Los huracanes duran más tiempo y mantienen su fuerza, aún después de tocar tierra

Por primera vez, un estudio analiza cómo el cambio climático podría estar provocando huracanes cada vez más devastadores.

Publicado 12 de noviembre de 2020 13:39 GMT-2, Actualizado 12 de noviembre de 2020 15:45 GMT-2
Se estima que el huracán Michael en 2018, que aquí se ve como una tormenta de ...

Se estima que el huracán Michael en 2018, que aquí se ve como una tormenta de categoría 4, provocó pérdidas por un valor de $ 25.1 mil millones. Un nuevo estudio revela que hoy los huracanes permanecen más tiempo sobre la tierra, un efecto del cambio climático que podría causar más daño a las comunidades del interior.

Fotografía de NOAA

Según un estudio reciente, los huracanes estarían durando más tiempo después de tocar tierra y su impacto demoledor podrían extenderse cada vez más hacia el interior. Se trata de un efecto del cambio climático que todavía no se había investigado.

El estudio, publicado hoy en la revista Nature, revisa los huracanes que afectaron a América del Norte desde 1967 hasta 2018. Uno de los hallazgos fue que, en los años sesenta, los huracanes perdían un 75 por ciento de su fuerza durante el primer día tras tocar tierra. Hoy, la fuerza de un huracán que toca tierra suele decaer un 50 por ciento durante el primer día, según el estudio.

Este año la temporada de huracanes no ha tenido precedentes; hasta ahora, hubo 29 tormentas con nombre y aún quedan algunas semanas hasta que la temporada oficial finalice (el 30 de noviembre). La Costa del Golfo ha perdido miles de millones por los daños, y el huracán Eta, que hoy se considera una tormenta de categoría 1, se dirige hacia la costa oeste de Florida, después de haber golpeado los Cayos. Las comunidades costeras están aprendiendo a afrontar tormentas más fuertes, y ahora, el estudio sugiere que aquellas que encuentran a mayor distancia de la costa podrían ser las más perjudicadas en el futuro.

Los autores del estudio afirman que esta duración más larga de los huracanas es producto del calentamiento de las temperaturas del océano. Y agregan que si los humanos siguen contribuyendo al calentamiento climático, el daño potencial de los huracanes (algunos con vientos de más de 160 km/h y lluvias torrenciales), podría extenderse hacia el interior y afectar a comunidades que no están preparadas para hacer frente a tormentas tan agresivas.

¿Cómo lo saben?

Los autores cuentan que la relación entre la mayor duración de los huracanes y el calentamiento de los océanos ha sido un hallazgo fortuito.

Tras el huracán Leslie, las olas azotan la costa cerca de Lisboa, Portugal, el 13 de octubre de 2018.

Fotografía de Patricia de Melo Moreira, AFP, Getty Images

“Estábamos estudiando la evolución de los huracanes que tocan tierra mediante simulaciones, y muchas de las características que encontrábamos no podían explicarse con los modelos vigentes”, cuenta Pinaki Chakraborty, jefe de mecánica de fluidos del Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa, Japón.

Chakraborty explica que los modelos no consideraban algo muy importante: el aumento de humedad que acumulan los huracanes.

Es evidente que el aire caliente contiene más humedad que el aire fresco, y una serie de estudios anteriores han demostrado una clara relación entre el cambio climático y los huracanes que provocan más lluvia. Si hacemos una analogía entre un huracán y un motor, podríamos decir que el agua tibia que está debajo del huracán actúa como combustible. Cuando el agua del océano es muy cálida, como en el Caribe y el Golfo de México, puede producirse una sobrecarga.

Cuando un huracán toca la tierra, de repente, se queda sin combustible, colapsa y comienza a debilitarse. Pero, según creen los autores, si el agua del océano actúa como combustible, y el huracán puede recoger más humedad disponible (debido al calentamiento de la atmosfera), entonces, más carga tendrá.

Para probar el debilitamiento de los huracanes que observaron en los registros, Chakraborty y su coautor utilizaron cuatro modelos que simulan un huracán desplazándose por tierra. Para cada uno de ellos, ajustaron la temperatura de las aguas del océano debajo de las tormentas. Los investigadores descubrieron que cuanto más cálida era la temperatura de la superficie del mar, más humedad transportaba una tormenta y más tardaba en debilitarse.

James Kossin, climatólogo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) que no participó en la investigación, sostuvo: “Han presentado una relación convincente entre los efectos de los huracanes y las temperaturas oceánicas más cálidas, y estas a su vez pueden vincularse con el cambio climático".

¿Tendremos que adaptarnos?

El nuevo estudio no ofrece ningún ejemplo de un huracán que haya tenido una duración más larga en los últimos 50 años. En general, los científicos coinciden en que no puede establecerse un vínculo directo entre una sola tormenta (ni siquiera una temporada completa de huracanes) y el cambio climático provocado por el hombre.

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“Si sus conclusiones son firmes (y aparentemente lo son), entonces al menos en la región del Atlántico, podría decirse que las tarifas de los seguros deben comenzar a subir y las normativas de construcción deben prestar atención a las zonas más al interior para compensar estos vientos más fuertes y el potencial destructivo del agua”, expresa Brian McNoldy, meteorólogo de la Universidad de Miami.

Si los huracanes provocan más lluvia en las comunidades del interior, además de lidiar con las consecuencias en las edificaciones, se deberá decidir el orden de prioridad a la hora de evacuar la zona antes de una tormenta.

“Esto es importante porque podría afectar las decisiones en torno a los evacuados”, explica en un correo electrónico Kerry Emanuel, climatólogo del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

Pendiente de confirmación

Los científicos señalan que se necesitan más datos para confirmar la existencia de este nuevo fenómeno y comprender mejor sus efectos.

“Estoy convencido de que se trata de un problema importante, pero no considero que los resultados sean definitivos; hace falta hacer más investigaciones para confirmar o refutar los hallazgos”, sostiene Emanuel, y señala que existen varias formas de analizar los datos.

“Me inclino a pensar que es muy probable que sea así. Creo que la combinación de los datos y los experimentos de modelado son muy convincentes”, expresa Dan Chavas, científico atmosférico de la Universidad de Purdue y uno de los revisores del estudio. "Creo que el efecto es muy concreto; la pregunta, más bien, sería qué tan fuerte es".

Chakraborty sostiene que aún faltan estudios que describan el grado en que un cambio de temperatura determinado podría afectar a un huracán, y los detalles físicos que expliquen cómo una mayor cantidad de humedad produce que un huracán no se debilite. Y si bien Norteamérica suele contar con un acervo impresionante de datos sobre huracanes, los científicos necesitan poder aplicar la teoría a otras cuencas de ciclones tropicales, explica Chavas. El trabajo preliminar de Chakraborty sugiere que esta teoría también serviría para el Pacífico.

Por ahora, dice Chavas, la investigación en el Atlántico constituye una importantísima aproximación a un efecto del cambio climático que hasta el momento no se conocía.

"Cuando leí este trabajo por primera vez, pensé: ¿cómo no hemos pensado en esto antes?”, expresa.

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