Afuá, la ciudad de las bicicletas en la Amazonía brasileña

Motos, automóviles o cualquier otro vehículo a motor no puede ser utilizado en las vías y pasarelas construidas sobre palafitos en la isla que desemboca sobre el río Amazonas. Ubicada en el estado de Pará, esta localidad es un ejemplo de movilidad urbana.

Con 40.000 habitantes, la ciudad de Afuá prohibió el tráfico de cualquier vehículo motorizado desde 2002.

Fotografía de Gabi Di Bella
Publicado 22 de sep. de 2021 19:39 GMT-3, Actualizado 1 de oct. de 2021 14:20 GMT-3

Llegar a Afuá después de casi dos años de enfrentar a una pandemia en San Pablo fue como inaugurar la era del turismo espacial sin salir de la estratosfera. Puede ser que muchas personas consideren que esta pequeña ciudad de 40.000 habitantes, ubicada en el Archipiélago de Marajó, estado de Pará, en el norte de Brasil, se detuvo en el tiempo, pero tras una visita, queda claro que es un vistazo de un posible futuro. Construida sobre palafitos de madera debido a la inundación del río Amazonas, el código de postura de 2002 del municipio prohibió el uso de cualquier vehículo a motor, incluidos los eléctricos, en sus calles. Allí, todos, sin excepción, utilizan bicicletas como medio de transporte. 

Si no hay autos ni motocicletas en Afuá, tampoco hay leyes de tránsito. No hay una sola señal de pare. ¿Embotellamientos? ¿Multas? De ninguna manera. ¿Dar vueltas y vueltas para aparcar? ¿Tener miedo de ser atropellado? Nunca. Y otra cosa que no sucede: las muertes por accidentes de tráfico. Cuando se producen, no son graves, generan pocas lesiones y suelen ser provocados por forasteros como esta reportera que pedaleó para hacer el presente reportaje. La atención y el respeto por el espacio del prójimo es el código no escrito de la movilidad.

Para alguien como yo, que creció en medio del asfalto y el humo de los autos, esto podría parecer algo de otro planeta. Lo más raro es darse cuenta de que el movimiento en las calles es tan intenso como silencioso. Un silencio roto solo por el ruido del motor de los barcos que pasan a lo largo del río y por la música ecléctica de los altavoces del animado pueblo de Pará, un movimiento que acompaña las horas del calor y las mareas. Los habitantes de Afuá se mueven a medida que llegan y parten los barcos hacia Macapá o Belém –las capitales más cercanas– palpitando entre la lógica de vivir en armonía con la naturaleza, siguiendo su geografía y clima; y la presión de un peculiar estilo de vida urbano.

Esta relación de armonía con la naturaleza es muy clara para la turismóloga del departamento de Deportes y Ocio de la ciudad, Andra Lúcia Chaves Ataíde, 39 años. Nacida y creada en Afuá, Ataíde destaca que la bicicleta es el eje central de la vida cotidiana en la ciudad. “Toda la ciudad anda en bici, nuestra vida es la bici, nuestro medio de transporte es la bici y lo será por el resto de nuestras vidas”, dice. “Nuestra ciudad es específica para este modelo de transporte sostenible”.

Por ser una ciudad sin ningún automóvil siquiera, Afuá se volvió conocida en varios lugares del mundo y recibió algunos apodos –como la Venecia de Marajó y la Copenhague de la Amazonía, lugares cuya movilidad también prioriza las vías fluviales o las ciclovías– y se convirtió en una referencia para arquitectos, historiadores, fotógrafos y ciclistas. La fama le valió a Ataíde algunas invitaciones para hablar en conferencias y congresos. “Una vez, antes de una conferencia en Belém, me preguntaron cuántos kilómetros de ciclovía había en mi ciudad. Dije unos 17.000 metros. No lo creyeron, hasta que comencé a mostrarles las fotos”, recuerda. 

