¿Por qué el césped es siempre más verde en Wimbledon?

Detrás de las canchas con un césped perfectamente peinado hay millones de años de evolución y toneladas de ciencia moderna.

Publicado 13 de jul. de 2018 17:14 GMT-3
Un encargado corta el césped de la Cancha Central del Club de Tenis All England el ...
Un encargado corta el césped de la Cancha Central del Club de Tenis All England el primer día del torneo de tenis del Campeonato de Wimbledon 2018.
Fotografía de BEN STANSALL, AFP via Getty Images

Cada año, 256 jugadores de tenis con grandes sueños se juntan en las finas canchas de césped de Wimbledon. Al comienzo de este gran espectáculo de dos semanas de duración, el abundante césped brilla, y cada una de las briznas de las 54 millones de plantas ha sido meticulosamente podada para que todas tengan una altura de ocho milímetros.

Al finalizar el torneo, el césped va a haber recibido una descomunal golpiza (tras haber sido pisoteado, tras haber tenido gente deslizándose y patinando sobre él, e incluso tras, a veces, haber sido salinizado con lágrimas de frustración); y sin embargo, sigue vivo.

“El campeonato es la culminación anual de todo nuestro trabajo”, dice Neil Stubley, jefe de Canchas y Horticultura de Wimbledon. “Pero, desde el día uno, se trata solo de reducir los daños. Cuanto más juego, más se arruina el césped – no hay con qué darle”, admite.

Los encargados de Wimbledon se pasan un año entero preparando el césped para las dos semanas de abusos. He aquí cómo recurren a millones de años de evolución, décadas de botánica, años de cuidadosa preparación y datos meteorológicos cada hora para mantenerlo verde y flexible.

Verdes comienzos

Hoy en día, los pastizales cubren casi un tercio de la superficie del planeta. Pero el pasto es, relativamente, un recién llegado en el calendario de la evolución.

Los parientes lejanos del famoso césped de Wimbledon aparecieron en la tierra aproximadamente 70 millones de años atrás —incluso los últimos dinosaurios deben de haber picoteado de algunos de estos primeros tipos de pasto. Una vez que echaron raíces, las plantas se extendieron rápidamente alrededor del mundo, cambiando sus formas según el lugar en donde terminaban: desde altas y con elegantes frondas en las planicies occidentales de América del Norte, hasta los frondosos bambúes de los bosques asiáticos.

Muchos tipos de pasto evolucionaron a la par del pastoreo de animales (como ovejas y vacas), que pisoteaban y recortaban las frondosas briznas a medida que se abrían paso a través del terreno. Es así que los distintos tipos de pasto volvieron a crecer de las protuberancias verdes sin hojas que quedaron y evolucionaron, básicamente, para ser cortados.

El césped corto, denso y brillante que cubre las canchas de Wimbledon se originó en el clima marítimo de las Islas Británicas. Los antiguos granjeros hacían pastar a su ganado en los campos nativos, y a menudo concentraban sus pueblos alrededor de un área de pastoreo común. Eventualmente, estos campos centrales con pasto corto se convirtieron en lugares de deporte y recreación.

Originalmente un deporte de interior, el “tenis sobre césped” de exterior no se arraigó sino hasta fines de 1800, cuando se jugaron los primeros partidos en canchas de cróquet modificadas. Para cuando se llevó a cabo el primer Campeonato de Tenis sobre Césped del All England en 1877 , este deporte había pasado a tener su propio y especialmente diseñado césped pastoso.

El primer césped de Wimbledon era una mezcla de especies nativas, plantadas cuidadosamente sobre una superficie de tierra firme y podado por una pequeña cortadora tirada por caballos. Pero el césped era rebelde. Solían aflorar dientes de león y margaritas; anillos de hada florecían ocasionalmente; y el deterioro constante generado por los jugadores que saltaban sobre el césped implicaba que había que sustituirlo con frecuencia.

