Historia y Cultura

Exclusivo: se revela la antigüedad de la presunta Tumba de Jesucristo

Los materiales de construcción datan de tiempos romanos, lo que sugiere que el legado del sitio sagrado ha sobrevivido a pesar de su destrucción hace 1.000 años. Viernes, 19 Enero

Por Kristin Romey

A través de los siglos, la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén ha sufrido ataques violentos, incendios y terremotos. Fue completamente destruida en el año 1009 y posteriormente reconstruida, llevando a los eruditos modernos a cuestionar si ese era el lugar identificado por una delegación enviada hace 17 siglos desde Roma, como el lugar de sepultura de Cristo.

En la actualidad, los resultados de evaluaciones científicas provistas a National Geographic parecen confirmar que los restos de una cueva de piedra caliza que se encuentra dentro de la iglesia pertenecen a la tumba localizada por los antiguos romanos.

Muestras de argamasa obtenida entre la superficie original de piedra caliza de la tumba y una placa de mármol que la cubre datan del año 345 D.C. aproximadamente. De acuerdo a los registros históricos, la tumba fue descubierta por los romanos y consagrada alrededor del año 326.

Hasta ahora, la evidencia arquitectónica más antigua encontrada dentro y alrededor del complejo donde se encuentra la tumba data del periodo de los Cruzados, la cual no supera los 1.000 años.

Mientras que es arqueológicamente imposible afirmar que la tumba es el sitio de entierro de un individuo judío conocido como Jesús de Nazaret, quien de acuerdo a los registros del Nuevo Testamento fue crucificado en Jerusalén en el año 30 o 33, nuevos resultados colocan con seguridad a la construcción original del complejo de la tumba en los tiempos de Constantino, el primer emperador cristiano de Roma.

La tumba fue abierta por primera vez en siglos en octubre de 2016, cuando el altar que la rodea, conocido como el Edículo, fue restaurado significativamente por un equipo interdisciplinario de la Universidad Técnica Nacional de Atenas.

Diversas muestras de argamasa de diferentes lugares dentro del Edículo fueron recogidas en ese momento para su fechado, y los resultados fueron provistos a National Geographic por la Jefa Supervisora Científica Antonia Moropoulou, directora del proyecto de restauración del Edículo.

Cuando los representantes de Constantino llegaron a Jerusalén alrededor del año 325 para localizar la tumba, fueron presuntamente dirigidos a un templo romano construido unos 200 años antes. El templo romano fue demolido y excavaciones revelaron una tumba tallada en una cueva de piedra caliza. La parte superior de la cueva fue cortada para exponer el interior de la tumba, y el Edículo fue construido a su alrededor.

Una característica de la tumba es un estante largo, o “lecho sepulcral”, que la tradición indica como el lugar donde el cuerpo de Jesucristo fue colocado luego de la crucifixión. Estos estantes y nichos tallados en la piedra caliza de la cueva, son una característica común en las tumbas de los judíos ricos de Jerusalén del siglo 1.

El recubrimiento de mármol que cubre el “lecho sepulcral” se cree que fue colocado en 1555 como máximo, y probablemente haya estado presente desde mediados del 1300, de acuerdo a los registros de los peregrinos.

Cuando se abrió la tumba en la noche del 26 de octubre de 2016, los científicos se sorprendieron con lo que encontraron debajo del recubrimiento de mármol: una placa de mármol más vieja y rota, con una cruz cincelada, descansando directamente sobre la superficie original de piedra caliza del “lecho sepulcral”.

Algunos investigadores especularon que esta placa más vieja podría haber sido colocada en el la época de los Cruzados, mientras que otros indicaron fechas más antiguas, sugiriendo que estaba colocada y se rompió cuando la iglesia fue destruida en el año 1009. Sin embargo, nadie pudo afirmar que esta podría ser la primera evidencia física del altar romano más antiguo en el lugar.

Los nuevos resultados, que revelaron que la placa más antigua fue probablemente colocada en el lugar a mediados del siglo 4 bajo las órdenes del Emperador Constantino, han sorprendido a aquellos que estudian la historia del sagrado monumento.

“Obviamente esa fecha indica directamente lo que Constantino hizo”, afirma el arqueólogo Martin Biddle, que publicó un importante estudio sobre la historia de la tumba en 1999. “Eso es muy notable”.

Durante la restauración del Edículo, que llevó un año, los científicos también pudieron determinar que una parte importante de la cueva sepulcral permanece enclaustrada entre las paredes del altar. Muestras de argamasa tomadas de la pared sur de la cueva datan del año 335 y 1570. Esto provee evidencia adicional de obras de construcción del periodo romano, como también de una restauración documentada del siglo 16. Argamasa tomada de la entrada de la tumba data del siglo 11 y es consistente con la reconstrucción del Edículo luego de su destrucción en 1009.

“Es interesante como estas muestras no solo proveen evidencia del primer altar en el sitio, sino también confirman la secuencia histórica de construcciones del Edículo”, observa Moropoulou.

Las muestras de argamasa se fecharon de modo independiente en dos laboratorios diferentes, utilizando luminiscencia óptica simulada, una técnica que determina cuándo el sedimento de cuarzo fue más recientemente expuesto a la luz. Los resultados científicos serán publicados por Moropoulou y su equipo en la próxima edición del Journal of Archeological Science: Reports.

 

Nota del Editor: Todos los estudios se llevan a cabo dentro del marco del Proyecto “Intervenciones de conservación, fortalecimiento y reparación para la rehabilitación del Santo Edículo del Santo Sepulcro de la Santa Iglesia de la Resurrección de Jerusalén”, supervisados por el equipo interdisciplinario de la Universidad Técnica Nacional de Atenas para la Protección de Monumentos, a saber Em. Korres, A. Georgopoulos, A. Moropoulou, C. Spyrakos, y Ch. Mouzakis con A. Moropoulou como Jefa Supervisora Científica. Las muestras de argamasa fueron analizadas por el Laboratorio de Materiales, Ciencia e Ingeniería de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Técnica Nacional de Atenas (Prof. A. Moropoulou, E. Delegou, M. Apostolopoulou, y A. Kolaiti) y el Laboratorio de Arqueometría, Departamento de Historia, Arqueología y Manejo de Recursos Culturales de la Universidad del Peloponeso (Prof. N. Zacharias y E. Palamara).

Kristin Romey es editora y escribe sobre Arqueología y Paleontología para National Geographic

Artículo publicado el 28 de noviembre de 2017.

Seguir leyendo