¿Dónde surgió el fútbol? Esto dicen los arqueólogos

lunes, 18 de junio de 2018

Foto de Luis Acosta, AFP, Getty Images

El fútbol es el deporte más popular del mundo, y por una buena razón: cuenta con, al menos, 265 millones de seguidores al rededor del planeta, es fácil jugarlo en un jardín o campo cualquiera, e identificarse al instante con los jugadores que corren por estadios.

Pero si buscas el primer ancestro de todas esas carreras, patadas y juego en equipo, vamos a tener que retroceder en el tiempo, dar la vuelta al mundo y, literalmente, evitar perder la cabeza.

Los chinos fueron los primeros en divertirse dando patadas a pelotas y metiéndolas en redes como deporte en el siglo III a.C., y el deporte conocido mundialmente como fútbol se formalizó en Inglaterra en el siglo XIX. Pero el predecesor de este deporte con balón más moderno tal y como lo jugamos hoy en día se encuentra en las Américas.

"La idea de deporte en equipo se inventó en Mesoamérica", afirma Mary Miller, profesora de historia del arte de la Universidad de Yale que ha estudiado numerosas pruebas sobre el deporte.

 

Las civilizaciones mesoamericanas

En Mesoamérica, la vasta región histórica que se extiende desde México a Costa Rica, las civilizaciones florecieron mucho antes de que Colón las "descubriera" y muchos de estos pueblos jugaban un deporte con una pelota pesada hecha de una sustancia derivada de la resina de los árboles. 

No está claro dónde se inventó exactamente el deporte, pero era popular en muchas de las culturas mesoamericanas, como los teotihuacanos, los aztecas y los mayas, hace unos 3.000 años. Su nombre variaba —ullamaliztli en azteca, pok-ta-pok o pitz en maya—, al igual que sus reglas, que incluían jugadas como mantener la pelota en juego dándole con partes del cuerpo o usando raquetas o bates.

Estas antiguas civilizaciones perfeccionaron el proceso de elaboración de pelotas de caucho milenios antes de que apareciera el proceso moderno de vulcanización del caucho.

"Es probable que estos pueblos hicieran miles de pelotas de caucho", afirma Miller. Añade que las pelotas eran huecas, aunque podían pesar hasta 7 kilogramos.

Las bolas parecen haber sido prácticamente omnipresentes en las culturas que las valoraban y todavía existen muchas en el registro arqueológico. Otras pruebas del juego de pelota se encuentran en vasijas de cerámica o las más de 1300 pistas de piedra extendidas por la región, cada una con capacidad para muchos espectadores.

El registro histórico contiene pruebas en forma de escritos de la era colonial por parte de Diego Durán, sacerdote dominicano cuyos testimonios en primera persona sobre la vida azteca incluyen una descripción del deporte tal y como se practicaba en 1585.

Los jugadores aztecas lanzaban la bola de aquí para allá entre los equipos usando solo sus caderas y sus nalgas (no se permitía usar pies ni manos). Intentaban que rebotara sobre una línea central y tirarla contra la pared posterior de la pista de sus oponentes, y normalmente sufrían lesiones graves cuando les golpeaba la dura y pesada pelota.

Si un jugador lograba meter la pelota por un anillo en el lado del equipo contrario, eso suponía una victoria automática.

El ganador del partido, según escribió Durán, "era homenajeado como un hombre que hubiera vencido a muchos y ganado una batalla".

Sacrificios

Aunque se jugaba como deporte cotidiano, al igual que el fútbol o el baloncesto, este juego también ocupaba un lugar sagrado en la religión y la guerra para las culturas mesoamericanas. Los reyes aztecas supuestamente lo jugaban como sustituto de la guerra, obteniendo derechos de gobierno o aliviando dramas diplomáticos con un partido.

En las culturas maya y de Veracruz había mucho más en juego. Los perdedores de algunos partidos rituales eran sacrificados.

Los detalles no están del todo claros, pero algunas pistas estaban decoradas con escenas que representaban el sangriento sacrificio de los perdedores. El sacrificio y el deporte también están estrechamente relacionados en el mito de la creación maya: un par de gemelos juegan a la pelota y derrotan a los señores del inframundo sobre la pista, para acabar convirtiéndose en el Sol y la Luna.

Los mayas "se enfrentaban a las deidades a diario en un juego de pelota", explica Miller, "existe un elemento central de conflicto entre humanos y deidades".

Según Miller, pese a las pruebas de que a veces a los perdedores se les pasaba por el hacha, algunos arqueólogos del siglo XX se niegan a creer que mataran a todos excepto a los ganadores. Ella lo atribuye a un afán por su parte de representar a los mayas como excepcionales, no belicosos.

"No se creen que los mayas cometieran sacrificios humanos", dijo. "Ahora sabemos que eso es una tontería, al igual que la idea de que un jugador victorioso fuera sacrificado". En la mitología maya, el perdedor del juego de pelota es decapitado, y los expertos actuales aceptan ampliamente que eran los perdedores, y no los ganadores, quienes eran sacrificados.

Todavía quedan incógnitas sobre cómo se jugaba este deporte y cómo funcionaba el horrible rito que esperaba a los perdedores. Pero su espíritu, al que Miller se refiere como una "compleja mentalidad de grupo", sigue vivito y coleando en las encarnaciones modernas del deporte y en los millones de jugadores que cada día corren, zigzaguean y dan patadas por un campo de fútbol oficial o improvisada.

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