Los sitios sagrados de Jerusalén en el centro de conflictos vinculados a la religión y la política

Las disputas sobre el futuro de los barrios palestinos en Jerusalén desencadenaron la más reciente ola de masacres.

La Cúpula de la Roca, de color dorado, ubicada en la acrópolis de Jerusalén, y denominada Noble Santuario por los musulmanes y Monte del Templo por los judíos, se erige por encima de los muros de la Ciudad Vieja. La plataforma sagrada, junto a la Puerta de Damasco y al barrio cercano denominado Sheikh Jarrah han sido el escenario de los sangrientos enfrentamientos de las últimas semanas.

Fotografía de Craig F. Walker, The Denver Post/ Getty Images
Publicado 1 de jun. de 2021 10:00 GMT-3

Los cohetes, las revueltas y los bombardeos aéreos que convulsionaron a Israel y a los territorios vecinos de Palestina durante las últimas semanas hicieron que uno de los conflictos más desafiantes del mundo ocupara nuevamente los titulares. Más de 250 palestinos y una docena de israelíes murieron, y otros miles resultaron heridos antes de que, el pasado jueves 20 de mayo, se declarara un alto al fuego.

La violencia se desató primero a lo largo de un arco de un kilómetro y medio de ancho donde se ubican tumbas, puertas y santuarios antiguos en Jerusalén que desatan emociones profundas tanto en judíos como en musulmanes. Estos sitios, ubicados en el sector este de la ciudad, agregados por Israel en 1980 y considerados territorios ocupados por la comunidad internacional, funcionan como objetivo principal del conflicto en el que los palestinos intentan evitar los intentos de los judíos de extrema derecha de asentarse en áreas tradicionalmente árabes.

El problema que hizo resurgir el conflicto comenzó el 13 de abril, con el inicio del mes sagrado musulmán de Ramadán, cuando una aparentemente insignificante medida de seguridad tuvo grandes y sangrientas repercusiones.

La policía fronteriza israelí limitó el acceso a la Puerta de Damasco, la entrada norte a la Ciudad Vieja construida en la década de 1530 por el sultán otomano Solimán, el Magnífico. La estructura original que yace debajo fue excavada en 2013 y se remonta al segundo siglo a.C. Era la entrada monumental a la Jerusalén romana, que abría la puerta hacia el interior de los muros con una columna que contenía la estatua del emperador romano Adriano. Ya hace tiempo que la estatua no se encuentra en el lugar, pero la memoria se conserva en el nombre árabe de la estructura: Puerta de la Columna. Los judíos la denominan Puerta de Siquen (Puerta de Damasco).

Las vallas en la Puerta de Damasco que lleva a la Ciudad Vieja de Jerusalén indignaron a los palestinos que celebraban el mes sagrado de Ramadán y derivó en varios enfrentamientos violentos con la policía fronteriza israelí.

Fotografía de Mahmoud Illean, Associated Press

La puerta no es un lugar sagrado, pero Nazmi Jubeh, arqueólogo e historiador en Birzeit University, la ha denominado "un símbolo de la lucha nacional palestina" porque es el principal vínculo entre el barrio musulmán de la Ciudad Vieja y los mercados, y los barrios árabes del norte. "Tiene un valor sentimental y folclórico para muchos palestinos", explica Jubeh.

En las últimas décadas, la puerta también se ha convertido en una entrada predilecta a la Ciudad Vieja para muchos judíos ultraortodoxos, también conocidos como jaredíes (Haredim). Israel impuso una presencia de seguridad intensa en los últimos años luego de una serie de ataques a punta de cuchillo y, en 2020, la municipalidad renombró a la pequeña y semicircular plaza en frente de la puerta en honor a los policías israelís que murieron allí en cumplimiento de sus funciones.

Este año, la plaza, que durante mucho tiempo ha sido un lugar de reunión popular de palestinos y sus familias después del atardecer durante Ramadán, estaba repleta de vallas que evitaban que pudieran reunirse. Las furiosas protestas palestinas contra las restricciones resultaron en feroces enfrentamientos con la policía en las calles aledañas. Los videos de jóvenes palestinos atacando a jaredíes alimentaron la furia de los judíos.

El 22 de abril, más de cien palestinos resultaron heridos en enfrentamientos con la policía israelí, que también luchó para retener a una multitud de extremistas judíos que intentaban llegar a la puerta mientras cantaban "Muerte a los árabes". Un periodista israelí que estuvo en el lugar escribió que el área se convirtió "en un anfiteatro de violencia".

