La sequía y el calor amenazan los cultivos de arroz

Las apreciadas variedades del cereal utilizadas para el risotto se cultivan en los arrozales inundados del norte de Italia, pero las condiciones climáticas extremas afectan su producción.

Luca Rizzotti regula la inundación de su arrozal en Novara, Italia, el 23 de junio de 2022. Intenta salvar al menos parte de la cosecha de la sequía. La falta de lluvias ha obligado a los agricultores a sacrificar parte de sus cultivos de arroz para rescatar algunos.

Fotografía de Mauro Ujetto NurPhoto (265742), Getty Images (270311)
Por Jonathan Moens
Publicado 28 jul 2022 08:59 GMT-3

Massimo Saronni camina por su campo de arroz, cada paso es un fuerte crujido. Este campo debería estar inundado de agua, floreciendo con hojas verde esmeralda de un metro veinte y panículas de arroz dorado. En cambio, las plantas han adquirido un tinte marrón amarillento y el suelo se ha endurecido por la falta de lluvia. Pequeños parches de sobrevivientes salpican el campo, pero solo llegan a su tobillo.

Estos cultivos están seriamente dañados. No han tenido agua, así que no van a sobrevivir”, dice Saronni, quien ha trabajado como agricultor de arroz durante más de 30 años. Cultiva diferentes variedades de este cereal, incluido el carnaroli, un arroz rico en almidón apreciado en la cocina italiana por el cremoso risotto que produce.

El norte de Italia sufre un aumento de las temperaturas y su peor sequía en más de 70 años. Amplios tramos del Po, el río más largo de Italia, se han convertido en playas de arena. Sus famosos lagos, incluidos Maggiore y Como, también están retrocediendo. Muchos canales que se ramifican desde fuentes de agua dulce y alimentan campos agrícolas como el de Saronni ahora están estancados y secándose.

La región no ha visto lluvias sostenidas desde noviembre pasado. La causa de esta sequía no es ningún misterio: la temporada de invierno produjo poca nieve para alimentar los ríos; luego, una ola de calor de principios de verano golpeó con temperaturas, normalmente por debajo de los 27 grados Celsius, acercándose con frecuencia a los 38°C.

“Estos fenómenos extremos han estado ocurriendo con una frecuencia cada vez mayor”, cuenta Barbara di Rollo, asesora principal de políticas sobre recursos de suelo y agua de la Confederación de Agricultores Italianos. “Es algo que vimos venir y, desafortunadamente para nosotros, ahora tenemos que vivirlo”.

El clima desfavorable ya ha cobrado un alto precio a la industria del arroz. Las estimaciones dicen que los agricultores esperan perder alrededor del 30% de sus rendimientos este año, y la industria ya ha perdido alrededor de 3 billones de dólares como resultado de la sequía. Muchos de los campos más afectados se encuentran en las regiones de Lombardía y Piamonte, que juntas producen alrededor del 90% del arroz de Italia.

Italia es el mayor productor de arroz en la Unión Europea, representando más de la mitad de su producción total, y los importadores de arroz italiano seguramente sentirán la presión.

Los arrozales se inundan con regularidad, principalmente para mantener a raya las malas hierbas y mantener estables las temperaturas entre los días calurosos y las noches más frescas. Pero no es el único cultivo afectado; también se espera que la sequía y el calor dañen hasta la mitad de la industria agrícola de Italia, con una caída de hasta el 50% en la producción de maíz, y disminuciones significativas en frutas de verano, verduras y productos lácteos.

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Daño en los cultivos de arroz: una lucha por sobrevivir

A medida que los días se prolongan con poca o ninguna lluvia y los campos se hornean bajo el sol de verano, los funcionarios han tomado medidas para mitigar el daño a los cultivos. El 4 de julio, Italia declaró el estado de emergencia hasta fin de año en cinco de las regiones más afectadas y anunció casi 40 millones de dólares para ayudar a los agricultores en dificultades. 

Muchos aún no han recibido ningún apoyo financiero del gobierno, pero se están realizando esfuerzos para cuantificar el daño y determinar la magnitud de las pérdidas, sostiene Stefano Greppi, productor de arroz y presidente regional de Coldiretti, el sindicato agrícola más grande de Italia.

Los distribuidores regionales están coordinando el transporte de agua a los agricultores más afectados, priorizando el arroz sobre otros cultivos como los árboles frutales. El arroz puede tolerar mucha agua, pero no es necesaria para que el cultivo sobreviva. Con ese fin, los agricultores pueden usar menos agua y muchos están plantando arroz sin inundar los campos y redistribuyendo el agua a los agricultores que más la necesitan, relata Greppi.

Pero para muchos es demasiado tarde. Una vez que los campos se vuelven amarillos o marrones, casi no hay forma de que produzcan granos de arroz esa temporada. Algunos agricultores, incluido Gianni Spaltini, que cultiva una variedad de arroz que se usa para sushi, dice que espera perder más del 70% de su cosecha este año.

“En mis 30 años trabajando con arroz, nunca había visto algo así, ni siquiera mis padres o abuelos”, dice Spaltini, un agricultor de tercera generación.

Para tratar de mantenerse a flote, Spaltini venderá algunos de sus cultivos de maíz sobrevivientes para usarlos como biocombustible. Pero es poco probable que incluso esta estrategia mantenga su negocio en marcha sin ayuda, dadas las grandes inversiones que ya ha realizado en la cosecha de arroz de este año, incluida la compra de semillas, combustible, fertilizantes y más. La guerra en Ucrania ha disparado algunos de estos costos, en particular los precios del combustible para sus camiones.

