Las reinas que gobernaron el Antiguo Egipto

La egiptólogo Kara Cooney descubrió que el antiguo Egipto confiaba en líderes mujeres para que gobernaran y protegieran el pueblo en épocas apremiantes. ¿Qué puede enseñar el pasado a las mujeres del presente?lunes, 12 de noviembre de 2018

Por Kara Cooney
Busto de la reina egipcia Nefertiti.

Los antiguos egipcios claramente creían en la sabiduría de las gobernantes mujeres. De hecho, cuando había una crisis política, elegían siempre a una mujer para llenar el vacío de poder, precisamente porque era la opción menos arriesgada. Para los antiguos egipcios, darle a la mujer el lugar de poder era, por lo general, la mejor manera de proteger al patriarcado en tiempos de incertidumbre.

Comparado con otros estados de la época, el reino de Egipto era diferente. Los límites naturales de los desiertos y el mar lo protegían de las invasiones constantes, los ataques y asedios que sí debía enfrentar la Mesopotamia, Siria, Persia, Grecia o Roma. En estas tierras, si un niño heredero tomaba el trono, enseguida la competencia militar se disponía a apoderarse de este. Pero en Egipto, los soberanos -sin importar de qué edad- eran venerados como "reyes-dioses", y las mujeres los protegían. En lugar de ver al niño como un obstáculo para el poder, las madres, tías, hermanas defendían a los jóvenes en el centro de la rueda de la energía. Esta tendencia de estabilización se repitió varias veces a lo largo de la historia de Egipto.

Mujeres faraonas de Egipto

En la primera dinastía (ca. 3000-2890 A.C.), tras morir su marido, el rey Djet, la reina Merneith asumió el poder en nombre de su hijo, en lugar de permitir que un tío fuera regente y manipulara a su sobrino. Merneith fue la primera reina regente que llevó a su hijo al trono y aseguró la estabilidad en Egipto. En la 12ª dinastía (ca. 1985-1773 A.C.), cuando por razones de endogamia (u otros factores) no había ningún príncipe de la corona para tomar el trono, Neferusobek, la esposa del rey muerto, asumió el poder y lideró Egipto hasta que otra dinastía estuviera lista.

Representada como una esfinge, la faraona Hatshepsut lleva una prenda de león, así como la barba tradicional del rey.

En la dinastía 18 (ca. 1550-1295 A.C.), una nueva pionera lideró Egipto durante una época de crecimiento y prosperidad. Cuando el rey murió después de estar solamente tres años en el trono, un niño se convirtió en Faraón; la tía del muchacho asumió el poder e inauguró la época de Hatshepsut.  Gobernó Egipto durante más de dos décadas, el periodo mas largo de todas las reinas, y dejó el reino mejor de lo que lo encontró.

Posteriormente, en la dinastía 18, cuando  el rey Akenatón impuso a su pueblo el extremismo religioso, nombró a su esposa  Nefertiti  como cogobernadora. Es muy probable que haya sido fuera la opción más segura para mantener el poder, y podría decirse que ella fue quien se encargó de poner las cosas en orden después de su muerte. En la dinastía 19 (1295-1186 a.c), otra mujer, la reina Tawosret, fue regente de un niño (no era su propio hijo) e incluso se le permitió gobernar como rey tras su muerte; Tawosret no era rival para el jefe militar que la expulsó del poder con total impunidad y se apoderó de la corona.

Esta estatua de basalto negro de Cleopatra es una de las pocas representaciones que quedan de la última faraona de la dinastía ptolemaica.

La más conocida de todas fue Cleopatra de la dinastía ptolemaica (305-285 a. c.), quien eliminó a sus hermanos para ocupar el trono por sí sola y poner toda la energía en crear una dinastía para sus numerosos hijos. Esta seductora de líderes romanos gobernó incluso de manera diferente a su compañero del momento, Marco Antonio. Mientras que él fue agresor (derrotado) en Partia, ella permaneció en Egipto e intentó calmar las aguas. Mientras que él malgastó el tiempo en la Batalla de Actium, ella detectó el peligro inminente y enseguida regresó con su flota a Egipto, donde podía hacer el bien.

Mirar hacia el futuro

La historia demuestra que los egipcios sabían que las mujeres gobernaban de forma diferente a los hombres. Y por eso las usaron para proteger el patriarcado, para actuar como parches, marcadoras de posición, hasta que el próximo hombre pudiera ocupar el primer puesto de la pirámide social. Pero más allá del poder que detentaban, y aunque se las denominaba nada menos que "Rey", estas formidables mujeres del antiguo Egipto no pudieron trascender el orden patriarcal y modificar el sistema. Cuando terminaban sus reinados, volvía a regir la estructura de poder patriarcal de siempre.

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Los científicos cognitivos afirman que el cerebro femenino es diferente del masculino. Los científicos sociales han descubierto que los hombres son los principales actores de delitos violentos, incluidas las violaciones y homicidios. En general, las mujeres son menos propensas a cometer asesinatos en masa, a iniciar una guerra, y son más proclives a entrar en contacto con sus emociones y a expresarlas, y les interesan más las formas graduales que los blancos o negros. Quizás estas son las cualidades que el antiguo Egipto necesitaba en tiempos de crisis.

Estas reinas nos alertan desde el pasado y proponen que las mujeres ocupen lugares de poder político, no como representantes de una dinastía patriarcal, sino como mujeres que cumplen con sus propias agendas de conexión social y cohesión emocional, liberadas de la agresión de sus padres, hermanos e hijos. Hace mucho tiempo, las mujeres gobernaban el mundo, y eran capaces de hacerlo incluso sin feminismos, sin sororidad, sin su propia agenda, sin saber si podían sostener el poder a largo plazo.

Es hora de prestar atención a la historia, a las mujeres poderosas del antiguo Egipto que fueron la salvación de su gente una y otra vez. ¿Qué pasaría si hoy se les permitiera gobernar con toda la fuerza de su emociones -ese rasgo tan demonizado de las mujeres- sus altibajos, su tristeza y alegría, su naturaleza mercurial? ¿Podría aprovecharse este rasgo para conectarse con otros, para lograr acuerdos, quitar el dedo del gatillo, para buscar soluciones matizadas? Este rasgo emocional podría guiar a la humanidad para superar las pruebas y desafíos del siglo XXI. Debemos dejar que la historia antigua nos ilumine y que las mujeres nos vuelvan a salvar, esta vez con sus propios intereses.

Kara Cooney es profesora de egiptología en la Universidad de California en Los Ángeles. Especializada en historia social, estudios de género y economías en el mundo antiguo, y autora de When Women Ruled the World: Six Queens of Egypt (2018) [Cuando las mujeres gobernaron el mundo: Seis reinas de Egipto] y The Woman Who Would Be King: Hatshepsut’s Rise to Power in Ancient Egypt (2014) [La mujer que sería rey: el ascenso de Hatshepsut al poder en el antiguo Egipto].

Las reinas que gobernaron el Antiguo Egipto
 

En el mundo antiguo, no era común que reinaran las mujeres, pero en el antiguo Egipto, unos miles de años atrás, las mujeres sí tenían cargos supremos. El último libro de Kara Cooney, "Cuando las mujeres gobernaron el mundo", explora las vidas de seis notables faraonas, desde Hatshepsut hasta Cleopatra, mujeres que gobernaron con verdadero poder, y arrojaron luz sobre nuestra propia percepción acerca de las mujeres en el poder en la época actual.

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