Indonesia es un nuevo epicentro de COVID-19, aunque el pico parece que aún está por llegar

Fotografías de Muhammad Fadli
Publicado 28 de jul. de 2021 14:17 GMT-3
Indonesia es ahora un epicentro importante de la pandemia de COVID-19 con más de 49.000 casos ...

Indonesia es ahora un epicentro importante de la pandemia de COVID-19 con más de 49.000 casos confirmados al día. Aquí, los familiares vierten agua de rosas y ofrecen flores en la tumba de una víctima de COVID-19 en el cementerio público de Rorotan en Cilincing, norte de Yakarta, el 21 de julio de 2021. Según el recuento federal, más de 84.000 personas han muerto a causa del virus.

Fotografía de Muhammad Fadli, National Geographic

En la estación principal de colectivos de Pulo Gebang de Yakarta, hace solo unos días, miles de personas esperaban en filas para reclamar una de las 10.000 vacunas conta la COVID-19 que se ofrecieron en la última campaña de vacunación de emergencia del país.

Mientras tanto, en toda la ciudad, otros estaban haciendo una peregrinación más sombría al nuevo cementerio masivo de la ciudad por las víctimas de COVID-19. Allí, las familias depositaron flores y susurraron un último adiós mientras las retroexcavadoras cavaban nuevas tumbas a solo unos pasos de distancia. Diseñado originalmente para albergar 7.200 cuerpos cuando se inauguró en marzo de este año, la ciudad planea agregar casi 10 hectáreas para acomodar más restos mientras el país enfrenta un récord de muertes por COVID-19.

Mientras la segunda ola se estrella contra el cuarto país más poblado del mundo, el gobierno de Indonesia y sus ciudadanos luchan por responder. Las prioridades en competencia y las campañas de vacunación retrasadas y los cierres, entre otros problemas, han creado una situación desesperada. Es probable que las condiciones empeoren para muchos antes de que puedan mejorar, afirman los expertos.

Hileras de tumbas recién excavadas llenan el cementerio público de Rorotan en Cilincing, Yakarta Septentrional. Aunque originalmente se diseñó para albergar 7.200 cuerpos cuando se abrió en marzo de este año, la ciudad planea añadir casi 10 hectáreas para acomodar más restos de posibles fallecidos a medida que el país afronta una cifra récord de muertes por COVID-19.

Fotografía de Muhammad Fadli, National Geographic

Miles de habitantes de Yakarta se reúnen para recibir una de las 10.000 vacunas contra el coronavirus que se ofrecen durante un programa de vacunación masiva que se lleva a cabo en la estación principal de autobuses de Pulo Gebang en el este de Yakarta.

Fotografía de Muhammad Fadli, National Geographic

Con más de 49.000 casos confirmados al día, Indonesia es ahora un epicentro importante de la pandemia de COVID-19, junto con Brasil y el Reino Unido, que informan 54.517 y 39.315 casos al día, respectivamente.

Indonesia también es el último país del Sudeste Asiático en enfrentar un brote importante debido a la variante Delta y muchos creen que los casos reportados son un recuento grave de la situación. Más del 27 por ciento de las personas que se hacen pruebas de COVID-19 están infectadas, lo que indica que muchos más casos circulan por la población sin ser detectados. Un reciente estudio de anticuerpos en Yakarta, la capital del país, sugiere que casi la mitad de los 10,5 millones de personas de la ciudad ya pueden estar infectadas.

Mientras tanto, el sistema de salud en todo el país está evidenciando la presión. La semana pasada, los hospitales se estaban quedando sin habitaciones y sin oxígeno en Java, mientras que esta semana Bali está experimentando un colapso similar. Los hospitales de Yakarta están actualmente al 73 por ciento de su capacidad, según el vicegobernador. Solo en la primera quincena de julio, 114 médicos murieron a causa del virus. Mas de 1.500 trabajadores de la salud han muerto desde el comienzo de la pandemia.

Por ahora,  la tasa de mortalidad de la COVID-19 es de alrededor del 2,6 por ciento, en comparación con el 1,8 por ciento en los Estados Unidos o el 2,8 por ciento en Brasil, pero esta cifra aumentará a medida que el virus se propague a las islas más rurales de Indonesia con una infraestructura de atención médica más débil.