Por otro lado, el grupo palestino Hamás, que gobierna la Franja de Gaza, comenzó a disparar cohetes a Israel en venganza por lo que afirmó fueron las provocaciones israelíes en Jerusalén. El 25 de abril, la policía israelí quitó las vallas alrededor de la puerta y las protestas mermaron.

Sin embargo, para ese entonces, la tensión ya había llegado al barrio árabe denominado Sheikh Jarrah ubicado justo al norte de la Puerta de Damasco.

La amenaza de nuevos desalojos de residentes árabes en el barrio Sheikh Jarrah desencadenó protestas en toda Israel y en los territorios palestinos; entre ellas, esta manifestación en Haifa, una ciudad portuaria de Israel.

Fotografía de Mati Milstein, Associated Press

Conflictos en el cementerio

Jarrah era el doctor de Saladino, el sultán que expulsó a los cruzados cristianos de Jerusalén en el año 1187 a.C. y fundó la dinastía ayubí. El médico fue enterrado en las afueras de la ciudad, al norte, y su tumba se convirtió en un santuario que congregó a los sufíes de todo el mundo musulmán. Una pequeña aldea árabe que tomó su nombre creció en el lugar.

El área ya se había utilizado como cementerio en épocas romanas. El lugar de sepultura más magnífico de Jerusalén, la Tumba de los Reyes, está ubicado aquí, como así también lo están una cantidad de tumbas que se le atribuyen a los sabios y a los santos judíos. Una creencia medieval considera que una de estas tumbas excavadas en roca cerca de la Tumba de los Reyes pertenece a Simeón, el Justo, un sacerdote judío de alto rango que, según el Talmud, conoció a Alejandro Magno.

En 1871, un arqueólogo francés que examinaba la tumba descubrió una inscripción que revelaba que la sepultura era, en realidad, un sitio funerario del siglo II que albergaba los restos de la esposa o hija de un centurión romano llamado Julius Sabina.

Los grupos judíos que confiaban en su carácter sagrado compraron el lugar cinco años después y, más adelante en ese mismo siglo, una comunidad de unas pocas docenas de familias judías se estableció alrededor de la tumba. Para ese entonces, el barrio ya tenía varias casas de propiedad de familias árabes adineradas mientras Jerusalén se expandía por fuera de sus muros.

En 1948, cuando se declaró la creación del Estado de Israel, comenzó la guerra con las naciones árabes y Sheikh Jarrah quedó bajo control jordano en que lo que se convirtió en Jerusalén Este. Los residentes judíos se fugaron y los palestinos fueron desplazados a otro lugar por el conflicto que surgió en los hogares abandonados. En 1967, Israel venció y añadió a Jerusalén Este.

Desde ese momento, los colonos judíos han estado intentado, con frecuente éxito, usar los tribunales de Israel para desalojar a los residentes árabes de las propiedades que afirman les pertenecen. Por otro lado, los palestinos no tienen derecho legítimo para recuperar lo que eran sus hogares antes de 1948.

“Sheikh Jarrah tiene una importancia histórica en relación a la identidad nacional y religiosa tanto de palestinos como de judíos", observan dos académicos israelíes, Lior Lehrs y Yitzhak Reiter, que estudiaron el barrio. Y agregaron que el conflicto entre los dos grupos "refleja un creciente patrón de asentamiento judío en el corazón de los barrios árabes en Jerusalén Este".

En los últimos años, los fieles judíos han comenzado a orar en la tumba con mayor frecuencia y en mayores cantidades. La mezcla volátil de propiedad inmobiliaria, religión y políticas rápidamente llegó a su punto de ebullición.

Esta primavera, con la Corte Suprema israelí dispuesta a decidir sobre el desalojo de 58 palestinos en Sheikh Jarrah, las manifestaciones semanales que se oponen a dicha medida cobraron fuerza. Durante una protesta del 9 de abril, la policía israelí golpeó a un miembro del Knéset, el parlamento israelí, que participaba de una protesta pacífica.

El 6 de mayo, miembros del partido judío de ultraderecha y palestinos que viven en una calle de Sheikh Jarrah comenzaron a intercambiar insultos, y luego a arrojarse sillas y piedras. El pequeño embrollo rápidamente mutó a una importante protesta musulmana concentrada en el Monte del Templo, un rectángulo en el lado sudeste de la Ciudad Vieja que cubre un área mayor que el Pentágono.

