¿Cómo las variantes de los virus reciben sus nombres? Expertos proponen una forma alternativa para evitar confusiones y estigmatizaciones

Las nomenclaturas que se utilizan para las variantes de coronavirus vienen siendo una mezcla confusa de letras y números, o van seguidas de nombres de países, lo que podría estigmatizar a las personas de dichas naciones o regiones.

Publicado 3 de junio de 2021 12:36 GMT-3
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Esta imagen de microscopio electrónico de transmisión muestra el SARS-CoV-2, el virus que causa COVID-19, extraído de un paciente en los Estados Unidos. Se observan partículas del virus emergiendo de la superficie de células cultivadas en el laboratorio. Por las puntas que posee en el borde exterior de las partículas, similares a las de una corona, el virus se ha denominado coronavirus. Imagen capturada y coloreada en los Rocky Mountain Laboratories (RML) del NIAID en Hamilton, Montana.

Fotografía de NIAID

Los nombres de las variantes de coronavirus son extraños y complicados. Por ejemplo, B.1.1.7 o P.1 serán nombres muy atinados para los virólogos y microbiólogos, pero son muy complejos para el común de la gente, que simplemente intenta identificar cuáles son las variantes que desatan más casos de COVID-19.

Ya lo dijo Salim Abdool Karim, epidemiólogo y expresidente del comité asesor de COVID-19 de Sudáfrica. Karim participó en la nomenclatura de la primera variante que se descubrió en el país: 501Y.V2, que, creando mucha confusión, también se conoce como B.1.351 y 20H / 501Y.V2.

"¿A quién le puede gustar la denominación 501Y.V2?", expresa Abdool Karim. “Decir 501Y.V2 es un fastidio. Es un nombre terrible. Nadie le pondría 501Y.V2 a su hijo".

Abdool Karim dice que es comprensible que tanta gente haya comenzado a referirse al virus como "la variante sudafricana". Pero también es uno de los muchos científicos que han criticado esta práctica, sosteniendo que es estigmatizante y, además, incorrecta.

Es por eso que la Organización Mundial de la Salud ha anunciado un nuevo sistema de denominación para las variantes del coronavirus que se cree hará más fácil su identificación para los no científicos. El organismo internacional ha asignado letras del alfabeto griego a cada una de las principales variantes que están provocando nuevas olas en todo el mundo. La primera variante registrada, la B.1.1.7 en el Reino Unido, ahora también se identificará simplemente como Alpha, mientras que la variante que Abdool Karim nombró en Sudáfrica se llamará Beta. Y así sucesivamente.

Pero, ¿por qué fue necesario cambiar el nombre de estas variantes? A continuación, te contamos cómo se suelen nombrar los virus y sus variantes, el caótico sistema de nomenclatura ad hoc que surgió durante la pandemia y el riesgo de nombrar los virus según el lugar donde fueron identificados.

¿Por qué cada nombre es importante?

Muchos virus han recibido el nombre de las regiones geográficas donde se identificaron por primera vez, como el bosque Zika en Uganda o el río Ébola en la República Democrática del Congo. Pero históricamente, esta ha sido una práctica estigmatizante para las comunidades de las que los virus derivan sus nombres.

"Sabemos por brotes pasados, epidemias y escándalos por denominaciones que estas cosas pueden tener un impacto negativo porque el virus podría ser lo único que alguien sabe sobre ese país, que la peste viene de allí", dice Emma Hodcroft, epidemióloga molecular de la Universidad de Berna en Suiza. "Por eso la comunidad científica está interesada en evitar el uso de nombres geográficos".

En 2015, la OMS incluso publicó una guía para nombrar enfermedades infecciosas que desaconsejaba el uso de ubicaciones geográficas, nombres humanos o especies animales. El año pasado, el organismo también evitó deliberadamente cualquier referencia a China o Wuhan cuando nombró a la COVID-19, que significa enfermedad por coronavirus 2019.

