Derrame de petróleo en Perú: la marea negra que amenaza a los ecosistemas

Vecinos del lugar y trabajadores intentan limpiar el crudo vertido en el ecosistema local y rescatar a los animales afectados.

Trabajador mira el petróleo en la playa Cavero. Según uno de los comunicados de Repsol, hay 2 200 personas (entre habitantes y trabajadores) y unos 500 efectivos de las Fuerzas Armadas limpiando el mar y las playas.

Fotografía de Musuk Nolte
Publicado 7 de feb. de 2022 12:04 GMT-3

El pasado 15 de enero, Alejandro Miguel Huaroto Arnaez, poblador de las cercanías de la playa Cavero, en Lima, salió a trabajar. Pescador desde los 12 años, él no sabía que aquella noche no iba a tener a la suerte como compañera. Esta vez, Arnaez se iba a encontrar con uno de los desastres ecológicos más grandes acontecidos en Perú en los últimos años. Una marea negra, de petróleo crudo, había sido derramada por un navío que descargaba sus barriles en la refinería de La Pampilla, ubicada en Ventanilla, a 30 kilómetros de allí.

El derrame, según las primeras noticias publicadas el día 16 de enero en la prensa local, habría sido una consecuencia muy grave de un fenómeno natural que sucedió a más de 10 000 kilómetros de la playa: la erupción del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha’apai, en el medio del océano Pacífico. La explosión, que habría tenido la misma fuerza que un centenar de bombas atómicas como la de Hiroshima según la Nasa, provocó un tsunami que generó alertas en todos los países que tienen orilla a esta parte el océano.

Este oleaje anómalo habría provocado un accidente con uno de los navíos de la compañía española Repsol, lanzando 6 mil barriles de petróleo al mar peruano, lo que habría alcanzado unos 18 mil metros cuadrados de playas. Sin embargo, esta es una teoría ahora cuestionada por autoridades del gobierno peruano y expertos, quienes también se preguntan sobre la cantidad total vertida y el tamaño del área afectada. El Ministerio de Medio Ambiente de Perú estimaba el 28 de enero, entonces bajo la dirección del ministro Rúben Ramírez, que el derrame podría llegar a los 11.900 barriles, unos 1,8 millones de litros (el 1 de febrero Wilber Supo Quisocola juró como nuevo ministro del Ambiente). El 20 de de enero, el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental de Perú ya estimaba que la mancha había cubierto alrededor de 1,74 millones de metros cuadrados de la franja playa-litoral y 1,18 millones de metros cuadrados de mar.

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En una costa teñida de negro, en medio del desastre, fue que el explorador de National Geographic, Nicolas Villaume, encontró a Arnaez intentando ayudar los animales que estaban empapados de petróleo. Mientras habla, el pescador tose y avisa que a su voz la oye muy rara porque había respirado mucho aire contaminado por los gases tóxicos que emanaban del agua. “Estuve fuera toda la noche, del sábado al domingo, pescando. La gente ya la estaba pasando mal por el olor; mujeres y niños vomitaban. En grupos de Whatsapp los vecinos reclamaban creyendo que alguien estaba utilizando químicos sin avisar”, cuenta.

Precisamente, faltaron alertas sobre lo que pasaba desde el sábado 15 de enero a las 10 p.m., horario en que el OEFA afirma que recibió el reporte de emergencia de la refinería sobre un "limitado derrame". Según la población local ningún aviso llegó hasta el mediodía del domingo. "Repsol, al no avisar, dejó que los niños se metieran al agua contaminada, dejó que bañistas olieran los vapores del hidrocarburo y se intoxiquen, permitió que los pescadores pesquen y se lleven el pescado contaminado para comer y para venderlo", dice Arnaez.

El domingo a la mañana Arnaez volvió al mar. Sentía un olor fuerte pero no tenía idea de lo que pasaba hasta oír los pitidos de los salvavidas en la orilla de la playa. Llegaba el oleaje provocado por el volcán. “¡Tsunami!, pensó, y de pronto intentó salir del agua, pero casi se desmayó por la intoxicación de los gases de hidrocarburo. Desde este día, después de una parada de veinte minutos para respirar, el pescador ayuda, junto a muchos centenares de sus vecinos, en el trabajo de limpieza, búsqueda y recuperación de los animales contaminados.

