Medio Ambiente

Aúnan esfuerzos para salvar los bosques que quedan en el norte de Etiopía

Sacerdotes, científicos y comunidades locales colaboran para preservar el casi cinco por ciento de bosques que se encuentran amenazados Miércoles, 23 Enero

Por Alejandra Borunda
Fotografías de Kieran Dodds

Cuando Alemayehu Wassie Eshete era niño, iba a la iglesia todos los domingos. Caminaba por los secos y polvorientos caminos entre los campos de trigo de su provincia natal en el norte de Etiopía. Y al final del viaje estaba el premio: era literalmente un paso hacia otro mundo.

La mayoría de los templos de la Iglesia Unitaria Ortodoxa etíope, el grupo religioso dominante en Etiopía con casi 50 millones de miembros, casi siempre estaban acurrucados entre bosques vibrantes que proporcionaban sombra. Los bosques, según esta creencia religiosa, eran como ropa que rodeaba a la iglesia que se encontraba en el centro. Y eran parte del espacio religioso, así como lo era el edificio de la iglesia. Wassie salía del sol agobiante y se adentraba en un hermoso y refrescante mundo repleto de aves parlanchinas y plantas aromáticas, un pequeño foco tanto para la biodiversidad como para la espiritualidad.

“Desde una perspectiva ecológica, es como pasar del infierno al cielo”, señala. “Vas de los campos secos y calurosos a un hermoso bosque. Cualquiera lo vería como algo hermoso, pero para mí, el bosque es más que eso. Es también un lugar espiritual donde la naturaleza es perfecta, y le rezas a Dios”. 

Pero cuando Wassie creció y comenzó a estudiar biología y ciencias, se dio cuenta de que los bosques que amaba eran pocos y estaban alejados unos de otros. En la universidad, estaba aprendiendo cuán importantes eran los bosques para la salud ecológica de las diferentes partes del mundo; entonces, se preguntó: ¿Dónde están nuestros bosques, aquí en el norte de Etiopía? ¿Por qué quedan solo unas parcelas?

Durante el último siglo, casi la totalidad de los bosques nativos de la provincia de Debub Gondar ha desaparecido; los bosques han sido talados para construir campos de trigo y pastoreo—iniciativas agrícolas que respaldan a la población en constante crecimiento de la región. No obstante, muchos de los bosques de las iglesias de Etiopía permanecen protegidos por los encargados religiosos y las comunidades que se encuentran a su alrededor. Son pequeños fragmentos de un pasado perdido y el centro de esperanza para la conservación y la futura recuperación.

El corazón de la comunidad

Las iglesias y sus envolventes bosques han servido como centros vitales para las comunidades locales, y han sido partes integrales tanto de la vida religiosa como secular desde el siglo IV d. C.. Los bosques brindan un tipo de “revestimiento respetuoso” para las iglesias que están en su centro y para las riquezas que poseen. Se estima que algunos de ellos tienen 1500 años— pequeñas islas antiguas de hábitats históricos en un paisaje diferente.

A principios de 1900, se estimaba que los árboles cubrían aproximadamente el 40 por ciento de Etiopía. Pero durante el siglo pasado, a medida que las poblaciones crecían, la demanda de comida se disparó.

Se remplazaron acres de bosques por campos agrícolas. Poco a poco, con el correr de las décadas, la cantidad total de tierra cubierta por árboles se redujo: hoy en día, ronda alrededor del cuatro por ciento del país. En Debub Gondar, los fragmentos de bosques están desparramados en alrededor de 1500 pequeñas parcelas.

Estas parcelas de bosque restantes—lugares clave para la biodiversidad— están amenazadas. Los arboles invasivos como el eucalipto, altamente valioso porque crece rápido y es bueno para leña, están avanzando sobre algunos de ellos. El ganado, que deambula en busca de bosques fríos y con sombra, pisotea las blandas y jóvenes plantas, y arruina los árboles más antiguos.