Pero Alexandre "Sasha" White, profesor asistente de historia de la medicina y la sociología en la Universidad Johns Hopkins, señala que esto no ha impedido que se intensifique el sentimiento antiasiático en el último año, sobre todo, gracias a personajes como el ex presidente de los Estados Unidos Donald Trump, quien se refirió repetidamente al SARS-CoV-2 como el " virus chino " o "virus de Wuhan".

“No tengo ninguna duda de que la conexión entre la COVID-19 y China y el estigma que eso se ha creado, lamentablemente, ha aumentado los delitos de odio contra los asiáticos en todo el mundo”, comenta. Y no se trata de un fenómeno nuevo. La propagación de enfermedades infecciosas ha sido un poderoso motivo para justificar el racismo y la xenofobia durante siglos.

Pero también existe un argumento científico para no usar nombres geográficos: según señalan los científicos, los nombres son muchas veces engañosos o totalmente inexactos.

Los expertos no pueden asegurar dónde se originó realmente la llamada variante sudafricana. Se sabe que se identificó por primera vez en Sudáfrica, pero aún no se ha encontrado el paciente cero. Es posible que Sudáfrica haya sido el primer país en identificar la variante porque estaba haciendo más secuenciación genética que otros países.

Abdool Karim agrega que la denominación es desacertada porque la variante se ha extendido por todo el mundo y ahora es más frecuente en lugares como Estados Unidos que en Sudáfrica. "Ahí se comprueba que es ridículo llamarla la variante sudafricana", dice.

El uso de un nombre inexacto tiene consecuencias concretas, como la prohibición estadounidense de viajar desde Sudáfrica, Brasil y el Reino Unido a principios de este año. Los efectos también pueden ser duraderos. Ha pasado más de un siglo desde que la pandemia de influenza de 1918 arrasó en el mundo y, aunque los primeros casos se registraron en los EE. UU., Hodcroft señala que muchas personas todavía creen que se originó en España porque se hizo ampliamente conocida como la gripe española.

¿Cómo un virus recibe su nombre?

Si bien la OMS se encarga de nombrar las enfermedades, los nombres de los virus son responsabilidad de un grupo de virólogos y filogenéticos que forman parte del Comité Internacional de Taxonomía de Virus (ICTV, por sus siglas en inglés).

En febrero de 2020, el ICTV rebautizó al denominado nuevo coronavirus de 2019 con el nombre SARS-CoV-2, que significa síndrome respiratorio agudo severo coronavirus 2. Stanley Perlman, microbiólogo de la Universidad de Iowa y miembro del grupo de estudio de coronavirus de la ICTV, explica que el grupo eligió el nuevo nombre porque la estructura genética del virus era muy parecida a la del virus SARS-CoV, que causó el brote de SARS en 2003.

Pero teniendo en cuenta la cantidad de patógenos en todo el mundo, el ICTV solo nombra virus a nivel especie y rangos superiores. Por lo tanto, el proceso para nombrar variantes comienza de manera mucho más informal entre los científicos, y varía de un patógeno a otro, dice Hodcroft.

“No hay un manual sobre cómo nombrar a un patógeno”, sostiene. Básicamente, los científicos inventan un nombre y ven si la comunidad científica lo adopta o si surge algún otro nombre con más fuerza.

Una de las típicas formas de clasificar un virus es por sus antígenos, una parte del virus que provoca una respuesta inmune y cuyas mutaciones son muy importantes.

La influenza A, por ejemplo, tiene dos antígenos principales, conocidos como H (que significa hemaglutinina) y N (que significa neuraminidasa). Cada vez que esos antígenos mutan, se les asigna un nuevo número, de ahí el nombre H1N1 para el subtipo de influenza pandémica más devastadora. El virus tiene 18 mutaciones H diferentes y 11 mutaciones N diferentes que pueden mezclarse y formar 198 combinaciones potenciales, aunque en la naturaleza solo se han identificado 131 subtipos.

