COVID-19: incluso un cuadro leve puede afectar el cerebro

Estudios recientes de imágenes cerebrales muestran que la enfermedad puede causar cambios físicos equivalentes a una década de envejecimiento y desencadenar problemas de atención y memoria. Lo que se sabe hasta ahora.

Por Sanjay Mishra
Publicado 3 may 2022 05:53 GMT-3
Brain

Un técnico prepara un cerebro donado para su conservación. Estas muestras de órganos son esenciales para estudiar el impacto de la COVID-19, las enfermedades neurodegenerativas y el envejecimiento en el cerebro.

Fotografía de Luca Locatelli

Después de pasar tres días y medio postrada en cama con fiebre y tos, Elena Katzap pensó que ya había superado a la COVID-19. La escritora y maestra de Los Ángeles, Estados Unidos, contrajo el virus a fines de enero de 2022 y se sintió afortunada por haber sido afectada por un caso leve: no tuvo dificultades para respirar, no necesitó ser hospitalizada y se recuperó en pocos días.

“Recuerdo muy específicamente haber dicho, Dios, se siente tan bien estar saludable de nuevo”, recuerda Katzap. “Entonces, de repente, al día siguiente sentí el golpe, y no sabía qué era, porque comenzó con náuseas y algunos problemas estomacales y algunos olvidos extraños”.

Desde entonces, Katzap ha experimentado una pérdida aguda de la memoria con poca concentración. Se queda en blanco en medio de las conversaciones y las palabras fallan en la mitad de la oración. “No es físicamente doloroso, pero es muy frustrante”, lamenta.

De los aproximadamente 80 millones de estadounidenses que han contraído COVID-19 hasta ahora, alrededor de uno de cada cuatro sobrevivientes sufre problemas cognitivos, comúnmente descritos como niebla mental. Si bien este no es un término médico formal, aclara Edward Shorter, profesor de psiquiatría en la Universidad de Toronto, se ha convertido en un término general para describir una serie de síntomas como confusión, dificultad para encontrar palabras, pérdida de memoria a corto plazo, mareos o incapacidad para concentrarse

Los pacientes hospitalizados con COVID-19 tienen casi tres veces más probabilidades de tener problemas cognitivos que los que no están hospitalizados. Pero escáneres cerebrales muestran que incluso un caso leve de COVID-19 puede encoger parte del cerebro, causando cambios físicos equivalentes a una década de envejecimiento.

“Hay evidencia de lesión neurológica (después de la COVID-19) que es persistente”, explica Ayush Batra, neurólogo de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad del Noroeste, en los Estados Unidos. “Observamos evidencia biológica y bioquímica, también evidencia radiográfica y, lo que es más importante, los pacientes se quejan de sus síntomas. Es decir, está afectando su calidad de vida y su funcionamiento diario”. 

Batra, junto con sus colegas, ha revelado indicadores químicos de neuronas cerebrales lesionadas en pacientes con COVID-19 de larga duración con síntomas neurológicos.

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El impacto drástico del COVID-19 en el cerebro

Algunas de las pruebas más convincentes de daño neurológico después de una COVID-19 leve provienen de investigadores del Reino Unido que estudiaron los cambios cerebrales en personas antes y después de contraer la enfermedad.

Los 785 participantes, de entre 51 y 81 años, que ya habían sido analizados antes del comienzo de la pandemia, fueron escaneados en promedio con tres años de diferencia como parte del proyecto UK Biobank. Las pruebas o registros médicos mostraron que 401 de estos voluntarios se habían infectado con SARS-CoV-2. La mayoría tenía infecciones leves; sólo 15 de los 401 fueron hospitalizados.

Los resultados mostraron que cuatro meses y medio después de una infección leve por COVID-19, los pacientes habían perdido, en promedio, entre 0,2% y 2% del volumen cerebral y tenían una materia gris más delgada que las personas sanas. En comparación, los adultos mayores pierden entre 0,2% y 0,3% de su materia gris cada año en el hipocampo, una región relacionada con la memoria.

En la región del cerebro vinculada al olfato, los pacientes con COVID-19 tenían un 0,7% más de daño tisular en comparación con las personas sanas.

El desempeño de los participantes infectados en las pruebas cognitivas también declinó más rápidamente que antes de la enfermedad. Tardaron entre un 8% y un 12% más en las dos pruebas que midieron la atención, la capacidad de detección visual y la velocidad de procesamiento. Los pacientes no fueron significativamente más lentos en la utilización de la memoria, el tiempo de reacción o las pruebas de razonamiento.

“A su vez, podríamos relacionar esta mayor disminución de la capacidad mental con su mayor pérdida de materia gris en una parte específica del cerebro”, estima Gwenaëlle Douaud, neurocientífica de la Universidad de Oxford que dirigió el estudio del Reino Unido.

En general, los estudios muestran consistentemente que los pacientes con COVID-19 obtienen puntajes significativamente más bajos en las pruebas de atención, memoria y función ejecutiva en comparación con las personas sanas. Jacques Hugon, neurólogo del Hospital Lariboisiere de la Universidad de París, sostiene que no está claro si el cerebro se reparará solo o si los pacientes alguna vez se recuperarán, incluso con rehabilitación cognitiva.

