Volcán entra en erupción en Islas Canarias tras 50 años

El estallido es el último de una serie de erupciones de estilo fisura que se remontan a siglos en la isla española de La Palma. Los expertos dicen que podría durar semanas.

La lava sale tras la erupción de Cumbre Vieja en la isla canaria de La Palma. Este evento pone punto y final a una inactividad eruptiva del volcán desde 1971.

Fotografía de Arturo Rodríguez
Publicado 21 de sep. de 2021 12:30 GMT-3, Actualizado 23 de sep. de 2021 16:52 GMT-3

El volcán de Cumbre Vieja de la isla de La Palma suele retorcerse, convulsionar o quejarse, pero no había escupido lava desde 1971. Eso cambió este fin de semana. A las 3:12 pm hora local del 19 de septiembre, el magma se abrió paso por varias fisuras de la ladera occidental de la montaña y dio comienzo a una impresionante erupción, que no tiene visos de parar en los próximos días.

Desde lejos, el espectáculo parecía impresionante. Vertiginosas fuentes de lava a casi 1093 grados Celsius se lanzaron hacia el cielo, alcanzando alturas de hasta 1500 metros, casi el doble que el Burj Khalifa, el rascacielos más alto del mundo. Abajo, ríos trenzados de roca fundida brotaban de las fisuras como sangre de heridas abiertas.

La isla canaria de La Palma es una de las zonas volcánicas más activas del archipiélago. Cerca de 85.000 personas viven en la isla.

Fotografía de Arturo Rodríguez

A unos 1700 kilómetros de la Península y a unos 550 kilómetros de la costa de África, La Palma se creó, hace mucho, tras un gran episodio volcánico que hizo que emergiera la tierra sobre la superficie del océano Atlántico. Este gran evento creó las Canarias con sus ocho grandes islas y su deliciosa variedad de ecosistemas, que van desde el bosque subtropical hasta el desierto. Además, las altas montañas de La Palma y su clima benigno la hacen el lugar ideal para observar las estrellas, motivo por el cual se instaló allí el principal observatorio astronómico de Europa.

Pero como demuestra esta nueva erupción, “el precio y el privilegio de vivir en una hermosa isla pequeña es, en este caso, su historia geológica”, señala Helen Robinson, geóloga de la Universidad de Glasgow que trabajó como parte del equipo de monitoreo de Cumbre Vieja en el año 2015.

Cumbre Vieja es una formación volcánica muy activa, en los últimos 7000 años, se han dado una plétora de erupciones a lo largo de su risco que va de norte a sur, un eje magullado y salpicado por fisuras, conos, cráteres y agujeros. Desde el siglo XV, multiples ríos de lava han dañado edificios en su camino al mar. Las erupciones suelen producirse en las fisuras, como ocurre en el volcán Kilauea de Hawaii o en la erupción constante de la península islandesa de Reykjanes.

Hasta la tarde del 20 de septiembre, la última erupción no muestraba signos de desaceleración. De acuerdo a Pedro Hernández, vulcanólogo del Instituto Vulcanológico de las Canarias (INVOLCAN), la lava continúa cayendo en cascada lentamente cuesta abajo y se aventura hacia el oeste hacia el mar. La mayor parte de la isla no se ve afectada, pero se han evacuado a 5.000 personas en el camino de los arroyos ardientes. “Se han destruido más de 20 casas”, afirma Hernández. Reuters informa que más de 500 turistas tuvieron que abandonar sus hoteles y alrededor de 360 fueron evacuados de un centro turístico local a la cercana isla de Tenerife.

Es difícil estimar cuánto tiempo seguirá siendo una amenaza la lava. Las erupciones en La Palma pueden durar desde unas pocas semanas hasta varios meses. “La única forma de saberlo es conocer el volumen total de magma erupcionable debajo de Cumbre Vieja”, señala Pablo J. González, vulcanólogo físico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Tenerife. "Esa información se desconoce".

La forma cambiante del volcán y la banda sonora sísmica de sus terremotos pueden revelar una respuesta a esta pregunta tan importante. Pero incluso bajo un intenso interrogatorio científico, es poco probable que Cumbre Vieja revele sus secretos fácilmente.

La última erupción vino precedida de una importante actividad sísmica. La vigilancia intensiva permitió a las autoridades empezar con las evacuaciones antes de que la lava empezara a salir.

Fotografía de Arturo Rodríguez

Una creciente amenaza

La Palma, la isla que se encuentra más al noroeste de las Islas Canarias, es una quimera volcánica: una mezcla de varias formaciones volcánicas, grandes y pequeñas. En el sur se encuentra Cumbre Vieja, o “Old Summit”, y a pesar de su nombre es uno de los hermanos menores, que se remonta a apenas 125.000 años. La última erupción del volcán fue de un pequeño cono llamado Teneguía en 1971. Pero eso no significa que Cumbre Vieja haya estado en silencio desde aquel entonces.

De acuerdo a Itahiza Domínguez Cerdeña, sismóloga del Instituto Geográfico Nacional, en Tenerife, nueve enjambres de terremotos (cientos de retumbos que ocurren en la misma área en una sucesión cercana) han ocurrido a unos 29 kilómetros debajo del volcán desde octubre de 2017.