“Estos virus mutan todo el tiempo, por lo que no podemos darles a todos un nuevo nombre. Se les da un nombre nuevo solo cuando cambian un antígeno significativo”, explica Abdool Karim

El SARS-CoV-2, el virus que causa la COVID-19, está mutando muy rápidamente y de muchas maneras tanto benignas como peligrosas, lo que, según Perlman, requiere de "un sistema de nomenclatura muy complejo". El problema es que los científicos han tenido que elaborarlo sobre la marcha, y han ideado varios sistemas diferentes, cada uno con un uso distinto.

El caos de las variantes del SARS-CoV-2

En noviembre de 2020, investigadores de Sudáfrica secuenciaron una variante nueva y más contagiosa del SARS-CoV-2, que comprendía una mutación N501Y que revelaba una mayor adherencia de la proteína S a las células humanas. Esta mutación reemplaza el aminoácido asparagina (N), que se encuentra típicamente en la posición 501 de la proteína S, con tirosina (Y). Pero antes de poder anunciar la variante públicamente, los investigadores primero necesitaban darle un nombre.

“Mientras tomábamos una taza de té, decidimos nombrarla 501Y.V2”, cuenta Abdool Karim. La primera parte del nombre representa la mutación más significativa del virus, mientras que V2 simplemente significa que es la segunda variante identificada con esa mutación en particular. (La variante que se descubrió en el Reino Unido es 501Y.V1 y la variante descubierta en Brasil es 501Y.V3).

Pero ese no es el único nombre que recibe la variante. Desde el comienzo de la pandemia, han surgido varios sistemas de nombres, siendo Nextstrain y Pango los principales. Si bien tener más de un sistema de clasificación de variantes puede parecer un exceso, para los científicos es útil ya que disponen de diferentes formas de analizar el árbol genealógico del SARS-CoV-2.

Hodcroft comenta que el sistema Nextstrain, en el cual colaboró, sirve para estudiar los patrones más amplios en el árbol genealógico del virus asignándoles nombres a los principales grupos genéticos, o clados, del virus. Utiliza nombres simples basados en el año en que se identificó el clado, y una letra que se establece en orden alfabético. El clado raíz en el sistema es 19A, y representa los virus que predominaban en China al comienzo del brote.

Sin embargo, Hodcroft señala que las limitaciones del sistema de Nextstrain saltaron a la luz cuando variantes como la 501Y.V2 comenzaron a generar brotes regionales. Aunque aún no se habían extendido lo suficiente como para formar su propio clado, era necesario identificar estas variantes. Por lo tanto, en este sistema, la variante de preocupación que se identificó en Sudáfrica ahora se denomina 20H / 501Y.V2.

"Lo que pasa es que no disponemos de ningún sistema para esto", comenta Abdool Karim. “Se va gestando a medida que avanzamos. Si aprendemos algo nuevo, lo modificamos".

Por otro lado, Pango adopta un enfoque detallado del árbol genealógico del SARS-CoV-2 y se ha convertido en el sistema más utilizado, ya que es útil para rastrear brotes locales. Este sistema tiene cientos de linajes, y está diseñado para reflejar cómo ha evolucionado el virus a lo largo de cada nuevo brote. Determina nuevos linajes no solo en función de mutaciones significativas, sino también de otros eventos epidemiológicos, como podría ser el salto del virus de un lugar a otro.

“El principio fundamental es que los nombres del linaje representen orden ascendente y descendente”, comenta Oliver Pybus, biólogo evolutivo de la Universidad de Oxford que ayudó a diseñar el sistema Pango.

Pybus explica que, básicamente, cada linaje de Pango puede leerse como un árbol genealógico. Los primeros virus que circularon en China se denominan linajes A o B. A medida que evolucionaron y se extendieron por todo el mundo, sus descendientes se designaron con una serie de números. Por ejemplo, B.1 incluye el brote en el norte de Italia a principios de 2020 y es el primer descendiente del linaje B que se nombró. Mientras tanto, la variante de preocupación identificada en Sudáfrica, la B.1.351, es la 351a descendiente del virus que causó ese brote en Italia.