Ataíde cuenta que la familia se mudó a Macapá cuando ella tenía 12 años. Sin embargo, después de graduarse de la universidad, decidió regresar a Afuá. “Me siento atrapada cuando tengo que viajar en coche; aquí ejercemos plenamente el derecho de ir y venir, no necesitamos esperar uber o taxis, simplemente tomamos la bici y vamos a cualquier parte”, dice. “Incluso los borrachos montan en bicicleta”. Actualmente, cría a su hijo Daniel, cuatro años, en bicicleta por toda Afuá.

Afuá vista desde el río Amazonas. Debido a su geografía, en medio de los canales y arroyos del bosque, la ciudad recibió el apodo de la "Venecia de Marajó" y, por el uso de bicicletas, la "Copenhague de Amazonía", en referencia a la capital danesa donde más del 60 por ciento va en bicicleta a la escuela o al trabajo.

Fotografía de Gabi Di Bella
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Las horas pico en Afuá varían: depende de la llegada de ferries que transportan pasajeros y mercancías desde Macapá, la capital más cercana, y Belém. A su vez, las embarcaciones respetan la hora de la marea y el sol en la línea ecuatorial, inclemente al mediodía.

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Para refrescarse en el calor de la línea ecuatorial, una buena idea es bañarse en el río Amazonas.

Fotografía de Gabi Di Bella

La revolución de los taxis en bicicleta, o bicitaxis

Claramente, no obedecer el calor de la latitud 00’09”, a unos 15 kilómetros al sur de la línea ecuatorial, es una mala idea. El sol ya se vuelve extremadamente fuerte a media mañana y el truco es esconderse a la sombra o pedalear con una mano en el manillar y la otra sosteniendo un paraguas. Por eso, el día empieza temprano, con el sonido de la radio Afuá resonando por los postes de la ciudad. A las cinco de la mañana, Raimundo do Socorro Souza, 53 años, más conocido como Sarito, comienza a presentar el programa Acorda Afuá (Despierta Afuá, en traducción libre). “Para ti que está haciendo tu café, ¡buenos días, doña María, buenos días, don Benedito!”, narra en una de sus transmisiones. “Ven a Afuá, una ciudad de mujeres hermosas y hombres trabajadores, y no te olvides de dar un paseo en bicitaxi”.

Apasionado de la ciudad, Sarito dice que, hasta la década de 1980, la bicicleta era un objeto de lujo entre la gente de Afuá. La popularización de las bicis se inició en la década de 1990, acompañadas de algunas motos. “Con el tiempo, la población creció y las motocicletas aumentaron, por lo que las autoridades las prohibieron, porque las calles de madera no soportaban”, cuenta el locutor de radio. “Después aparecieron las pasarelas de hormigón armado, pero cualquier vehículo de motor sigue estando prohibido”.

Se puede decir que Sarito es un hombre de múltiples talentos, pues es ebanista, pintor, DJ, locutor de radio, músico e inventor. En 1995, decidió unir dos bicicletas para llevarse a los niños a dar un paseo: fue la invención del bicitaxi. “Empecé a llevarme a toda la familia conmigo, era una diversión y comencé a ganar algo de dinero llevando a otras personas”. Pero hubo algunos sustos. Un día, cuando las luces de la ciudad se apagaron a la medianoche, Sarito regresaba a casa después de dejar pasajeros y, al pasar frente al cementerio, sintió que algo lo tiraba hacia atrás. “Se apagó la luz y yo quería volver deprisa a mi casa. Yo pedaleaba y algo me tiraba, pedaleaba y me tiraba. Por suerte, pasó un amigo y vio que era el cinturón para atar las cargas que estaba pegado a la madera de la pasarela”, cuenta Sarito entre risas.

Locutor de radio, DJ, inventor, pintor, ebanista y músico Raimundo do Socorro Souza, Sarito, dice que inventó el bicitaxi en 1995, cuando unió dos bicicletas para llevar a sus hijos a dar un paseo.  

Fotografía de Gabi Di Bella
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La bicicleta del Departamento de Bomberos – llamada 'bicilancia' – lleva una camilla y dos rescatistas. 

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Los conductores de los bicitaxis esperan a los clientes en la costa de la ciudad. Según Sarito, un bicitaxi con luces LED y estéreo de automóvil que funcionan con baterías puede costar hasta R$ 15.000.