Defensores del bosque

En un principio, Wassie enfocó su investigación en comprender qué vivía en los bosques y cómo podían servir como lugares clave para preservar lo que quedaba de los hábitats que estaban despareciendo en los bosques del norte de Etiopía. Como parte de sus estudios doctorales, consideró flora y fauna diferente. Cuantificó qué semillas estaban presentes en los suelos, las cuales le dirían si los bosques podían ser recuperados y si era posible que germinaran nuevos árboles en un futuro. Primero, averiguó si había árboles nuevos germinando. Y registró exactamente cuánto ganado estaba deambulando y arruinando el delicado sotobosque.

Luego, en un momento dado, Wassie decidió que quería concentrar sus energías en proteger los bosques, no solo estudiarlos y ver cómo iban desapareciendo. Quería ayudar a las comunidades que amaban y respetaban a los bosques a protegerlos, recuperarlos y, tal vez, ampliarlos. Se había ganado la confianza de los sacerdotes y de las comunidades que cuidaban de los bosques que había estudiado, y se dio cuenta de que podían trabajar juntos para preservar los espacios de vida silvestre.

En una conferencia académica en México, Wassie conoció a Meg Lowman, bióloga estadounidense quien se interesó en el tema por una presentación que Wassie hizo sobre los bosques eclesiásticos. Lowman invitó a Wassie a visitar su laboratorio para charlar un poco más sobre el proyecto. Cuando llegó, comenzó la osada tarea de imprimir montones de imágenes de los bosques vistos desde arriba utilizando Google Earth. Pensaron que podían trabajar juntos para estudiar y preservarlos; Lowman tenía las conexiones en la comunidad científica estadounidense que apoyarían su investigación, y Wassie conocía a fondo los bosques y las relaciones con los sacerdotes que cuidaban de ellos.

Wassie llevó a Lowman a Etiopía, donde organizaron un taller para más de 150 sacerdotes, muchos de los cuales caminaron horas para poder asistir. Los científicos prendieron una computadora portátil con un generador y proyectaron las imágenes de Google Earth. Así, les mostraron a los sacerdotes cómo, con el correr del tiempo, se redujeron los bosques.

“Desde el comienzo, se mostraron entusiasmados”, menciona Lowman, “porque se vieron como los encargados de todas las criaturas de Dios. Como científica de conservación, creo que tenemos la responsabilidad de salvar la biodiversidad. Es el mismo objetivo”.

Construir una solución

Los científicos, junto a los sacerdotes, decidieron que lo más eficaz y directo que podían hacer para preservar los bosques era construir muros bajos y simples que les permitieran demarcar cuidadosamente los bosques y que impidieran a los animales avanzar.

Al año siguiente, Wassie y Lowman habían recaudado suficiente dinero para comenzar. Y se dieron cuenta de que este simple arreglo era extraordinariamente efectivo. Pronto, más y más sacerdotes comenzaron a pedir ayuda para construir sus propios muros bajos.

Hoy, unos años después, la pareja ha ayudado a más de 20 comunidades a levantar muros alrededor de sus bosques, y tienen una lista gigante de los lugares en los que les gustaría construir muros. Allí donde se han construido paredes, los bosques están floreciendo. Tanto es así que los sacerdotes han decidido extender su alcance y han hecho protuberancias hacia afuera para poder expandir sus bosques. En los bosques de las iglesias intactos, la calidad del agua es mejor que en los campos circundantes; los plantones de árboles sobreviven más a menudo; y los polinizadores, importantes tanto para las especies de los bosques como para la agricultura que los rodea, zumban.

“Nos dijeron que la gran parte del bosque había sido destruida, y parecía que no había esperanza”, menciona Wassie. Pero hay miles de bosques de iglesias adornando el paisaje, y cada uno de ellos, para Wassie, representa un granito de esperanza para la futura recuperación.

El paso siguiente para Wassie es averiguar cómo conectar los bosques, reconstruir una red ecológica amplia en toda la provincia, sin importar cuánto tiempo le lleve.

“Todas las piezas están allí”, afirma. “La esperanza la tengo de trabajar con los sacerdotes. Aunque las iglesias están bajo presión, están trabajando para proteger lo que tenemos. Y podemos recuperar aún más”.

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