Medio Ambiente

¿La Amazonía produce realmente el 20% del oxígeno del planeta?

El dato circuló en medios y redes sociales en los últimos días. Hay muchas razones por las que preocuparse por los cientos de incendios ardiendo en la selva más grande del mundo; pero el suministro de oxígeno no es una de ellas.jueves, 29 de agosto de 2019

Por Katarina Zimmer
Vista aérea de la Amazonía cerca de Porto Velho, en el estado de Rondonia, Brasil, el 21 de agosto de 2019.

La semana pasada, a medida que las noticias sobre los incendios desatando su furia en la Amazonía se difundían por el mundo, también lo hacía una afirmación errónea, pero repetida a menudo, sobre la importancia del bosque tropical: que produce el 20 por ciento del oxígeno del mundo.

Esta afirmación aparece en noticias de varias cadenas televisivas y en publicaciones en redes sociales de políticos y celebridades.

Algunos creen que esta declaración significa que estamos al borde de poner en peligro el suministro de oxígeno del mundo. 

No obstante, ese número, que le dio a la selva el título de “pulmones del planeta”, es una gran sobrevaloración. Como han señalado varios científicos en los últimos días, es probable que la contribución neta de la Amazonía al oxígeno que respiramos ronde el cero.

“Hay varias razones para querer dejar la Amazonía intacta, solo que el oxígeno no es una de ellas”, comenta Michael Coe, científico de sistemas terrestres y quien dirige el programa de la Amazonía en el Centro de Investigación Woods Hole en Massachusetts.

Físicamente imposible

Según Coe, la afirmación “no tiene sentido físicamente” ya que, simplemente, no hay suficiente cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera para que los árboles hagan la fotosíntesis de una quinta parte del oxígeno del planeta.

Piénsalo: por cada grupo de moléculas de dióxido de carbono que los árboles sacan del aire, expulsan hacia afuera un número similar de moléculas de oxígeno. Y dado que la atmósfera contiene menos de medio punto porcentual de dióxido de carbono, pero un 21 por ciento de oxígeno, no es posible que la Amazonía genere tanto oxígeno.

Varios científicos han presentado cálculos más precisos. Yadvinder Malhi, ecólogo de ecosistema del Instituto de Cambio Ambiental de la Universidad de Oxford, basa sus cálculos en un estudio del 2010 que estima que los bosques tropicales son responsables de alrededor del 34 por ciento de la fotosíntesis que se da en la tierra. Dado su tamaño, la Amazonía es responsable de aproximadamente la mitad de eso. Eso significaría que la Amazonía genera alrededor del 16 por ciento del oxígeno producido en tierra, explica Malhi, quien detalló sus cálculos en una reciente entrada de blog.

Ese porcentaje desciende a un 9 por ciento cuando consideramos el oxígeno producido por el fitoplancton del océano. (El científico climático Jonathan Foley, quien dirige la organización sin fines de lucro Project Drawdown, la cual investiga las soluciones al cambio climático, llegó a un 6 por ciento, un cálculo un poco más conservador).

Pero esa no es la historia completa. Los árboles no solo exhalan oxígeno, también lo consumen en un proceso conocido como respiración celular, donde convierten los azúcares que acumulan durante el día en energía, usando el oxígeno para accionar el proceso. Así que, durante la noche, cuando no hay luz solar para la fotosíntesis, son absorbentes netos de oxígeno. El equipo de investigación de Malhi estima que los árboles inhalan un poco más de la mitad del oxígeno que producen. Y probablemente quienes usan el resto son los incontables microbios que viven en la Amazonía, los cuales inhalan oxígeno para romper la materia orgánica muerta del bosque.

“El efecto neto del [oxígeno] de la Amazonía, o de cualquier otro bioma, se encuentra alrededor de cero”, explica.

Dado este equilibrio entre la producción y el consumo de oxígeno, los ecosistemas modernos casi no cambian los niveles de oxígeno en la atmósfera. En cambio, el oxígeno que respiramos es el legado del fitoplancton del océano que, durante más de mil millones de años, ha acumulado oxígeno de forma constante, y esto es lo que hace que la atmósfera sea respirable, explica Scott Denning, científico atmosférico de la Universidad Estatal de Colorado.

Este oxígeno puede acumularse solo porque el plancton queda atrapado en el fondo del océano antes de poder descomponerse; de lo contrario, su descomposición dada por otros microbios podría agotar ese oxígeno. Los procesos que determinan cuánto oxígeno se encuentra en la atmósfera se da, regularmente, en plazos geológicos amplios que no están influenciados por la fotosíntesis que sucede ahora, explica Denning en un artículo en The Conversation.

La cuna de la biodiversidad

No obstante, el mito del 20 por ciento ha estado en el aire por décadas, aunque no se sabe dónde se originó. Malhi y Coe creen que surge del hecho que la Amazonía contribuye con alrededor del 20 por ciento del oxígeno producido por la fotosíntesis en tierra; y puede ser que esta afirmación haya confundido el pensamiento público y lo haya llevado erróneamente al “20 por ciento del oxígeno en la atmósfera”.

Obviamente, nada de esto significa que la Amazonía no es importante. En su estado prístino, contribuye de manera significativa a sacar el dióxido de carbono de la atmósfera. Coe no lo compara con pulmones sino con un aire acondicionado gigante que enfría el planeta, uno de los más poderosos que tenemos para mitigar el cambio climático, junto con otros bosques tropicales en África central y Asia, algunos de los cuales están, actualmente, en llamas.

La Amazonía también desempeña una función importante en estabilizar los ciclos de lluvia en América del Sur y es el hogar principal de comunidades indígenas, así como también de incontables especies de animales y plantas.

“Muy pocas personas hablan de biodiversidad, pero la Amazonía es el ecosistema más diverso de la tierra, y el cambio climático y la deforestación están haciendo peligrar esa riqueza”, menciona el científico climático Carlos Nobre del Instituto de Estudios Superiores de la Universidad de San Pablo.

Dada su importancia para el mundo, la Amazonía podría también ser un par de pulmones metafóricamente hablando, y es esta analogía la que puede que haya servido de ayuda para provocar acciones contra la deforestación. Pero, para la mayoría de los investigadores, no tiene mucho sentido, más aún porque los pulmones inhalan oxígeno en vez de expulsarlo.

“Si las personas lo quieren relacionar con una parte fundamental de su cuerpo que mantiene la estabilidad y la vida, e incluso el bienestar, simbólicamente, se puede hacer algún tipo de asociación”, indica Nobre. “Pero, físicamente hablando, no son los pulmones del planeta, no”.

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