¿Por qué las mujeres han sufrido más en términos económicos durante la pandemia?

Datos recientes revelan por qué es más difícil para las mujeres reponerse tras las pérdidas económicas ocasionadas por la pandemia.

Publicado 7 de julio de 2021 13:20 GMT-3
How women have been economically affected by COVID

Una mujer con mascarilla camina delante de un mural realizado por el artista callejero Alex Martínez sobre la fachada de una tienda que vende bolsos, en Atenas. En el sector industrial, como las tiendas minoristas, que aún se están recuperando tras las perdidas por los cierres, hay más personal femenino que masculino.

Fotografía de Petros Giannakouris, AP

Para muchos, el desproporcionado daño económico que la pandemia ha causado a las mujeres —lo que algunos llaman la shecession (neologismo que une she, ella, y recession, recesión)— parece ser toda una sorpresa. Pero las históricas desigualdades pueden explicar por qué las mujeres han sido las más perjudicadas.

La Fundación Gates acaba de publicar nuevos datos del Eurasia Group y la Organización Internacional del Trabajo, junto al Foro Generación Igualdad de la ONU Mujeres, que indican por qué, en todo el mundo, las mujeres fueron las más afectadas y las que más tardaron en recuperarse.

“No es solo en el norte global”, expresa Anita Zaidi, presidenta de la División para la Igualdad de Género de la Fundación Gates. "Sucede en todas partes."

Si bien tanto hombres como mujeres perdieron sus trabajos en proporciones similares durante la pandemia, hoy se están contratando menos mujeres que hombres, según los nuevos datos. Y es probable que este año, en comparación con 2019, contemos con 13 millones menos de mujeres en el sistema laboral.

Una de las principales razones de esa diferencia es que hay más mujeres trabajando en industrias que aún deben recuperarse tras los cierres por la pandemia: la venta minorista, el turismo, la hotelería, los restaurantes. Otra explicación es el cuidado de los niños: con las escuelas y las guarderías cerradas, muchas mujeres de todo el mundo no tuvieron más remedio que dejar sus trabajos para cuidar a sus hijos. Antes de la pandemia, una cuarta parte de las mujeres dedicaba más de nueve horas al día al cuidado de sus hijos; ahora un tercio dedica al menos esa cantidad de horas.

“La gente piensa en una pandemia solo desde una perspectiva sanitaria”, expresa Zaidi. "Nadie realmente se detuvo a pensar en qué pasaría con la educación, la escolaridad, el cuidado de los niños".

Las prioridades más allá de la pandemia se definen, en su mayor parte, por quienes ocupan los puestos de liderazgo. Durante la pandemia, se han formado muchas fuerzas operativas contra la COVID-19 (225 en 137 países), pero las mujeres ocupan sólo una cuarta parte en estos equipos. En términos generales, si bien las mujeres representan el 70 por ciento de los trabajadores de la salud, solo ocupan el 25 por ciento de las autoridades sanitarias.

Dada esta situación, queda claro que se desacredita el trabajo de muchas mujeres, que no ha recibido la categoría de “esencial”. Los programas para la salud de la mujer, como los de anticoncepción, no se consideraron servicios esenciales durante los confinamientos, comenta Zaidi. ¿Cuál es el resultado? Se estima que se ha privado a unas 12 millones de mujeres del acceso a métodos anticonceptivos, lo que ha provocado unos 1,4 millones de embarazos no deseados.

Los efectos acumulativos de la pérdida de empleos, la necesidad de cuidar a los niños (durante los confinamientos) y los embarazos no buscados aumentan la pobreza. Antes de la pandemia, los índices de pobreza mundial estaban disminuyendo a una tasa del 2,5 por ciento. Se estima que este año aumentarán en un nueve por ciento.

Pero, según información reciente, es posible revertir esta tendencia. Los datos del Eurasia Group indican que, si se brindara acceso a centros de cuidado infantil, se sumarían $3 billones de dólares más a la economía mundial, mientras que los programas de transferencia de efectivo (pequeñas cantidades de dinero que se distribuyen entre mujeres que ganan menos de dos dólares al día) podrían sacar de la pobreza a 100 millones de mujeres.

La Fundación Gates se compromete a donar $2.1 mil millones durante los próximos cinco años para el empoderamiento económico de las mujeres, la salud y la planificación familiar, y para el desarrollo de liderazgo. “La pobreza es sexista”, dice Zaidi, por eso las soluciones deben pensarse con consciencia de género.

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