Espacio

La breve (y singular) historia de las selfies espaciales

Tú te tomas selfies. Nosotros nos tomamos selfies. También lo hacen los astronautas y los robots espaciales.lunes, 1 de julio de 2019

Por Jenny Howard
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¿Qué haces para tomarte una foto cuando no hay nadie cerca? Te tomas una selfie. En el mundo del arte, los autorretratos datan de hace largo tiempo; y, con el auge de los teléfonos inteligentes, las selfies capturadas con cámaras en lugar de con pintura se han convertido en algo cada vez más popular. 

Los autorretratos fotográficos han existido desde que los seres humanos tuvieron cámaras al alcance de la mano. ¿Pero qué hay de las selfies espaciales? El año pasado en Twitter, el astronauta de la NASA Edwin “Buzz” Aldrin, famoso por convertirse en el segundo hombre en caminar sobre la luna en julio de 1969, se adjudicó uno de los hitos de los viajes espaciales: haber tomado la primera selfie espacial durante la misión Gemini XII en 1966.

“Yo creo que, para ser una selfie, tiene que ser digital”, alega Jennifer Levasseur, curadora del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano de Estados Unidos. Según Levasseur, el concepto de una selfie está directamente relacionado con la cultura de Internet y con el deseo humano de interactuar en plataformas sociales. “Lo que hace que una selfie sea una selfie es el hecho de poder compartirla”, señala.

Sin embargo, los astronautas han cargado cámaras a bordo de vehículos espaciales desde los sesenta y, desde entonces, se han tomado muchísimas de fotos de sí mismos. En 1966, Aldrin utilizó una cámara Hasselblad específicamente diseñada para el espacio, con un disparador extra grande para adaptarse a los gruesos guantes de los astronautas. Hasselblad también pintó la primera cámara espacial de un tono negro mate para minimizar los reflejos en la ventana del orbitador. Pero las cámaras que se usan en el espacio deben sobrevivir a condiciones extremas, como cambios de temperatura que van de los -100 ºC a los 120 ºC; es por esto que Hasselblad pintó los modelos posteriores de color plateado para ayudar a la cámara a adaptarse a dichos cambios térmicos. 

En ese entonces, los astronautas que visitaban la luna luego debían extraer los carretes y dejar las cámaras y las lentes en el espacio al regresar a la Tierra ya que las primeras misiones espaciales estaban limitadas por un límite de peso conservador para el viaje de vuelta. Los viajeros lunares también debían trabajar sin la comodidad del paloselfie: para capturar su autorretrato durante la misión Gemini, Aldrin sujetó la cámara al costado de la nave espacial para estabilizarla y poder encuadrar su rostro. 

Un gran avance en lo que respecta a la tecnología de cámaras espaciales vino luego de la trágica pérdida del trasbordador espacial Columbia, que se hizo trizas durante su regreso a la Tierra en el año 2003, señala Levasseur.

“El miedo por nunca poder recuperar los carretes [del espacio] y por perder todo ese arduo trabajo fue lo que aceleró el salto a lo digital”, menciona. 

Hoy en día, los astronautas acceden a internet y a plataformas sociales desde el espacio, y pueden publicar verdaderas selfies espaciales utilizando sus cámaras digitales cubiertas con mantas térmicas. El hecho de tomarse selfies y compartirlas en las redes sociales es el modo en que los astronautas, desde el espacio, pueden realizar las mismas actividades que la gente hace a diario en la Tierra, dice Levasseur. La primera selfie de un astronauta que se hizo viral en Internet fue la del japonés Akihiko Hoshide en el 2012. 

De modo similar, los robots espaciales también están participando de la cultura de la selfie al capturar imágenes remotas de sí mismos en el espacio o en otros planetas y transmitirlas a la Tierra. Por ejemplo, en el mes de enero, el Mars rover Curiosity “compartió” una selfie compuesta por un mosaico de imágenes capturadas en su último sitio de excavación en el planeta rojo.

El 22 de marzo de 2019, la astronauta Anne McClain se tomó esta selfie espacial a casi 420 metros por encima de la superficie terrestre, durante una caminata espacial de aproximadamente seis horas y media para incrementar la capacidad de almacenamiento de energía de la Estación Espacial Internacional.