Fotografía de Gabi Di Bella

Hoy en día, la hora pico en Afuá está constituida por una multitud de bicitaxis que esperan a los pasajeros en la barca, que llega durante la marea alta. Muchos bicitaxistas invierten en luces LED y altavoces que funcionan con baterías. El género musical preferido es el funk y la música electrónica de Pará. La estilización de los ‘coches’, como se les llama, no tiene límites. “En la actualidad, un bicitaxi hoy puede costar de cuatro a ocho mil reales, pero con luces LED y estéreo de automóvil puede llegar a 15 mil reales, el valor de un auto”, compara Sarito. Además de los vehículos privados, también hay bicilancias (ambulancias en bicicletas), el bicitaxi de bomberos y el ‘coche’ publicitario.

Las creaciones se colorean con grafitis y luces, todas ellas exhibidas en el desfile del Festival de las Gambas, que se lleva a cabo en julio. La creatividad no tiene límites y muchos tienen nombres, como Viuda Negra, un ‘coche’ con muchas telarañas, colores y luces. Otros, como Adriano dos Santos, 36 años, metalúrgico, se ganan la vida montando bicitaxis por encargo. “Soy autodidacta, lo aprendí todo solo observando. Hoy puedo crear cualquier cosa con soldadura y hago el ‘coche’ según las exigencias específicas del cliente”, dice. Él mismo tiene sus creaciones estilizadas. “Me gusta nombrarlas según los personajes de Vengadores o de Transfomers. El [‘coche’] amarillo que tengo hoy se llama Bumblebee y, la bicicleta, Venon”, explica. 

“Sé que todo esto es culpa mía”, bromea Sarito. Después de dejar la radio, pasa por la feria del pescado y toma un café en la plaza, saludando a casi todos.  El movimiento en la ciudad desaparece alrededor del mediodía y solo regresa después de las cuatro de la tarde. Las personas más activas dejan la bicicleta a un lado para jugar fútbol, voleibol, nadar en el río, hacer crossfit –hay muchos gimnasios en Afuá– o incluso dar un paseo por la pista del aeropuerto, que cuando no está en uso se convierte en pista de atletismo. Antes de descender, los aviones dan dos vueltas sobre la ciudad para permitir que la gente salga de la zona.

La pandemia y los desafíos futuros

Sin embargo, los encuentros al final de la tarde todavía no son los mismos que antes de la pandemia. La COVID-19 forzó el aislamiento de la isla en marzo de 2020. Solo después de cuatro meses las barcas de pasajeros volvieron a circular. Actualmente, con una gran parte de la población vacunada con la primera dosis, poco a poco se van reanudando algunas actividades. Las clases de secundaria y las canchas deportivas ya se han permitido, mientras que las fiestas y otras reuniones siguen prohibidas. Aproximadamente 20 personas perdieron su vida en la ciudad a causa del nuevo coronavirus.

Tráfico de bicicletas frente a la plaza Leão do Norte y el Ayuntamiento de Afuá. La ciudad se encuentra a unos 15 kilómetros al sur de la línea ecuatorial, y es común ver a los ciclistas sujetando el manillar con una mano y, con la otra, un paraguas para protegerse del sol.

Fotografía de Gabi Di Bella
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El agente administrativo Irlan Ferreira Bezerra en su bicicleta adaptada para pedalear con el brazo. 

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Baxote, un soldador que monta bicitaxis, muestra la bicicleta Venom, una de sus creaciones especiales. 

Fotografía de Gabi Di Bella

Una de las víctimas fue el padre de la abogada Thaiane Kelle Almeida, 35 años, quien vive en Belém, pero siempre regresa para visitar a su familia. Kelle se mudó porque quería estudiar derecho y no había ninguna facultad en Afuá. “Hoy se puede hacer por Internet, pero antes no era posible. Mi deseo es aprobar un examen público e intentar volver a Afuá”, dice. “Es donde viven mi madre y mi hermana, aquí es mi lugar”. Kelle cree que la vida en Afuá sería mejor para su hijo Saulo, cinco años.