La Cúpula de la Roca brilla detrás de los musulmanes durante Laylat al-Qadr, o la noche del destino, que conmemora el día en que Dios le reveló a Mahoma el Corán por primera vez. El santuario fue el lugar de los sangrientos enfrentamientos entre la seguridad israelí y los musulmanes tanto antes como después del 8 de mayo.

Fotografía de Mahmoud Illean, Associated Press

Nacionalistas israelíes agitan la bandera de su nación en una marcha de 2011 por las calles de Sheikh Jarrah, un barrio tradicional árabe cerca de la Ciudad Vieja de Jerusalén, para celebrar la toma de poder israelí en 1967.

Fotografía de Marco Long, AFP/Getty Images

El poder de la plataforma

Muy pocos lugares en el mundo están tan cargados de historia, política, religión y leyendas. Los sucesivos templos lo convirtieron en el lugar de adoración más importante del judaísmo hasta que los romanos destruyeron el deslumbrante complejo en el año 70 a. C. 

En el siglo VII, con la llegada del islam, los primeros gobernantes musulmanes construyeron la Cúpula de la Roca y la mezquita de al-Aqsa para marcar el lugar donde creen el profeta Mahoma realizó su pasaje nocturno al cielo.

Ambos edificios, en un clima de patios, jardines y vistas espectaculares similar a un parque, se encuentran entre las estructuras islámicas más antiguas y más veneradas del mundo. Para los musulmanes, lo que llaman el Noble Santuario, o simplemente al-Aqsa, es el tercer lugar sagrado del islam; le sigue a la Meca y a Medina.

En 1967, Israel se apoderó de la acrópolis y la declaró parte de la capital expandida de Israel. La plataforma permaneció bajo la autoridad musulmana, pero fue colocada bajo el control de seguridad israelí. Las tensiones entre los fieles y la seguridad israelí han estallado periódicamente, en general durante la época del Ramadán cuando docenas de miles de personas van en multitud a al-Aqsa. 

Como resultado de las protestas en la Puerta de Damasco y Sheikh Jarrah, miles de fieles palestinos se reunieron en la acrópolis para orar y manifestarse en contra de los desalojos. Un enorme contingente de soldados israelíes también se presentó y la violencia no tardó en llegar. El 7 de mayo, más de 200 palestinos resultaron heridos, muchos por balas de acero recubiertas de caucho y granadas de concusión, mientras que 17 policías sufrieron heridas por una lluvia de botellas, zapatos y piedras.

El 10 de mayo fue el 54° aniversario de la toma de Jerusalén Este por parte de Israel y los nacionalistas israelíes marcharon por las calles de la Ciudad Vieja flameando sus banderas. También fue el día en que la Corte Suprema anunció que iba a decidir sobre el caso de desalojo de Sheikh Jarrah. La marcha se canceló y la decisión final se pospuso, pero, para ese momento, la violencia se había salido de control. Los ataques con cohetes por parte de Hamás generaron un bombardeo israelí en Gaza como represalia.

Los disturbios se propagaron rápidamente a las ciudades de Israel en las que hay tanto árabes como judíos (uno de cada cinco israelíes es árabe) así como también a Cisjordania, territorio ocupado por Israel y hogar de la Autoridad Palestina, así como también de más de cien asentamientos judíos considerados ilegales conforme el derecho internacional.

El 18 de mayo, el día en que los líderes palestinos pidieron se realizaran protestas y huelgas, las fuerzas israelíes en Cisjordania asesinaron a un hombre palestino e hirieron a más de 70. Asimismo, dos soldados israelíes resultaron heridos. Mientras tanto, en Sheikh Jarrah, la policía apuntó cañones de agua contra los protestantes árabes mientras que los manifestantes árabes en la Puerta de Damasco volvían a enfrentarse con la seguridad israelí.

Egipto medió en el alto al fuego firmado ayer tanto por Israel como por Hamás. Osama Hamdan, miembro de alto rango de Hamás, manifestó que Israel brindó "garantías de que cesará la agresión israelí en la mezquita al-Aqsa y Sheikh Jarrah", un reclamo desestimado como "una total mentira" por los oficiales israelíes. Pocos creen ver paz en el horizonte.

Cuando le preguntaron a Reiter por una solución a largo plazo para la crisis, respondió de una manera que se escucha seguido en Jerusalén. "No lo sé, es complicado".

Andrew Lawler es periodista y autor, y ha escrito para National Geographic sobre excavaciones controversiales en Jerusalén. Su último libro, Under Jerusalem (Bajo Jerusalén), se publicará en noviembre.

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