Fotografía

Imágenes de niños que cambian la historia

Fotos de niños que vuelven más cercanas a las crisis que suceden en lugares lejanos Jueves, 18 Enero

Por Susan Ager

Toda fotografía de un niño nos hace pensar en los hijos propios, o en el niño que alguna vez uno fue. Cuando las fotografías muestran que los niños sufren o se pierden, uno se puede estremecer con un dolor que se siente personal.

Esa sensación puede desencadenar una respuesta en el corazón, un repentino interés a una cuestión lejana que era abstracta y sin fin, demasiadas palabras, con demasiada frecuencia lo mismo. Cuando la fotografía se viraliza, llega a millones de corazones. Las personas a las que le llega al corazón hablan de ello, incluso en la alta sociedad. Los corazones que cambiaron pueden cambiar las mentes y, en última instancia, la política y la historia.

En 2015, el mundo vio las imágenes de un refugiado sirio, de tres años de edad, Aylan Kurdi, arrastrado a una playa de Turquía, debido a que su familia huyó de la guerra civil. Estaba tumbado boca abajo como si estuviera durmiendo, las olas acariciaban su rostro. Llevaba pantalones azules, una camiseta roja y zapatillas deportivas grises con tiras de velcro. Una segunda imagen muestra a un oficial de policía que levanta de la arena el cuerpo inerte de Kurdi.

Los fotos dieron la vuelta al mundo en cuestión de segundos. Muchas publicaciones de Twitter tenían de etiqueta en turco #KiyiyaVuranInsanlik, o "Restos flotantes de la humanidad".

Rick Shaw, director de Pictures of the Year International, organización que investiga y difunde fotografías emblemáticas sobre problemas sociales, manifestó el jueves: "Es probable que esta imagen cambie la opinión pública. Llega a tu corazón y lo extirpa". "Al igual que otras fotografías emblemáticas se centra en los más vulnerables de nosotros", expresó. Al mirarla, pensó en su propio hijo, ahora de 22 años. A los tres años de edad, su niño Rossley "volaba por la calle sin salida en un monopatín".

La comparó con la fotografía más recordada del bombardeo al edificio federal de la ciudad de Oklahoma en 1995, que destruyó un centro de cuidado infantil. Tomada por el aspirante a periodista gráfico Carlos Porter, muestra a un bombero con un casco rojo que con ternura lleva el cuerpo ensangrentado de una niña con calcetines de color rosa, de un año y un día de edad.

Ganó el premio Pulitzer, pero su familiaridad mundial consternó a la madre soltera, de 23 años, de la bebé, Aren Almon-Kok, quien recientemente manifestó a un periodista que estaba conmocionada al verla en el periódico el día después de la tragedia: "Por alguna razón pensé que iba a saber si mi hija iba a estar en la primera página". Todavía sufre por "ver a Baylee muerta en todas partes todos los días".

Las fotografías de niños muertos o que sufren sí se transforman en emblemáticas, de maneras que producen dolor y también ayudan. El miércoles Peter Bouckaert, director de Human Rights Watch, una organización de derechos humanos. escribió una entrada de blog en la que explica por qué eligió tuitear la imagen del niño sirio muerto que había estado en un barco que navegaba a una isla griega: "Lo que más me impresionó fueron sus pequeñas zapatillas deportivas, que sin duda sus padres se las pusieron con amor esa mañana, debido a que lo vistieron para el peligroso viaje... Al mirar la imagen, no pude evitar imaginar que era uno de mis propios hijos que yacía ahogado en la playa".

Dos días después de que las imágenes se publicaran, el primer ministro británico, David Cameron, anunció que su nación aceptaría más de miles de refugiados sirios. Es demasiado pronto para saber el impacto total de las imágenes, que hace 30 años habrían conmocionado a los lectores de periódicos durante el café matutino.

Ahora nos conmociona al igual que a otros cientos de personas que vemos cada día en todas nuestras plataformas de medios. ¿Estamos demasiado entumecidos para reaccionar o responder? ¿Estamos demasiado insensibles de creer que una fotografía puede ser real, sin modificaciones, sin alteraciones? ¿Puede el destino de un niño, capturado por una cámara, cambiar el mundo, o al menos captar su dolor?

Precedente para el cambio

Ha sucedido antes. En 1972, en el apogeo de la guerra de Vietnam, el fotógrafo Nick Ut de Associated Press, vietnamita de nacimiento y de tan solo 19 años de edad, estaba listo para terminar y volver a la oficina después de tomar algunas fotografías de algunos combates cuando un avión lanzó una bomba de napalm. Observó como una multitud de niños corría hacia él gritando, una chica desnuda en el medio.

En una entrevista de 2012 reprodujo el momento una vez más: "Yo vi su brazo izquierdo quemado y su piel caía de la espalda. Inmediatamente pensé que iba a morir. No paraba de gritar y pensé, 'por Dios'".

Sus editores debatieron si la fotografía debía ser publicada o no, debido a la desnudez de la niña. Pero un editor insistió, y los periódicos de todo el mundo la publicaron. La niña de nueve años de edad era como la hija que cada uno de ellos tenía.

"Al día siguiente", Ut comentó, "hubo protestas contra la guerra en todo el mundo. Japón, Londres, París... Todos los días después de lo sucedido, las personas protestaban en Washington, DC, frente a la Casa Blanca. 'La niña de Napalm' estaba en todas partes". Aunque la fotografía que coloquialmente se conoce como "La niña de Napalm", Nick la llama "Terrible Guerra".

