COVID-19: ¿Cómo y cuándo terminará la pandemia?

La respuesta depende de muchos factores. El conocimiento científico sobre los brotes pasados brindan algunos indicios. Tal vez, el más importante sea la naturaleza global de la crisis.

Publicado 9 de ago. de 2021 10:49 GMT-3, Actualizado 9 de ago. de 2021 18:20 GMT-3
covid testing line

Una trabajadora de la salud entrega pruebas de autohisopado en un puesto para pasar con el auto sin bajarse de él en Houston, Texas.

Fotografía de Callaghan O'Hare, Bloomberg via Getty Images

Luego de meses de una línea de tendencia favorable, el dramático pico de infecciones mundiales por la COVID-19, en julio, ha oscurecido la proverbial luz al final del túnel pandémico.

En mayo, los casos por coronavirus disminuyeron en todo Estados Unidos, parte de Europa y en el Medio Oriente a medida que aumentaban las tasas de vacunación, por lo que se generó una flexibilización en las restricciones sociales y en los viajes, y también hubo una ola de aperturas de negocios. Sin embargo, al menos en Estados Unidos, las celebraciones fueron fugaces. Para el mes de julio, las tasas de vacunación llegaron a una meseta y las variantes más transmisibles del coronavirus recorrieron la nación y forzaron a los funcionarios sanitarios a restablecer la recomendación del uso de mascarilla y a pedir que se aumente la inoculación.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a la COVID-19 pandemia el 11 de marzo de 2020. Luego de 17 extenuantes y caóticos meses, las personas, cansadas, se preguntan: ¿Cuándo se va a terminar la pandemia?

“Y habrá diferentes respuestas, aún entre los miembros de la comunidad científica”, señala Rachael Piltch-Loeb, investigadora y miembro de Emergency Preparedness Research, Evaluation & Practice Program (Programa de investigación, evaluación y práctica de preparación para emergencias) en Harvard T.H. Chan School of Public Health (Facultad de Salud Pública T.H. Chan de Harvard). "No hay una única definición sobre el final de una pandemia".

Una pandemia es, por definición, una crisis mundial. Eliminar algunas medidas e intervenciones sanitarias en Estados Unidos "les dio a las personas la sensación de que el pánico estaba menguando", explica Piltch-Loeb. Esa euforia encegueció a muchos y no los dejó ver la realidad mundial, que sigue siendo desoladora.

"Hasta que este [virus] no se haya controlado o se encuentre más limitado globalmente, la pandemia no va a desaparecer", indica Piltch-Loeb. Eso significa que declarar el "fin" de la pandemia podría ser un objetivo distante que requerirá diferentes condiciones que dependerán de quién pregunte.

¿A dónde van las enfermedades?

Según la OMS, cuando la propagación mundial de una enfermedad queda bajo control en un área localizada, ya no se considera pandemia sino epidemia. Si la COVID-19 persiste globalmente en lo que la OMS considera "niveles esperables o normales", la organización redefinirá a la enfermedad como "endémica".

En esa etapa, el SARS-CoV-2 se convertirá en un virus circulante que será “menos importante a medida que generamos inmunidad”, explica Saad Omer, epidemiólogo y director de Yale Institute for Global Health (Instituto de salud global de Yale). 

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En toda la historia, solo dos enfermedades que afectan a los seres humanos y a otros animales se han erradicado: la viruela, una enfermedad mortal para las personas que cubre el cuerpo con ampollas muy dolorosas, y la peste bovina, un malestar viral que infectaba y mataba al ganado. En ambas instancias, las campañas intensivas mundiales de vacunación acabaron con las nuevas infecciones. El último caso confirmado de peste bovina se detectó en Kenia en 2001, mientras que el último caso de viruela se dio en el Reino Unido en 1978.

Joshua Epstein, profesor de epidemiología en New York University School of Global Public Health (Facultad de salud pública global de la Universidad de Nueva York) y director fundador de su laboratorio de modelado basado en agentes, argumenta que la erradicación es tan extraña que la palabra debería eliminarse de nuestro vocabulario en relación a las enfermedades. "Las enfermedades se refugian en sus reservorios animales o mutan en niveles bajos", señala. "Pero, normalmente, no desaparecen del bioma global".

La mayoría de las causas de las pandemias pasadas siguen con nosotros hoy. Según la OMS, más de 3.000 personas contrajeron la bacteria que causa tanto la peste bubónica como la peste pulmonar. Y el virus de la pandemia de gripe de 1918 que arrasó al mundo y mató a, al menos, 50 millones de personas, mutó a variantes menos letales y sus descendientes se convirtieron en las cepas de la gripe estacional.

Es probable que, como sucedió con la gripe de 1918, el SARS-CoV-2 continúe mutando y el sistema inmunitario humano se adapte para ahuyentarlo sin la necesidad de vacunas; pero esto no sucederá antes de que muchas personas se enfermen y otras mueran. "Desarrollar inmunidad de forma difícil no es la solución que debemos anhelar", señala Omer.

Para los expertos, hallar maneras de ralentizar la propagación de una enfermedad y manejar sus efectos es, con diferencia, el camino más seguro. Por ejemplo, en la actualidad, el control de la peste y una muy buena higiene mantienen a la plaga controlada mientras que los nuevos casos se tratan con antibióticos.

