Descubren que el dinosaurio más pequeño del mundo era un tipo de lagarto raro

Un fósil conservado en ámbar parecía un dinosaurio del tamaño de un colibrí, pero ahora se ha reclasificado como lagarto.

Published 20 de agosto de 2020 11:05 GMT-3, Updated 5 de noviembre de 2020 02:55 GMT-2
Este fragmento de ámbar cortado y pulido alberga el segundo espécimen conocido de Oculudentavis. El fósil ...

Este fragmento de ámbar cortado y pulido alberga el segundo espécimen conocido de Oculudentavis. El fósil es el primero que contiene partes del cuerpo del animal, además de la cabeza.

Fotografía de Adolf Peretti, PMF

Un estudio reciente sobre un fósil preservado en ámbar que había sido descrito como un dinosaurio del tamaño de un colibrí revela que la criatura es en realidad un tipo de lagarto raro.

En marzo, el primer cráneo encapsulado en ámbar de un Oculudentavis causó sensación en todo el mundo; apareció en la portada de la revista científica Nature y la historia fue difundida por muchos medios, entre ellos, National Geographic. En ese momento, los científicos interpretaron que el cráneo de 14 milímetros era un resto de un ave dentada primitiva con ojos similares a los de un lagarto. Como se considera que estos tipos de aves prehistóricas forman parte del árbol familiar de los dinosaurios, se creyó que era el fósil de dinosaurio más pequeño hallado hasta la fecha.

Sin embargo, el fósil original era solo un cráneo sin el resto del cuerpo. Ahora, un equipo de paleontólogos ha identificado un segundo fósil de Oculudentavis, que presenta un cráneo, y también ciertas partes del cuerpo. Dicho fósil confirma que la criatura era un lagarto, aunque se trata de un lagarto muy poco común. "Aparece esta cosa extraña, de ojos grandes y nariz crestada, y lógicamente, a primera vista, no crees que se trate de un lagarto. Pero sí, definitivamente, es un lagarto, un lagarto muy raro", comenta la coautora del estudio, Susan Evans, paleontóloga del University College de Londres.

Aunque la palabra “dinosaurio” deriva del griego y significa “lagarto terrible”, los lagartos verdaderos y los dinosaurios se dividieron hace aproximadamente 270 millones de años. Los ojos grandes y la anatomía de la mandíbula del Oculudentavis sugieren que el animal era activo durante el día y que capturaba presas como insectos pequeños con una mordedura rápida pero débil. Esos rasgos aviares también indican que el lagarto y las aves coetáneas tuvieron una presión evolutiva similar: quizá la predilección por los bichos o la vida en los árboles. Poco a poco, la evolución modificó al Oculudentavis y sus parientes aviares lejanos de formas similares, un proceso parecido al que otorgó a los mamíferos marinos cuerpos aerodinámicos como los de los peces. "El cráneo de Oculudentavis es totalmente diferente al de cualquier lagarto conocido y representa un ejemplo asombroso de evolución convergente", escriben los investigadores en una preimpresión que describe el nuevo fósil.

Redescribir una antigua criatura

Al igual que el fósil original de Oculudentavis, el nuevo espécimen procede de las minas de ámbar del estado de Kachín, en el norte de Birmania. Los fósiles no son exactamente iguales: el hocico del espécimen original es más puntiagudo, mientras que el del nuevo espécimen parece tener una cresta central. Para algunos paleontólogos que no participaron del estudio, la diferencia alcanza para sugerir que quizá no se trate de la misma especie. “Ese detalle no conduce aún a una conclusión rotunda”, afirma Ryan Carney, paleontólogo de la Universidad del sur de Florida que no participó en ninguno de los estudios.

Sin embargo, los autores del nuevo estudio afirman que los huesos de ambos fósiles presentan suficientes similitudes anatómicas para justificar su descripción como miembros de la misma especie, Oculudentavis khaungraae. Las diferencias entre ambos pueden atribuirse a factores externos como el paso del tiempo o quizá al hecho de que uno sea hembra y el otro macho.

El nuevo fósil de Oculudentavis tiene muchos rasgos propios de un lagarto, como la forma de los huesos de las mandíbulas y la disposición de los orificios de la parte trasera del cráneo. Aunque los cráneos pueden tener aspecto aviar, el Oculudentavis también carece de algunos rasgos característicos de los dinosaurios, como un par de agujeros frente a las cuencas de los ojos que presentan a menudo los terópodos, el grupo de los dinosaurios del que surgieron las aves. Y en cuanto a la dentadura, los dinosaurios tenían dientes con alvéolos; los del nuevo fósil están fusionados a los bordes internos de la mandíbula, al igual que los dientes de los lagartos. El nuevo fósil también presenta escamas preservadas y una región dorsal similar a la de los lagartos.