En 1921, cuando el club se trasladó a su locación actual pocos kilómetros calle abajo, los encargados trajeron tiras de césped de una ciudad costera ubicada 560 kilómetros al norte para cubrir las nuevas canchas. Pero nadie quería arrastrar toneladas de césped a lo largo de cientos de kilómetros cada año, por lo que el equipo creó sus propios viveros de césped, refugios para el césped verde perfecto.

Guerras de césped

A mediados del siglo XX, las ciencias agrarias estaban en auge, lo que benefició al mundo del deporte. Investigadores alrededor del mundo se focalizaban en cómo cultivar y manejar los distintos tipos de pasto para que estos fueran más nutritivos para los animales de pastoreo y más resistentes a la plagas; para que su crecimiento fuera más rápido y para que fueran cada vez más verdes, y más y más perfectos para usar como césped y forraje.

Luego de que el el Instituto de Investigación en Céspedes Deportivos (Sports Turf Research Institute, STRI), en Bingley, Inglaterra, se empezó a encargar del césped de Wimbledon en 1951, usaron la ciencia para atacar el césped de las canchas. Probaron pesticidas para matar gusanos y herbicidas para aniquilar a las margaritas; nuevas mezclas de tierra para cambiar la firmeza del suelo (que afecta al pique de la pelota); y fertilizantes para hacer que el césped creciera más rápido, más verde y de manera más previsible.

Pero el trabajo clave comenzó cuando descubrieron que podían escoger el césped ellos mismos. Cultivadores de plantas les enviaron cientos de tipos de semillas levemente distintas entre sí (“Limousine” y “Bingo”, “Júpiter”" y “Barlindo”), que hicieron crecer en pequeños terrenos y trataron de agotar de manera sistemática.

El equipo creó una máquina (básicamente un pie falso, incluso con una zapatilla de tenis) que pisoteaba el césped, se deslizaba sobre el terreno y lo frotaba. Lo configuraban, encendían y luego volvían a ver si “Brightstar” resistía el estrés o si “Rambo” había aguantado más y mejor.

“El mayor progreso tuvo lugar en los 90”, dice Mark Ferguson, jefe de investigaciones del STRI. “Al principio dimos grandes pasos, y aún no hemos alcanzado el máximo”. Pero, en su opinión, la alfombra de césped actual (100 por ciento de Raigrás con hojas cortas, finas y densas y un firme lecho de raíces) es casi perfecta.

El rasgo ganador

Cada día del torneo, los encargados prueban la rigidez de las canchas, la humedad del suelo, el color de las hojas y cuán compactas entre sí están las plantas.

“Lo que hago es agacharme en posición de banco y contar la cantidad de tallos uno por uno”, dice Stubley. También llaman a sus meteorólogos de turno para chequear los patrones climáticos que podrían extenderse durante los siguientes minutos y horas, y que podrían alterar la más mínima variable.

“El césped realmente expone tu juego”, afirma Taylor Dent, un profesional estadounidense ya retirado que aún mantiene el récord del saque más rápido en toda la historia del torneo.

La pelota pica menos en canchas de césped que en canchas de polvo de ladrillo o cemento, como las que se utilizan en otros grandes torneos de tenis, es por esto que los jugadores deben responder con mayor velocidad y agacharse más para poder devolver la pelota. Cualquier tipo de imprevisibilidad en el modo en que la pelota pica hace que el juego sea más desafiante.

Es así que, mientras los jugadores se entrenan durante años para lucirse en el escenario de Wimbledon, una gran máquina científica gira alrededor de ellos, trabajando silenciosamente para asegurar que el césped de estas canchas de cuento se mantenga firme, suave y constante, día a día y de cancha a cancha.

“En césped, realmente se siente incluso el más mínimo cambio”, dice Dent. “Y si no puedes acostumbrarte, simplemente no podrás ganar”, sentencia.

 

 

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