En otras oportunidades, las vacunas son las que controlan la situación, como es el caso de la gripe. Las vacunas disponibles para la COVID-19 son muy seguras y efectivas, lo que implica que, si muchas personas se vacunaran, la pandemia terminaría más rápido y la mortalidad disminuiría, en comparación con las infecciones naturales solamente.

¿Por qué se necesitan vacunas para todo el mundo?

La semana pasada, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, restableció el objetivo de vacunar, al menos, al 10 por ciento de la población de cada nación para septiembre, con un ideal del 40 por ciento de inoculación mundial para fin de año y un 70 por ciento para mediados del 2022.

Aunque, hasta el día de hoy, solo el 28 por ciento de la población mundial ha recibido al menos una dosis de la vacuna contra la COVID-19. Y la distribución de la vacuna sigue siendo ampliamente desigual. La Unión Europea cuenta con, al menos, casi tres cuartos de la población apta parcialmente inoculada; Estados Unidos ha vacunado al 68 por ciento de las personas de 12 años y mayores de esa edad.

Sin embargo, otras naciones que han perdido muchas personas por la COVID-19 (entre ellas, Indonesia, India y muchos países de África) siguen trabajando a un ritmo mucho menor. Eso sucede, en parte, porque a Covax, el programa respaldado por las Naciones Unidas para vacunar al mundo, le ha sido difícil adquirir y distribuir vacunas a los países más pobres del mundo. Esta semana, la OMS ha pedido a los países ricos que donen dosis de vacunas a las naciones más pobres antes de ofrecer refuerzos a sus poblaciones.

Aún en países con suficientes suministros, el ritmo de la vacunación está influenciado por la vacilación y la desinformación. En Estados Unidos, la tasa diaria de vacunaciones nuevas ha llegado a una meseta disminuyendo a un promedio de 615.000 inyecciones por día, o un 82 por ciento menos del pico de respuesta a la vacuna el 13 de abril. Los hospitales de Estados Unidos se están llenado de pacientes a medida que aumentan los casos en las áreas no vacunadas.

Gracias a que tiene más oportunidades de propagarse y mutar, el virus ha desarrollado nuevas variantes que no solo son más contagiosas sino más evasivas. Hasta ahora, la variante delta es la más contagiosa. La variante se detectó por primera vez en India, donde ayudó a provocar una de las peores olas del mundo en abril. Más recientemente, delta contribuyó con un impactante brote en Indonesia; la información de los anticuerpos sugiere que más de la mitad de la población en la ciudad capital de Yakarta se ha infectado. La investigación inicial también muestra que la variante lambda podría ser resistente a algunas vacunas.

La complejidad de luchar contra un virus que muta rápidamente "implica que, en ocasiones, avanzamos dos pasos y retrocedemos uno", explica Michael Osterholm, director del Center for Infectious Disease Research and Policy (Centro de política e investigación de enfermedades infecciosas) de University of Minnesota.

¿Quién determinará el fin de la pandemia?

Los científicos e historiados señalan que existe otra opción: las personas decidirán que la pandemia finaliza mucho antes de que los organismos gubernamentales lo indiquen.

Ya ha sucedido en el pasado. La gripe de 1918 golpeó a finales de la Primera Guerra Mundial y, a medida que la lucha continuaba, había un "sentimiento de querer terminar con toda esa década y acoger un futuro nuevo”, señala Naomi Rogers, profesora de historia de la medicina e historia en Yale University. El público ingresó en lo que se denominó "los felices años veinte" a pesar de que el virus de la gripe seguía circulando en toda la población estadounidense.

Si la sociedad intenta declarar el fin de la pandemia antes que la ciencia, tendremos que aceptar sus graves resultados, entre ellos muertes. Eso es lo que ha sucedido con las pandemias pasadas. La gripe ya no es considerada pandemia y hoy se la considera una enfermedad endémica; entre 12.000 y 61.000 personas en Estados Unidos siguen muriendo de gripe cada año, según las estimaciones de los Centers for Disease Control and Prevention, CDC (Centros para el control y la prevención de las enfermedades).

“Si podemos bajar el número de muertes a un cierto nivel y retomar nuestras vidas normalmente, se podría decir que la pandemia ha ‘finalizado’”, resume Jagpreet Chhatwal, especialista en ciencias decisorias en Massachusetts General Hospital Institute for Technology Assessment (Instituto de evaluación tecnológica del hospital general de Massachusetts) en Boston. Nuevamente, las vacunas cambian la situación. Las muertes por la COVID-19 en Estados Unidos han mermado en áreas con mayor porcentaje de vacunados.

A nivel nacional, es probable que los CDC proporcionen guías sobre cuándo la pandemia podría llegar a un estado endémico en Estados Unidos, explica Piltch-Loeb. Eso, a su vez, ofrecerá un camino para regresar a alguna versión de vida normal, a pesar de las declaraciones mundiales.

“Queremos regresar a lo que era antes del COVID”, indica Andrew Azman, epidemiólogo de Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health (Facultad de salud pública Johns Hopkins Bloomberg). "No hace falta que la OMS diga que la pandemia terminó para que las personas vuelvan a la normalidad".

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