Un nuevo objeto más allá de Plutón podría revelar al misterioso “Planeta X”

El pequeño cuerpo helado - 2015 TG387 - podría ser el primero de su tipo que habita las partes exteriores más lejanas de nuestro vecindario estelar.

Publicado 3 de oct. de 2018 15:37 GMT-3
Ilustración del Planeta X, un mundo todavía sin descubrir que podría modificar las órbitas de objetos ...
Ilustración del Planeta X, un mundo todavía sin descubrir que podría modificar las órbitas de objetos más pequeños extremadamente distantes, como el recientemente descrito 2015 TG387.
Fotografía de Ilustración por Carnegie Institution for Science, DTM, Roberto Molar Candanosa/Scott Sheppard

El cortejo de mundos conocidos y remotos del sistema solar ha recibido a un nuevo miembro: un pequeño cuerpo helado que tarda 40 mil años en dar una vuelta alrededor del Sol y llega más lejos de nuestra estrella que cualquier otro objeto conocido del sistema solar con la excepción de los cometas.

Denominado 2015 TG387, el objeto es probablemente esférico y del tamaño del estado de Massachusetts. Y, al igual que un puñado de los otros habitantes lejanos del sistema solar, su comportamiento orbital puede señalar la presencia de un Planeta X nunca antes visto escondido en la parte más alejada del sistema solar.

“Cada objeto pequeño que encontramos aislado como este nos acerca cada vez más a encontrar el planeta”, explica Scott Sheppard del Carnegie Institution for Science (Instituto Carnegie de Ciencias), quien informó hoy el descubrimiento en una noticia divulgada por el International Astronomical Union’s Minor Planet Center (Centro de Planetas Menores de la Unión Astronómica Internacional).

“Aunque nunca se sabe. Puede ser que si encontramos más objetos, al final estos terminen no apuntando al planeta”.

Algo sospechoso

Como su nombre poco elegante insinúa, el 2015 TG387 llamó la atención de los astrónomos por primera vez en 2015. Durante años, Sheppard y sus colegas han usado algunos de los telescopios más nítidos de la Tierra para llegar a los puntos más recónditos del sistema solar exterior y buscar de manera uniforme en el cielo los mundos más remotos a los que llegue la atracción gravitacional del Sol.

Este tipo de sondeo requiere mucho tiempo y paciencia porque el mero hecho de ver un pequeño destello de luz no significa demasiado. En cambio, los astrónomos deben supervisar con sumo cuidado objetos como el 2015 TG387 a medida que avanzan de a poco a través del cielo estrellado.

“Nos llevó tres años de observaciones determinar su órbita real con una precisión con la cual nos sentimos cómodos”, explica Sheppard. “Hemos encontrados numerosos objetos más que están a distancias similares a este, pero llevará un año o dos más observar sus órbitas y ver si verdaderamente son interesantes”.

En este momento, el 2015 TG387 se encuentra en el cielo boreal, cerca de la constelación de Piscis. Está a casi 80 unidades astronómicas de distancia, lo que significa que está 80 veces más lejos del Sol que la Tierra, o casi dos veces más lejos que Plutón. Actualmente se está moviendo hacia adentro y, en su punto más cercano, la pequeña bola de hielo estará a 65 unidades astronómicas de distancia. En su punto más distante, estará a casi 2300 veces esa distancia.

Más allá de esta proximidad relativa, no se podrá observar en el cielo. El 2015 TG387 es un objeto con una magnitud de 24, lo que significa que es casi tan brillante como una de las pequeñas lunas de Plutón, y ni siquiera se puede ver a Plutón sin un telescopio de un tamaño decente y algo de práctica. Sheppard estima que es de casi 290 kilómetros de ancho, aunque ese cálculo depende de cuán reflectante es su superficie.

Migajas planetarias

El recóndito objeto entusiasma a los astrónomos porque el 2015 TG387 se une a muchos otros mundos recientemente descubiertos que se encuentran lejos y trazan elipses exageradas en torno a nuestra estrella, sin llegar más cerca del Sol que Neptuno. Estos incluyen a Sedna, descubierto en 2003, y 2012 VP113, cuyo apodo es Biden.