La descripción del nuevo fósil de Oculudentavis se ha enviado a la revista científica eLife, pero aún no ha sido sometida a revisión científica por pares ni ha sido publicada de forma oficial. Los investigadores indican que publicaron sus hallazgos de forma anticipada para refutar los rumores de un segundo espécimen. “Pensamos que quizá teníamos que publicar una preimpresión para que no se siguiera especulando”, explica Evans.

Mediante rayos X de alta energía de un acelerador de partículas, los investigadores escanearon el nuevo fósil de Oculudentavis para observar detalles tan diminutos como un glóbulo rojo humano.

Fotografía de Image courtesy of Edward L. Stanley

Este nuevo análisis no es la primero que sugiere que el Oculudentavis era un lagarto. A principios de junio, un equipo de paleontólogos chinos había publicado sus sospechas de que el Oculudentavis no era un dinosaurio, luego de haber analizado la anatomía inusual del cráneo original. Hoy, gracias al segundo fósil, los científicos que describieron el Oculudentavis como un ave dentada coinciden en que la criatura no era un dinosaurio.

"Creo que los autores del nuevo estudio tienen razón, se trata de un lagarto”, afirma la coautora del estudio original Jingmai O’Connor, paleontóloga del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados de China. “Este espécimen demuestra de forma concluyente que el Oculudentavis no es un ave”.

El 22 de julio, el estudio original que describía al Oculudentavis fue retirado de Nature para “que no figurara información imprecisa en la bibliografía”.

“Sorprende muchísimo… es algo trascendental”, afirma el experto en reptiles Mark Scherz, investigador posdoctoral en la Universidad de Constanza en Alemania. “Por otra parte, han hecho lo que correspondía”.

En paleontología, los errores de identificación no son inusuales. Es difícil interpretar el registro fósil, sobre todo cuando se trabaja con especímenes incompletos. Pero presentar una retractación total en esta área es algo muy poco común y los ejemplos más recientes han revelado fósiles falsificados.

Para O’Connor, el Oculudentavis nos brinda una historia con moraleja. “En el estudio indicamos que tiene ojos de lagarto. Identificamos rasgos con una perspectiva aviar, pero todo se ve más claro en retrospectiva”.

Fósiles polémicos

La atención global que recibió el Oculudentavis también pone de manifiesto la ética que conlleva el estudio del ámbar birmano. Las zonas mineras se encuentran en una región de conflicto entre los militares birmanos y los rebeldes que luchan por la independencia del estado de Kachín. En 2018, una ofensiva militar para obtener el control de las zonas de minería de ámbar desplazó a miles de indígenas kachin, según indica el Kachin Development Networking Group. En 2019, un informe del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas desveló que, en parte, la tensión se debe a una pelea por los recursos naturales, como el oro, el jade y el ámbar.

Hasta ese momento, “la mayoría de los integrantes de la comunidad paleontológica no eran conscientes, a ese nivel, de la forma en que el ámbar llega al mercado y los muchos problemas que conlleva”, cuenta Scherz.

En abril, la Sociedad de Paleontología de Vertebrados envió una carta a varias revistas científicas en la que exigía una moratoria sobre la publicación de descripciones de fósiles preservados en ámbar birmano comprados después de junio de 2017 para evitar cualquier material vinculado a la ofensiva de 2018. El cráneo original del Oculudentavis fue adquirió en 2016.

Los investigadores que estudiaron el nuevo fósil de Oculudentavis sostienen que se aseguraron de obtener de forma ética el espécimen que se dio a conocer a finales de 2017 cuando el gemólogo y coleccionista de ámbar Adolf Peretti —coautor del nuevo estudio— accedió al fósil durante una visita humanitaria a Kachín. En un correo a National Geographic, Peretti señala que un gemólogo birmano local recuperó el fósil más tarde. En 2018, Peretti se llevó el fósil en consignación y lo compró al año siguiente.

Peretti se especializa en autentificar las gemas de color, un proceso que espera aplicar al ámbar birmano. En el estudio, Peretti confiesa que “los fondos de la venta de este espécimen en ámbar no se han destinado al conflicto en Kachín”. Y añade que el dinero se distribuyó entre organizaciones benéficas birmanas.

El nuevo estudio indica que el fósil se exportó legalmente a Suiza y actualmente está bajo la supervisión de la Peretti Museum Foundation, una organización sin fines de lucro fundada recientemente. Conforme a la legislación suiza, todos los fósiles de la fundación (incluido el nuevo Oculudentavis) deben ser destinados a la ciencia de forma indefinida. Peretti aclara que los investigadores pueden observar y estudiar los fósiles en la sede suiza de la organización.

Según Juan Daza, coautor del nuevo estudio y paleontólogo de la Universidad Estatal Sam Houston, el estudio podría aportar un modelo para obtener ámbar birmano de forma ética ante las complejidades del conflicto en la región. “Intentamos hacer las cosas como corresponde”, expresa.

Nota del editor:  Esta nota se ha actualizado para agregar información sobre el informe de las Naciones Unidas de 2019.

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