Historia y cultura

Los jóvenes solitarios de las ciudades chinas que pierden población

Mientras China se esfuerza por resucitar su corazón industrial, los jóvenes chinos lidian con el aislamiento. Jueves, 10 Enero

Por Ye Ming
Fotografías de Ronghui Chen

Se suele pensar en las ciudades chinas como lugares de expansión, pero la realidad es mucho más compleja. Es cierto que en las últimas décadas las ciudades chinas han atraído a millones de inmigrantes, lo que acabó eliminando a los pueblos rurales. Pero a veces se pasa por alto otra consecuencia del milagro económico de China: la reducción de muchas de sus ciudades.

En 2016, Beijing City Lab, una red académica que estudia el desarrollo urbano en China, informó que, entre 2000 y 2010, más de una cuarta parte de las ciudades chinas tuvo una gran disminución en su población.

A las ciudades que pierden población “no se las considera, describe y estudia de forma adecuada”, afirma Ying Long, profesor asociado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Tsinghua en China, quien dirigió el estudio.

Intrigado por el fenómeno, el fotógrafo Ronghui Chen comenzó a visitar la región noreste a finales de 2016. Su primer destino fue Yichun, en Heilongjiang, la provincia más al norte de China. El invierno allí es brutal, con temperaturas que descienden a los -30F (-1C°). Chen encontró jóvenes en gimnasios y cibercafés, y en aplicaciones de transmisión de video, una tendencia actual entre los habitantes del noreste para vencer el aburrimiento y ganar dinero. Muchos piensan en irse a la gran ciudad, lamentando que sus pequeñas ciudades tienen poco que ofrecerles. La familia y otras responsabilidades son razones clave por las que algunos se quedan cuando sus compañeros se mudan a ciudades más grandes, prósperas y dinámicas.

Yichun fue fundada en 1958 como sede de la madera, rodeada de densos bosques boreales. Desde entonces, ha crecido hasta convertirse en una ciudad con más de un millón de habitantes. Según ChinaDaily, el 10 por ciento de toda la madera utilizada para la construcción en China provino de Yichun. Su Yan, un funcionario de 27 años de Yichun, se refiere a los abundantes recursos forestales de la ciudad como "arena de oro que cae del cielo".

"Aunque no atrapes todo con las manos, la arena se deslizará entre tus dedos", afirma. "No importa lo que pase, siempre serás rico".

Al igual que los demás empleados del gobierno local, los padres de Yan fueron considerados de la élite socialista, y gozaron toda la vida de la seguridad y los beneficios laborales. Recuerda aquella época pasada con mucho aprecio. "Aceite, arroz, carne, huevos, verduras ..." Yan enumera los artículos que su padre recibía en el trabajo cuando él era niño. Estas donaciones venían seguido y en grandes cantidades, lo suficiente para que su familia viviera durante meses. "Si no salías a comprar ropa nueva, no había forma de gastar tu salario".

Pero la tala excesiva agotó rápidamente el recurso de explotación por excelencia de Yichun, y en la década de 1990, hubo una recesión económica. La ciudad comenzó a limitar la tala comercial y, en 2013, la prohibió por completo. "Al principio a la gente realmente no le importaba la prohibición", afirma Yan. “Se comenzó con advertencias orales; luego llegaron las multas, la detención y las penas de prisión. Poco a poco, dejaron de talar".

La falta de puestos de trabajo obligó a las personas a mudarse a ciudades más grandes y más prósperas. Entre 2000 y 2010, la población de Yichun disminuyó un ocho por ciento, según el Censo Nacional de Población de China.

Muchas de las ciudades que Chen fotografió en el noreste tienen un destino similar. En Fularji, Heilongjiang, conocida como el corazón de la industria pesada de China, la población disminuyó un 10,3 por ciento entre 2000 y 2010, según el censo de población del gobierno. En Longji, Jilin, los residentes étnicos coreanos han emigrado a Corea del Sur en busca de empleo, y la merma fue del 18 por ciento. En Fushun, ubicada en Liaoning, una ciudad industrial en la que se están realizando grandes tareas de revitalización, la pérdida fue menor, solo un tres por ciento, según datos compilados por el Beijing City Lab.

En comparación con las ciudades del American Rust Belt (cinturón de óxido estadounidense), las tasas de reducción de las ciudades chinas pueden parecer insignificantes. Detroit, por ejemplo, perdió el 25 por ciento de su población entre 2000 y 2010. Pero en China los casos son especiales; hay una gran cantidad de ciudades que están sufriendo un proceso de reducción, y los funcionarios locales siguen generando planes prediciendo una falsa expansión de la población, explica Ying Long, investigador principal de Beijing City Lab.

Después de identificar 180 ciudades con pérdida de población, Beijing City Lab estudió los documentos del plan maestro de 63 ciudades, y todas ellas afirmaban el crecimiento de la población. "Solo si existe crecimiento de la población, el gobierno puede [adquirir] y explotar más tierras y desarrollar grandes proyectos", explica.

En un sistema donde el desempeño de los funcionarios locales se juzga en función del bienestar económico de su jurisdicción, el concepto de ciudad con disminución de población es casi un tabú político.

"Muchas personas en China tienen una opinión muy tradicional con respecto al concepto de urbanización; piensan que las ciudades necesitan expandirse, que las poblaciones necesitan crecer", explica Long, y agrega que para muchos "una ciudad que se va reduciendo solo puede significar decadencia".

Long espera que los planificadores puedan cambiar el enfoque hacia las personas que continúan viviendo en las ciudades que se vuelven cada vez más pequeñas. "Cuando se trabaja en la planificación de la ciudad, lo más importante ahora debería ser mantener la calidad de vida de las personas que se quedaron", sostiene.

Su Yan no sabe cómo se podría cambiar el destino de su ciudad, pues muchos jóvenes ya se han ido. Cree que el 60 por ciento de sus compañeros de escuela secundaria se ha mudado para trabajar en ciudades más grandes y prósperas, una elección que también había tomado cuando se graduó de la universidad en Harbin, la capital de Heilongjiang. Hasta que su negocio fracasó y su padre, aún en Yichun, se enfermó.

Cuando Yan regresó a casa, sus padres le consiguieron un trabajo con un sueldo fijo en un centro de deportes del gobierno. La vida se volvió cómoda y predecible. “Mi trabajo ahora es sentarme, o a veces acostarme, en la oficina principal del gimnasio. Cuando alguien entra, reviso su credencial de socio", explica Yan.

Yan se esfuerza por hacer amigos y extraña la emoción de las grandes ciudades. Fanático del cantante estadounidense Bob Dylan y del restaurante de comida rápida Burger King (donde solía ir cuando vivía en la capital, Harbin) Yan se queja de Yichun: “Ni siquiera los músicos menos conocidos quieren tocar aquí. Y si quieres tener un estilo de vida diferente, tienes que gestionarlo a través de Internet o algo así", afirma. "Pero ahora mis padres están grandes y mi novia también está aquí. Para irme necesito más que valor”.

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