Histórica crisis del agua amenaza a 600 millones de personas en India

Una caminata por la región norte de India revela que las aguas subterráneas del país están desapareciendo.miércoles, 24 de octubre de 2018

Por Paul Salopek
Fotografías de Paul Salopek
Los compañeros de caminata de Paul Salopek, Verinder Singh (izquierda) y Siddharth Agarwal (atrás, bebiendo), beben de un camión cisterna que pasaba por allí.

Out of Eden Walk de Paul Salopek, escritor y colega de National Geographic, es una odisea que narra los sucesos que ocurrieron durante una década en todo el mundo. Paul camina por los senderos de la primera migración de seres humanos desde África hasta el extremo de América del Sur. Este es su último mensaje desde India.

"¿HACES trucos de magia?"

Son los aldeanos. Nos observan pasar bajo el deslumbrante sol blanco del desierto de Thar. Caminamos por India con un burro de carga. Los locales nos confunden con artistas vagabundos, locos viajeros, nómadas de circo. Por supuesto, la respuesta a su pregunta es: sí. Llevamos magia. Pero, todos lo hacemos.

Está en el agua.

Los seres humanos son pozos móviles de agua ligeramente salada. Tal como sabe todo niño en edad escolar, nuestros cuerpos contienen la misma fracción de agua, 71 por ciento, que la sección de la superficie de la Tierra que está cubierta por los océanos. No es ningún misterio. Somos animales de agua que nacimos en un planeta de agua. El agua está en todos lados y en ningún lugar. Es un compuesto que no descansa: transitorio, móvil, siempre en movimiento. Cambia de forma constante: de gaseoso a líquido, a sólido, y viceversa. (Incluso congelado en el Polo Sur en un casquete de hielo de veinticuatro kilómetros de profundidad que tiene un millón de años de antigüedad, aún fluye, aunque lo hace lentamente). Los océanos contienen el 97,25 % de toda el agua del mundo. Los polos y los glaciares tienen el 2 %. La gota potable ridículamente pequeña que queda, el valioso 0,75 % de agua fresca en estado líquido de la que depende el Homo sapiens para su supervivencia, la despilfarramos, como dementes delirando en un desierto.

En India, un país de 1,3 mil millones de personas, la mitad de toda la población vive en una crisis del agua. Más de 20 ciudades, Delhi, Bangalore e Hyderabad, entre otras, secarán todos sus acuíferos en los próximos dos años. Esto se traduce a que cien millones de personas vivirán con cero cantidad de aguas subterráneas. Los granjeros en Punyab, uno de los principales graneros de India, se quejan de que su capa freática ha disminuido 12, 18 o 30 metros en una sola generación. Un patrimonio de agua acumulado desde la última Era de Hielo, durante miles de años, es bombeado incansablemente por la agricultura industrial, por la Revolución Verde. ¿Cuál es la respuesta del gobierno? La construcción de diques más grandes (India ya tiene 5000) y volver a canalizar el curso de los ríos para saciar la sed de las regiones secas. Mientras tanto, las fundamentales lluvias monzónicas son cada vez más erráticas gracias al cambio climático. Y la demanda de agua fresca aumenta a 16 millones de seres humanos nuevos por año.

 "¿Conservación? Nadie habla sobre eso", menciona mi compañera de caminata, Arati Kumar-Rao, una fotógrafa de la naturaleza que ha vivido entre granjeros de tierra seca del desierto de Thar.

Pozos seculares como este salpican el desierto de Thar de Rayastán.

La tecnología para la cosecha de agua de los habitantes del desierto de India es antigua y compleja. Miran con atención al amplio movimiento de la tierra y observan depresiones suaves denominadas aagor: cuencas del cielo. Canalizan las escasas lluvias por estas pendientes prácticamente imperceptibles hacia los estanques efímeros denominados khadeen. Estos depósitos alimentados por las lluvias que han cultivado durante siglos, quizás milenios, sin irrigación, permiten el crecimiento de cultivos resistentes a la sequía, como el mijo.

Kumar-Rao y yo hicimos una pausa en el pozo del desierto. El sol es tóxico. Hace 45 grados Celsius. Tenemos sed. Dejo caer una cubeta a través de una trampilla. Escucho un salpicón. Tiro hacia arriba un exquisito peso sobre una cuerda.