Por cierto, la niña sobrevivió después de que Ut la transportara a ella y otros niños a un hospital y amenazara a los trabajadores de un hospital desbordado con exponerlos en los medios si se negaban a cuidar de los niños. Hoy, una mujer de mediana edad, Kim Phuc llama al fotógrafo, el "Tío Nick".

"Les abrieron los ojos a la gente"

Después, en Sudán, 1992, el fotógrafo independiente Kevin Carter nativo de Sudáfrica tomó una fotografía emblemática del hambre. Cuando un aeroplano de distribución de alimentos de las Naciones Unidas aterrizó, tomó fotografías de niños inclinados en la tierra, llorando. Mientras observaba a una niña luchando en el suelo, un enorme buitre aterrizó justo detrás de ella. Tomó la fotografía, que iluminaba la hambruna en Sudán con más fuerza de lo que haría una imagen de un millar de personas que padecen hambre.

Una niña, la forma de su cuerpo es familiar a cualquiera que haya sostenido a un niño.

Pero la imagen provocó una controversia familiar entre los fotógrafos: ¿se puede tomar una fotografía sin intervenir para salvar al objetivo?  Carter no recogió a la niña para llevarla volando de vuelta a su casa, no. Pero informó que espantó al buitre.

La imagen ganó el premio Pulitzer para Carter. Sin embargo, cuatro meses después de que él la tomara, se quitó la vida, y dejó una nota que decía, en parte: "Me persigue las vívidas memorias de homicidios y cadáveres e ira y dolor... de niños heridos o famélicos".

Después del huracán de 2008 en Haití, el fotógrafo Patrick Farrell del Miami Herald ganó prestigio por una imagen de otro niño desnudo, empujando un cochecito de bebé que estaba roto y sucio, aparentemente recuperado de los fangosos escombros a su alrededor. Una vez más, un niño lleva a los espectadores a preguntarse por la historia, el futuro, y contrastarlos con los propios hijos.

Farrell, que aún trabaja para el Herald, comentó el jueves que la imagen fue una de las primeras publicadas después de las primeras tormentas en Haití. Esa fotografía, junto con otras más, ganó un premio Pulitzer para el periodista. "Eran sorprendentes y gráficas y dolorosas de ver", expresó, "pero abrieron los ojos de las personas, especialmente en Miami, que están a dos horas de distancia en avión. Los sacó de sus muy cómodas vidas".

Otorgaron más de 5 mil millones de dólares en prenda o como donación después del terremoto de Haití. Nadie sabe qué sucedió con el niño, con quien Farrell nunca habló. El fotógrafo cree que la imagen es convincente porque "todo está destruido, pero este chico ha acumulado un par de cosas en un cochecito y está empujándolo hacia algún lugar. No sabemos hacia dónde".

La cara de otra refugiada en peligro también capturó una crisis y cautivó a los que la vieron. La imagen del fotógrafo Steve McCurry de una joven niña afgana en un campo de refugiados en Pakistán apareció en la portada de junio de 1985 de National Geographic y sigue grabada en millones de recuerdos: una niña de pelo alborotado envuelta en un paño roñoso de color rojo, los enormes e intensos ojos llenos ¿de qué? ¿miedo? ¿en desafío? ¿con determinación?

McCurry regresó a Pakistán 17 años después para encontrarla, desgastada y cansada. Sharbat Gula nunca había visto su emblemática fotografía. Ella no ha sido fotografiada desde entonces. Pero sus ojos son reconocidos y recordados como los que resquebrajaron los corazones endurecidos.

El legado de un niño ahogado

Las fotografías del niño sirio ahogado, tomadas por Nilufer Demir, que trabaja para Dogan News Agency, una agencia de noticias de Turquía, bien podría tener el mismo impacto.

Farrell, que tomó la foto del niño haitiano con el cochecito, cree que también podrían forzar a tomar acción en la crisis de refugiados de esta década: "Las personas en los Estados Unidos han estado leyendo esas historias. Es como un ruido que escuchas pero lo ignoras. ¡Después hay un chasquido fuerte! Al que presta atención. Esta es la imagen de eso".

No se conoce el destino del niño haitiano. Durante años, el destino de la niña afgana\u2019 fue un misterio. Pero ya sabemos lo básico de la historia del niño sirio. Y en unos días sabremos más. Aylan Kurdi está muerto y también su hermano de cinco años de edad y su madre, solo sobrevivió el padre y marido que pagó 2000 dólares para tratar de darle seguridad a la familia debido al conflicto continuo en Siria.

Suena duro, pero la foto del niño ahogado es más poderosa porque su enfoque es singular. Los otros 11 muertos del bote dado vuelta no están en la fotografía.

Rick Shaw de Pictures of the Year International expresó: "Soy un creyente de que menos es más. Si hubiese habido más niños, sería tan desconcertante y horrible que no lo habrían registrado. Con un niño, es una lectura rápida. Es algo que se marcará a fuego en su mente en los próximos años.

Susan Ager es una escritora independiente con sede en Michigan. Ella escribió un artículo sobre el renacimiento de su ciudad natal, Detroit, para la edición de mayo de 2015 de la revista National Geographic. Lea más sobre su trabajo en su sitio web.

Artículo publicado el 3 de septiembre de 2015.