Espacio

¿Vivimos en un agujero negro?

Es posible que nuestro universo resida en el interior de un vasto agujero negro. Jueves, 28 Diciembre

Por Michael Finkel

Rebobinemos el reloj. Antes de que existieran los seres humanos, antes de que se formara la Tierra, antes de que se incendiara el sol, antes de que surgieran las galaxias, incluso antes de que la luz pudiera brillar, existió el Big Bang. Esto ocurrió hace 13.800 millones de años.

Pero ¿qué había antes de eso? Muchos físicos aseguran que no existe el “antes de eso”. El tiempo empezó a correr, insisten, en el mismo instante del Big Bang y sopesar alguna cosa anterior no se encuentra en el dominio de la ciencia. Nunca comprenderemos cómo era la realidad anterior al Big Bang, o de qué estaba formada, o por qué explotó para crear nuestro universo. Tales nociones encuentran más allá de la comprensión humana.

Pero unos pocos científicos no convencionales no están de acuerdo. Estos físicos teorizan que, en algún momento antes del Big Bang, toda la masa y energía del incipiente universo se compactó en una pizca increíblemente densa, pero sin embargo finita. Llamémosla la semilla del nuevo universo. 

Se piensa que esta semilla era casi inimaginablemente pequeña, posiblemente billones de veces más pequeña que cualquier partícula que los humanos hayan podido observar. Y aun así es una partícula que puede desencadenar la producción de todas las demás partículas, sin mencionar todas las galaxias, sistemas solares, planetas y personas.

Si realmente desea llamar al alcohol la partícula de Dios, esta semilla parece ser el elemento ideal.

Entonces, ¿de qué forma se creó esa semilla? Una idea, que circuló durante varios años, en particular por parte de Nikodem Poplawski de la Universidad de New Haven, es que la semilla de nuestro universo se forjó en el horno supremo, probablemente el entorno más extremo en toda la naturaleza: el interior de un agujero negro. 

Multiplicación de los multiversos

Es importante conocer, antes de que avancemos, que durante el último par de décadas, muchos físicos teóricos tuvieron que empezar a creer que nuestro universo no es el único. Más bien, es posible que seamos parte del multiverso, un inmenso conjunto de universos separados, cada uno de ellos su propio orbe brillante en el cielo nocturno.

La forma en que, o incluso si, un universo está vinculado con otro es fuente de muchos debates, todos ellos altamente especulativos y, hasta ahora, completamente imposible de demostrar. Pero una idea fascinante es que la semilla de un universo es similar a la semilla de una planta: Es un trozo de material esencial, firmemente comprimido, oculto dentro de una cáscara protectora.

Esto describe de forma precisa lo que se crea en el interior de un agujero negro. Los agujeros negros son los cadáveres de estrellas gigantescas. Cuando a esa estrella se le termina combustible, su núcleo colapsa hacia dentro. La gravedad atrae a todas las cosas con un arrastre cada vez más intenso. Las temperaturas alcanzan 100 mil millones de grados. Los átomos se destrozan. Los electrones se trituran. Esas piezas se estrujan aún más.

En este punto, la estrella se convirtió en un agujero negro, lo que significa que su atracción gravitacional es tan intensa que ni siquiera un rayo de luz puede escapar. El límite entre el interior y el exterior de un agujero negro se denomina, horizonte de sucesos. Enormes agujeros negros, algunos de ellos millones de veces más grandes que el sol, han sido descubiertos en el centro de prácticamente cada galaxia, incluyendo nuestra propia Vía Láctea.

Preguntas sin fondo

Si se utilizan las teorías de Einstein para determinar lo que ocurre en el fondo de un agujero negro, se podrá calcular un punto que es infinitamente denso e infinitamente pequeño, un concepto hipotético que se denomina singularidad. Pero por lo general en la naturaleza se encuentran objetos infinitos. La desvinculación radica en las teorías de Einstein, que brindan cálculos maravillosos para la mayor parte del cosmos, pero tienden a fallar cuando encuentran fuerzas enormes, como las que hay en el interior de un agujero negro, o están presentes en el nacimiento de nuestro universo.

Físicos como el Dr. Poplawski aseguran que la materia que se encuentra en el interior del agujero negro alcanza un punto donde ya no puede comprimirse más. Esta “semilla” puede ser increíblemente pequeña, tener el peso de miles de millones de soles, pero a diferencia de una singularidad, es real.

El proceso de compactación se detiene, de acuerdo con el Dr. Poplawski, debido al giro de los agujeros negros. Estos giran muy rápido, posiblemente a una velocidad cercana a la de la luz. Y este giro brinda a la semilla compactada una increíble cantidad de torsión. No es solamente pequeña y pesada; también está torcida y comprimida, como una de esas serpientes de juguete con resorte que vienen en una lata.

Que de repente puede saltar, con una explosión. Considere eso como una gran explosión (Big Bang), o como el Dr. Poplawski prefiere llamarla “el gran rebote”.

En otras palabras, es posible que un agujero negro sea un conducto, una “puerta unidireccional”, asegura el Dr. Poplawski, entre dos universos. Esto significa que si usted cae dentro del agujero negro que se encuentra en el centro de la Vía Láctea, es posible que aparezca (o al menos las partículas trituradas que alguna vez fueron su persona) en otro universo. Este universo no se encuentra en el interior del nuestro, agrega el Dr. Poplawski; el agujero es solamente el vínculo, como una raíz compartida que conecta a dos álamos.

Y ¿qué pasa con todos nosotros, aquí en nuestro propio universo? Es posible que seamos el producto de otro universo, más antiguo. Que podría llamarse nuestro universo madre. La semilla de este universo madre que se forjó dentro de un agujero negro posiblemente tuvo su gran rebote hace 13.800 millones de años y a pesar que desde entonces nuestro universo se ha expandido rápidamente, todavía podríamos estar ocultos detrás del horizonte de sucesos del agujero negro.
 

Artículo publicado el 19 de febrero de 2014.

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