Un árbol fosilizado de 10 millones de años ofrece indicios sobre cómo fueron los Andes peruanos en la antigüedad

La paleontóloga y exploradora de National Geographic Camila Martínez estimó cambios en la altura y las precipitaciones en el Altiplano a partir de un estudio sobre vegetación fosilizada. ¿Cómo influye la elevación de las montañas en el clima de la región?

Publicado 31 de agosto de 2020 10:38 GMT-3
Árbol fósil del Mioceno de la familia Fabaceae (leguminosas). Con afinidad al género fósil Andiroxylon. Se ...

Árbol fósil del Mioceno de la familia Fabaceae (leguminosas). Con afinidad al género fósil Andiroxylon. Se estima que este árbol llegó a medir casi 30 metros de altura. Árbol excavado por Florentino Tunquipa. Poblado de San Miguel, Provincia de Espinar, Departamento de Cusco, Perú.

Fotografía de Rodolfo Salas

Camila Martínez, investigadora colombiana especializada en el campo de la paleobotánica, en pleno trabajo de campo.

Fotografía de Federico Moreno

“A pesar de haber nacido en la ciudad de Bogotá, Colombia, en medio de la majestuosa cordillera de los Andes, casi nunca, ni yo, ni los habitantes de esta región nos detenemos a pensar por qué existen estas montañas, cuándo y cómo surgieron, y qué implicaciones tienen en nuestra vida diaria”, reconoce la paleontóloga colombiana especialista en botánica Camila Martínez. Sin embargo, para esta exploradora de National Geographic, llegó el día de no solo hacerse esas preguntas, sino también de encontrar algunas respuestas.

Mientras que las montañas aparecen en la vida diaria como imponentes elementos estáticos del paisaje natural, lo cierto es que en términos geológicos son protagonistas de importantes movimientos que realiza la Tierra. “La cordillera de los Andes aún hoy continúa elevándose. Su gran extensión y altura, constituyen una barrera determinante en el clima de Sudamérica y en la distribución y la diversidad, no solo de las especies andinas sino también de las amazónicas”, explica Martínez.

El lugar indicado

Tal como cuenta la paleontóloga, un sitio “ideal” para estudiar el levantamiento de los Andes es la gran meseta central andina. “Se trata de una gran altiplanicie ubicada a más o menos 4000 metros sobre el nivel del mar, es compartida entre Perú y Bolivia, y dominada por extensos pastizales, temperaturas bajas y vientos muy fuertes, y cuyo ecosistema es denominado la puna. Allí, las rocas y los fósiles contienen información única para entender el levantamiento de los Andes”, explica.

Área de conservación regional Tres Cañones, Provincia de Espinar, Departamento de Cusco, Perú. Los cañones resguardan del viento a la vegetación y permiten el crecimiento de arbustos del género Polylepis.

Fotografía de Camila Martínez

Con esa idea en mente y siguiendo las recomendaciones del palinólogo colombiano y explorador de National Geographic Carlos Jaramillo (co-autor del estudio), la paleontóloga experta en botánica junto a un grupo de investigadores y estudiantes de varias nacionalidades viajaron a la región – específicamente al norte del Altiplano, en la provincia de Cusco – para recolectar cientos de fósiles de plantas que incluyeron polen, madera y hojas.

“Una vez que los fósiles nos demostraron de qué tipo de grupos de plantas se trataban, fuimos a buscar en qué condiciones esas plantas viven hoy en día. De esa manera, pudimos saber cuál tendría que haber sido la elevación y la precipitación de la zona. Los fósiles de plantas nos permiten viajar en el tiempo y reconstruir los ecosistemas y climas pasados”, reconoce Martínez y nos invita a entrar a las dos diferentes ventanas de tiempo a las que logró acceder.

“Los fósiles de plantas nos permiten viajar en el tiempo y reconstruir los ecosistemas y climas pasados.”

Por: Camila Martínez
Paleontóloga y exploradora de National Geographic

¿Qué pasaba hace unos 10 millones de años?

“Cuando estás en esta zona, después de caminar 100 metros te quedas prácticamente sin aliento, porque el aire tiene muy poco oxígeno”, admite la investigadora, quien no esperaba hallar lo que finalmente encontró con su equipo.

Al iniciar la investigación, les habían explicado a los habitantes de la región que estaban buscando plantas fósiles. Ellos se interesaron y los acompañaron a ver algo que habían encontrado excavando en el terreno.

Árbol fósil del Mioceno de la familia Fabaceae (leguminosas). Con afinidad al género fósil Andiroxylon. Se estima que este árbol llegó a medir casi 30 metros de altura. Árbol excavado por Florentino Tunquipa. Poblado de San Miguel, Provincia de Espinar, Departamento de Cusco, Perú. 

Fotografía de Carlos Jaramillo

“Quedamos muy impactados por hallar un árbol tan grande en el lugar. Después de los estudios pudimos concluir que se trataba de un árbol fosilizado de unos 10 millones de años, lo que hace casi treinta veces más viejo que nuestra especie, sentencia Martínez.

