Historia y Cultura

Descubren nueva especie de ancestro humano en Filipinas

Denominada Homo luzonensis, la especie es uno de los hallazgos más relevantes de cara a los próximos años, según algunos científicos. Jueves, 11 Abril

Por Michael Greshko, Maya Wei-Haas

La enredada maraña sobre la ascendencia de la humanidad tiene una nueva rama: investigadores en Filipinas anunciaron el descubrimiento de una especie de humano antiguo, desconocida hasta ahora para la ciencia.

El homínido de cuerpo pequeño, denominado Homo luzonensis, vivió en la isla de Luzón hace, al menos, unos 50.000 a 67.000 años. El homínido (identificado a partir de siete dientes y seis huesos pequeños) posee una serie de rasgos antiguos y más avanzados.  El histórico descubrimiento, anunciado en Natureel miércoles, convierte a Luzón en la tercera isla del Sudeste Asiático que, en los últimos 15 años, revela indicios de antigua actividad humana.

“Durante un largo, largo tiempo, las Islas Filipinas se [han] dejado más o menos de lado", señala el coautor del estudio y líder del proyecto Armand Mijares, quien también es arqueólogo en la Universidad de Philippines Diliman y becario de National Geographic. Pero el H. luzonensis cambia la historia y continúa desafiando la idea antigua de que el linaje humano progresó perfectamente desde especies menos avanzadas a especies más avanzadas.

“Este nuevo descubrimiento me fascinó”, indicó mediante correo electrónico Yousuke Kaifu, paleoantropólogo del Museo Nacional de Naturaleza y Ciencias de Tokio. “Destaca aún más la notable diversidad de los homínidos arcaicos (primitivos) presentes en Asia, de una manera que supera mis expectativas”.

Aida Gómez-Robles, paleoantropóloga de la University College de Londres quien revisó el estudio antes de su publicación, se muestra reacia a afirmar rotundamente que el hallazgo represente una nueva especie. Pero agrega que todas las posibilidades de explicar los inusuales fósiles son igualmente intrigantes.

“Es absolutamente uno de los hallazgos más importantes que [habrá] en los próximos años”, señala.

Excavando el pasado asiático

Hace décadas, la historia de Asia parecía mucho más sencilla, e incompleta. Los paleoantropólogos sabían que, hace aproximadamente un millón de años, los homínidos arcaicos, como el Homo erectus, se aventuraron por puentes terrestres hacia partes de lo que hoy es Indonesia. Pero más al este, se creía que estos homínidos se topaban con corrientes oceánicas consideras intransitables sin embarcaciones.

Luzón parecía particularmente difícil de llegar para los homínidos antiguos ya que nunca había estado conectada al continente por puentes terrestres. Es por esto que los arqueólogos pensaron que, al cavar más profundamente, las capas de suelo más antiguas no les revelarían demasiado. En 2003, cuando Mijares excavó por primera vez en la cueva del Callao, encontró pruebas de actividad humana de 25.000 años de antigüedad, pero solo llegó a 120 centímetros de profundidad aproximadamente.

“La mayoría de los arqueólogos del Sudeste Asiático solo excavarían hasta los dos metros, y frenarían allí”, señala Mijares.

Eso cambió en 2004 cuando los investigadores descubrieron al Homo floresiensis (un homínido diminuto, también conocido como el “hobbit,” que habitó la isla indonesia de Flores hasta hace 50.000 años). En 2007, motivado por todo esto, Mijares regresó a la cueva del Callao para, literalmente, ahondar más profundo.

El equipo excavó más de 152 centímetros de arcilla más abajo de dónde había dejado en 2003, sin fósiles a la vista. Pero luego encontraron una capa de brecha, un tipo de roca que se forma de una mezcla de otros materiales. Esta capa contenía fragmentos de hueso que habían sido arrastrados hacia la cueva hacía tiempo. Al principio, los huesos parecían ser solo de animales como venados y cerdos. Pero, al ser inspeccionados con mayor detenimiento, una pieza llamó la atención: un hueso de pie que parecía ser de humano. El equipo le envió el fósil a Philip Piper, coautor del nuevo estudio, que estaba observando los restos de animales.

