Bosques: la solución olvidada al cambio climático según los expertos

Los grupos ambientalistas internacionales que se reúnen esta semana en San Francisco tratarán de idear un plan para usar árboles para salvar al planeta.Thursday, September 13, 2018

Por Sarah Gibbens
Reserva Comunal Amarakaeri, un área protegida manejada por el gobierno peruano junto con la población local.

¿Proteger a los bosques puede ayudar a salvar al planeta? Los ambientalistas esperan que la respuesta sea afirmativa.

Un grupo de organizaciones no gubernamentales (ONG) y líderes de comunidades se reúnen en San Francisco del 12 al 14 de septiembre para buscar soluciones que esperan ayuden a mitigar los impactos del cambio climático.

Esperan encontrar una solución que llaman 30x30. Es una meta impuesta específicamente para alcanzar los objetivos establecidos en el Acuerdo de París sobre el cambio climático para reducir emisiones de carbono, y las organizaciones que estarán presentes en la cumbre creen que un manejo sustentable de los bosques y de la tierra puede lograr el 30% de la reducción de emisiones que se estableció como objetivo.

¿Qué pueden hacer los bosques para reducir las emisiones de carbono?

Los grandes bosques pueden absorber grandes cantidades de carbono. Los bosques como los del Amazonas, la región forestal más extensa del planeta, actúan como un agente de limpieza de emisiones de la atmósfera.

Global Forest Watch, que controla la deforestación en tiempo real, estima que entre 2001 y 2017, se perdieron casi 324 millones de hectáreas de superficie forestada. Una gran parte esa pérdida se debe a la agricultura, la explotación forestal y la ganadería.

La cumbre de San Francisco hará hincapié en encontrar soluciones que permitan el crecimiento de estas industrias con regulaciones que impongan sustentabilidad.

Frances Seymour del World Resources Institute [Instituto de Recursos Mundiales] afirma que tenemos la capacidad de imponer un manejo sustentable de los bosques, pero la voluntad política se interpone entre los objetivos y la realidad.

Luego del ejemplo de Brasil, Perú trata de ponerse al día

“Brasil es un gran ejemplo”, dice Seymour del país que equilibró el crecimiento industrial con la sustentabilidad.

Del 2004 al 2012, el país, que tiene la mayor parte de la selva tropical amazónica, redujo la deforestación un 80%.

Seymour afirma que gracias a una unión de factores, como un mejor orden público, el reconocimiento de los derechos de tierras de los pueblos indígenas y la creación de más áreas protegidas, se logró el éxito ambiental del país. No obstante, desde 2016, la deforestación de Brasil ha aumentado, lo que Seymour considera una consecuencia de un cambio en la voluntad política del gobierno federal del país.

A pesar de este revés, los ambientalistas y los líderes de las industrias sustentables del país vecino de Perú aún acuden a Brasil para inspiración en el manejo de sus áreas protegidas.

Una de las formas en que el país trata de reducir la deforestación es mediante la entrega de concesiones a la explotación forestal a empresas que se comprometan a explotar el bosque de manera sustentable. Maderacre es una de esas concesiones. Se encuentra en la región de Madre de Dios de la cuenca del Amazonas al sudeste de Perú en la frontera entre Bolivia y Brasil.

El estado entregó en concesión a Maderacre 200 mil hectáreas para que extraigan madera de ellas durante 40 años. A diferencia de las compañías madereras tradicionales, Maderacre extrae únicamente un árbol cada dos hectáreas a fin de evitar que grandes partes de bosques se conviertan en tierras desoladas. Maderacre extrae madera de árboles en solo 11 mil hectáreas de la concesión por año, y luego utilizan otra parte del terreno y rotan anualmente. Luego, se plantan árboles en las partes del terreno que han utilizado para extraer madera.

Kroll afirma que la mayor parte de la madera de Maderacre se vende en Europa y que los consumidores de productos derivados de la madera que viven a miles de kilómetros verán que los productos de Maderacre están marcados por el Forest Stewardship Council [Consejo de Administración Forestal].

