The Story of Us con Morgan Freeman

Cómo la comida motivó un escape de un campo de prisioneros

Cuando la necesidad se convierte en una pasión, se pueden salvar vidas gracias a métodos gastronómicos. Lunes, 15 Enero

Por Austa Somvichian-Clausen

Obviamente, las personas necesitan alimentos para sobrevivir. Pero, en algunas circunstancias, podemos permanecer con vida durante todo un mes sin comer nada. Mahatma Gandhi una vez hizo un ayuno de 21 días durante uno de sus 17 ayunos llevados a cabo como parte de su filosofía de Ahimsa, o protesta sin violencia.

Por otra parte, el período más largo durante el cual una persona puede sobrevivir sin beber agua es mucho más corto, solo de 8 a 10 días, y probablemente se desmaye por deshidratación varias veces durante ese lapso.

Pero si bien las personas pueden desear un vaso de agua cuando están deshidratadas, no genera la misma respuesta apasionada que generan los alimentos. De hecho, se ha demostrado que la comida ha influenciado la transición de la humanidad hacia la sociedad civilizada. El cultivo de cereales y el crecimiento de la agricultura han sido mencionados como factores contribuyentes centrales en nuestra transformación de cazadores y recolectores, a los consumidores agrupados en ciudades que somos hoy.

La disponibilidad y la calidad de los alimentos no solo tienen poder sobre civilizaciones completas, sino que también puede encender la pasión, incentivar el coraje y motivar el cambio en la vida de una persona. En algunos casos, la motivación por experimentar y cocinar la comida de preferencia ha salvado vidas en las peores circunstancias.

El alimento como motivador

Shin Dong Hyuk debe ser la única persona que ha escapado con éxito de la detención en un campo de “zona de control total” en Corea del Norte; el lugar en donde nació y vivió hasta los 23 años. Hyuk fue entrevistado recientemente en un episodio de "The Story of Us", en el que Morgan Freeman se pregunta en voz alta: “¿Qué motiva a las personas a luchar por la libertad?”.

Durante su crianza en el campo de trabajo penitenciario, Hyuk aprendió a temprana edad que los prisioneros no podían comer nada que no les fuera dado explícitamente, lo que a veces lo obligaba a lamer sopa del piso o comer ratones vivos para permanecer con vida. Recuerda una vez cuando un compañera, una niña de no más de 7 años, fue condenada a muerte por haberle encontrado comida en el bolsillo. 

Un momento decisivo ocurrió cuando Hyuk conoció a un prisionero llamado Park, que había viajado por toda Corea del Norte y China. “Lo más fascinante era la forma en la cual expresaba y explicaba los alimentos que comió, como el cerdo. La forma en la cual describía la experiencia era tan interesante que me motivó”, le explicó Hyuk a Freeman.

“Algunos pueden considerarlo algo tonto, pero para mí era algo tan simple como la comida”, dice Hyuk al describir su motivación para escapar del campo. Una vez le dijo a Financial Times: “Pienso en la libertad como un pollo asado”.

El alimento como medicina

La comida se convirtió en una pasión para Eddie McNamara luego de que dejara su trabajo como oficial de la policía de la autoridad portuaria de la Ciudad de Nueva York, donde fue uno de los miembros del equipo de rescate tras los hechos del 11/9. “Estaba muy deprimido y me diagnosticaron estrés postraumático”, me cuenta McNamara.

El ex policía también desarrolló agorafobia, lo que hizo que salir de su departamento fuera algo imposible. McNamara comenzó a sentirse atrapado de muchas formas. "Pensaba comenzaré a hacer una cosa a la vez. Comencé a preparar la cena. Comencé a ver programas de cocina. Comencé a leer blogs de recetas de cocina. Tal vez no me haya cambiado mi pantalón para correr ese día, pero al menos preparé la cena”, asegura.

Al pensar en su importante trabajo como oficial, preparar una buena cena para su esposa cada noche comenzó a ocupar ese vacío: su deseo de cuidar a los demás.

Desarrolló una pasión genuina por la comida y la gastronomía, y su esposa lo inscribió en algunas clases de cocina. Por primera vez en mucho tiempo pensó: “Puedo hacerlo. Esto es lo que quiero hacer”. Terminó yendo a una escuela culinaria de tiempo completo. McNamara descubrió que cuando cocinaba podía vivir el momento, y se olvidaba de su ansiedad y sus recuerdos dolorosos.

Fue también durante sus nueve extenuantes meses como miembro del equipo de rescate que McNamara se hizo vegetariano. Junto a su equipo, trabajaban de noche para recuperar los cuerpos de los fallecidos en el World Trade Center. La naturaleza gráfica y discordante del trabajo hizo que McNamara siguiera lo que llama una dieta más compasiva. “La idea de la carne se volvió algo repugnante para mí”, dice.

McNamara comenzó un blog en Tumblr, titulado descaradamente "Toss Your Own Salad" ("Mezcle su propia ensalada"), y un libro de cocina vegetariana del mismo nombre. Cuenta que la mayoría de las respuestas que recibe de sus lectores son agradecidas; vienen de personas que querían perder peso o mejorar su salud y encontraron ayuda en sus recetas y consejos.

“Creo que tenemos nuestros recuerdos en la comida”, asegura McNamara y concluye: “También, digamos que haces una fiesta y creas una versión de macarrones con queso que nadie había probado antes, y alguien te dice que es lo mejor que ha probado. Es un sentimiento es realmente muy bueno”.

Austa Somvichian-Clausen cubre las noticias y viajes de National Geographic en línea.

Artículo publicado 15 de noviembre de 2017.