Viaje

Recorre las elegantes estaciones de subte de Moscú

Estas opulentas paradas de metro fueron diseñadas para llevar los palacios a la gente. Lunes, 19 Marzo

Por Christine Blau
Fotografías de Jeff Heimsath

Cada día en la capital de Rusia, los habitantes se desplazan como mecanismos de relojería a través del laberinto subterráneo lleno de tesoros. Las paredes de mármol se elevan sosteniendo mosaicos bañados en oro, esculturas de líderes derrocados y escenas pintadas de la historia de Rusia debajo de los candelabros de cristal. A diferencia de los sistemas polvorientos y utilitarios de muchas de las ciudades en todo el mundo, el metro de Moscú se conduce a través una etapa antigua, pero no olvidada, de la historia que busca traer los palacios a las masas.

El sistema de vías férreas subterráneo de la ciudad se inauguró en 1935 como un proyecto de la propaganda soviética. Las multitudes reunidas en las paradas serpentean a través de los túneles y las presentaciones corales del Teatro Bolshói para celebrar las primeras 13 estaciones, elogiadas con un avance tecnológico sobre las sociedades capitalistas inferiores.

A pesar de la pompa circundante la apertura falló en mencionar cualquier defecto. De acuerdo con un arquitecto y experto en desarrollo urbano de la Unión Soviética Philipp Meuser, “La dificultad de la construcción, los trabajadores forzados, los accidentes y la financiación colosal, sin los cuales esta arquitectura escondida como una mole nunca se hubiera podido lograr, se han convertido casi en un recuerdo distante”. 

En su lugar, la opulenta arquitectura predijo un brillante futuro para el país. El profesor Mike O’Mahony, quien investiga el diseño de la Unión Soviética durante el período de entreguerras, explica: “Durante la década de 1930, el metro se convirtió en una de los estadios clave para la producción y el consumo de la cultura visual oficial, y muchos de los arquitectos, escultores y artistas más respetados de la nación fueron contratados para su diseño y decoración. El proyecto del metro de Moscú brindó, de este modo, al estado Soviético con un vehículo ideal a través del cual la muestra de arte podía cambiar dramáticamente del estadio privado al público”. Las multitudes circundantes con el estilo artístico aprobado por el Estado permitieron que el régimen esparciera su ideología en todas partes.

En la actualidad, el metro de Moscú recorre 220 millas (354 kilómetros) a través de 212 estaciones, lo que lo convierte en el sexto más largo del mundo. Sin grafitis ni vandalismo, el sistema todavía se llena de moscovitas orgullosos. Los turistas pueden reunir las multitudes de errantes locales en un laberinto subterráneo parecido a un museo o realizar recorridos arquitectónicos a través de los pasajes. Sin importar la parada final, el metro impulsa a toda la gente hacia la revolución socialista.

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