Espacio

¿Hay un asteroide interestelar atrapado cerca de Júpiter?

El extraño asteroide conocido como 2015 BZ509 se está anunciando como el primer visitante interestelar conocido que permanece en nuestro sistema solar. Lunes, 21 Mayo

Por Michael Greshko

Si pudieras flotar por encima del plano del Sistema Solar, notarías que más del 99,9% de los objetos que remolinean alrededor del Sol giran en el sentido contrario a las agujas del reloj y se ponen en marcha gracias al disco giratorio de polvo y gas que dio origen a nuestros planetas, asteroides y cometas.

Sin embargo, extrañamente, de los más de 779 mil asteroides conocidos, al menos 95 se mueven en sentido contrario al flujo de tráfico de nuestro sistema solar. Ahora bien, dos investigadores están haciendo una afirmación intrigante y, por qué no, controvertida: uno de estos asteroides inusuales (2015 BZ509) se traslada en sentido contrario porque fue adoptado de otro sistema solar por completo.

“Cuando comenzamos a trabajar, no queríamos averiguar si era interestelar o no”, comenta Fathi Namouni, un astrónomo del Côte d'Azur Observatory (Observatorio de la Costa Azul). En cambio, Namouni y la investigadora de la Sao Paolo State University (Universidad Estatal Paulista), Helena Morais han pasado años estudiando los objetos que orbitan nuestro Sol en sentido contrario con la esperanza de revelar cómo se formó nuestro Sistema Solar, lo que es muy parecido a intentar resolver un asesinato analizando las salpicaduras de sangre más extrañas encontradas en una escena del crimen.

En un estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society: Letters (Avisos Mensuales de la Sociedad Real de Astronomía: Cartas), Namouni y Morais argumentan que el BZ509 se unió a nuestro Sistema Solar en sus inicios y se estableció en una órbita en sentido contrario pero estable que se traslada en paralelo a la trayectoria de Júpiter alrededor del Sol. En este caso, expresan, el BZ509 podría ser primo del asteroide interestelar ‘Oumuamua, que se acercó al sistema solar el año pasado.

Sin embargo, el estudio llega al origen interestelar del BZ509 por eliminación: un enfoque criticado por los expertos externos ajenos al estudio.

“Es muy extremo, en particular porque no tienen ningún enfoque dinámico de modelos, respaldar sus ideas afirmando que cualquier otra conclusión es imposible”, expresa el científico del Southwest Research Institute (Instituto de Investigación del Suroeste), Hal Levison, quien no participó en el nuevo estudio.

Ataque de clones

Nadie niega que el BZ509, o BZ para abreviarlo, es una roca espacial muy extraña.

Namouni y Morais notaron el asteroide no solo porque orbita el Sol en sentido contrario, sino también porque su órbita casi se superpone con la de Júpiter; se trata del primer objeto que juega al juego de la gallina con el planeta más grande de nuestro Sistema Solar. Un acto de equilibrio orbital hace que BZ siga vivo. Si bien Júpiter ejerce tirones gravitacionales sobre el asteroide dos veces por cada órbita de 12 años, los dos tirones se compensan entre ellos y estabilizan el asteroide.

“Es como un camión que desciende por un camino pedregoso, basta que choque con la primera piedra para que choque con la siguiente que lo regresa a donde debería haber estado”, explica el astrónomo de la Athabasca University (Universidad de Athabasca), Martin Connors, que no participó en el nuevo estudio.

Mediante el uso de simulaciones por computadora, Connors y sus colegas descubrieron en 2017 que la órbita de BZ ha sido estable durante los últimos millones de años. El descubrimiento sorprendió a Namouni y Morais; su trabajo previo había sugerido que las órbitas como las del BZ509 solo podían durar aproximadamente 10 mil años.

Para obtener más resultados, Namouni y Morais construyeron un modelo de nuestro sistema solar con su disposición actual. Luego, esparcieron un millón de “clones” virtuales del BZ, cada uno con una versión apenas modificada de la órbita observada del asteroide, y ejecutaron la simulación con un equivalente virtual a 4500 millones de años.

Con el tiempo, muchos de los clones colisionaron con el Sol o fueron expulsados del Sistema Solar. La mitad de ellos duraron menos de siete millones de años. Pero 46 de los clones permanecieron estables durante el período de vida del sistema solar; 27 de ellos prácticamente replicaron el circuito actual del BZ.

Para que los seres humanos tengan una probabilidad estadística de ver el BZ, Namouni y Morais explican que el asteroide debe haber estado en una órbita de elevada estabilidad durante 4500 millones de años. Pero si BZ ha orbitado alrededor del Sol desde los inicios del Sistema Solar, ¿cómo terminó trasladándose en sentido contrario? Luego de considerar y rechazar una cierta variedad de explicaciones posibles, dicen que debe tratarse de un intruso interestelar.

“No teníamos prejuicios sobre ningún origen posible de este asteroide”, explica Namouni. “Nos sorprendió muchísimo”.

El rebelde

A pesar de la confianza de Namouni sobre la condición de interestelar del BZ, él y Morais no han simulado en realidad la captura del asteroide desde otro Sistema Solar. Y en la ausencia de dicho análisis, otros expertos de la ciencia planetaria están muy en desacuerdo con la lógica del estudio.

“El período de vida mediano (de los clones del BZ509) es tan corto que buscaría soluciones a corto plazo”, indica Bill Bottke, también científico del Southwest Research Institute.

Bottke y su colega David Nesvorny sospechan que el BZ509 es en realidad un cometa inactivo de la Nube de Oort, una zona de escombros helados en la periferia del Sistema Solar. Luego de ser impulsado hace mucho tiempo hacia una órbita en sentido contrario, podría haber ingresado en su circuito actual hace solo unos millones de años, sugieren.

Después de todo, los cometas pueden definitivamente desplazarse hacia atrás; el cometa Halley orbita alrededor del sol en el sentido de las agujas del reloj, al igual que el BZ. Además, el mismo trabajo de Namouni y Morais sugiere que los objetos caprichosos pueden quedar atascados en la órbita particular del BZ con mayor facilidad que en otras. Los modelos también demuestran que la teoría del cometa puede explicar cómo otros asteroides que se trasladan en sentido contrario se establecieron en ese lugar.

Una nueva esperanza

Resolver los orígenes del BZ requerirá una inmensa cantidad de trabajo. Levison, Bottke y Nesvorny recomiendan ejecutar innumerables simulaciones sobre cómo los planetas se formaron y finalmente se establecieron en sus órbitas actuales, específicamente para averiguar si los objetos locales ingresan en órbitas como la del BZ con más o menos frecuencia que los interestelares, como ‘Oumuamua.

El nuevo estudio también sugiere que los objetos que se asemejan al BZ pueden desviarse hacia órbitas que yacen perpendiculares al plano del Sistema Solar. Namouni, por ejemplo, quiere averiguar si objetos conocidos como estas órbitas “polares” se remontan con el BZ a la misma nube de escombros interestelares.

“El enlace teórico es infalible, pero asociar los que vemos con el BZ, eso es más complicado”, aclara.

Si Connors recibiera un presupuesto infinito, consideraría enviar una nave espacial al BZ para probar si el asteroide contiene química alienígena. Y Bottke señala que si esa misión pudiera volar algún día, sería algo valioso sin importar el resultado: “Si vas hasta allí con una sonda”, comenta, “¿no sería grandioso incluso si se tratara de un cometa normal?”.

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