michelle Van Sandt comparten historias junto al río.

Debajo de los rápidos, la chef del rancho Liz Millikan pesca con mosca en el río Trocoman. Según lo que atrape, los invitados cenarán percas o truchas.
Debajo de los rápidos, la chef del rancho Liz Millikan pesca con mosca en el río Trocoman. Según lo que atrape, los invitados cenarán percas o truchas.

La chef Liz Millikan disfruta pescando en el Rio Trocoman.
La chef Liz Millikan disfruta pescando en el Rio Trocoman.

Los empleados recorren un sendero irregular por el rancho.
Los empleados recorren un sendero irregular por el rancho.
Todo esto puede contemplarse apenas llegas a Ranquilco, a cinco horas desde el aeropuerto de Neuquén conduciendo hacia el norte, siendo el último tramo, un camino de tierra que termina en el Paso de Buta Mallín. Desde allí, son tres horas a caballo hasta que llegas a la puerta de la estancia, donde se puede leer un mensaje tallado a mano: “Disfruta de la creación”. Una fiesta de bienvenida te recibe en Casa Grande, y en sus varias dependencias que conjugan una arquitectura de madera y piedra. Como un encuentro de Hogwarts y la Ponderosa, al margen de todo.
Estancia Ranquilco fue fundada en 1978 por californianos con raíces hippies. Desde entonces, ha recibido la visita de una enorme cantidad de viajeros excéntricos y talentosos de todo el mundo, quienes han encontrado aquí un lugar para quedarse, y trabajar como jardineros y veterinarios, masajistas, herreros y chefs expertos en seducir a los huéspedes con sus extravagantes platos elaborados con productos de granja. Por ejemplo, remolacha del huerto asada con bolas de labneh -un queso de yogurt-, nueces y especias cosechadas en la huerta con la que preparan una versión de duqqa. Y junto a la ensalada tabulé de trigo bulgur, menta picada, cebolla y tomate: una ruleta rusa de pimientos de padrón, desde los más suaves a los más picantes.
En Ranquilco y otras propiedades patagónicas alejadas, existe un verdadero círculo de sostenibilidad. Para fabricar vasos, cortan las bases de las botellas de vino vacías (de las cuales se encuentran muchas, por cierto). Y hagas lo que hagas en tu visita -pescar y relajarte en la estancia, o cabalgar hacia los Andes para dormir bajo las estrellas-, puedes ver cómo funciona el autoabastecimiento, que se practica no solo por elección, sino por necesidad.

Los gauchos se reúnen para atar, marcar y castrar varios cientos de terneros durante la Yerra anual en la Estancia Ranquilco.
Los gauchos se reúnen para atar, marcar y castrar varios cientos de terneros durante la Yerra anual en la Estancia Ranquilco.
Caballos criollos
Los protagonistas de la escena son los caballos, los héroes que hacen posible la vida en medio de este paisaje remoto y al margen de la civilización. Durante siglos, la raza nativa de pisada firme ha sido la forma de transporte más cómoda y confiable en una enorme extensión de estos campos. Quizás es por eso que algunos describen al gaucho y al caballo como las dos partes de una misma criatura. Parafraseando al naturalista argentino-británico del siglo XIX William Henry Hudson, un gaucho sin caballo es un hombre sin piernas.
Algo muy importante a tener en cuenta: hay que respetar mucho a los puesteros locales y sus familias. Son amigos y vecinos, muy valorados por su conocimiento local. Es común que intercambien cabras o cuiden rebaños de Ranquilco junto con los suyos a cambio del permiso para pastar en las tierras de Ranquilco. Existe un profundo respeto mutuo que fue creciendo a lo largo de cuatro décadas. Quizá como otro vestigio de la herencia hippie de Ranquilco, no verás la marcada división social que sí existe entre los terratenientes y los gauchos de las estancias tradicionales argentinas. "Los abuelos de las personas que hoy trabajan aquí son quienes comenzaron la historia de esta tierra, y realmente, este es su hogar", cuenta Carrithers. "Tratamos de hacer la menor cantidad de cambios y me aseguro de que no afectemos sus raíces".
Amanece en el valle. Desarmamos rápidamente el campamento, preparamos los caballos y salimos para subir hasta un paso aún más elevado y remoto. No más carpas. En solo unos días, volveremos a las camas cómodas de Ranquilco. A mitad de camino, nos detenemos y esperamos a una de nuestras guías. Ha ido hasta el puesto de Jara a agradecerle nuevamente por su hospitalidad y a saludarlo de parte nuestra. Después de todo, eso es lo que hacen los buenos vecinos.
Liz Beatty es escritora, locutora y podcaster. Su podcast North Americana cuenta historias sorprendentes que conectan a estadounidenses y canadienses.
