Huesos descubiertos en 1940 podrían haber sido los de Amelia Earhart

Un nuevo análisis forense sugiere que los restos óseos encontrados en una isla remota pertenecieron a la famosa piloto.

Publicado 9 de marzo de 2018 17:50 GMT-3
Amelia Earhart
Amelia Earhart esperaba poner fin a su carrera en 1937 convirtiéndose en la primera mujer en volar alrededor del mundo. Falleció en el intento y sus restos nunca fueron encontrados. ¿O sí?
Fotografía de Bettman, Getty

Un nuevo análisis forense sugiere que los huesos encontrados en la isla del Pacífico de Nikumaroro en 1940, y posteriormente perdidos, podrían haber sido los de Amelia Earhart.

El 2 de julio de 1937, en el antepenúltimo tramo de su intento por circunnavegar el globo, Earhart y su copiloto, Fred Noonan, tenían como meta la isla Howland justo al norte del ecuador. Luego de despegar desde Lae, Nueva Guinea, no pudieron localizar Howland y desaparecieron.

Tres años más tarde, y a 350 millas náuticas (unos 648 kilómetros) al sudoeste de Howland, un oficial británico en Nikumaroro descubrió 13 huesos enterrados cerca de los restos de una fogata en la isla. Los restos óseos fueron enviados a Fiyi, donde dos doctores los examinaron. Uno pensó que provenían de un anciano polinesio; el otro, David Hoodless, postuló que pertenecían a un hombre europeo.

Desde entonces, los huesos han desaparecido, pero las siete medidas que había tomado Hoodless permanecieron: cuatro del cráneo y tres huesos de gran longitud (húmero, radio, y tibia).

Richard Jantz, un antropólogo forense de la Universidad de Tennessee, Knoxville, recientemente analizó esas medidas, así como las dimensiones del cuerpo de Earhart, según lo indican las fotografías y las prendas de vestimenta. La evidencia, explica, “respalda firmemente la conclusión de que los huesos de Nikumaroro pertenecieron a Amelia Earhart”.

Como mínimo, Jantz afirma, no se puede ignorar la posibilidad. Las medidas son consistentes con su altura conocida, el cráneo podría ser femenino, y la longitud de los huesos es similar, según sus estimaciones, a los de la mujer. “Si los huesos no pertenecieron a Amelia Earhart”, escribe en Forensic Anthropology, “entonces son de alguien muy similar a ella”.

Estos huesos no son la única evidencia que ubica a Earhart en la isla Nikumaroro. El Grupo Internacional para la Recuperación de Aviones Históricos (International Group for Historic Aircraft Recovery, TIGHAR) ha investigado por mucho tiempo la hipótesis de que Earhart y Nooman aterrizaron su Lockeed Electra 10E allí cuando no pudieron encontrar Howland.

Los investigadores basan sus hipótesis en las últimas transmisiones de radio de Earhart. A las 8:43 a. m. del 2 de julio, Earhart se comunicó por radio con el Itasca, el barco de la Guardia Costera de Estados Unidos esperando a Earhart en Howland: “KHAQQ [las letras para llamar al Electra] a Itasca. Estamos en la línea 157 337”. El Itasca recibió la transmisión, pero no pudo localizar la señal.

La “línea 157 337” indica que el avión estaba volando en una línea de navegación de noroeste a sudoeste que dividía la isla Howland. Si Earhart y Noonan perdieron a Howland, hubiesen volado al noroeste o al sudoeste sobre la línea para encontrarla. Al noroeste de Howland yace el océano abierto por miles de millas; al sudoeste está Nikumaroro.

Más tarde en 1937, un grupo británico exploró la isla con la intención de colonizarla. Eric Bevington, un funcionario colonial, notó lo que parecía un “vivac repentino”. También tomó una fotografía de la costa, que incluye un objeto no identificado que el TIGHAR especula que podría ser el tren de aterrizaje de un avión.

Para 1938 la isla fue colonizada como parte del Proyecto de Colonización de las islas Fénix, una de las últimas expansiones del Imperio británico. Los colonos afirmaron haber encontrado piezas de avión, algunas de las cuales podrían haber provenido del Electra.

El TIGHAR ha lanzado 12 expediciones a Nikumaroro desde 1989. En el transcurso de estas visitas a la isla, han identificado un sitio que coincide con la descripción del lugar donde se encontraron los huesos.

En el Sitio Siete (el nombre viene de la forma del claro que lo rodea) hay evidencia de varias fogatas, así como los restos de aves, peces, tortugas, y almejas, que indican que alguien comió en ese lugar. Basado en la manera en que se abrieron las almejas y en la que se consumieron los peces (no se comieron las cabezas), esa persona probablemente no era un isleño del Pacífico.

También se descubrieron varias botellas de vidrio de la época de 1930 en el sitio. 

El verano pasado, cuatro perros detectores de restos humanos del Instituto de Investigación Forense Canina (Institute for Canine Forensics) llevados a la isla mostraron “alerta” en el Sitio Siete, señalando que alguien había muerto allí. No se encontraron huesos adicionales en una excavación posterior, pero el suelo del sitio está actualmente siendo sometido a análisis de ADN.

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