Historia y cultura

Conozca a las primeras mujeres porteadoras de Perú

Estas pioneras están rompiendo las barreras de género al convertirse en las primeras y únicas mujeres en trabajar como porteadoras oficiales del Camino del Inca. Jueves, 9 Agosto

Por Rachel Brown
Fotografías de Jeff Heimsath

Este reportaje es parte de Women of Impact (Mujeres influyentes), un proyecto de National Geographic centrado en las mujeres que han roto barreras en sus campos, han transformado sus comunidades e inspirado a la acción.

La Cordillera de los Andes es imponente: su historia, sus icónicas vistas alpinas, el aire más ligero que un suspiro. Es un paisaje que requiere de un gran esfuerzo físico para poder apreciar su belleza. Y en el Camino del Inca de Perú, las porteadoras hacen la mayor parte del trabajo.

Cuando los turistas contratan excursiones guiadas, van acompañados de pobladores que les transportan comida, tiendas de campaña y equipos camino arriba. Llevar cargas pesadas por un terreno desafiante a una elevación promedio de casi 4000 metros por encima del nivel del mar es un trabajo arduo. Aunque la tasa promedio de la industria de alrededor de 72 dólares americanos por cuatro días de caminata está un poco por debajo del salario nacional, este tipo de trabajo es una de las maneras más confiables de ganarse la vida en esta remota área montañosa.

Sin embargo, hasta el 2016, solo los hombres se ganaban la vida de esta manera.

“[La nuestra] no siempre ha sido una empresa que promueve el cambio social”, comenta Miguel Ángel Góngora Meza, director y cofundador de Evolution Treks Peru. “Pero se volvió frustrante que no se produjeran cambios. Por eso comenzamos este proyecto. Nosotros queríamos proponer un aspecto diferente del turismo”.

El “nosotros” incluye a Amelia Huaraya Palomino, cofundadora y gerenta general de Evolution. El dúo se enfrentó a un triple problema: notaban el sexismo que excluía a las mujeres del lucrativo trabajo de transportar, pero también notaban el maltrato de hombres maleteros por parte de las agencias de viajes y la pobreza de las aldeas remotas de montaña que se encuentran a lo largo de las rutas de expedición.

Pero al tiempo que se proporcionan condiciones equitativas a los hombres y se ofrecen empleos a los aldeanos a lo largo del camino, ambos forman parte de la filosofía de Evolution, el apoyo a las mujeres sigue siendo su desafío más difícil. Debido a que la nueva compañía de Huaraya tenía dificultades para levantar vuelo en el 2015, se asoció con Góngora para afrontar estas injusticias. Un año más tarde, la cooperativa Evolution se convirtió en la primera agencia de viajes peruana en contratar a maleteras mujeres. Además, pagan a todos sus trabajadores un salario justo; proporcionan a los maleteros alimento, tiendas de campaña y esteras para dormir de la misma alta calidad que la que usan los clientes, y ofrecen trabajo a aquellas personas que viven a lo largo del camino, acciones que no son menos que radicales en una industria problemática.

“Lo único que quieren hacer las agencias es obtener ganancia, ganancia, ganancia; no importa cómo”, indica Huaraya. “Los más triste es que los maleteros hombres reciben mucho maltrato. No reciben el pago que deberían”.

Sin embargo, mientras ofrecer condiciones justas para los hombres es parte de la misión de Evolution, apoyar a las mujeres sigue siendo su desafío más difícil.

Hay quienes consideran a las mujeres como “débiles” y “frágiles”, no aptas para trabajos rigurosos ni destinadas a ganarse la vida, explican Góngora y Huaraya. La Organización Mundial de la Salud clasificó a Perú como el tercer país del mundo con mayor violencia de género.

“Cuando decimos que hay mujeres que trabajan para nosotros, algunos dicen: ‘Qué bien’. Otros dicen: ‘Ellas morirán. No podrán lograrlo’”, comenta Góngora. “[Las porteadoras] han roto este mito”.

La discriminación no es el único obstáculo al que se enfrentan. Suelen hacer su trabajo a pesar de la preocupación o desaprobación de sus familias y parejas. Y las reglamentaciones acordadas por una asociación de agencias de viajes estipulan que las mujeres solo pueden transportar 15 kilogramos, mientras que los hombres pueden transportar 20 kilogramos. Esta discrepancia hace que la contratación de mujeres parezca una mala decisión empresarial. La discrepancia hace que contratar mujeres parezca una mala decisión comercial, especialmente cuando el compromiso de Evolution de proporcionar a los empleados comida, tiendas de campaña y colchonetas de la misma calidad que los clientes requiere el gasto de dividir más peso entre más personas.

Pero Evolution se mantiene en rumbo. Los meses que no alcanzan un punto de equilibrio están acompañados por meses que les dejan ganancias, comenta Góngora, y Huaraya señala que aún son una compañía joven en un mercado muy competitivo.

“Creemos que no existe el concepto de viajes sostenibles si no se incluye a las mujeres”, comenta Góngora. “Y si no se incluye a las mujeres porque la compañía no ganaría dinero, entonces no se pueden llamar sostenibles”.

Alrededor de 24 mujeres trabajan en las tres ubicaciones de Evolution; la gran mayoría de ellas son mujeres indígenas quechuas de pueblos de la periferia cuyos salarios anteriores provenían de intentar vender artesanías en mercados o en puestos a lo largo del Camino del Inca.

“Hemos visto que lo que creamos, lo que siempre deseamos, se ha hecho posible sin tener que forzar a las personas”, expresa Huaraya. “Ahora, cuando tenemos expediciones, las mujeres nos llaman para averiguar cuándo comienzan y de qué manera pueden participar en el grupo”.

Otras agencias han comenzado a contratar a mujeres. Pero Evolution todavía es la única empresa que envía mujeres al Camino del Inca, una de las rutas más históricas y desafiantes de Perú.

Para algunas mujeres, transportar no es solo un trabajo, sino el primer paso hacia una carrera profesional. Los maleteros suelen ascender a guías, luego de obtener una certificación en institutos donde el tiempo en el camino se combina con educación de inglés, historia y navegación.

La maletera Sara Qqehuarahucho Zamalloa, de veinticuatro años, es una de esas estudiantes. Una beca le permite disponer del tiempo de estudiar a la vez que trabaja como asistente de guía, encargada de cubrir la retaguardia del camino. En algunos años, se convertirá en guía principal.

Su recomendación es simple.

“Cuando pones algo delante de ti”, comenta, “lo logras. Lo haces”.

Seguir leyendo