Zahwa Falisha, de 16 años, recibe su primera dosis de la vacuna Sinovac COVID-19 durante un evento de vacunación masiva en Otista Sport Hall en Bidara Cina, este de Yakarta. Hasta ahora, solo aproximadamente el 15 por ciento del país ha recibido una dosis de la inyección.

Fotografía de Muhammad Fadli, National Geographic

En dirección al pico de contagios

En un esfuerzo de emergencia a principios de este mes, el gobierno promulgó medidas de distanciamiento social que restringieron los viajes, las comidas en espacios interiores y cerraron ciertos lugares de trabajo oficinas. Esta semana, el gobierno ajustó las restricciones para permitir la reapertura de los mercados tradicionales y algunos restaurantes, mezquitas y centros comerciales. También se están llevando a cabo campañas de vacunación masiva.

De los aproximadamente 270 millones de personas en Indonesia, solo alrededor del 6 por ciento han sido completamente vacunados. El último impulso resultó en la distribución de casi 874.000 dosis. El gobierno tiene el objetivo de administrar dos millones de dosis al día a partir de agosto. Pero sin su propia vacuna, el país depende de los suministros internacionales.

"Necesitamos una acción a la velocidad de un rayo a nivel mundial para que países como Indonesia tengan acceso a las vacunas necesarias para evitar decenas de miles de muertes", dijo Sudirman Said, secretario general de la Cruz Roja de Indonesia, en una declaración a finales del mes pasado.

Junto con el lento lanzamiento inicial de la vacunación, las pruebas siguen estando fuera del alcance de muchos de los más vulnerables. El gobierno ofrece pruebas gratuitas para quienes presentan síntomas o han entrado en contacto con alguien que dio positivo. De lo contrario, la prueba de PCR, que puede detectar el virus antes de que una persona se vuelva infecciosa, puede costar más de $60 dólares mientras que el trabajador promedio gana un poco menos de $200 dólares por mes. Un resultado positivo también puede agregar dificultades económicas para aquellos con ingresos limitados.

Izquierda: Arriba:

Fauzi, un trabajador informal, vende café instantáneo cerca del Hotel Indonesia Roundabout, una popular zona peatonal en Yakarta en diciembre de 2020. La mayoría de sus clientes también son trabajadores informales, que se han visto muy afectados por la pandemia. Antes de la COVID-19, podía ganar $25 dólares por día. En diciembre de 2020, luchó por ganar $10 dólares al día.

Derecha: Abajo:

Yono, izquierda, y Faizin posan en una huerta en la azotea del cuarto piso de la Gran Mezquita Baitussalam en Taman Sari, en el oeste de Yakarta, en diciembre de 2020. Algunos lugareños comenzaron el proyecto con una donación de $3500 dólares poco después de que Yakarta comenzara a imponer un semi confinamiento. Quince trabajadores cuidan el jardín y todas las ganancias van a los agricultores y al fideicomiso de bienestar de la mezquita.

Fotografía de Muhammad Fadli, National Geographic
Izquierda: Arriba:

Un trabajador de la salud prepara una dosis de la vacuna Sinovac para la COVID-19 durante un programa de vacunación masiva que se llevó a cabo en el almacén de emergencia de la Cruz Roja de Indonesia en Mampang, Yakarta del Sur, el 16 de julio de 2021. El programa duró 10 días y tenía como objetivo vacunar a 10.000 personas. El gobierno espera administrar dos millones de dosis al día a partir de agosto.

Derecha: Abajo:

Los empleados del Servicio Postal de Indonesia, Mustofa, a la izquierda, y Alfian posan mientras distribuyen efectivo del gobierno federal a los residentes calificados del subdistrito de Kenari, en el centro de Yakarta. Alrededor de 10 millones de personas recibieron aproximadamente $21 dólares por mes mientras la política estuvo en vigor de enero a abril de 2021.

Fotografía de Muhammad Fadli, National Geographic

“Mucha gente hace cola en el laboratorio para realizar la prueba, pero una vez que se entera del precio de la prueba, muchos deciden no tomarla”, dice Eusebius Pantja, economista del Instituto MINDSET en Indonesia.