“Me llamó y me dijo: 'Hola, amigo; tienes restos humanos'”, recuerda Mijares. “Y le contesté: '¿De verdad? ¡Entonces, vayamos a tomar una cerveza!'”.

En 2010, Mijares y sus colegas descubrieron el fósil de 67.000 años, y, en un principio, sugirieron que pertenecía a un miembro de cuerpo pequeño de la especie Homo sapiens, lo que lo convertía, tal vez, en la muestra más antigua de nuestra especie en Filipinas hasta ese momento. Pero Mijares sospechaba que era probable que perteneciera a una nueva especie, incluso a una análoga al H. floresiensis de Luzón. Para estar seguro, el equipo necesitaba más fósiles.

Algo antiguo, algo nuevo

En viajes siguientes a la cueva del Callao en 2011 y 2015, en las excavaciones se descubrieron, casi por casualidad, dos huesos de dedo del pie más, junto con siete dientes, dos dedos de la mano y un pedazo de fémur. En total, los restos pertenecen a, al menos, tres individuos.

Las curvas y surcos de los fósiles revelan una mezcla inesperada de características antiguas y más avanzadas. Por ejemplo, el pequeño tamaño de los dientes y las formas relativamente simples apuntan a un individuo más “moderno”, pero un premolar superior posee tres raíces: una característica que solo se ve en menos del 3 por ciento de los humanos modernos. Y uno de los huesos del pie se asemeja al de los antiguos australopithechus, un grupo que incluye al famoso ancestro humano Lucy, quien se trasladó por todo África hace, aproximadamente, tres millones de años.

“Concuerdo con [los] autores en que la combinación de las características es algo que no hemos visto anteriormente”, señala María Martinón-Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana en España.

Shara Bailey, antropóloga de la Universidad de Nueva York y experta en dientes antiguos, menciona que el Homo naledi de Sudáfrica, descubierto por un equipo en el que se encontraba el becario de National Geographic Lee Berger, también contaba con características que eran tanto antiguas como modernas. Bailey toma a los dos descubrimientos como signos de que, entre los homínidos, una evolución de tipo “mosaico” es más común de lo que se pensaba.

Martinón-Torres sugiere que la mezcla de características dentales se asemeja, de alguna manera, a la vista en los restos de los homínidos de 15.000 años que se encontraron en Dushan en el sur de China, y que fueron descritos hace poco por ella y sus colegas. Junto al H. luzonensis, los descubrimientos se unen a los hallazgos recientes que insinúan que, cuando el Pleistoceno estaba llegando a su fin, hace 12.000 años, los homínidos en Asia eran sorpresivamente diversos.

Se necesitan más huesos

Muchos científicos elogian la investigación por su minuciosidad; definir una especie desde solo 13 huesos y dientes pequeños es complicado. Aunque los científicos intentaron extraer ADN, sus esfuerzos no tuvieron éxito, como es esperable en relación a muestras que han estado almacenadas por milenos bajo el calor y la humedad de los escenarios locales.

La pequeña estatura del H. luzonensis podría hacer que algunas características de los huesos se vean más primitivas de lo que realmente son, señala John Hawks, paleoantropólogo de la Universidad de Wisconsin-Madison quien no participó del estudio. Esto confunde las comparaciones de esta especie con otros homínidos conocidos. Aunque hay características convincentes y cree que el caso de la nueva especie es razonable, su opinión general es: “Me gustaría que haya más huesos”.

Otros investigadores se muestran más confiados en sostener que el H. luzonensis es una nueva especie.

“El equipo de descubrimiento ha hecho un trabajo muy meticuloso y loable al describir estos nuevos fósiles, y su denominación de una nueva especie es, en mi opinión, válida”, señala en un correo electrónico el arqueólogo de la Universidad de Griffith Adam Brumm, experto en H. floresiensis quien no participó del estudio. “Este es un hallazgo realmente sensacional”, añade.