"¡Ajá!", grita un hombre. "¿Qué están haciendo?"

Salió de una choza. Es un pastor. Es su agua de lluvia, acumulada de manera radial, de varios acres agrietados por el sol, en este hoyo cavado a mano. Pueden beber lo que deseen, nos dice, es el derecho que tiene todo viajero, pero no pueden lavarse.

Cuando finalmente nos separemos, Kumar-Rao y yo, en la ciudad de peregrinaje de Salasar, ella pondrá en remojo sus dolorosos pies en una cubeta de líquido transparente.

El alivio del agua en el agua.

* * *

Un átomo de oxígeno. Dos átomos de hidrógeno.

Las moléculas de agua se doblan como la punta de una fecha, como un codo. Esto les brinda una determinada polaridad, una carga infinitesimal, que da forma al mundo colectivamente. Son las mágicas células solventes, vinculantes y diluyentes del cerebro, las montañas, el caudal del café de la mañana, las placas tectónicas.

Camino por el filo del desierto de Thar.

Atravieso los pueblos donde el uso cambiante del agua envenena silenciosamente a las personas. Anteriormente, el agua de lluvia superficial sola era suficiente para satisfacer las demandas de la humanidad. En la actualidad, el crecimiento de la población y la agricultura moderna han marcado la tierra con miles de pozos de perforación: capilares taladrados con máquinas, cuyas bombas golpean profundamente en las aguas subterráneas. Pero no todo este suministro alguna vez inaccesible es saludable. Contiene minerales. Fluoruro. Arsénico. Varía según el lugar. Esta es la mitad de la crisis: no la cantidad, sino la calidad.

"¿Saben que su nivel de fluoruro está por encima de los estándares de seguridad?", mi nuevo compañero de caminata, el ambientalista Siddharth Agarwal les pregunta a los aldeanos reunidos.

Siddharth Agarwal mide el nivel de fluoruro del agua de los pozos de la aldea en el desierto de Thar.

Agarwal, que ha recorrido miles de kilómetros a lo largo de los ríos en India, suele detenerse para verificar el agua de los grifos de la aldea durante nuestro camino. Usa un dispositivo conectado a su teléfono inteligente que mide los niveles de fluoruro. Algunas gotas de agua ingresan en un contenedor. Toma una foto. El color del agua, analizada por una aplicación, revela su contenido mineral. El exceso de fluoruro causa la desfiguración de los dientes y de los huesos.

Los aldeanos asienten de forma pesimista. En general, saben de la existencia del fluoruro. Pero, ¿qué pueden hacer? Las autoridades han prometido un filtro. Mientras esperan, algunos han esperado durante años, compran agua que distribuye un camión cisterna. O beben el lento veneno. Nuestros cuerpos son pozos vivientes. Uno no puede vivir sin agua.

"La superficie más importante no es sobre la que caminamos", me comenta Agarwal. "Es la capa de agua que está debajo de nuestros pies".

Observa el paisaje a través de este prisma de rayos X. Los árboles cambian, las cosechas cambian, la vida humana cambia, todos dependen de la topografía húmeda que está debajo. Un líquido que está desapareciendo debajo del mundo.

Semanas después, al cruzar la cuenca salobre de Sambhar Lake cerca de la ciudad de Jaipur, miro a las mujeres trabajando. Reciben tres dólares por día. Caminan a ciegas hacia atrás hora tras hora, rastrillando sal por una amplia superficie plana de color blanco abrasador. La luz desviada por el calor oculta sus piernas y las refleja. Una visión infernal. Una especie de abracadabra cortante de algún hechicero. Pero no lo es. Somos nosotros.

Un trabajador de la sal se esfuerza mucho cerca de la antigua ciudad de Jaipur, en Rajasthan

Este artículo se publicó originalmente en la página web de la National Geographic Society, dedicado al proyecto Out of Eden Walk. Ha sido traducido del inglés. Puedes explorar la página web aquí.

Paul Salopek ha sido galardonado con dos premios Pulitzer por su trabajo periodístico siendo corresponsal en el extranjero para el Chicago Tribune. Puedes seguirlo en Twitter @paulsalopek

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