Animales

Conoce a personas que dedican su vida a los loros

Un fotógrafo se adentra en las vidas de aquellos que rescatan aves que otros abandonan.lunes, 12 de noviembre de 2018

Por Mary Bates
Fotografías de Miisha Nash
Max vuela como un rayo de habitación en habitación como parte de su rutina diaria en la casa de Karen Adams en Overton, Escocia. Este impresionante guacamayo azulamarillo es el primer loro que Karen rescató y adoptó, un regalo de su esposo, Simon.

Cuando el bombero brian Wilson se retiró en el año 1995, planeaba pasar sus días dando cursos de prevención contra incendios y seguridad pública para niños. Le gustaba llevar a sus tres loros a este tipo de encuentros; creía que los pájaros eran atractivos para el público y ayudaban a transmitir el mensaje. Incluso le enseñó a Rocco, su guacamayo aliverde, a “detenerse, tirarse al suelo y rodar”.

Pero un devastador accidente de tránsito le causó a Wilson lesiones serias y permanentes que hicieron que tuviera que cambiar rotundamente su vida, así como sus planes de retiro. Desde entonces, ha recuperado el habla y la capacidad de caminar, y esta mejora se la atribuye a sus aves.

Karen y Simon han rescatado a dos guacamayos que ahora viven con ellos en su casa, Max y Scarlett (Max es el que aparece en esta fotografía). Karen además se hace cargo de 17 loros-mascota rescatados que viven en una pajarera cerca de su casa. Esto implica limpiarlos y alimentarlos tres veces por día, los siete días de la semana, además de cumplir con su trabajo a tiempo completo.

“Mis loros me rehabilitaron”, dice Wilson. “Tras lo que hicieron por mí, quiero rescatar a cada pájaro que pueda y convertirlos en las aves en cautiverio más felices”.

Hoy en día, Wilson dirige un santuario de loros sin fines de lucro en Maryland, en donde rehabilita a loros no deseados. Les brinda un hogar a 36 de estas aves enormes e inteligentes, y ofrece a otras en adopción.

Scarlett, el guacamayo de Karen, toma su baño semanal.
Julie Porter razona con Dewy (cacatúa) mientras que Steve, su marido, trata de convencer al pájaro para que salte sobre su hombro. Esta pareja, que lleva más de nueve años de casados, ha albergado y adoptado a varias aves. Tras conocerse en un club de autos de PT Cruiser, descubrieron que también compartían el amor por los animales exóticos, como por ejemplo los loros.

Wilson es uno de los tres seres humanos que aparece en la serie “The Wild Ones” (“Los Salvajes”), de la fotógrafa Miisha Nash. Nash comenzó a fotografiar a loros y a sus cuidadores en el año 2014, ya que quería documentar a gente del Reino Unido y de Estados Unidos que comparten sus vidas con docenas de pájaros.

“Me hallé con esta subcultura de gente que adoptaba loros que alguna vez habían sido mascotas, pero que necesitaban un nuevo hogar, y entonces creaban estos santuarios para ellos”, dice Nash. “La idea original era fotografiar solo a los loros. ¡Pero luego me di cuenta de que los hombres y mujeres a quienes estaba conociendo eran grandes personajes!”

Michael suele referirse a sí mismo como un encantador de loros, ya que responde a frecuentes llamados para rescatarlos o rehabilitarlos. En esta fotografía, Michael cuida, con un humidificador, la salud respiratoria de una cotorra de Kramer albina de la India.
En una habitación en la parte trasera de su casa, Michael tiene más de veinte especies de aves separadas del resto. Aloja a estos loros en esta habitación ya que los está haciendo reproducir, algo que la organización de rescate sin fines de lucro de Brian Wilson no hace.
Michael descansa en su sala de estar con una taza de té y un guacamayo noble recién adoptado. En su cabaña de dos habitaciones en Kent (que solía ser un chiquero para cerdos), Michael convive con más de noventa aves de distintas especies.

Problemas de loros

La atracción que producen los loros es comprensible: son criaturas hermosas, inteligentes y sociables. Pueden aprender trucos y ser tiernos con personas en quienes confían. Entonces, ¿por qué es necesario rescatarlos?

Los loros, especialmente aquellos que no han sido correctamente socializados y entrenados, pueden ser dañinos, desordenados y ruidosos. Requieren mucha atención y cuidados diarios. Cuando desaparecen las emociones que acarrea la novedad, y los dueños se dan cuenta del nivel de responsabilidad que requiere tener un animal de este tipo, muchos de estos pájaros terminan necesitando un nuevo hogar.

Una amazona alinaranja tímida se sienta sobre una jaula en la Fundación The Wilson Parrot en Damascus, Maryland. Brian Wilson y un puñado de voluntarios cuidan a más de 37 pájaros a diario en la fundación, que es también el hogar de Brian.

Otro tema importante a tener en cuenta es el simple hecho de que muchos loros viven más tiempo que sus dueños. Las grandes amazonas y los grandes guacamayos, por ejemplo, pueden llegar a vivir 100 años.

En estos casos, los rescates suelen ser ordenados. Pero el hecho de trasladarse de hogar en hogar, y de cambiar de dueño en dueño, puede ser traumático para los pájaros sensibles. Algunos loros llegan a los santuarios desplumados o con problemas de comportamiento.

“Son seres dañados, lastimados”, dice Nash. “La gente que asume esta responsabilidad está haciendo un bien, ya que esta necesidad es un producto derivado de los seres humanos que quieren poseer aves”.

Camino hacia las aves

Nash dice que estos seres humanos comparten algunas características, como por ejemplo una paciencia extraordinaria y un fuerte sentido de empatía por otras criaturas.

El hecho de rescatar y cuidar a aves no deseadas puede parecer altruista, pero Nash también ve en estos pájaros la capacidad de satisfacer necesidades psicológicas de sus cuidadores.

“Creo que es un modo de mantener una relación íntima que uno puede controlar”, dice Nash. “Estas aves son totalmente dependientes de sus cuidadores, para cualquier necesidad. Es probable que, a quienes se hacen cargo de los loros, les atraiga también el aspecto servicial de esto, y disfruten al sentir que alguien los necesita”.

Debi Howard, una voluntaria primeriza en la Fundación Wilson Parrot, crea lazos con una amazona mientras prepara frutas para el almuerzo de las aves.

El hecho de cuidar a docenas de loros es un trabajo de amor que requiere devoción plena. De todos modos, los cuidadores como Wilson dicen que es una alegría poder cuidar a estas aves.

“Cuando le das a un pájaro todo lo que quiere”, dice, “te lo devuelven, multiplicado por diez, en amor”.

Nash dice que “The Wild Ones” es una historia de amor. La serie trata sobre a quiénes nosotros, los humanos, elegimos amar y cómo lo hacemos. Es sobre nuestro amor por la belleza y lo exótico — un amor que a veces nos lleva a encarcelar aves.

“Terminó siendo acerca de cómo los humanos amamos a otras criaturas, pero solo de manera condicional”, dice Nash. “Pero cuando un loro ama a alguien, ama a esa persona incondicionalmente”.

Una cotorra de Kramer de la India vuela de árbol en árbol en Hyde Park, Londres. Miles de bandadas salvajes viven en este parque y en otros espacios verdes de Londres. Según la leyenda, hay varias historias sobre cuándo estos pájaros coloridos y escandalosos comenzaron a formar parte de la biodiversidad de la ciudad.
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