Tiempos de pandemia: cómo afecta el coronavirus a la comunidad Shipibo-Conibo en Lima, Perú

La fotógrafa y exploradora de National Geographic Florence Goupil, se adentró en la comunidad nativa asentada en la zona urbana de la Isla de Cantagallo y muestra cómo sus miembros hacen frente al COVID-19 con su medicina tradicional.

jueves, 21 de mayo de 2020,
Por Redacción National Geographic
Fotografías de Florence Goupil
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"Juan Agustín (43) también es conocido en su lengua nativa como Rishin Bea. El pasado lunes 11 de mayo, Juan Agustín perdió a su sobrino, que murió con los síntomas de COVID-19. Juan estaba triste por no poder llevar a cabo un ritual funerario para el difunto como es la tradición en la cultura Shipibo-Conibo. Considera que el protocolo sanitario impuesto por el gobierno peruano no tiene en cuenta la cosmovisión de los pueblos indígenas", Florence Goupil - 9 de abril de 2020.

Fotografía de Florence Goupil

Nota del editor: Este trabajo fue apoyado por el Fondo de Emergencia para Periodistas de National Geographic Society.

“Como quien se maravilla por la esporádica visita de un colibrí en el desierto, así conocí a Gabriel Senencina. Una tarde visitaba a un vecino cuando, al pasar a su sala, me encontré con un hombre de cabello largo, negro y mirada profunda sentado en el sillón. Un Shipibo-Conibo que me presentó primero a su comunidad indígena en la Isla de Cantagallo en Lima, para luego invitarme a conocer los secretos de su pueblo", relata Florence Goupil sobre el momento en el que entendió que dentro del mundo también habitan otros mundos.

Esta fotógrafa y exploradora de National Geographic, empezó a frecuentar la comunidad asentada en el territorio urbano conocido como la Isla de Cantagallo hace casi 10 años. Al igual que Gabriel, muchas familias dejaron su bosque amazónico natal para migrar a la gran ciudad en busca de nuevas oportunidades en la década de 1990.

“Hoy enfrentan una situación muy peligrosa ya que entre el 70% y 80% de sus habitantes están infectados con COVID-19”, asegura la exploradora, quien también aclara que aunque este pueblo se encuentra en el centro urbano de la ciudad, no tiene acceso al agua potable, a los servicios básicos o a la salud pública, y sus integrantes no están pudiendo cumplir con sus trabajos ambulatorios que son su fuente de ingresos.

Después de haberse diseminado por distintos rincones del mundo, el coronavirus tocó las puertas de Latinoamérica, aproximadamente, a comienzos de marzo. El día 16 de dicho mes y por decisión del gobierno del país, Perú entró en Estado de Emergencia Nacional con un llamado a la cuarentena obligatoria.

“Durante dos meses, más de 300 familias han resistido al virus con el cuidadoso uso de sus medicinas tradicionales (a base de plantas), encontrando refugio en su origen”, destaca Goupil. Sin embargo, también aclara que no es que la comunidad se oponga totalmente al uso de la medicina moderna, solo que por su visión y forma de curarse, se niegan a ser entubados en máquinas respiratorias.

Cabe destacar que -si bien médicos, investigadores y laboratorios alrededor del mundo han realizado pruebas con distintos medicamentos, drogas o tratamientos-, hasta el momento, ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) ni la comunidad científica internacional en su conjunto han publicado algún informe oficial que confirme el uso de cualquier remedio o vacuna que permita prevenir o curar el virus del SARS-CoV-2.

Mientras la humanidad se mantiene expectante ante la llegada de ese anuncio, países como Perú siguen siendo golpeados con el dolor de cada víctima fatal. Hasta el momento de publicación de esta nota, y según cifras oficiales, esta nación latinoamericana alcanza un total de más de 100.000 contagiados y más de 3.000 fallecidos.

Ante el avance feroz del virus y después de lamentar dos muertes en la comunidad, el pasado 12 de mayo llegaron a la Isla de Cantagallo representantes de la sanidad pública para realizar testeos rápidos de COVID-19 y fuerzas de seguridad que se mantienen en el lugar para controlar el cumplimiento de la cuarentena. Según las fuentes locales a las que tuvo acceso la exploradora, “el gobierno les propuso, a los casos más graves, llevárselos a un aislamiento en un complejo habitacional que han dispuesto para la gente que está más complicada pero ningún indígena aceptó por temor a no regresar”. 

En este contexto, Goupil se adentró en la comunidad con su cámara fotográfica a los fines de documentar la realidad que viven los Shipibo-Conibo. Este trabajo, que recibió el apoyo del Fondo de Emergencia para Periodistas de National Geographic Society, se ha titulado: “La Isla de Cantagallo. Una comunidad indígena se protege con plantas medicinales contra el Covid-19”.

Sobre esta experiencia, la exploradora concluye: "Desde que los Shipibo-Conibo migraron de la selva amazónica, han logrado adaptarse a la vida urbana, preservando al mismo tiempo sus tradiciones indígenas y su cosmología. En el actual estado de emergencia para evitar la propagación del COVID-19, han tomado muy en serio todas las medidas preventivas. Por un lado, han seguido las instrucciones de aislamiento social así como las pruebas para descartar el COVID-19 (testeos realizados por sanidad pública). Por otro lado, se cuidan con esencias de plantas y recetas originales de su bosque amazónico nativo. De esta manera, creo yo, han unido los dos mundos".