Florent Détroit, autor principal del estudio y orador del Museo Nacional de Historia Natural de Francia, agrega que las “especies” son categorías creadas por los humanos que apuntan a clarificar la historia evolutiva y no necesariamente representan realidades biológicas concretas.

“[Si] en un futuro, los colegas son capaces de mostrar que estábamos equivocados porque los fósiles pueden encajar dentro de alguna de las especies de homínidos ya conocidas, los agruparemos y nos olvidaremos del tema; pero, mientras tanto, estoy convencido de que es la manera en la que tenemos que hacerlo”, menciona en un correo electrónico.

Herramientas de oficio

Sin importar cómo se defina al nuevo homínido, los investigadores están entusiasmados por las pistas que demuestran que nuestros ancestros en Filipinas realizaban actividades conocidas, entre las cuales se observa el uso de herramientas.

El informe del 2010 que introdujo al hueso del pie de la cueva del Callao, el cual es considerado parte del H. luzonensis, menciona que el hueso de un venado encontrado en los mismos sedimentos posee marcas de lo que parece ser una herramienta de piedra. Michael Petraglia, paleoantropólogo del Instituto para la Ciencia de la Historia Humana Max Planck, considera al hueso como un signo de que el H. Iuzonensis era un hábil fabricante de herramientas y cazador.

Asimismo, hay evidencia que demuestra que el H. luzonensis, u otro homínido antiguo, vivió en Luzón aún más atrás en el tiempo. En 2018, Mijares y sus colegas anunciaron el hallazgo de herramientas de piedra y de un esqueleto de rinoceronte masacrado de más de 700.000 años, no muy lejos de la cueva del Callao. Dada la diferencia de tiempo entre los restos y las herramientas encontradas, es difícil decir si los usuarios de las herramientas de piedra eran predecesores de los H. luzonensis o si se trata de un homínido que no tiene relación con ellos.

Un gran número de posibilidades

Aunque la evolución esculpió al H. luzonensis en una forma similar a la del H. floresiensis, no sabemos qué condiciones de la isla marcaron las diferencias entre las dos especies.  Asimismo, aunque un aluvión de estudios dejara clara las uniones regulares de las interespecies, no sabemos si los ancestros del H. luzonensis interactuaron o se reprodujeron con otras especies de homínidos que vivieron en Asia en ese tiempo, tales como los enigmáticos homínidos de Denísova.

“Puedes ver esto como una forma de experimento natural en la evolución humana”, señala Gerrit van den Bergh de la Universidad de Wollongong, experto en H. floresiensis.

Algo que también se desconoce es cómo los ancestros del H. luzonensis llegaron a Filipinas. En 2016, los investigadores descubrieron herramientas de piedra en la isla indonesia de Sulawesi de entre 118.000 y 194.000 años, o, por lo menos, 60.000 años más antiguas que los humanos modernos más arcaicos conocidos de la isla. Junto con los restos de Flores y Luzón, los sitios sugieren que la distribución por la región de los homínidos antiguos no fue necesariamente tan extraña, o tan accidental, como pensaban los investigadores.

“Si los rinocerontes pueden nadar y llegar a distintos lugares, podemos pensar en el erectus, el floresiensis y el luzonensis nadando, haciendo rafting o en embarcaciones”, señala Petraglia. “Es pura especulación, pero podemos plantearlo y establecer algunos argumentos convincentes”.

Algo está claro: es probable que el Sudeste Asiático haya sido el hogar de más especies de homínidos de las que nos permiten ver los fósiles. Por su parte, Mijares continúa buscando otros indicios de H. luzonensis. Por ejemplo, está realizando una búsqueda en el Parque Nacional de Biak-na-Bato de Luzón, con el apoyo de National Geographic Society. Pese a todo, Mijares considera que el H. luzonensis(y la antropología asiática) tiene un futuro promisorio.

“Estoy muy orgulloso, porque, como habitante de Filipinas y del Sudeste Asiático, solemos estar en la periferia del debate. Ahora, podemos participar activamente ya que nuestras áreas (nuestros sitios) son reconocidos”, señala Mijares. “Y eso es, creo, mi legado para este mundo”, concluye.