Animales

¿Podrían los hipopótamos de Pablo Escobar ayudar al medioambiente?

Algunos científicos creen que podrían contribuir con el reemplazo de megafauna hace tiempo extinta, mientras que otros argumentan que deberían irse.Thursday, September 27, 2018

Por Christie Wilcox
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Cuando el barón de las drogas, Pablo Escobar, fue asesinado en 1993, el gobierno colombiano se apoderó de su lujosa finca en el noroeste de Colombia, dentro de la cual se hallaba su zoológico personal. La mayoría de los animales fueron trasladados a otros sitios, pero cuatro hipopótamos (a los cuales Escobar les tenía especial cariño) quedaron en un estanque para valerse por sí mismos. Ahora hay docenas de ellos.

Durante más de una década, el gobierno colombiano ha estado deliberando acerca del mejor modo para contener el desarrollo de esta población en crecimiento, estrategia apoyada en gran parte por expertos conservacionistas. Pero no todo el mundo está de acuerdo con esta estrategia. Sin evidencia directa que indique que los animales son dañinos, algunos ecologistas argumentan que no hay motivos para sacrificarlos o moverlos a otro sitio. En efecto, los hipopótamos podrían reemplazar a otras especies que los humanos llevaron a la extinción hace miles de años – idea conocida como “resilvestración”.

El hecho de dejar a estos hipopótamos en ese lugar y por sí solos, fue el puntapié inicial (y accidental) para un experimento de resilvestración que ya lleva 25 años. De a poco, se están viendo los primeros resultados de este experimento y, tal como hacen estos enormes animales, están enturbiando las aguas.

Conocidos desconocidos

Los hipopótamos se han escapado de la antigua hacienda de Escobar y se instalaron en el principal río de Colombia: el río Magdalena. Se propagaron alrededor de un área en crecimiento, y nadie sabe exactamente cuántos ejemplares hay; pero se estima que hay una población total de entre 40 y 60 animales, señala Jonathan Shurin, ecologista de la Universidad de California en San Diego que estudia a estos animales. Cada año, hay nuevas crías, pero se desconoce cuántos de ellos alcanzan la adultez.

Los hipopótamos presentan un problema bastante importante para el gobierno. David Echeverri, un investigador de Cornare (agencia gubernamental colombiana que promueve políticas ambientales) que está a cargo de las gestiones relacionadas con estos animales, dice que no hay duda de que actúan como especies invasoras. Si se les permite seguir con este ritmo desenfrenado, desplazarán a animales endémicos como las nutrias y los manatíes, afirma. También plantean riesgos para los residentes locales, ya que pueden ser territoriales y agresivos, si bien aún no se han registrado lesiones serias ni muertes.

Luego de que un hipopótamo fuera asesinado en el año 2009, hubo una corta protesta pública que sofocó todo plan para sacrificarlos. En su lugar, el gobierno ha estado investigando modos para esterilizar a estas criaturas o para trasladarlas a lugares de cautiverio, menciona Echeverri. Pero estos animales pesan miles de kilos y no les gusta el contacto con los humanos; es por esto que moverlos o castrarlos es peligroso, difícil y caro. A principios de septiembre, un hipopótamo joven fue trasladado con éxito a un zoológico colombiano, pero esta gestión costó 15 millones de pesos colombianos (alrededor de 5000 dólares).

Tanto para los científicos como para los conservacionistas, el tema principal radica en qué impacto tienen estos hipopótamos sobre el medioambiente. Estos animales son extranjeros, y en sus hábitats originarios pueden generar un gran daño al paisaje. Dado que se alimentan en tierra pero excretan en el agua, llevan nutrientes de medios terrestres a medios acuáticos. Y, al alterar la química del agua, pueden hacer que los peces se tornen más vulnerables a los depredadores. Tan solo con mover sus enormes cuerpos sobre terrenos cenagosos, pueden crear canales de flujo de agua que alteran la estructura de los pantanos.

De hecho, afectan la ecología local de manera tan drástica que se los considera “ingenieros del ecosistema”. Y mientras que eso los hace miembros esenciales de las comunidades africanas, también significa que pueden tener importantes efectos en aquellos hábitats en los que se los introduce.

Mientras que la mayoría de los hipopótamos aún vive en la antigua finca de Escobar, algunos se han hecho camino hacia el río Magdalena.