Una marea negra de petróleo cubre la playa Cavero, una de las más afectadas por el derrame. Según el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) de Perú, 1,74 millones de metros cuadrados de la franja de playa-litoral y 1,18 millones de mar fueron cubiertos por petróleo hasta el 21 de enero.

Fotografía de Musuk Nolte
Izquierda: Arriba:

Trabajadores retiran el petróleo de la playa Cavero.

Derecha: Abajo:

Trabajadores en la playa Cavera.

fotografas de Musuk Nolte

Muy triste con la situación, él intenta salvar todo lo que el petróleo contaminó. “Esta es la realidad, esta es la realidad que tiene que ver todo el mundo, no solo se trata del trabajo de los pescadores, que es muy importante, no solo se trata del ser humano, se trata de la naturaleza. Esto es lo que no podíamos ver desde la costa, los animales que han venido a morir acá. ¿En serio que nos hemos convertido en esto?”, cuestiona Arnaez mientras cuenta aves muertas por el petróleo en una isla cerca de la orilla en un video que le mandó al explorador de National Geographic, Nicolas Villaume.

Alerta a largo plazo: cómo afectará a los ecosistemas

Para el Dr. Raúl Loayza-Muro, director del laboratorio de ecotoxicología de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, el drama de los animales presente en el testimonio que dio ahora el pescador no es la peor parte del desastre. Esta es la parte más visible del problema, la primera de las consecuencias de esta contaminación, que son mucho más graves a largo plazo. “Estamos viendo lo más crítico, que se ha quedado en la superficie, lo que está flotando, es lo que llamamos en ecotoxicología de agudo, lo peor viene después”, dijo Loayaza-Muro en testimonio al fotógrafo y explorador de National Geographic Nicolas Villaume.

Muro alerta que lo que no estamos mirando y pasa abajo de esta alfombra del crudo en la superficie del mar es muy grave. “En este momento se están precipitando pequeñitas dosis de hidrocarburo que van a ser acumuladas por todos los organismos marinos, y con el tiempo, vamos a ver una situación de toxicidad crónica”, dice. Él explica que, muchas veces, estas concentraciones no matan a los organismos, no obstante, les generarán daños en distintos niveles (renales y cardíacos, por ejemplo), además de activar un gen de defensa de los sistemas biológicos que les producirán problemas que les afectará por años.

Para Muro, lo más importante es hacer un programa de monitoreo de los organismos marinos en el área, registrando la cantidad de sedimentos alojados, sobre todo en aquellos que son de consumo humano. “No podemos pensar que está todo bien una vez que se limpie la superficie de petróleo, este es un problema de largo plazo, necesitamos saber hacia dónde va la contaminación”, alerta el especialista.

La investigación hasta el momento

Desde lo ocurrido, a las 10 p.m. del sábado 15 de enero, cuando salió el primer aviso por el derrame, las investigaciones han avanzado con algunas contradicciones. En un primer momento, la empresa Repsol afirmó en un comunicado de prensa que este incidente se suscitó por el oleaje anómalo provocado por la erupción del volcán en el mar de Tonga. Informaciones contrastadas por la Marina de Guerra de Perú, que alertó sobre oleajes anómalos, pero descartó tsunami el día de la erupción.

Además, el 27 de enero, Giacomo Pisani, capitán del buque tanque Mare Doricum, navío que habría provocado el incidente, informó al periódico La República que entregó una carta a las autoridades peruanas cuestionando esta hipótesis. En dicho comunicado, afirma que los responsables de la refinería le habían engañado y ocultado la verdadera magnitud del desastre.