Nelson Kroll ha trabajado como gerente forestal en Maderacre durante 16 años y afirma que el combustible y la mano de obra representan los mayores costos al trabajar en la concesión. No quiso revelar las ganancias anuales de la concesión pero confirma que el negocio sería más productivo si no operaran de manera sustentable. Por ejemplo, árboles como el imponente shihuahuaco o comarú crecen durante cientos de años. En algunos de estos árboles en Maderacre habitan especies en peligro de extinción, como la arpía mayor.

Kroll afirma que un shihuahuaco puede generar hasta 16 mil dólares estadounidenses, una ganancia a la que Maderacre renuncia si el árbol contiene especies importantes. Sin embargo, según Kroll, el objetivo de la concesión no es únicamente generar ganancias, sino garantizar que los bosques puedan ser un recurso redituable a largo plazo.

No todas las concesiones de bosques peruanos han sido exitosas, y un estudio publicado en 2017 mostró que algunas pueden permitir la explotación forestal ilegal. Mediante el análisis de datos de la agencia peruana que supervisa las 609 concesiones forestales del país, el estudio descubrió que el 43 % se han cancelado o estaban en investigación debido a importantes infracciones.

Las ONG de Perú afirman que necesitan más financiamiento gubernamental para el orden público y para supervisar la garantía de funcionamiento del manejo sustentable de los bosques.

Cuando la voluntad política sale a la luz

Los representantes de las ONG ambientalistas que estarán en la cumbre de San Francisco esperan que los representantes que lideran ciudades, estados y comunidades nativas fortalezcan las bases del movimiento político.

El World Wildlife Fund [Fondo Mundial para la Naturaleza] convocó a las partes interesadas que trabajan en diferentes sectores relacionados con el manejo de bosques. En Perú, la sucursal local del WWF entabló conversaciones con todos desde comunidades indígenas que viven en aislamiento voluntario a los alcaldes de ciudades amazónicas en crecimiento.

De acuerdo con Seymour, el momento en que se realiza la cumbre es de importancia política porque llega tres años después del Acuerdo de París sobre cambio climático pero un año después de que la administración de Trump presentara una comunicación formal a la ONU para retirarse del acuerdo.

“[El] accionar del estado y local es una respuesta a eso”, afirma Seymour.

¿Cómo se verá el 30 por ciento?

“Para cumplir con el objetivo colectivo del 30 %, aquellos países que tienen la posibilidad deben ayudar a movilizar las finanzas, incluidos el sector privado, para acciones de mitigación de bosques, alimento y tierras de países en vías de desarrollo”, afirma Peter Graham, director general de políticas e investigaciones de Climate Advisers.

Nigel Purvis, quien fue negociador principal de EE. UU. para el cambio climático y ahora es CEO de Climate Advisers, afirma que esta acción incluirá desde la reforestación hasta la creación de una agricultura más sustentable hasta la reducción del consumo de carne.

“No es una estrategia única para todo”, dice.

Agrega que el objetivo del 30 % se negoció con las partes interesadas que estarán en la cumbre y es congruente con los objetivos impuestos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

Para monitorear el progreso, Climate Advisers recomienda que cada parte interesada informe su progreso en virtud de las contribuciones determinadas a nivel nacional del Acuerdo de París. Solo un tercio de los 165 países miembro que firmaron el acuerdo han cuantificado los objetivos de tierras, una falta de acción que la cumbre espera corregir.

Sin un compromiso de EE. UU. con el Acuerdo de París, algunos estados como California trataron de compensar con políticas como programas de límites máximos y comercio de carbono, pero según Seymour, aunque estas acciones son importantes, no son un reemplazo del involucramiento del gobierno federal de EE. UU. cuando se firman acuerdos internacionales.

Kurt Holle, director de país de WWF Perú, considera que la inversión privada es la mejor forma de crear cambios de manera rápida y a larga escala. Para él, la región amazónica de Perú tiene el potencial de ser el “Silicon Valley” del manejo forestal sustentable.

“Este es un  “Ha captado poca atención política y de los medios de comunicación. Es, realmente, la solución olvidada”.

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