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México: Identifican el linaje único de las guacamayas verdes del Sótano del Barro

Thursday, September 6

Por Mariel Castro
Un par de guacamayas verdes sobrevuelan al interior del Sótano del Barro.

En el marco de una investigación encabezada por el fotógrafo y explorador de National Geographic Rikky Azarcoya, un grupo de biólogos y veterinarios zootecnistas ha logrado confirmar que los ejemplares de esta zona de la vertiente del Golfo tienen características genéticas únicas que los diferencian de las del Pacífico. Los datos recolectados aportan nueva información para mejorar los esfuerzos de preservación de una especie en peligro de extinción.

El fotógrafo y explorador de National Geographic, Rikky Azarcoya.

Cuando el fotógrafo Rikky Azarcoya accedió por primera vez al Sótano del Barro y conoció el problema de conservación que enfrentaba la población de guacamayas verdes del lugar pensó: “tenemos que hacer algo”. Con el apoyo del grant recibido por parte de National Geographic, Azarcoya conformó un equipo interdisciplinario de biólogos, veterinarios zootecnistas y espeleólogos que tenía dos objetivos claros: documentar de manera audiovisual la biodiversidad de un lugar al que es difícil acceder y extraer la mayor información posible para realizar estudios genéticos que ayudaran a la conservación de ejemplares específicos de una especie que está en riesgo.

Si bien la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, en sus cifras en inglés) ubica a la Ara militaris en un estado “vulnerable” dentro de su lista roja, no suele distinguir entre subespecies. Por eso, tal como aclararon Azarcoya  y su equipo, para este trabajo le dieron peso a la Norma Oficial Mexicana (NOM-059-SEMARNAT-2010), donde se sitúa a la Ara militaris mexicanus en la categoría de “peligro de extinción”.

En una entrevista exclusiva para National Geographic, Diana Cortés, médica veterinaria zootecnista del Instituto de Biología de la Universidad Autónoma de México (UNAM) que formó parte del proyecto, explicó que en este país existen poblaciones de la especie en cuestión tanto en la vertiente del Golfo como en la del Pacífico. Sin embargo, tal como recalca la especialista, fue en el marco de este estudio que encontraron una novedad: “Con una gran sorpresa, pudimos determinar que sí hay una diferencia entre ambas”.

“Físicamente, no hay grandes distinciones. Pero, genéticamente, encontramos que hay una separación. A partir de los estudios se determina que han estado separadas por algún tiempo y se puede decir que sus macro regiones son distintas”, explica Cortés. “No es que hay un nuevo linaje o que se haya generado uno; sino más bien que (éste) nos da información pasada, que sí hubo una distinción anteriormente y eso las hace diferentes”, agrega.

Diana Cortés, médica veterinaria zootecnista del Instituto de Biología de la Universidad Autónoma de México (UNAM) realiza anotaciones sobre las muestras tomadas en el Sótano del Barro.

Dentro del grupo de las del Golfo, se encuentran las guacamayas verdes del Sótano de Barro -que fueron el objeto puntual de este estudio-, aunque también se incluyen a los ejemplares de las zonas de Querétaro, San Luis Potosí y Tamaulipas. “Estamos viendo que tienen el mismo genotipo, pero el Sótano de Barro es el lugar donde se conserva mejor la especie”, aclara la médica veterinaria zootecnista.

Tal como explica Azarcoya, los resultados obtenidos en esta expedición van a ayudar a establecer qué ocurrió con esta estirpe, cómo estos ejemplares llegaron a aislarse en esta zona en particular y cuáles son sus perspectivas a futuro. Asimismo, aclara que les permitirá a los especialistas llevar a cabo refuerzos poblacionales en la zona y poder escoger a los ejemplares mejor adecuados genéticamente para reproducirse.

Una especie en peligro

“Cuando llegué al Sótano del Barro en 2010, conté unas 70 guacamayas. Fui a la CONANP (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas de México), revisé los datos, y me di cuenta que ese era el mismo número desde 1998 y que no ha habido aumento de la población hasta ahora”, reconoce Juan Carlos Orraca, biólogo especialista en psitácidos (loros), quien forma parte de O.C.E.A.N. AC (Organización para la Conservación, Análisis y Estudio de la Naturaleza AC) y que se unió al equipo de exploración.

En el marco de esta expedición, los locales le contaron a Azarcoya que varios años atrás los lugareños mandaban a los “guacamayeros” a ahuyentar a las aves con resorteras o piedras para que no se comieran su maíz. En la actualidad, y después de proyectos puntuales de concientización, las nuevas generaciones se han trasformado en los guardianes de las guacamayas verdes del Sótano del Barro y son quienes llevan adelante distintas actividades de ecoturismo en la zona.

