Viajar en el tiempo a través de los archivos de National Geographic

El viaje de un escritor a través de la historia y durante una semana en el archivo de National Geographic en Washington D.C. Estas son sus reflexiones.

viernes, 24 de abril de 2020,
Por Don George
La colección de archivos de National Geographic contiene millones de objetos, entre ellos (de izquierda a ...
La colección de archivos de National Geographic contiene millones de objetos, entre ellos (de izquierda a derecha) el primer número de la revista “Traveler”; el diario de campo amarillo que utilizó el explorador J. Michael Fay para su proyecto “Megatransect”; la bandera de la National Geographic Society usada en al aterrizaje lunar del Apolo 11; y el álbum de fotos de 1915 que registra la excavación del Machu Picchu llevada a cabo por Hiram Bingham.
Fotografía de Rebecca Hale

A lo largo de mi carrera como escritor de viajes y editor, he estado en más de 90 países y cinco continentes, y he recogido historias para publicaciones en todo el mundo. Pero el último proyecto que me han encargado realmente me ha sorprendido. Me pidieron pasar una semana en la sede de Washington, D.C. de National Geographic, más precisamente, en un sótano sin ventanas donde se encuentran los archivos fotográficos.

No es el tipo de tarea a la que estoy acostumbrado. Lo pensé durante un día entero hasta que la curiosidad se apoderó de mí. Me imaginé que sería como examinar un desierto nunca antes explorado. Y enseguida mi mente vaticinó una gran aventura: La expedición a Archivia.

Para ingresar en Archivia, fue fundamental conocer a Bill Bonner. Bonner estuvo a cargo de la colección de fotos durante casi 34 años hasta que se jubiló en 2016. “Teníamos casi medio millón de impresiones en blanco y negro de la década de 1870, unas 12.000 ilustraciones, impresiones en blanco y negro realizadas a mano, y una de las mayores colecciones de autocromos del mundo. Es uno de los registros más grandes y completos del mundo”, contó.

Le pregunté a Bonner cuál creía que era la importancia de los archivos. "No soy un viajero, pero he viajado y conocido el mundo entero a través de estas fotos. Vi a muchísimas personas, y de alguna manera, viajé en el tiempo. Pero descubrí que hay algo que me angustia. Las ganas de estar allí, pero no en ese lugar sino en ese momento. Llegar a ese momento en el que se retrató la imagen. Pero ese momento ya no está. Para mí, los archivos son un lugar sagrado”.

 

Archivos: el 6 de abril de 1909, Robert Peary y su tripulación plantaron una bandera en una colina de hielo en el Polo Norte. Él escribió en su diario: “¡El Polo por fin! El premio de 3 siglos, mi sueño y ambición por 23 años"

Fotografía de Robert E. Peary

Una de las primeras fotos tomadas a la luz de la luna y la aurora boreal muestra el barco de Peary, Roosevelt, atrapado en el hielo marino en el cabo Sheridan, cerca de la isla Ellesmere, Canadá.

Fotografía de Robert E. Peary

Después de conversar con Bonner, entro en ese lugar sagrado. Una archivista me hace pasar a un sótano con luz fluorescente, de unos 10 x 10 metros, lleno de estantes estilo acordeón de casi 5 metros de altura con montones de carpetas y cajas. Me da un par de guantes de algodón blanco y me pregunta: "¿A dónde quieres ir?"

La historia entre mis manos

Comienzo mi viaje en el Polo Norte con la expedición de 1909 de Robert Peary, patrocinada por National Geographic. La archivista me entrega unas carpetas de tres anillos, como las que solía usar en la escuela secundaria; allí están las fotografías instantáneas en blanco y negro cuidadosamente guardadas en fundas de plástico. ¡Pero qué fotos! Un barco rodeado de icebergs, y los miembros de la tripulación luciendo un traje polar mullido y peludo.

Estas fotos son un registro científico e histórico. Estas personas se atrevían a ir a lugares donde nadie había ido antes. Miro las fotos sosteniéndolas con mis manos vestidas de blanco, y de pronto siento un escalofrío. Tengo la historia entre mis manos.

En 1921, el capitán Frank Hurley puso ver el río Opi en las selvas de Papua Nueva Guinea.
Fotografía de Capt. Frank Hurley, National Geographic

Esa sensación regresa cuando observo las fotos de Papua Nueva Guinea, tomadas en 1921 por el capitán Frank Hurley. Siento que un río de imágenes recorre mis manos enguantadas: un grupo de indígenas reciben al fotógrafo en su pueblo (el título espeluznante dice: "Dos filas de caníbales forman una estrecha guardia de honor para recibirnos"); escudos y calaveras tallados laboriosamente; un guerrero con un tocado de dientes; una mujer con un maravilloso tocado de plumas, una placa ancha para el cuello, collares de dientes como bandoleras debajo de sus senos, y un palo de veinte centímetros de largo que le perfora el tabique nasal.