Ese mismo día, como también informó el diario La República, el Juzgado de Investigación Preparatoria de la Corte de Puente Piedra-Ventanilla pidió el requerimiento de impedimento de salida del país, por 18 meses, para el gerente general de Repsol-La Pampilla, Jaime Fernández-Cuesta Luca de Tena, y otros tres representantes de la compañía.

Trabajadores instalan barrera de contención en la playa Cavero.

Fotografía de Musuk Nolte

Trabajadores retiran el petróleo en la playa Cavero, en Lima, Perú, el 21 de enero de 2022. El ministerio del Ambiente de Perú (MINAM) informó el 29 de enero, entonces bajo dirección del ministro Rúben Ramírez, que al menos 11 900 barriles (1,89 millones de litros) de petróleo fueron derramados al mar. El 1 de febrero Wilber Supo Quisocola juró como nuevo ministro del Ambiente.

Fotografía de Musuk Nolte

El gobierno de Perú afirma que evalúa los aspectos legales del contrato de la empresa española con el fin de imponer una sanción por el derrame de petróleo. La Refinería La Pampilla, tiene el 54% de la capacidad de refinación de combustibles del país y fue comprada por Repsol en 1996 en medio de un proceso de privatización.

Los trabajos de limpieza del derrame de crudo se llevan a cabo con un contingente de 2 200 personas (entre habitantes y trabajadores) y unos 500 efectivos de las Fuerzas Armadas; con el apoyo de 120 embarcaciones “pequeñas o mayores”, aseguró Repsol en comunicado de prensa, publicado en su página web el 25 de enero de 2022.

El ministro del Ambiente de Perú dijo, el 28 de enero, en el marco de una conferencia de prensa, que 4 225 barriles de petróleo ya habián sido recuperados.

Historia de derrames en Latinoamérica

Este derrame en Ventanilla vino a sumarse a otros que ya habían afectado a los ecosistemas de Latinoamérica en el siglo XXI. Entre ellos, el de las Islas Galápagos en 2001, cuando el petrolero "Jessica" produjo una catástrofe. El navío quedó varado en un banco de arena frente a la Isla San Cristobál y perdió más de 650.000 litros de petróleo. Un desastre que afectó a las especies históricamente conocidas y protegidas del archipiélago.

En 2019, en la región de la Patagonia, que es conocida por su agua limpia y su biodiversidad, 40 000 litros de petróleo diésel cayeron al mar. El incidente pasó en la isla Guarello, cerca 250 kilómetros de la ciudad de Puerto Natales, región austral de Chile, durante un procedimiento de la compañía de minería CAP.

En la cuesta de Brasil se han registrado derrames en 2011, cuando por lo menos 800 000 litros de petróleo contaminaron el océano Atlántico. Chevron, la empresa responsable, tuvo que pagar una multa de varios millones de dólares y, desde 2012, se le prohibió continuar con la extracción de petróleo en el país. Y en 2019, en un caso todavía sin solución, se han encontrado manchas de petróleo a lo largo de 2 000 kilómetros del litoral nordeste de país.

En 2021, en la Conferencia de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP26), por primera vez se han citado nominalmente al petróleo, gas y carbón como algunos de los elementos centrales de la crisis climática. Accidentes de la red de producción del petróleo, como los mencionados derrames, también terminan por contribuir a la posible extinción de especies o la creación de problemas crónicos en los ecosistemas.

Para el pescador Alejandro Miguel Huaroto Arnaez, quien mientras escribo este reportaje intenta salvar aves y peces de la contaminación, es clara la necesidad de que el ser humano haga un cambio en su relación con el medio ambiente. “Este es nuestro hogar. Para nosotros nos es solo pérdida de trabajo, es pérdida de vida, de felicidad, de libertad, porque ahora no tenemos opción de seguir con nuestro estilo de vida. Pero nosotros, a lo último podemos hablar y quejarnos, pero los animalitos nada, están totalmente indefensos y no podemos quedarnos con los brazos cruzados. Rescatamos animales y sabemos que el 95% de va a morir. Pero hay que darles una oportunidad”, concluye.

Los fotógrafos Nicolas Villaume y Musuk Nolte son Exploradores de National Geographic Society.

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