¿Cuáles son los efectos?

A fin de comprender mejor los impactos ambientales producidos por estos animales, Shurin se unió a Nelson Aranguren-Riaño, de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, en un proyecto financiado por National Geographic Society. Compararon lagos artificiales en los que los hipopótamos suelen pasar el tiempo con aquellos en los que no suelen estar, observando todo (desde la diversidad ecológica hasta los microbios y la productividad).

Del proyecto surgieron algunas pequeñas pero perceptibles diferencias. Básicamente, los hipopótamos están fertilizando con sus heces los lagos que frecuentan, por ejemplo, lo que suele ser visto como algo negativo para el medioambiente ya que puede llevar al florecimiento de algas tóxicas e incluso a la extinción (algo que los hipopótamos ya han causado en cuencas africanas manipuladas por el hombre).

Pero, Shurin hace hincapié en que las diferencias son realmente pequeñas – “medibles, pero no dramáticas”. “No fue como pasar de un lago superlimpio y transparente a un lago superverde; fue como pasar de un lago muy verde a otro incluso más verde”. Y algunos científicos han sugerido que la existencia de nutrientes y la caza de peces por parte de los hipopótamos son, en realidad, una característica, y no una falla, de su presencia. La incorporación de nutrientes o la falta de oxígeno en el agua podría influir sutilmente sobre qué especies dominan las comunidades acuáticas, o quizás incluso aumentar la diversidad total de especies al crear hábitats variables en el río, según sugieren algunos investigadores. Incluso las grandes matanzas de peces podrían alguna vez haber servido como alimento de cabecera de las especies carroñeras.

Jens-Christian Svenning, biólogo de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, cree que no deberíamos pensar lo peor. En un artículo que se publicó el año pasado en la revista Perspectives in Ecology and Conservation, él y uno de sus colegas argumentaron que los hipopótamos de Escobar son algunas de las muchas especies introducidas en América del Sur que podrían proveer “servicios ambientales” antes provistos por grandes herbívoros que hace tiempo dejaron de existir.

En el caso de los hipopótamos, dichos servicios podrían incluir: canalizar nutrientes desde la tierra hacia el agua, alterar la estructura de los pantanos, y mantener las plantas herbosas controladas (ya que se alimentan de ellas).

En los últimos 20.000 años más o menos, América del Sur ha perdido docenas de herbívoros gigantes, entre los que se incluyen los hipopotamescos toxodontos, que podrían haber sido semiacuáticos o no. “Los hipopótamos podrían contribuir a una parcial recuperación de estos efectos, probablemente beneficiando la biodiversidad nativa en general”, menciona. Jens-Christian Svenning los dejaría ser por ahora, pero monitoreándolos a fin de que no se conviertan en un problema.

Shurin, sin embargo, no está convencido de que estos animales estén llenando un nicho que quedó vacío tras la extinción de megafauna. “Ciertamente ha habido muchísimos animales grandes, pero ninguno de ellos era realmente similar a los hipopótamos”.

Una historia de supervivencia

Arian Wallach, ecologista de la Universidad de Tecnología de Sídney, Australia, cree que no se trata de si pueden o no rellenar un nicho que quedó vacío. Insiste en que se cree que los hipopótamos son vulnerables a la extinción, y considera que tener una población protegida fuera de África es una bendición. “El hecho de que haya hipopótamos salvajes en América del Sur es una maravillosa historia de supervivencia, de intervención, de vanguardia”, afirma.

Wallach no es la única con pensamientos positivos; los animales tienen muchos fanáticos. “Hay un contingente local que ve el valor de estos animales y desea que se queden”, explica Shurin. “El carisma de los hipopótamos y el hecho de que sean celebridades crea una situación compleja”, agrega Echeverri.

También atraen a turistas, y a los dólares de aquellos que hacen turismo, lo que podría ayudar a compensar las preocupaciones que se generan respecto de estos animales. Según algunos cálculos, más de 50.000 turistas visitan la Hacienda Nápoles cada año, aunque obviamente no todos llegan allí movidos por los hipopótamos.

Por el momento, y sin planes inmediatos para trasladar o esterilizar a todos los animales, estas criaturas seguirán valiéndose por sí mismas. Solo el tiempo dirá si estos hipopótamos se convertirán en un elemento fijo de su paisaje o en un experimento fallido.

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