Para que estos nombres no se vuelvan demasiado complicados, cada linaje de Pango solo puede tener hasta tres puntos. Si el virus cambia significativamente y supera los tres puntos, se establece un nuevo linaje con una letra diferente del alfabeto. Es por eso que la variante que se identificó por primera vez en Brasil se llama P.2 aunque es descendiente del linaje B.1.1.28.

¿Sigue siendo confuso? Lo que pasa es que estos sistemas de nombres no están diseñados para ser recordados fácilmente, sino para brindarles a los científicos un lenguaje común en el que puedan discutir e investigar la evolución del SARS-CoV-2.

“Como científicos, estamos bastante acostumbrados a este tipo de nombres complicados”, dice Hodcroft. "Nos encanta dividir todo y asignar nombres".

Las variantes de los virus no suelen encabezar los principales titulares del país. Pero hoy, que algunas de estas variantes están avivando la pandemia y son cada vez más frecuentes en los noticieros, según Hodcroft, se debe implementar un sistema para que los no científicos también puedan identificarlas, sin tener que recurrir a los nombres geográficos.

Desarrollar un nuevo sistema de nomenclaturas

Por todas estas razones, la OMS decidió desarrollar otro sistema de nombres para las variantes de virus más preocupantes. Se convocó a un grupo de virólogos y científicos con experiencia en la denominación de microbios, y se les pidió que crearan “nombres fáciles de pronunciar y no estigmatizantes”. El grupo recomendó usar letras del alfabeto griego.

Abdool Karim, a quien se consultó sobre el nuevo sistema, dijo en una entrevista previa al anuncio que se trataba de una propuesta interesante que evitaría usar una maraña de letras y números. "Me pareció una muy buena idea", expresa.

En vez de cambiar el nombre de cada mutación del virus, el sistema de la OMS se aplica a las cuatro variantes de preocupación, variantes que los científicos han considerado más virulentas, contagiosas o contra las que las vacunas o terapias tienen una baja efectividad. Además de las denominaciones Alfa y Beta para las variantes descubiertas respectivamente en el Reino Unido y Sudáfrica, la variante descubierta por primera vez en Brasil ahora también se conoce como Gamma y la variante encontrada en India se ha denominado Delta.

El nuevo sistema también ha asignado letras del alfabeto griego a seis variantes de interés, vinculadas a casos locales o detectadas en varios países. Estas variantes se denominaron Epsilon, Zeta, Eta, Theta, Iota y Kappa.

Aunque los científicos seguirán usando sistemas como Nextstrain y Pango, la OMS espera que, con su nuevo sistema, la población pueda identificar las mutaciones del virus que amenazan a sus comunidades. En un comunicado, pidió a los gobiernos, los medios de comunicación y otras instituciones que adoptaran las nuevas denominaciones.

Sin embargo, ahora el desafío será lograr que el público general utilice estos nombres en vez del nombre geográfico de la variante. En una entrevista realizada antes de este anuncio, Hodcroft contó que la forma en que la OMS ideó el nuevo sistema de nombres para las variantes podría ser de gran ayuda: si el organismo pudiera reunir a un grupo de virólogos y conseguir que se comprometan a usar estos nombres siempre que comuniquen algo públicamente, es mucho más factible que la comunidad científica y el resto del mundo adopten el nuevo sistema.

De todas formas, Abdool Karim señala que los científicos han aprendido una lección importante que les servirá para una futura pandemia. “Nos dimos cuenta de que es necesario tener un sistema de nomenclatura disponible de antemano”, dice Abdool Karim. "La próxima vez, seremos proactivos".

Nota del editor: esta nota se ha actualizado con el anuncio del nuevo sistema de la OMS para nombrar a las variantes de los virus. Se publicó originalmente el 20 de abril de 2021.

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