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Piers Leigh
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Más de 2500 años de calor y humedad han pasado factura a la momia descompuesta, pero decenas de cuentas y otras pistas indican que formaba parte de la élite.
El yeso pintado decora el ataúd de madera de una mujer llamada Tadihor. Los jeroglíficos del yeso forman un hechizo del Libro de los Muertos que ayuda a los difuntos a sortear a los demonios del inframundo.
Los obreros usan un cabrestante con manivela para bajar las herramientas al taller de momias y las tumbas a 30 metros de profundidad. El complejo funerario se encontraba en una ubicación privilegiada en Saqqara, ya que se veía la pirámide escalonada de Zoser, uno de los monumentos más antiguos y sagrados de Egipto.
Los arqueólogos Maysa Rabeeh (izq.) y Mohammed Refaat (dcha.) examinan el ataúd de madera deteriorado de un sacerdote llamado Ayawet a quien enterraron con los brazos cruzados, una posición divina que normalmente se reservaba a los faraones.
Un sacerdote llamado Ayput fue enterrado en un sarcófago de piedra tallado en forma de humano, un estilo denominado antropoide. El vendaje de la momia estaba cubierto de brea o resina, que le proporcionan este color oscuro.
Ramadan Hussein echa un vistazo dentro de un sarcófago de piedra en busca de momias. El equipo descubrió más de 50.