Por qué mirar a la Tierra desde el espacio es una misión importante

El climatólogo Michael Mann reflexiona sobre el influyente satélite meteorológico NOAA-20 y lo que la perspectiva desde el espacio nos enseña sobre nuestro hogar.jueves, 4 de julio de 2019

 

Querido NOAA-20:

Sé que no tienes un nombre atractivo como Voyager o Cassini, pero te aprecio de todos modos. A diferencia de tus extrovertidos primos, eres introvertido e introspectivo, y te dedicas solamente a un solo planeta. Pero es un planeta importante, el único del universo, por lo menos de lo que conocemos hasta ahora, que es hogar de vida: la Tierra.

A medida que orbitas sobre los polos, tu función es medir el “equilibrio energético” que determina la temperatura de la Tierra. Con un ojo mirando hacia abajo, mides el calor que se escapa desde la superficie y la atmósfera. Con tu otro ojo mirando hacia arriba, mides la radiación solar entrante que calienta a la Tierra desde arriba. Restando el primero del segundo, estimas el calentamiento neto del sistema planetario.

A fin de realizar esta fundamental tarea, usas un instrumento denominado CERES, que mide “las nubes y el sistema de energía radiante de la Tierra”. CERES nos ha mostrado que la Tierra tiene un equilibrio energético positivo, confirmando que la superficie y la atmósfera baja se calientan más rápido de lo que la Tierra puede enfriarse.
 

Pero, ¿ese calentamiento da paso a un aumento perceptible en la temperatura global de la Tierra? Estás muy bien equipado para responder esa pregunta, con un termómetro personalizado llamado Sonda de tecnología de microondas avanzada (Advanced Technology Microwave Sounder). El dispositivo detecta las microondas emitidas desde nuestra atmósfera a 22 energías específicas, o canales. Gracias a algunos supuestos y algunos cálculos bastante complicados, tus compañeros en la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos pueden tomar estas lecturas de los canales y convertirlas en estimaciones de temperatura para las varias capas de la atmósfera. No solo puedes monitorear la troposfera inferior, que es donde vivimos, sino la estratosfera que es donde los aviones vuelan.

Hace una década, tus precursores se encontraron envueltos en controversias, cuando algunos científicos analizaron mal las medidas de las sondas de microondas para argumentar en contra del cambio climático. Sin embargo, al momento de tu nacimiento, estas complicaciones y preguntas molestas ya se habían resuelto, y ahora, tus lecturas son bien verificadas con otras medidas de temperatura.

Cada uno de estos registros, incluyendo el tuyo, demuestra independientemente que la superficie y la atmósfera inferior se están calentando. Asimismo, los cambios que has visto sugieren que la troposfera se está calentado mientras que la estratosfera se está enfriando, precisamente los modelos climáticos de “huellas” pronostican desde el calentamiento causado por el aumento de los gases de efecto invernadero en vez de por factores naturales como los cambios en la luminosidad solar.

Y como nosotros, eres responsable de decir algo cuando ves algo. Y lo has hecho. Tus descubrimientos científicos nos han dado una clara advertencia a todos: el cambio climático es real y es causado por los seres humanos.

Tu vigilancia nos ha revelado muchos otros detalles de nuestra atmósfera. Tu sonda infrarroja de trayectoria muestra las propiedades en 3D de nuestra atmósfera, entre las cuales se encuentra la temperatura, la presión del aire y el contenido de humedad. Eso nos brinda un entendimiento de las dinámicas de la atmósfera, lo que no solo nos ayuda a mejorar los modelos de pronóstico del tiempo, sino que también nos da una visión más completa de los fenómenos climáticos como El Niño/Oscilación del Sur (ENOS), un cambio multianual en el viento y las corrientes oceánicas del Pacífico tropical. ENOS afecta los patrones climáticos estacionales alrededor del mundo, lo que incluye a América del Norte. En marzo de 2019, NOAA advirtió que grandes partes de Estados Unidos experimentarían un registro histórico de inundaciones esta primavera como resultado tanto de un aire cargado de humedad conducido hacia el lugar por El Niño como de  los efectos generales del cambio climático, que han producido una atmósfera más caliente que fomenta lluvias más intensas.

ENOS también influye en los huracanes del Atlántico, y el cambio climático, a su vez, puede afectar a ENOS, alterando potencialmente la frecuencia y la intensidad de los huracanes. Cómo se resolverá todo esto es un comodín; los modelos de clima todavía no se han puesto de acuerdo. Pero la mejor ciencia del clima disponible indica que los huracanes más potentes se están volviendo más fuertes y están produciendo más inundaciones provocadas por lluvia.

Ejemplo concreto: el huracán Florence de 2018. Las temperaturas inusualmente cálidas de la superficie del Atlántico en la costa sudeste de Estados Unidos hicieron que la tormenta se intensificara rápidamente, lo que logró que la marejada ciclónica fuera aún más devastadora. Esas mismas aguas cálidas también garantizaban vapor de agua extra en la atmósfera, lo que, luego, contribuyó a una inundación. Para colmo, el sistema se detuvo luego de tocar tierra, y empapó grandes porciones de Carolina del Norte durante días enteros: lo que hoy se conoce como la segunda peor inundación en la historia de Estados Unidos. (La peor sucedió un año antes, cuando el huracán Harvey dejó caer más de cientos de mil millones de toneladas de agua en Houston, Texas, bajo condiciones similares—sin duda, un diluvio agravado por el cambio climático.)

Todos sabemos esto sobre el huracán Florence, en parte gracias a ti NOAA-20, ya que ayudaste a monitorear esta amenazante tormenta, junto con muchas otras. Tu sensor  VIIRS (Visible Infrared Imaging Radiometer Suite) midió las temperaturas (y, por lo tanto, las alturas) de los topes de las nubes, que se volvieron más altos y fríos a medida que la tormenta se volvía más poderosa. Al ayudarnos a monitorear los crecientes peligros de los huracanes que han tocado tierra, no solo nos has ayudado a salvar vidas, sino también nos has ayudado a prepararnos mejor para la amenaza de un cambio climático.

Así que, una vez más, gracias NOAA-20. Puede que no seas tan llamativo como algunos de tus primos, pero desempeñas uno de los papeles más importantes. En nuestra exploración del universo, lo que incluye muchos exoplanetas que orbitan estrellas distantes que Kepler encontró, la Tierra sigue siendo el único planeta que conocemos que puede ser nuestro hogar, o, si vamos al caso, el de cualquier forma de vida.

Debemos cuidar ese hogar y, para ello, debemos monitorear su salud constantemente. Eso es lo que haces, amigo mío. Y yo, lo aprecio muchísimo.

Michael E. Mann es profesor distinguido de Ciencias atmosféricas de la Universidad estatal de Pensilvania. Su más reciente libro, con Tom Toles, es The Madhouse Effect: How Climate Change Denial Is Threatening Our Planet, Destroying Our Politics, and Driving Us Crazy (Columbia University Press, 2016).

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