Hace apenas una semana, estos terremotos estaban ocurriendo a solo 11 kilómetros de profundidad, y en los últimos días, los terremotos emanaban justo debajo de la superficie. Del 10 al 19 de septiembre, se registraron 25.000 terremotos impactantes, la mayoría de ellos imperceptibles para la gente. Esta cacofonía ascendente fue el sonido de la corteza siendo apartada y deformada. ¿La causa? La “presión del magma entrometiéndose en la corteza”, afirma Cerdeña.

El fin de semana pasado, el suelo allí se había inflado quince centímetros, lo que sugiere que un volumen moderado de magma se había infiltrado recientemente en la corteza poco profunda.

La mayoría de las intrusiones de magma no conducen a erupciones; no pueden atravesar la roca sólida de arriba, por lo que se enfrían y finalmente dejan de elevarse. Pero siempre es posible que un mayor volumen de roca fundida se acumule bajo una intrusión y eso puede potencialmente alimentar una erupción prolífica y prolongada.

Los vulcanólogos se alarmaron por la deformación de la montaña y su estruendo sísmico y el 13 de septiembre, las autoridades elevaron el nivel de alerta, advirtiendo a la sección sur de la isla y a sus 35.000 residentes que podría seguir una erupción.

El 18 de septiembre los científicos comenzaron a desplegar sismómetros adicionales en la región para identificar mejor los tipos de terremotos y rastrear su migración con más precisión, mientras que otros llevaron a cabo sobrevuelos en helicópteros para discernir si el suelo se estaba calentando. Justo antes del mediodía del 19 de septiembre, un potente terremoto de magnitud 4,2 sacudió el volcán.

Por precaución, los soldados españoles ayudaron a evacuar a 40 personas y a sus animales de granja de varios pueblos alrededor del volcán.

Más tarde esa tarde, la lava explotó de las colinas boscosas en el flanco occidental del volcán. La lava incendió árboles y tierras de cultivo, cruzó una ruta y destruyó ocho casas aisladas. Esa noche, el gobierno anunció que se habían evacuado a 5.000 personas potencialmente en peligro.

Aunque su lava aún no ha atravesado las partes más urbanizadas del cercano municipio de El Paso, “se está arrastrando hacia un área bastante densamente poblada”, afirma Robinson. La esperanza es que el flujo evite esa área en su viaje hacia el mar, pero incluso si no lo hace, el área ha sido evacuada, lo que reduce significativamente las probabilidades de muertes.

Se ha evacuado a miles de personas y la erupción, que no ha parado, ya ha destruido varias decenas de casas.

Fotografía de Arturo Rodríguez

Ceniza, astronomía y tsunamis

La erupción no debería dañar los telescopios astronómicos del Observatorio Roque de los Muchachos en la isla. Juan Carlos Pérez Arencibia, administrador del observatorio, dice que las instalaciones están a 17 kilómetros al norte del sitio de la erupción. Además, el observatorio está ubicado a 2400 metros sobre el nivel del mar, mientras que la lava está emergiendo a 600 metros.

"La ceniza podría significar que los telescopios permanezcan cerrados durante varios días sin observar, pero el observatorio en sí no debería sufrir daños", señala David Jones, astrónomo del observatorio.

Y a pesar de los temores que se arremolinaban en las redes sociales provocados en el 2001, casi no hay posibilidad de que la erupción de Cumbre Vieja pueda crear un mega-tsunami que se estrelle contra la costa este de Estados Unidos, dice Dave Petley, experto en deslizamientos de tierra en la Universidad de Sheffield en Inglaterra.

Los colapsos de los flancos de los volcanes son una preocupación genuina y es cierto que varios derrumbes de flancos en las costas de La Palma tuvieron lugar hace muchos miles de años. Pero un estudio llevado a cabo en el año 2015 descubrió que bajo condiciones de modelado realistas, el colapso más severo podría causar no más de un tsunami de 1,8 metros a lo largo de las costas del Atlántico occidental.

Aunque tal eventualidad todavía sería decididamente desagradable, INVOLCAN señala que se necesitaría un terremoto increíblemente poderoso y una erupción volcánica asombrosamente explosiva que ocurriera simultáneamente para que ocurriera cualquier tipo de colapso de flanco. Cumbre Vieja es estructuralmente sólido en la actualidad, y no hay indicios de que tal confluencia sea posible ni remotamente.  

No se equivoque: los flujos de lava son el verdadero peligro aquí. Afortunadamente, los vecinos de La Palma están protegidos por una vanguardia de vulcanólogos y un escudo de sismólogos. Los esfuerzos a largo plazo de los geocientíficos en la isla aseguraron que estaba claro que algo perverso se estaba gestando mucho antes de que los flujos de lava serpenteantes salieran de la ladera de Cumbre Vieja.

"Si no hicieran un seguimiento tan intenso", afirma Robinson, "no entenderían sus volcanes tan bien como lo hacen".

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