Si bien hoy pueden conmovernos otras fotografías, estas son las imágenes que recuerdo de mi infancia, cuando iba al sótano de mis padres para saquear los montones de revistas con borde amarillo que guardaban allí. Archivia sería una metáfora para aludir a los sótanos de todo el mundo donde se conservan las revistas de borde amarillo como si fueran reliquias religiosas. Miro las fotos y pienso en las palabras de Bonner. Si bien no es una colección perfecta, son imágenes vivas. Atrapan y conservan piezas del mosaico del mundo.

Recuerdos de un mundo cambiante

Desde que comencé a ver -en National Geographic- fotografías de las increíbles estatuas de Buda en Bamiyan, Afganistán, me prometí a mí mismo ir allí algún día. Lamentablemente, nunca lo logré, y en 2001 los talibanes dinamitaron las antiguas estatuas, y las eliminaron para siempre.

Los archivos de video y piezas de arte se conservan en una sala en condiciones ambientales controladas en la sede de National Geographic ubicada en Washington, DC. La amplia colección está a cargo de los archivistas, entre ellos, el especialista en imágenes digitales Kendall Crumpler.
Fotografía de Mark Theissen

Pero sobreviven en Archivia. La archivista va en busca del material y desciende con una carpeta abultada. Ahí están: los Budas de Bamiyan. Vuelven a vivir, y me transporto a ellos, siento el sol, el polvo que barre el viento, oigo rebuznar a los burros.

La siguiente foto me deja sin aliento. En ella se observa un Buda de 53 metros de altura en su nicho del acantilado. Hay un hombre parado en la base, y apenas llega a la sandalia del buda. Sorprende el tamaño y la escala de esta estatua tallada tantos siglos atrás. Y es estremecedor pensar que ya no existe más.

A la mañana siguiente, le digo a la archivista que me gustaría ir a Machu Picchu. Me dirige hacia dos altísimas pilas de estantes. Tomo un libro encuadernado con cuero y lo abro con mucho cuidado. Allí puedo contemplar el Machu Picchu cuando era un laberinto de enredaderas, árboles y suelo rocoso, y luego la misma área un mes después, con paredes, ventanas y caminos claramente demarcados.

He recorrido estos senderos, estos muros, y he imaginado cómo habrá sido para Hiram Bingham explorar la llamada "Ciudad Perdida de los Incas" en 1911, y más tarde, documentar sus tesoros gracias a los fondos de la National Geographic Society.

Luego observo una foto de la Piedra Intihuatana, "el lugar donde está atado el sol", que los Incas usaban para medir el paso del tiempo. Me he parado en este punto exacto. Se me puso la piel de gallina.

Pienso en el Intihuatana cuando los Incas lo construyeron por primera vez hace unos 600 años; luego cuando fue asediado por la jungla; luego cuando Hiram Bingham llegó hasta allí guiado por un niño de 11 años que conocía bien el sitio; y luego cuando yo estuve allí. Pienso en la expectativa, la historia y las creencias concentradas en este lugar. El viento agita los pastos a mi alrededor. Siento una llama a mi izquierda; a mi derecha, siento a los turistas amontonados en las ruinas.

Desde algún lugar, llega una voz que dice: "¡Don! ¡Don! Ya es hora de volver a casa".

Lecciones para el futuro

En mi último día en Archivia me uní a la misión lunar Apolo 11, que se llevó a cabo hace 50 años. Miro la foto de Buzz Aldrin y la bandera estadounidense en la superficie lunar, y pienso en el futuro: ¿hacia dónde nos dirigimos?

La colección de fotos conserva muchos momentos históricos, como el alunizaje del Apolo 11, el 24 de julio de 1969.
Fotografía de NASA

Video muestra imágenes restauradas del Apolo 11 y la llegada a la luna.

Otra foto me llama la atención: la Tierra vista desde el espacio exterior. Miro nuestra canica girando en el universo inconmensurable, y pienso en los viajes que he realizado en Archivia, los lugares en los que he estado, las personas que he conocido, y pienso en Bill Bonner.

Me doy cuenta de que estoy sintiendo lo que él sintió durante esas décadas en este sótano: Archivia es un álbum de fotos planetario, una colección de momentos cuidadosamente seleccionados que revelan la magnitud, fugacidad y hermosura de esta esfera terrestre, nuestro propio lugar sagrado. Podemos explorarla con cuidado o ignorarla y ponernos en riesgo nosotros mismos. La elección es nuestra. Yo elijo viajar.

Don George, editor de National Geographic Traveler, es el autor de la aclamada antología The Way of Wanderlust: The Best Travel Writing de Don George

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