Hong Kong llora la pérdida de su cultura y China reprime a los activistas

"Es como ver morir a un paciente con cáncer". Los habitantes de Hong Kong se enfrentan a la pérdida de su ciudad.

Wednesday, September 2, 2020,
Por Laurel Chor
Fotografías de Laurel Chor
Después de que la ley de seguridad nacional entró en vigor, empleadas de Sweet Dreamer Dessert ...

Después de que la ley de seguridad nacional entró en vigor, empleadas de Sweet Dreamer Dessert reemplazan sus carteles y notas adhesivas a favor de la democracia por otras en blanco. También reimprimieron sus menúes para eliminar cualquier imagen o lema posiblemente ilegal, y los reemplazaron con páginas en blanco que decían: "Están en blanco desde el 1 de julio de 2020". Un miembro del personal dijo: "Pueden quitarnos los carteles, pero no borrarán nuestras creencias".

HONG KONG - Hong Kong existe, como dijo el escritor Han Suyin en la década de 1950, "en un tiempo prestado en un lugar prestado". A lo largo de su historia, la ciudad ha sido moneda de cambio en las negociaciones, su destino decidido por otras potencias, cada tratado establece nuevas fechas de vencimiento. Su identidad está mezclada con la inquietud por el inevitable final de la ciudad tal como la conocemos los lugareños, con nuestra impotencia frente al tiempo.

Mapa ilustración 

Fotografía de SOREN WALLJASPER, NG STAFF

En 1997, Hong Kong volvió a ser dominio chino después de 150 años como colonia británica. Gran Bretaña y China acordaron en 1984 que, después de la cesión, se mantendría el modelo capitalista de Hong Kong y sus libertades durante 50 años. Después de la Masacre de la Plaza de Tiananmen de 1989 en contra de estudiantes pro reforma en Pekín, decenas de miles de residentes de Hong Kong huyeron por miedo. Muchos regresaron más tarde con pasaportes extranjeros, una póliza de seguro y una estrategia de salida en caso de que sus peores temores se concretaran.

Ahora opera otra cuenta regresiva de 50 años. En 2047 concluye el acuerdo conocido como "Un país, dos sistemas". Pero el año pasado, el gobierno propuso un proyecto de ley de extradición que permitiría el envío de presuntos delincuentes a China continental, lo que desencadenó la peor crisis política de Hong Kong en décadas. En junio, Pekín se apresuró a promulgar una amplia ley de seguridad nacional que básicamente criminaliza a los disidentes.

Una mujer y un hombre lloran mientras cantan "Gloria a Hong Kong", el himno del movimiento de protesta, en un acto conmemorativo en la Iglesia Unión de Kowloon para conmemorar un año de protestas a favor de la democracia.

Luego de que la ley se diera a conocer, y se anunciara que avala los juicios a puerta cerrada y cadena perpetua, los titulares parecían obituarios: "El día más triste en la historia de Hong Kong", "Una sentencia de muerte oficial para Hong Kong".

Pero, ¿qué significa la muerte de una ciudad? ¿Cómo se lamenta la pérdida de un lugar en el que todavía se vive?

Un anuncio en un edificio gubernamental promueve la nueva ley de seguridad nacional. Cuando se anunció la ley, el gobierno de Hong Kong pagó anuncios que instaban al público a apoyar el proyecto de ley, aunque nadie sabía lo que realmente implicaría.

El pueblo de Hong Kong se enfrenta a la pérdida de su hogar tal como lo conciben. Pregunté a nueve vecinos qué cosas los conectaban más con la ciudad y les tomé sus fotos en esos lugares. Pude conocer los barrios a través de los ojos de quienes los aman profundamente; sentí que me habían invitado a hacer una gira por el corazón de la gente. Hong Kong está cambiando, pero algunas partes son inmutables, y están presentes y firmes en la memoria colectiva de quienes lo llamamos hogar. 