“No sabemos exactamente lo que está pasando en el cerebro”, advierte Hugon. Quizás el daño que causa la COVID-19 en el cerebro evolucione hacia varios trastornos neurodegenerativos. "No lo sabemos con certeza en este momento, pero es un riesgo, y debemos seguir (a los pacientes) con mucho cuidado en los próximos años".

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¿Qué causa la niebla mental y el deterioro cognitivo?

Incluso antes de la COVID-19, se sabía que las infecciones virales causaban deterioros cognitivos duraderos. Está bien establecido que las infecciones virales aumentan significativamente la carga de enfermedades neurológicas en el mundo. Si bien aún no hay consenso sobre la causa exacta de los impactos cognitivos de la COVID-19, sus efectos en varios órganos pueden ser catastróficos, lo que significa que hay muchas formas en que la enfermedad puede afectar el cerebro.

Debido a que la COVID-19 afecta la respiración, puede privar al cerebro de oxígeno, como se observa en los datos de autopsias en Finlandia. En casos raros, la COVID-19 también puede dañar el cerebro al causar encefalitis, una forma de inflamación cerebral. 

En términos más generales, la COVID-19 puede provocar una respuesta inmunitaria grave que desencadena una tormenta de proteínas llamadas citoquinas, que amplifican la inflamación en todo el cuerpo. Se ha demostrado que la inflamación a largo plazo promueve el deterioro cognitivo y las enfermedades neurodegenerativas y, por lo tanto, podría estar causando neurodegeneración entre los sobrevivientes de la COVID-19.

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Esta patología también aumenta el riesgo de coágulos de sangre hasta por seis meses, lo que puede causar accidentes cerebrovasculares que privan de oxígeno al tejido cerebral. Un estudio encontró grandes células de médula ósea errantes, responsables de la producción de plaquetas que coagulan la sangre, alojadas en los capilares cerebrales de personas que murieron a causa de la infección por COVID-19. Estas células podrían causar accidentes cerebrovasculares en pacientes con COVID-19 y desencadenar algunas deficiencias neurológicas.

Algunos científicos incluso temen que los sobrevivientes de COVID-19 puedan tener un mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer, según sugiere la presencia de una proteína llamada beta-amiloide en los cerebros de pacientes más jóvenes que murieron por COVID-19.

También se están acumulando estudios que muestran evidencia directa de que el virus SARS-CoV-2 invade el cerebro. Un estudio de los Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos, actualmente en revisión, ilustra cómo el SARS-CoV-2 puede propagarse mucho más allá de los pulmones y las vías respiratorias. Este estudio sugiere que la incapacidad del sistema inmunitario para eliminar el virus del cuerpo podría contribuir potencialmente a efectos prolongados de la COVID-19, incluida la confusión mental.

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Recuento de casos leves de COVID-19

Además de identificar las causas, una de las principales preocupaciones se centra en la dificultad de obtener un recuento preciso de cuántos pacientes con COVID-19 han desarrollado problemas cognitivos, en parte porque estos síntomas no siempre se manifiestan inmediatamente después de la infección.

Este fue el caso de Richard Newman, un veterano del ejército estadounidense que ahora es gerente de informática en Houston, Texas. Sufrió una infección grave por COVID-19 en junio de 2021 y pasó dos semanas en la unidad de cuidados intensivos. Pero no experimentó problemas cognitivos, incluidos dificultades para reconocer a las personas, sino hasta un mes después de que le dieran el alta del hospital.

“Conocía la cara, sabía que se suponía que debía conocerlos, pero no podía recordar su nombre”, relata Newman. Ocho meses después de que lo diagnosticaron por primera vez con COVID-19, sus síntomas no han mejorado mucho. “Es horrible, muy debilitante y realmente afecta tu calidad de vida”, dijo.

Existe al menos un estudio que muestra cómo dos tercios de los sobrevivientes de COVID-19 atendidos en 59 hospitales en los Estados Unidos fueron diagnosticados con problemas cognitivos durante un seguimiento de seis meses

Sin embargo, como muestra el citado estudio realizado recientemente en el Reino Unido, incluso los casos leves pueden suponer un riesgo y el seguimiento de esos pacientes será un desafío si no se establece la conexión entre la COVID-19 leve y cualquier síntoma neurológico que surja más adelante. Otros sobrevivientes pueden ser reacios a mencionar su experiencia con la COVID-19 y los problemas neurológicos posteriores por temor al estigma y la discriminación.

A los expertos también les preocupa que, ante la amplia disponibilidad de vacunas y el aumento de las variantes que son relativamente más leves que ómicron, las personas estén bajando la guardia demasiado pronto porque no les preocupa el posible daño cognitivo de enfermarse. Aunque las vacunas contra la COVID-19 son muy eficaces para proteger contra enfermedades graves, no protegen contra la COVID de larga duración en personas que se infectan a pesar de la vacunación.

"Necesitamos dejar de cuantificar el impacto de la enfermedad sólo en términos de muertes y casos graves", advierte Douaud, de la Universidad de Oxford, "ya que la evidencia de los estudios sobre COVID prolongada y nuestro estudio muestran que incluso la infección leve puede ser perjudicial".

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