La vecina del otro lado de la calle, a quien considera una hermana, tomó ese camino. Pedagoga, Ruticleide Amorim Vaz, de 46 años, recién conoció los autos a los 18 años. “Me enteraba por los periódicos que llegaban en taxi aéreo. De joven, fui a trabajar en una escuela en San Pablo y parecía que había llegado a otro mundo”, recuerda Vaz. “Fue muy raro, sentí el impacto de la contaminación, vi el cielo negro y me escondía, pensaba que una tormenta estaba en camino. Mis amigos se reían de mí. Pude crecer profesionalmente, estuvo muy bien, pero hoy no dejo Afuá”. Ella cree que la tecnología ha cambiado a la juventud de la ciudad, que ahora está conectada con todo el mundo.

Y es a través de internet donde la nueva generación encuentra oportunidades más allá del comercio, los servicios, el turismo y las fábricas para la producción de palmito, madera y azaí en la región. Jaiane Alex, por ejemplo, es una celebridad de internet: tiene un millón de seguidores en Tik Tok y 20.000 en Instagram. Los videos de comedia retratan la vida cotidiana y la relación con su familia, siempre con la participación de amigos.

El misionero César Manoel da Silva, 28 años, dejó el interior de San Pablo para llevarse una vida más tranquila en Afuá. Hace cinco años, decidió mudarse y desarrollar un proyecto en la isla para combatir el analfabetismo. “Hay muchos problemas sociales aquí, ya que todo es muy simple, es una zona fronteriza y ribereña y una ruta de cruceros internacionales, entonces tenemos casos de prostitución infantil”, lamenta Silva. Actualmente vive con su esposa, Deise Barros de Oliveira da Silva, y sus dos hijos, Estevam y Efraim, en una casa en el centro de Afuá. “Creo que no todos son capaces de percibir la riqueza que existe en Amazonía; respiro aire limpio y sé que es el mejor lugar para la próxima generación”.

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El electricista Hugo Batista da Silva en la bicicleta que usa para trabajar. 

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El profesor de inglés y geografía también se desplaza en bici. Las bicicletas de la ciudad suelen tener la barra superior del cuadro inclinada, un portaequipajes y ruedas de 24 pulgadas.

Fotografía de Gabi Di Bella
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A pesar de llamativos y voluminosos, los bicitaxis representan solo el uno por ciento de los medios de transporte en Afuá.

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No hay límite para la creatividad a la hora de decorar los bicitaxis. 

Fotografía de Gabi Di Bella

Afuá surgió de la donación de tierras de una antigua propietaria de la región, Micaela Archanja Ferreira, y se emancipó como municipio en 1890. Desde entonces, ha vivido la lógica del desarrollo y la colonización de los ribereños del norte de Brasil. Actualmente, hay pocos indicios de las etnias indígenas de la región, excepto los sitios arqueológicos. El Índice de Desarrollo Humano de la ciudad es bajo (0,489 según el PNUD) y, como la mayoría de las ciudades del país, el tratamiento de aguas residuales es inexistente. Hay presión para que se construya una vía férrea que conecte las islas de la región y un proyecto para diseñar ciclovías en las vías.

En términos de movilidad, si consideramos que Brasil pierde alrededor de 40.000 personas al año en accidentes de tránsito, el equivalente a la población de Afuá, donde el número es cero, quizás tengamos mucho que aprender de esta ciudad. En cuanto al cambio climático, una ciudad construida sobre el agua y cuya movilidad no emite gases de efecto invernadero puede ser un pequeño indicio de cómo será el futuro. “Aquí es una fiesta cuando es tiempo de las inundaciones del río Amazonas, en marzo”, explica la turismóloga Andra. “Aprovechamos para limpiar la ciudad y todos salen a nadar, jugar y andar en bicicleta en el agua”.

Regresar de Afuá a una metrópolis diseñada para autos como San Pablo, cruzando un Brasil con cientos de focos de incendio visibles desde las ventanillas del avión, debería requerir un período de despresurización. Es como volver de otro planeta.

Mientras la niebla de la contaminación cubre el sol de la metrópolis, sé que allá en ese pequeño planeta amazónico de bicicletas, el cielo es azul y el tiempo es diferente.

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