La lucha por Hong Kong

Es casi surrealista ver cómo la vida cotidiana coexiste con la transición hacia el autoritarismo. Un día, puedes recibir el impacto del gas lacrimógeno en el corazón del distrito financiero, y al día siguiente, ir al gimnasio que queda en la misma calle. Pero también me di cuenta de que, al igual que los grafitis que aún se vislumbran por la ciudad, el trauma del último año está escrito en mi cuerpo.

Hace unas semanas, mientras realizaba una caminata por las verdes montañas de Hong Kong para escapar del bullicio urbano, sentí un escalofrío cuando reconocí el área en la que me encontraba. Fue aquí en North Point donde, hace menos de un año, los manifestantes pro-Pekín a favor de la democracia habían intentado agredirme por ser un fotoperiodista. La policía nos apuntó a mis colegas y a mí con gases lacrimógenos y nos acorraló con escudos antidisturbios. Nunca me había sentido tan insegura en mi propia ciudad.

El 1 de julio, un día después de la implementación de la ley de seguridad nacional, miles de personas salieron a las calles. Se podía ver una pancarta que decía: "Queremos a Hong Kong como está". El mensaje era claro: a pesar de la ley, los habitantes de Hong Kong seguirán resistiendo porque les gusta mucho este lugar.

Aunque Hong Kong es conocida por sus edificios densamente poblados y su horizonte irregular, el 40 por ciento de su territorio está ocupado por vida silvestre protegida. Aquí, una imagen del lado noroeste de la isla de Hong Kong vista desde High West.

Luego de que se anunció la ley, lloré durante tres días. Pero no era la primera vez que derramaba lágrimas por mi hogar. Durante años, de manera disimulada, apenas perceptible para la mayoría, Pekín ha socavado la autonomía y las libertades de Hong Kong.

Amar a Hong Kong es estar en un estado de ansiedad constante por su futuro. “Es como ver morir a un paciente con cáncer”, dijo una manifestante estudiantil de la Universidad Politécnica, que pidió que no se publicara su nombre por temor a ser arrestada. “Es algo desgarrador que sabíamos que sucedería. Ahora, ya ha sucedido".

La gente rinde homenaje a Alex Chow, un manifestante estudiantil que murió el 8 de noviembre de 2019. El joven de 22 años se cayó de un estacionamiento de varios pisos durante una protesta y se convirtió en un mártir del movimiento.

Fotografía de Laurel Chor, National Geographic

Siente una conexión muy fuerte con la ciudad a través de su universidad, el sitio de uno de los eventos más dramáticos del movimiento. En noviembre pasado, la policía asedió el campus, que había sido tomado por manifestantes. Miles intentaron liberarlos, pero fracasaron. Los violentos enfrentamientos resultantes provocaron más de mil arrestos y cientos de personas heridas.

Para ella, el asedio es una metáfora de la lucha más amplia por la democracia: “Aunque trabajamos muy duro, aunque teníamos un mar de gente que abarcaba desde PolyU hasta Prince Edward [más de 3 km de distancia] ... el poder de las masas no pudo luchar contra el poder del régimen autoritario”.

La policía camina por el centro comercial YoHo Mall en Yuen Long, Hong Kong, el 21 de julio, a un año de que un centenar de hombres enmascarados, que se cree que son miembros de tríadas locales o grupos de delito organizado, atacaron a pasajeros y manifestantes a bordo de un tren subterráneo. La policía apareció en el lugar recién 39 minutos tarde, después de que los atacantes ya se habían ido. Nadie ha sido arrestado y los manifestantes han acusado a la policía de estar en connivencia con las tríadas.

El lenguaje de la libertad

Muchos hongkoneses sienten que la ciudad cambia demasiado rápido. El paisaje está en constante evolución, la gentrificación avanza a un ritmo vertiginoso. El alma de la ciudad sufre nostalgia crónica: nos aferramos a nuestro presente como si ya fuera nuestro pasado, porque no sabemos cuánto durará. Lamentamos la desaparición de “dai pai dongs” (puestos de comida callejera), “si do” (tiendas familiares) y los letreros de neón. Hay miles de tiendas y los restaurantes retro.

