Viajes

El arte del café en San Miguel de Allende

Conoce cómo es la producción de café en esta histórica ciudad ubicada muy cerca de Ciudad de México. Miércoles, 15 Mayo

Por Jeremy Glass

En la parte más alta de una empinada calle de adoquines llena de edificios color amarillo mostaza, se esconde el Café Ki’bok, una pequeña cafetería que sirve uno de los mejores cafés del mundo. Este popular atractivo turístico, cuyo nombre significa "buenos aromas" en una lengua maya de Tulum -donde se originó el negocio-, está dispuesto en un lugar abierto y aireado, ¡la manifestación física del álbum Esquivel!; y suele estar lleno de turistas, expatriados y lugareños por igual.

Se encuentra en San Miguel de Allende, una ciudad colonial en las tierras altas del centro de México, con unos 140.000 habitantes. Fundada en el siglo XVI, la ciudad es conocida por su impresionante arquitectura barroca y neoclásica, reconocida por la UNESCO, y por su café gourmet de renombre internacional,  origen local y cuidadosa elaboración.

¿Por qué el café de San Miguel es perfecto para los verdaderos aficionados del esta bebida? La respuesta implica las siguientes palabras: fuente, preparación y orgullo.

"Tenemos una gran fe en los granos mexicanos", comenta Christian Zaíd, uno de los dueños de El Café de la Mancha. La pequeña articulación en la zona centro de San Miguel obtiene los granos de una pequeña granja a unos 645 km de distancia en Tlaxiaco, Oaxaca.

"Necesitamos tener información completa sobre los granos, el proceso, [y] la fecha de tostado", explica Zaíd. La filosofía de "buenos granos, buena extracción y buenos resultados" contribuye a fomentar la reputación de San Miguel. (La mayoría de las tiendas en San Miguel comparten una ética similar, y la misión de obtener suministros del estado de Oaxaca de forma responsable).

Incluso si los granos son excelentes, la preparación debe ser meticulosa. En Ki’Bok, los baristas miden bien las cantidades y controlan las temperaturas con mucha precisión. La Mancha también adopta un enfoque científico para la preparación del café, y brinda a los clientes casi una docena de métodos diferentes, desde el AeroPress (un método ultramoderno, que implica múltiples etapas) hasta el sifón japonés (un procedimiento sofisticado que parece un experimento químico).

Fiel a lo que significa su nombre, Ki’Bok, el pequeño café comparte el aroma a chocolate del café recién hecho. Si bien la carta muestra las ofertas típicas (espresso, capuchino, café frío), hay algunas sorpresas, entre ellas el exclusivo Hemingway, un café cortado cubano, doble espresso, servido con azúcar moreno y un toque de espuma cubierta con canela en polvo.

La fuente y la preparación contribuyen a que el café de San Miguel sea excelente, pero el orgullo es también un elemento imprescindible. No olvidemos que es poco frecuente que un país productor de café pueda disfrutar de su propio producto.

Planea tu viaje

El vuelo cortísimo desde la Ciudad de México a San Miguel de Allende cuesta generalmente menos de $200 dólares. Los hoteles y posadas pintorescos se pueden reservar fácilmente a través de Airbnb, entre ellos el hermoso Casaluna Hotel Boutique y Rosewood San Miguel de Allende.

Después de tomarte tu dosis de cafeína en Ki'Bok, La Mancha u otro café local, dedícate a pasear: las calles estrechas y empedradas son una aventura en sí mismas, y te llevarán a descubrir joyas ocultas como el bar La Sirena Gorda o el jardín botánico El Charco del Ingenio. Y antes de irte, asegúrate de visitar el Mercado de Artesanías para ver zapatos, cinturones, alfombras, adornos y otros tantos productos artesanales a precios económicos.

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