“Quieren hacerse las pruebas, pero si dan positivo, tienen que dejar de trabajar. ¿Cómo se van a mantener? Eso limita el incentivo para hacerse la prueba”, agrega Aloysius Gunadi Brata, economista de la Universidad Atma Jaya Yogyakarta en Indonesia.

El gobierno federal afirma que 84.766 personas han muerto por COVID-19 en Indonesia desde el comienzo de la pandemia. Pero Irma Hidayana, cofundadora de Lapor Covid , una cooperativa que recopila y comparte información sobre la pandemia en Indonesia, cree que es un recuento muy bajo. Junto con más de 150 voluntarios, recopila regularmente datos municipales de COVID-19 de 180 ciudades y 34 provincias. Argumentan que el gobierno federal ha “borrado” más de 20.000 muertes en el recuento nacional, muy por debajo de lo que reportan los gobiernos de niveles inferiores.

“Los casos en este momento están aumentando porque no reciben la información real”, afirma Hidayana. “La gente no comprende lo que está sucediendo en términos de la propagación del virus y lo peligroso que es. Y luego, como resultado, no siguen las medidas sociales de salud pública". 

Pasaje de trabajos de alta a baja productividad

Desde el inicio de la pandemia, más de 1,12 millones de indonesios se han visto empujados a la pobreza mientras trabajan más horas y corren el riesgo de infectarse. Más de dos millones de personas huyeron de ciudades abarrotadas para trabajar en la agricultura.

“El desempleo no ha disminuido drásticamente, del 6% al 7% únicamente. Pero están pasando de trabajos de alta productividad a trabajos de baja productividad”, señala Faisal Basri, economista de la Universidad de Indonesia.

Los residentes de Kampung Starling, Senen, Yakarta Central, esperan a que la organización sin fines de lucro Foodbank of Indonesia (en su traducción al español, Banco de Alimentos de Indonesia) distribuya comestibles en diciembre de 2020. En todo el país, el 31 por ciento de las familias sufrió escasez de alimento durante el último año.

Fotografía de Muhammad Fadli, National Geographic

Muchos de los que permanecieron en las ciudades durante la pandemia están luchando económicamente.

“Quiero que todo vuelva a la normalidad, como antes de la pandemia. Hay demasiadas restricciones ahora, ¿cómo puedo ganar dinero? Muchos de mis clientes habituales ya no aparecen, quizás también se hayan arruinado”, dice Yani, un vendedor de brotes de soja que trabaja en el Kebayoran Lama Market en Yakarta. Aunque trabaja más horas, ahora gana la mitad de lo que ganaba antes de la pandemia.

El negocio también es lento para Ahmad Afwan, un trabajador de entrega de alimentos que ahora a veces espera horas entre pedidos. “Si no gano suficiente dinero para la comida, solo espero que mi esposa lo entienda”, dice.

En todo el país, el 31 por ciento de las familias experimentaron escasez de alimentos el año pasado, según un informe reciente de la ONU. Incluso antes de la pandemia, más de siete millones de niños en Indonesia sufrían retraso en el crecimiento debido a la desnutrición.

Roozmalinie (izquierda) sostiene a su hija Aquilla de 3 años (centro) mientras Kris Wati (derecha) la mide en su casa de Pondok Melati, Bekasi, una zona suburbana al este de Yakarta. Wati es voluntaria en Posyandu, un servicio sanitario comunitario para mujeres embarazadas y niños. En Indonesia, más de siete millones de niños sufrían retraso en el crecimiento debido a la desnutrición ya antes de la pandemia.

Fotografía de Muhammad Fadli, National Geographic
Izquierda: Arriba:

Los pescadores y trabajadores del puerto de Muara Angke, un área densamente poblada en el norte de Yakarta, reciben comida gratuita de Wonder Food Indonesia en diciembre de 2020. La organización sin fines de lucro, establecida en marzo de 2019, proporciona hasta 3.500 comidas cada semana a comunidades principalmente de bajos ingresos. Debido a las recientes restricciones de COVID-19, Wonder Food Indonesia dejó de proporcionar alimentos durante tres semanas este mes.