Sin embargo, también explica que este sitio es frío y seco, con una amplia variación térmica que puede ir de unos -5 o -10 grados centígrados por la noche a unos 20 grados centígrados durante el día. Entonces, ¿cómo es que este tipo de vegetación puedo haber llegado allí si la temperatura nocturna y las condiciones climáticas hubiesen hecho imposible que ahí mismo crecieran?

Luego de analizar este y otros restos fósiles de plantas halladas en el lugar -cuyos resultados finales fueron publicados en la revista científica Science Advances-, llegaron a la conclusión que los restos más viejos pertenecían a especies que se generan en ambientes más húmedos (entre unos 1265–2077 milímetros) y menos elevados (a unos 2000 metros de altura). Por lo tanto, esta vegetación que existió entre unos 18 y 9 millones de años atrás, durante el Mioceno, pudo sobrevivir aquí porque el terreno aún no se había elevado tanto. Para ese entonces, el bosque de montaña sería muy diferente al que se ve ahora y tendría una combinación de especies propias de otros ecosistemas.

¿Y hace 5 millones de años?

En la recolección de materiales fosilizados en la región los investigadores también hallaron huellas de vegetación correspondiente al Pilioceno, de más o menos unos 5 millones de años atrás. “Esto nos permitió concluir que desde ese entonces la elevación, la vegetación y el clima son similares a los actuales. No obstante, antes era menos seco y muchas más especies de helechos lograban sobrevivir”, aclara la paleontóloga.

Para Martínez, una de las conclusiones más destacadas a las que le permitían llegar las plantas fosilizadas de cada uno de los períodos etarios es que hay “evidencia clara de que en tan solo 4 millones de años la elevación del lugar había cambiado casi unos 2000 metros y con ello, se habían modificado la vegetación y el clima, que antes no era solo más cálido, sino casi tres veces más húmedo de lo que es hoy en día”.

Según explica la paleontóloga, la cordillera de los Andes se está levantando actualmente porque la placa oceánica Nazca está chocando con la placa continental Sudamericana. Al ser las placas oceánicas más delgadas que las continentales, las primeras empiezan a sumergirse mientras que las segundas se elevan. “Los fósiles más jóvenes que encontramos se depositaron allí cuando la cordillera ya había alcanzado la elevación actual. Por eso, las hojas y polen que encontramos se parecen mucho a las que se encuentran hoy en día en la Puna; la única diferencia es que se ven más helechos por lo que se estima que tiempo antes llovía un poco más”, explica Martínez.

Así que, ya sabes, la próxima vez que contemples una montaña y te asombres de su belleza e imponencia, recuerda que por más que parezcan inquebrantables son protagonistas esenciales de un planeta en constate movimiento.  

Cañon de río atravesando depósitos volcánicos. Área de conservación regional Tres Cañones, Provincia de Espinar, Departamento de Cusco, Perú.

Fotografía de Camila Martínez

PARTICIPANTES DEL PROYECTO:

  • Camila Martínez, Ph.D. Paleobotánica colombiana. Lideró la escritura del artículo. Análisis de muestras de maderas. Diseño conceptual del proyecto. Integra el Plant Biology Section, School of Integrative Plant Sciences, Cornell University, NY, USA y el Smithsonian Tropical Research Institute, Panama.
  • Carlos Jaramillo, Ph.D. Palinólogo colombiano. Lideró la exploración del área. Diseño conceptual del proyecto y escritura del artículo. Integra el Smithsonian Tropical Research Institute, Panama y el ISEM, U. Montpellier, CNRS, EPHE, IRD, Montpellier, France.
  • Alex Correa-Metrío, Ph.D. Palinólogo colombiano. Análisis paleoclimáticos. Integra el Instituto de Geología, Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México, México.
  • William Crepet, Ph.D. Paleobotánico estadounidense. Diseño conceptual del proyecto. Integra Plant Biology Section, School of Integrative Plant Sciences, Cornell University, NY, USA.
  • J. Enrique Moreno, B.Sc. Palinólogo colombiano. Análisis muestras de polen y esporas. Integra el Smithsonian Tropical Research Institute, Panama.
  • Angélica Aliaga, B.Sc. Paleontóloga peruana. Análisis muestras de hojas. Integra el Departamento de Paleontología de Vertebrados, Museo de Historia Natural Lima­ UNMSM, Lima, Perú.
  • Federico Moreno, Ph.D. Geólogo colombiano. Análisis estratigráficos y de datación radiométrica. Integra el Earth & Environmental Sciences, University of Rochester, Rochester, NY, USA.
  • Mauricio Ibáñez-Mejía, Ph.D. Geólogo colombiano. Análisis de datación radiométrica. Integra el Earth & Environmental Sciences, University of Rochester, Rochester, NY, USA.
  • Mark B. Bush, Ph.D. Palinólogo estadounidense. Análisis paleoclimáticos. Integra el Ocean Engineering and Marine Sciences, Florida Institute of Technology, FL, USA.
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