Incluso lo mundano se inmortaliza al mínimo detalle. Hace poco, una amiga me envió una foto de un apoya-vasos que no pudo dejar de comprar: una réplica en miniatura de una tapa de alcantarilla. Me contó que tuvo un impulso frenético de empezar a comprar recuerdos de Hong Kong desde que se aprobó la ley de seguridad nacional: "Me preocupa que se desvanezcan con el tiempo o con más leyes nuevas".

Sandy Au (28 años) es asistente en una galería de arte y siente esta nostalgia profundamente en un edificio antiguo donde vivía su abuelo. Los edificios circulares con centros huecos se han vuelto una atracción popular entre los turistas y los usuarios de Instagram. "Es muy representativo de Hong Kong: siempre estamos consumiendo estos elementos antiguos de Hong Kong", contó. "Las personas los consideran un producto, parte de la cultura antigua, una imagen, un elemento de consumo". 

Sandy siente que su generación no ha tenido la oportunidad de establecer su propio legado, ya sea porque "cada día hay un mayor control sobre nosotros o el espacio que tenemos para prosperar cada vez es menor". En cualquier caso, se resigna a la pérdida: “Estas cosas que están muriendo son parte de nuestra cultura, y el lenguaje y la experiencia compartida que nos pertenece seguirá desapareciendo”.

El cantonés, el lenguaje coloquial y vulgar de Hong Kong, es uno de los elementos culturales que muchos temen que se pierda. Con la creciente influencia de Pekín, el mandarín (que se habla en China continental y un cantonés no lo entiende), se ha vuelto más prominente. El gobierno ha pedido a las escuelas que impartan clases de chino en mandarín en lugar de cantonés.

Protesta contra la ley de seguridad nacional en Wan Chai, Hong Kong, el 1 de julio, un día después de que la ley entró en vigor.

“Los estudiantes tendrán la impresión de que el mandarín tiene un papel más importante porque lo aprenden en la escuela”, comentó Vincci Leung, profesora ayudante de la escuela primaria.

"El cantonés está estrechamente ligado a con nuestra cultura", expresó, y mencionó el ejemplo de "yum cha", que literalmente se traduce como "beber té", pero en realidad significa salir a comer dim sum. “Muchas rutinas de nuestra vida cotidiana solo pueden expresarse correctamente en cantonés”.

Su barrio, Sheung Shui, está a solo una parada de tren de la frontera con China continental. A lo largo de los años, ha ido cambiando debido a una gran afluencia de personas de China continental, y a un fenómeno conocido como "comercio paralelo", en el que los compradores revenden en China continental productos que son más baratos en Hong Kong. Los establecimientos locales han sido reemplazados por farmacias que atienden a turistas y comerciantes paralelos, lo que ha provocado un aumento de los alquileres y el desabastecimiento de artículos domésticos básicos como la leche de fórmula para bebés. El mandarín empieza a ser la lengua que más se oye en la calle y las tensiones crecen cada vez más.

Pero Leung comenta que en Sheung Shui todavía existe un lugar donde reina el cantonés: el bullicioso mercado donde los lugareños regatean por productos frescos y carne. Allí, ella siente "el contacto más cálido y humano", y explica: "Puedes charlar con las 'tías' del mercado y preguntarles qué productos son mejores o qué batatas son más sabrosas".

El espíritu de Lion Rock

Conocí a un empresario de unos 50 años, que también pidió no revelar su nombre por temor a que lo arresten, en el sendero de Lion Rock, una famosa montaña que domina la ciudad, y me contó que ese era el lugar donde encuentra su conexión con Hong Kong. Nos esperaba una subida empinada.

Mientras subíamos y bajábamos los escalones de piedra hasta la cima, entre los árboles veíamos destellos de la ciudad. Hizo una pausa para descansar y comentó: “Esto es como el futuro de Hong Kong. No sé si irá para arriba o para abajo, pero no va a ser fácil”.