Saronni y otros terminarán vendiendo todo el arroz que puedan producir a los molineros a un precio más alto debido a la escasez. Pero ese costo inevitablemente se trasladará a los consumidores y los más pobres probablemente serán los más afectados. “Los más castigados por esto son los más vulnerables de la sociedad”, argumenta Ettore Prandini, presidente de Coldiretti.

Normalmente, los agricultores con seguro podrían cubrir algunos de los costos de eventos climáticos dañinos como este. Pero en los últimos años, la gran mayoría de las compañías de seguros decidieron no cubrir las sequías, cuenta Greppi. Él sospecha que esto se debe a que hacerlo en el norte de Italia se ha vuelto demasiado arriesgado y poco rentable para ellos.

“Esta situación ha llevado a un grave problema de sostenibilidad económica del costo de estos riesgos para el sector asegurador”, dijo la Asociación Nacional de Compañías de Seguros, en Italia, en un comunicado a National Geographic. Las compañías de seguros trabajarán en estrecha colaboración con el departamento de agricultura, alimentación y silvicultura de Italia, que proporcionará 650 millones de dólares en fondos hasta 2027 para ayudar a gestionar el riesgo y apoyar a los agricultores locales, agregó la asociación.

Los múltiples culpables de la sequía

La falta de nieve, seguida de temperaturas abrasadoras debido al cambio climático son los culpables más obvios de esta sequía, pero no los únicos: el sistema de red de agua de Italia es antiguo y muy ineficiente. 

Las tuberías tienen fugas y están mal mantenidas, y el agua que se usa en la agricultura a menudo no se recicla, explica Rossella Muroni, vicepresidenta de la comisión ambiental de Italia. Como resultado, alrededor del 40% del agua transportada de un lugar a otro en Italia se pierde en el tránsito y solo se recolecta alrededor del 10% del agua de lluvia, dice Prandini.

“Tiene agujeros, rupturas, es un sistema de red de agua que está en mal estado”, dice Prandini. “Es imperativo… que invirtamos en proyectos de infraestructura a mediano plazo”.

Recientemente, Italia desbloqueó alrededor de 4 mil millones de dólares como parte de una iniciativa para mejorar su sistema de agua, incluida la construcción de depósitos de emergencia en la región norte, dice Prandini. Ambos proyectos contribuirían en gran medida a abordar la raíz de los problemas del país, reconoce, pero también tardarán varios años en completarse.

Otro enfoque posible es asignar cantidades precisas de agua a los cultivos de arroz, permitiendo cierto nivel de inundación pero evitando el desperdicio. Sin embargo, confiar demasiado en este tipo de métodos puede resultar contraproducente si no se hace con cuidado, dice Guillaume Gruere, analista principal de políticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. 

En los sistemas hidráulicos, el agua se mueve de un sitio a otro y parte de esto, conocido como flujo de retorno, regresa rápidamente a la fuente, por ejemplo, un depósito. Pero en un sistema altamente eficiente, toda el agua puede terminar siendo utilizada por los cultivos, lo que genera mayores cosechas, pero no deja reservas de agua.

“Es una paradoja”, asegura. “Si vas muy rápido con todas esas tecnologías sin tener ningún control, es posible que veas que… el agua baja todos los años y de repente estás seco”.

Variar los tipos de cultivos que producen los agricultores en el norte de Italia es otra forma posible de avanzar, dice. El arroz se consume ampliamente y se ha cultivado en el norte durante siglos, por lo que cambiar las prácticas no es tarea fácil. 

Pero los agricultores también deben enfrentar la dura realidad de que el cultivo de arroz en el clima actual se está volviendo rápidamente insostenible. La transición a otros granos que usan equipos y técnicas similares, como el trigo, podría ser una forma de cambiar y al mismo tiempo amortiguar estos riesgos, dice Gruere.

Hacer un cambio es complejo y debe ser guiado por un grupo de trabajo que vincule a investigadores expertos de universidades y gobiernos con agricultores en el terreno, dice Muroni. “No podemos dejarlos atrás”, agrega. “Estas son personas que están produciendo nuestra comida”.

Algunos productores de arroz, como Saronni, ya están planeando cambiar los cultivos a trigo, que puede crecer durante el invierno en el clima templado de la región y no requiere inundaciones. 

Dado que Ucrania ya no produce tanto trigo debido a la guerra con Rusia, él ve esto como una nueva oportunidad de mercado que surgió de circunstancias horribles. Pero cambiar de cultivo no es tan sencillo, ya que las regulaciones de la UE vinculan la financiación a cinco años de producción de un cultivo y, en muchos casos, en esta región, es arroz.

Pero para todos los agricultores de la región, cambiar lo que cultivan no aborda la raíz del problema ni resuelve las desastrosas cosechas de este año: una crisis climática furiosa que está devastando el sistema agrícola de Italia. La producción de trigo, soja u otros granos puede ayudar temporalmente, pero las temperaturas más altas pronto se pondrán al día, explica Spaldini, dejándolo perdido. “No sé qué se puede hacer con esta situación de crisis climática”.

Lo que está claro es que esperar no es una opción, argumenta di Rollo. En lugar de responder a la próxima crisis tal como se presenta, las personas deben unirse y evitar que sucedan en primer lugar. Esto, asegura, implicará inversiones a largo plazo para reforzar la frágil infraestructura hidráulica de Italia.

“Este no es un problema estacional, no se puede resolver simplemente con una declaración de emergencia”, dice di Rollo. “Necesitamos abordar estos problemas antes de que sucedan”.

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