Animales

¿Su perro lo comería si usted se muriera? Infórmese de la situación

Después de leer esto, podría mirar de diferente modo a su querida Lola o Toby. Miércoles, 13 Diciembre

Por Erika Engelhaupt

En 1997, un perito forense de Berlín informó uno de sus casos más inusuales en la revista Forensic Science International. Un hombre de 31 años se había retirado durante la noche a la caseta que quedaba detrás de la casa de su madre, donde vivía con su pastor alemán. Cerca de las 8:15 PM., los vecinos escucharon un disparo que provenía de la caseta.

Cuarenta y cinco minutos después, la madre del hombre y los vecinos lo encontraron muerto de una herida de bala en la boca, una pistola Walther bajo sus manos y una nota de despedida sobre una mesa. La mayoría de su rostro y cuello ya no estaba y había marcas de dientes alrededor de los bordes de las heridas. En el suelo, había un bol con alimento para perro por la mitad.

El pastor alemán estaba tranquilo y respondía a las órdenes de la policía. De camino a un refugio de animales, el perro vomitó algo del tejido de su dueño, que incluía piel con cabello de la barba que todavía se podía reconocer.

Nadie realiza un seguimiento de la frecuencia con que las mascotas hurgan en los cuerpos muertos de sus dueños buscando comida pero, durante los últimos 20 años aproximadamente, han aparecido decenas de este tipo de casos en la revista forense, y son la mejor ventana que 

tenemos para ver una situación temida por los dueños de mascotas: morir solos y ser comidos.

Analicé aproximadamente 20 de estos casos publicados, junto con un estudio de 2015 que reunió 63 casos de animales que hurgaban para buscar alimentos puertas adentro. Algunos de los patrones son sorprendentes y dan lugar a preguntas fascinantes sobre por qué las mascotas podrían verse motivadas a comerse a los muertos.

A continuación se incluyen algunos de los preconceptos más comunes sobre el comportamiento de las mascotas luego de la muerte de sus dueños y qué revelan las pruebas forenses disponibles.

Debe haber sido el gato

Los gatos tienen mala reputación por ser los más ávidos por comerse a sus dueños y, como dato anecdótico, algunos funcionarios de emergencias dicen que es muy común que esto suceda. Cuando pasa, los gatos tienden a atacar primero el rostro, en especial las partes blandas como la nariz y los labios, comenta la antropóloga forense Carolyn Rando de la University College London.

“Como dueña de un gato, no me sorprende”, comenta. “Si está durmiendo, tienden a golpearle la cara para despertarlo”.

En otro caso publicado en 2010 en el Journal of Forensic and Legal Medicine, se informó sobre una mujer que había muerto por un aneurisma y fue encontrada a la mañana siguiente en el piso del baño. Los exámenes forenses revelaron que su perro había comido la mayor parte de su rostro, y sus dos gatos no la habían tocado.

Entre los casos publicados en las revistas forenses, la mayoría de ellos en que los animales hurgan en sus dueños muertos para buscar alimento incluyen perros, aunque esto quizás se deba en parte a que los científicos forenses se ven más sorprendidos por el comportamiento cuando lo ven.

Hipótesis de apetito

“Los perros descienden de los lobos”, explica Stanley Coren, psicólogo, autor de libros y presentador de programas de televisión sobre perros. “Si nos enfrentamos a una situación en que el dueño muere y no hay ninguna fuente de alimento, ¿qué van a hacer? Se van a comer la primera carne que encuentren cerca”.

En algunos casos, es evidente que los animales estuvieron buscando alimento para poder sobrevivir. En un informe de 2007, un perro cruza de chow y labrador sobrevivió casi un mes luego de consumir el cuerpo de su dueño, dejando solo la parte superior del cráneo y un montón de astillas de hueso.

Sin embargo, en el caso de 1997, el pastor alemán comenzó a comerse partes de su dueño apenas después de su muerte.

“Es interesante tener en cuenta las razones de la falta de motivación de las mascotas que de otro modo tienen un buen comportamiento y no muestran avidez por mutilar el cuerpo muerto de sus dueños con tanta rapidez”, escribió el perito forense, Markus Rothschild.