Un empresario de 50 años, que pidió que no se usara su nombre por temor a ser arrestado, eligió Lion Rock Mountain como el lugar en el que se siente más conectado con Hong Kong. Él cree que todos los habitantes de Hong Kong deberían escalar al menos una vez.

Llegamos a la cima justo antes de que atardeciera. Pudimos ver una imagen impresionante que abarcaba desde Kowloon hasta el famoso horizonte de la isla de Hong Kong. Aunque el impacto de la ley de seguridad nacional no puede percibirse desde aquí, piensa que Hong Kong “ya no es único. Se ha convertido en una ciudad china como Shanghai o Shenzhen”.

La vista de Kowloon desde la cresta de la montaña Lion Rock en Hong Kong. El "espíritu de Lion Rock" se refiere a la solidaridad y perseverancia del pueblo de Hong Kong, y se ha convertido en un punto de encuentro para el movimiento a favor de la democracia.

Fotografía de Laurel Chor, National Geographic

El "espíritu de Lion Rock", una frase que se refiere a la perseverancia y la solidaridad de la ciudad, se ha convertido en un grito de guerra para el movimiento a favor de la democracia. Más tarde, mi compañero de montaña me envió la letra de la canción que dio origen a la frase: “En la vida hay alegría / y muchas veces las lágrimas son inevitables / si podemos encontrarnos debajo de la Lion Rock / habrá más sonrisas que sollozos. "

Con tanta incertidumbre, preguntar “¿te quedarás?” es algo de todos los días. Cuando le pregunté al empresario, que estudió en el Reino Unido, me contestó: "Nunca pensamos en irnos, ni siquiera después de 1997". Pero ahora, considera la posibilidad de emigrar: "Si no hay futuro en Hong Kong, ¿por qué deberíamos quedarnos?"

Pero ya han surgido nuevas formas de resistencia: los activistas sostienen hojas de papel en blanco en lugar de carteles, y comparten gráficos que reemplazan los caracteres chinos con formas. Cantan "Gloria a Hong Kong", el "himno nacional" escrito por los manifestantes, con una serie de números en lugar de la letra.

Un manifestante de 19 años en una pasarela peatonal con vista a Harcourt Road, el sitio de la oficina principal del gobierno y muchas protestas importantes. “Este es el lugar donde todo comenzó”, dijo. “El edificio detrás de esto es el símbolo del poder político, y estamos resistiendo contra los poderes políticos que nos oprimen.

El gobierno ha instalado cercas a los lados de la pasarela, al parecer, para evitar que se arrojen objetos. “Con la ley de seguridad nacional, hay personas que están realmente asustadas”, dijo. "Estoy bastante perdido, pero seguiré perseverando".

"Todavía tengo la esperanza de que la gente de Hong Kong no se rinda y no de la ciudad por perdida”, expresó Jeffrey Andrews, un hongkonés de origen indio. Hablamos en el muelle del ferry de Tsim Sha Tsui, el lugar donde se siente más conectado con la ciudad, donde se puede ver la vista icónica del puerto. Para él, representa tanto el progreso como el patrimonio de la ciudad. También es un lugar para que los lugareños se relajen: "Hoy lo necesitamos más que nunca con la crisis actual".

Andrews cree en el futuro de Hong Kong. En junio, se convirtió en la primera persona de minoría étnica en postularse para un escaño de legislador. “Sí, es verdad que esta ley nos perjudica. Pero la libertad está dentro del corazón, la mente y el alma. Creo en la bondad de la gente de Hong Kong. Lo superaremos, como siempre”.

Anteriormente, un epígrafe afirmó erróneamente que nadie había sido arrestado por el ataque de un grupo delincuente en el YoHo Mall en 2019. Nadie fue condenado.

Laurel Chor es hongkonesa y una galardonada periodista visual independiente y exploradora de National Geographic, Hong Kong. Mira otros trabajos realizados por ella en su sitio web o síguela en Twitter e Instagram.

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