Derecha: Abajo:

Los voluntarios de Foodbank of Indonesia descargan y almacenan 20 toneladas de sacos de arroz en un aula escolar en Cipulir, en el sur de Yakarta, en diciembre de 2020. Hoy, la organización sin fines de lucro está luchando para adquirir donaciones de alimentos de empresas con problemas de liquidez y proteger a sus voluntarios del reciente brote. Cuatro miembros del equipo murieron de COVID-19 solo en el último mes.

Fotografía de Muhammad Fadli, National Geographic

“Después de la pandemia probablemente tendremos una generación perdida; los niños en esta situación no pueden obtener una buena alimentación suficiente”, señala Hendro Utomo, fundador de Foodbank of Indonesia, una organización sin fines de lucro que administra programas de equidad alimentaria y bancos de alimentos en todo el país. Actualmente, la organización está luchando por conseguir donaciones de alimentos y proteger a sus voluntarios del reciente brote. Cuatro miembros del equipo murieron de COVID-19 solo en el último mes.

Otras organizaciones contra el hambre como Wonderfood Indonesia, que redistribuye comestibles no vendidos y donaciones de alimentos en Yakarta, dejaron de entregar 3.500 comidas gratuitas a comunidades de bajos ingresos durante casi un mes debido a las recientes restricciones de distanciamiento social.

Lo que esconde el PIB

A pesar de las tensiones económicas, la economía de Indonesia, la más grande del Sudeste Asiático, solo se redujo un 2,1 por ciento el año pasado. En comparación, el PIB de Estados Unidos se redujo un 3,5 por ciento en 2020.

El 10 por ciento más rico de los indonesios se hizo más rico durante la pandemia, dice Basri, el economista. Solo ha visto un impacto económico en los ricos de Bali debido a la falta de turismo.

Los trabajadores colocan a una víctima de la COVID-19 en una tumba del cementerio público de Rorotan el 21 de julio de 2021. Durante el pico de la última ola, los trabajadores estuvieron en el cementerio las 24 horas, atendiendo a una fila aparentemente infinita de ambulancias y coches fúnebres, algunos de los cuales albergaban hasta cuatro cuerpos.

Fotografía de Muhammad Fadli, National Geographic

Basri afirma que el gobierno se ha mostrado reacio a imponer bloqueos severos como los de Wuhan y el norte de Italia porque el fondo de ayuda nacional no puede apoyar financieramente a los más necesitados a través de tal congelación. Al mismo tiempo, el gobierno otorgó una importante exención fiscal a la industria automotriz al eliminar temporalmente el impuesto al lujo. “Como puede ver, hay políticas que favorecen a los ricos”, dice Basri.

Mientras tanto, otras medidas pandémicas amenazan con ampliar permanentemente la brecha entre los que tienen y los que no tienen. Los hijos de padres pobres que trabajan tienen más dificultades con el aprendizaje remoto, lo que podría conducir a una cascada de desventajas a largo plazo, advierte la economista Susan Olivia de la Universidad de Waikato en Nueva Zelanda. Bajo la tensión actual de la atención médica, las personas con enfermedades no relacionadas con COVID-19 pospondrán la atención y es posible que los niños no reciban otras vacunas y controles a tiempo. El estrés y la escasez de alimentos también podrían tener efectos sobre la salud a largo plazo, especialmente entre los jóvenes.

“[El gobierno] debería aprovechar esta crisis como una buena oportunidad para la reforma”, dice Olivia.

Desti Firdamayanti descansa en su casa en el subdistrito de Kenari, en el centro de Yakarta, en enero de 2021. Su esposo, que trabaja como repartidor de periódicos, vio caer su salario de $100 dólares al mes a solo $30 dólares durante la pandemia. Dado que su primer hijo nacerá en solo unas pocas semanas, la pareja está preocupada por su situación esconómica a pesar de recibir los beneficios de asistencia social del gobierno.

Fotografía de Muhammad Fadli, National Geographic

Muhammad Fadli es un documentalista y fotógrafo de retratos indonesio que vive en Yakarta. Su primer libro, Rebel Riders, destaca la subcultura extrema del scooter de Indonesia. Para ver más de su trabajo, síguelo en Instagram o en su sitio web.

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