Fotografía

Las jóvenes esposas olvidadas de la India

El matrimonio infantil va en declive, pero las niñas de regiones pobres se escurren entre las grietas del sistema.Thursday, August 23

Por Nina Strochlic
Fotografías de Saumya Khandelwal
Muskaan, cuyo nombre ha sido modificado por temas de privacidad, camina alrededor de una fogata en una ceremonia el día de su boda. Ante los deseos de su padre, esta niña de 14 años dejó la escuela tras contraer matrimonio.

Los olores y los colores — cúrcuma de un intenso amarillo con la que se untan manos y rostros, una tira de polvo rojo bermellón sobre la cabeza justo donde nace el cabello – son las primeras pistas para entender que una boda está a punto de comenzar o acaba de terminar. Las niñas, protagonistas de estos eventos, suelen ser muy jóvenes para entender qué significa el matrimonio; pero son lo suficientemente grandes para entender qué significan las especies que, ceremoniosamente, les aplican sobre sus cuerpos.

Ella es Saumya Khandelwal, una fotógrafa de Reuters, de 27 años de edad, que trabaja en Nueva Delhi, y que descubrió que algunas niñas no eran tan afortunadas como ella.

Las parientes de Muskaan la ayudan a vestirse para la boda. Su esposo, Raju (cuyo nombre también ha sido modificado por temas de privacidad), es siete años mayor que ella.
Muskaan y Raju intercambian guirnaldas durante la celebración de la boda. Las niñas de la región de Shravasti suelen contraer matrimonio mucho antes de alcanzar la mayoría de edad (18 años).

Khandelwal nació en Lucknow, una ciudad en el mismo estado que Shravasti pero a años luz de distancia. Al crecer, ella y sus amigas comprendieron que el matrimonio infantil era moneda corriente en la India, aunque no dentro de sus conocidos. Pero, a 193 kilómetros de distancia, a lo largo de las empobrecidas fronteras con Nepal, niñas de apenas ocho años son entregadas en matrimonio.

En el 2015, Khandelwal comenzó a viajar de acá para allá, de Nueva Delhi al estado de Uttar Pradesh, su propio hogar e incluso el hogar del Taj Mahal, para fotografiar a estas jóvenes novias. “Si hubiera nacido en Shravasti, yo podría haber sido una de estas niñas”, dice Khandelwal.

Técnicamente, el matrimonio infantil es ilegal en la India. En el año 1929, el gobierno sancionó una ley prohibiendo esta práctica, ley que luego fue actualizada en el año 2006. Hoy en día, las mujeres menores de 18 y los hombres menores de 21 no pueden contraer matrimonio legal. Los padres o esposos mayores pueden ser sancionados con hasta dos años de prisión por coordinar o permitir arreglos que no hagan caso a estas prohibiciones.

Suba Bano se casó con Firoj Ali cuando la madre de este se enfermó y por ende necesitaban a alguien que se encargara de la casa. Ambos niños tenían 17 años.
En un hospital en Shravasti, una mujer yace en una sala de parto justo antes de su cesárea. Según datos provenientes de un censo, al menos un cuarto de las niñas de entre 10 y 17 años de la región están casadas.

A pesar de la caída en la tasa de matrimonios infantiles durante la última década, en la India hay más novias menores de edad que en cualquier otro país del mundo. A la edad de 18, más de un cuarto de las niñas de la India ya están casadas, según datos de la organización Girls Not Brides (Alianza Global para Terminar con el Matrimonio Infantil).

Cuando Khandelwal decidió poner el foco en estas niñas, esperaba que la tradición y el patriarcado fueran lo que dominaba la decisión de cada familia para entregar a sus hijas en matrimonio. Pero descubrió que los motivos también están relacionados con la pobreza, la falta de educación y la volatilidad de la vida.

Nirma, de 16 años, juega con sus amigas y primas. La raya de pigmento colorado bermellón en su frente evidencia que es una mujer casada.
Phulmati, de 17 años, abraza a su hijo en su casa. La niña promedio de Shravasti tendrá cinco hijos a lo largo de toda su vida.

En Shravasti, Khandelwal le hizo la siguiente pregunta a la madre de una joven, que también había contraído matrimonio de niña: “¿Por qué sometes a tu hija al mismo destino?”. La madre le dijo que hubiera preferido no hacerlo, pero que no tenía demasiadas opciones. Su esposo trabaja como jornalero y ella y sus hijos recolectan y venden leña. Viven el día a día, y por eso creen que lo mejor es entregar a las niñas en matrimonio antes de que se interpongan fuerzas externas. “Si mañana perdiéramos nuestra casa por culpa de las inundaciones, no tendríamos nada para entregar como dote”, dijo.

Khandelwal descubrió que muchas familias piensan en sus hijas de modo similar: como una carga. Conoció a Muskaan, una niña vivaracha que tiene dos hermanas, y volvió varias veces a visitarla. “El hecho de tener tres hijas es visto como tres veces los gastos y dotes a pagar”, dice Khandelwal. Algunas familias esperan a que sus hijas se muden con sus maridos antes de sacarlas de la escuela. Pero, en el caso de Muskaan, su padre la sacó de la escuela en cuanto cumplió 14. Desde entonces, permaneció en su casa, aprendiendo a cocinar y a hacerse cargo de las tareas domésticas.

Poco después de la boda, Khandelwal visitó a Muskaan para ver cómo estaba. “Lo que me dijo fue muy frustrante”, recuerda Khandelwal. “Me dijo: ‘¿Qué hay que sentir al respecto? Es lo que tiene que pasar’. Esto solo indica cuán desamparadas y desesperanzadas están estas niñas. No saben siquiera que, como mujeres, pueden ser profesionales”.

Chandni mira desde atrás de Kisna, ambas de 9 años de edad. Kisna ya está casada hace dos años, pero no sabe el nombre de su esposo. En lugar de ir a la escuela, estas dos niñas pasan la mayor parte de su tiempo haciéndose cargo de las tareas del hogar y jugando en la casa.

Muchas jóvenes se sienten solas después de la boda. No hay trabajo en las pequeñas aldeas en donde viven, y por eso los hombres suelen salir a buscar suerte por todo el enorme país. Las esposas se mudan a lo de sus suegros y los recién casados se mantienen en contacto por teléfono.

“¿Qué esperan que entienda un niño de 15 años acerca del matrimonio, o las relaciones, o llevar adelante un hogar?”, pregunta Khandelwal. “No tienen educación, y eso se traslada a sus propios hijos. No tienen dinero, y son muy jóvenes para tener hijos. Es un círculo vicioso. ¿Podrán alguna vez salir de esta situación?”

Tras dos años y medio fotografiando a las jóvenes novias de Shravasti, Khandelwal ve signos que evidencian que a las niñas se las fuerza a contraer matrimonio en todo el país, incluso en la metrópolis de Nueva Delhi. Planea apuntar su cámara hacia estas comunidades para demostrar cómo esta práctica, si bien ilegal y en declive, todavía florece en los márgenes de la India.

Saumya Khandelwal es una fotógrafa que trabaja en la India. Se puede ver más acerca de su trabajo en su página web y en Instagram.

Artículo originalmente publicado el 19 de abril de 2018.

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