“Las guacamayas pueden poner de dos a tres huevos. Suele sobrevivir solo uno. Ese uno se vuelve un volantón, cuando empieza a aprender a volar. Y cuando las guacamayas empiezan a anidar, en la zona hay halcones cola roja, coatíes y otros depredadores… Y además, los humanos parece que amamos tenerlas como mascota. Entonces, que no estén llegando a edad adulta puede ser por depredación o porque los atrapa el tráfico negro”, explica Orraca a National Geographic.

El biólogo Juan Carlos Orraca durante su trabajo en campo en el mirador principal del Sótano del Barro.

Si bien los especialistas coinciden que el Sótano de Barro es un lugar que les permite a las guacamayas estar resguardadas por ser un sitio de difícil acceso, están en riesgo todos los días cuando salen de allí y van a otros lugares en busca de alimento.

“La especie en peligro de extinción está. Hay una deforestación en alrededor de las zonas naturales que es increíble y no permite el paso de los ejemplares hacia otras regiones. Además del tráfico ilegal. Esta es una de las especies de los psitácidos, es decir de loros, más comercializadas, está entre el tercero y quinto lugar”, asegura Cortes. Y además resalta que estas aves son inteligentes y, aunque tengan el espacio, “ellas no se van a reproducir si no encuentran suficientes recursos alrededor”.

Esfuerzos de recuperación

En ese sentido, los trabajos de conservación de la especie –y en este caso puntual del linaje del Golfo-, conllevan a varias estrategias complementarias. Tal como cuenta Azarcoya y los miembros de su equipo, se están buscando hacer corredores biológicos para conectar algunas zonas o, incluso, avanzar con propuestas de reforestación.

Asimismo, los expertos apuntan a reforzar las condiciones de reproducción. Según las observaciones realizadas en esta expedición, solo se han podido divisar de 5 a 6 parejas reproductoras.

“Si nosotros en el Sótano del Barro identificamos que ya no hay suficientes ejemplares o que son los mismos, que van a tener hijos con genes muy cercanos a los otros individuos, esto podría generar endogamia. Si nosotros introducimos ejemplares que tuvieran una mayor riqueza genética, pero que sean de la misma zona, podemos fomentar que la reproducción sea mayor”, explica Cortés. “Todavía no llegan a ese punto. Nos da cierta tranquilidad, pero tampoco es para dormirse. Hay que actuar ya”, sentencia.

Las pruebas realizadas en el laboratorio con las muestras tomadas en la expedición permitieron determinar el linaje único de las guacamayas verdes del Sótano del Barro.

Conservación en cautiverio

Otro de los resultados que se obtuvo a partir de este estudio encabezado por Azarcoya es que, hasta el momento y según los relevamientos realizados, “todos los individuos en cautiverio en zoológicos mexicanos pertenecen a la metapoblación del Pacífico, por lo que el linaje de las poblaciones del Golfo, entre ellas la del Sótano del Barro, no se encuentra resguardada en zoológicos mexicanos”.

Esto significaría que, en el caso de que la población desaparezca, no habría parejas en cautiverio para realizar reproducción segura con posterior liberación.

“El hecho de conservar guacamayas de este linaje sería un paso importante para la conservación. Porque aunque se empiece a acabar el hábitat, tenemos los ejemplares y da tiempo a la reforestación, a hacer concientización ambiental y a hacer estudios, pero teniendo a la estirpe segura”, reconoce Cortes.

Lo que plantea Azarcoya y este equipo de especialistas es que, si hay alguna razón que esté impidiendo la crianza segura en hábitat de los polluelos que esas 5 o 6 parejas están gestando –ya sea por falta de alimento, carencia de árboles en la zona, depredadores o tráfico ilegal-; sería conveniente intentar incubar alguno de sus huevos en cautiverio con cuidados especiales. Luego, estos ejemplares serían entrenados cuidadosamente para su posterior liberación en hábitat, con el objetivo de que la próxima generación de polluelos ya se dé completamente en vida silvestre.

Plumas de guacamayas verdes encontradas en el Sótano del Barro. Se utilizaron como parte de las muestras para realizar el estudio genético en los laboratorios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

EQUIPO DE EXPLORACIÓN - GRANT NATIONAL GEOGRAPHIC - FOTÓGRAFO RIKKY AZARCOYA

  • Instituto de Biología UNAM: Dra. Patricia Escalante Pliego - Dra. Noemí Matías Ferrer  - V.M.Z. Diana Fabiola Cortés Tenorio - Biól. Hugo Abraham Valdés Saucedo.
  • O.C.E.A.N. AC (Organización para la Conservación, Análisis y Estudio de la Naturaleza AC): M.V.Z. Francisco Acevedo - Lic. Juan Carlos Orraca Coron.
  • Espeleología: Carlos Edmundo Cortés Zorilla - Elizabeth Ponce de León.
  • Fotogramertía y Video: Fabio Esteban Amador PhD. Arqueólogo.
  • Video y Drones: Alejandro Gutierrez 
  • Fotografía: Luis Beltrán - Erika Balestra
  • Eco Albergue de Santa María de los Cocos: Representante Alejandro Montoya
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