En el 24 por ciento de los casos de la revisión de 2015, que todos incluían perros, pasó menos de un día antes de que se encontrara el cuerpo parcialmente comido. Incluso, algunos de los perros tenían acceso a su comida habitual que no habían tocado.

El patrón de hurgar para buscar alimento tampoco coincidió con el comportamiento alimenticio de los caninos en estado salvaje. Cuando los perros se comieron a sus dueños muertos puertas adentro, el 73 por ciento de los casos implicó mordidas en el rostro, y solo un 15 por ciento tenía mordidas en el abdomen. 

Por el contrario, los caninos que hurgan para buscar alimento fuera de sus casas siguen un patrón bien documentado, que implica abrir el pecho y el abdomen para alimentarse de los órganos ricos en nutrientes primero y luego las extremidades. Solo el 10 por ciento de estos casos incluye heridas en la cabeza.

¿Perros malos?

Uno tiende a pensar que si está cerca de su perro y lo ha tratado bien, este no será su destino en caso de que muera.

Sin embargo, el comportamiento de los perros no es tan simple. Ninguno de los estudios de caso que vi indicó antecedentes de abuso animal. Por el contrario, en varios informes se mencionó que los dueños tenían una muy buena relación con sus perros, según los amigos y vecinos.

Más bien, habría que tener en cuenta el estado psicológico de la mascota: “Una explicación posible para dicho comportamiento es que una mascota intentará ayudar a su dueño inconsciente primero lamiéndolo o dándole pequeños empujoncitos para animarlo”, escribe Rothschild en su informe, “pero al no obtener ningún resultado, el comportamiento del animal se puede volver más frenético y, en estado de pánico, puede llevarlo a morderlo”.

Luego de haberlo mordido, hay un solo paso para comérselo, dice Rando: “Así que no es necesario que el perro quiera comer, pero las ganas de comer se estimulan cuando prueban el sabor de la sangre”.

La raza importa

Las diferentes razas de perros tienen diferentes temperamentos, agrega Rando, lo que podría jugar un papel importante en la forma en que responde el animal a la muerte de su dueño. Sin embargo, muchos tipos de perro terminan en los informes forenses de animales que buscan alimento en los cuerpos muertos de sus dueños, que incluyen a los amorosos labradores y los golden retrievers.

Los casos que leí incluían una cruza de perros sin pedigrí, así como varios perros de caza o trabajo. En general, la mayoría de los perros era de un tamaño medio a grande y el beagle era la raza de perros más pequeña con este tipo de comportamiento en los informes. Sin embargo, los perros más grandes y poderosos pueden hacer más daño, así que esos casos podrían ser más propensos a llegar a pasar a la categoría de casos notorios.

Por ejemplo, en tres casos diferentes, los dueños muertos fueron comidos al punto de quedar decapitados, y todos incluían pastores alemanes. Incluso, según lo que sabemos, un pomerania o chihuahua arrancaría una cabeza si pudiera.

Rando sospecha que el temperamento de un perro individual podría importar más (un perro inseguro, con miedo, que habitualmente muestre signos de ansiedad por separación podría ser más propenso de pasar de una lamida frenética a morder para comer).

¿Entonces qué hacemos?

No existe ninguna garantía de que su mascota no lo coma si usted se muere, excepto no tener ninguna mascota. Incluso, se informaron casos de hámsteres y aves que habían hurgado en sus dueños muertos para conseguir alimento.

La mejor forma de que los dueños disminuyan esta posibilidad, dice Rando, es asegurarse de contar con gente que se preocupe por usted si no tiene noticias suyas. Y, si tiene vecinos que son mayores que están enfermos o son vulnerables, debería verificar que estén bien con regularidad.

“Es un buen motivo para asegurarse de tener personas cerca suyo”, comenta. “La actividad social cuando se llega a la vejez es buena para todos”.

Erika Engelhaupt es periodista científica y editora. Escribe el blog Gory Details en National Geographic.

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Artículo original publicado el 23 de junio de 2017.

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