Una ilustración muestra la órbita del nuevo objeto 2015 TG387, apodado el Goblin, en comparación con el resto del sistema solar.
Fotografía de Ilustración por Carnegie Institution for Science, DTM, Roberto Molar Candanosa/Scott Sheppard

Su órbita también se alinea con un grupo de otros objetos que en conjunto sugieren que un planeta grande, quizás varias veces más grande que la Tierra, está al acecho en la profunda oscuridad del sistema solar exterior.

“Esto sugiere que algo está empujando estos objetos  en órbitas similares, por eso pensamos que hay un gran Planeta X ahí afuera”, dice Sheppard. “Algo de un tamaño comprendido entre una supertierra y Neptuno hace que estos objetos tengan estas órbitas, por lo que son estables”.

Sheppard, que está buscando este planeta junto con sus colegas, dice que el 2015 TG387 ayuda a reducir el área de búsqueda. Por ahora, sospecha que el Planeta X orbita en oposición al 2015 TG387, lo que crea una resonancia gravitacional que barre y preserva esas órbitas extravagantes y lejanas.

Pero también es posible que los astrónomos solo estén viendo un pequeño subconjunto sesgado de los habitantes del sistema solar exterior de características similares a Sedna, y que el resto de los objetos tracen caminos que no apuntan a un planeta.

Por ejemplo, Michele Bannister, astrónoma de la Queen’s University (Universidad de Queen) en Belfast, no está tan convencida de que haya un gran planeta misterioso y desea ver más pruebas que soporten el caso.

“La manera de probar estas teorías es al saber cuán común es cada tipo y forma de órbita”, dice Bannister. “Espero ver una de estas simulaciones más detalladamente con la adición de un planeta extra”.

Reliquias antiguas

Aún así, Bannister está entusiasmada con este mundo recientemente descubierto porque podría ser el primer emisario de una población de objetos que normalmente no vemos.

“Cada una de estas detecciones es la punta del iceberg de una gran población, donde vemos al más brillante porque es el más cercano al sol o el más grande de su población, por lo que se vuelve detectable”, dice.

Esta variedad en los grupos de fragmentos congelados es la clave para comprender el diseño completo de nuestro vecindario solar y su historia, dice Bannister. Hasta ahora, los científicos solo han podido acceder a algunas poblaciones de estos objetos, incluidos aquellos con órbitas que los llevan dentro de las 50 unidades astronómicas del Sol, aquellos como Sedna que solo llegan a unas 80 unidades astronómicas, y aquellos que se lanzan directamente hacia el interior del corazón del sistema solar interno.

Se cree que el último grupo, los cometas, proviene de las franjas exteriores de la nube de Oort, un grupo distante de fragmentos helados dispersos que se encuentran de 2 mil a 200 mil veces más lejos del Sol que la Tierra. El 2015 TG387 es probablemente similar a un cometa en cuanto a composición porque está compuesto predominantemente de hielo, pero su órbita no es para nada similar.

En cambio, es probable que se origine en la nube interna de Oort, un reino que hasta ahora no hemos podido explorar.

Bannister dice que uno de los misterios más destacados de estos objetos distantes es cómo, exactamente, se crearon. Es complicado construir una población de objetos que nunca se aventuran más cerca del sol que Neptuno; no hay suficientes materiales para tratar de encontrar el lugar al que pertenecen estos objetos.

Tampoco está claro cómo pudieron haber sido empujados tan lejos. Las teorías van desde los suaves empujes gravitacionales que perturban sus órbitas a lo largo del tiempo a los planetesimales autogravitantes y los sobrevuelos cercanos de estrellas o de planetas errantes sin estrellas.

“Esta población sigue siendo emocionante porque no tenemos una explicación delimitada de lo que los crea”, dice Bannister. “Estos podrían ser planetesimales fosilizados provenientes de los albores de nuestro sistema solar, colocados allí por un mecanismo que aún debe ser detectado”.

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