Por qué la Ciudad del Cabo se está quedando sin agua

La ciudad sudafricana planea cerrar los grifos a cuatro millones de personas. Sin embargo, es sólo una de las muchas ciudades alrededor del mundo que enfrenta un futuro con demasiada poca agua.

Published 7 de febrero de 2018 14:10 GMT-2, Updated 5 de noviembre de 2020 04:28 GMT-2
Fotografía de Photograph from AP

Para el final de la primavera, cuatro millones de personas de la Ciudad del Cabo, una de las metrópolis más prósperas de África, pueden tener que formarse en fila rodeados por guardias armadas para recoger las raciones del bien más preciado de la región: agua potable.

El crecimiento de la población y una sequía sin precedentes, quizá exacerbada por el cambio climático, están provocando una de las más impactante crisis de agua urbanas, al tiempo que los líderes sudafricanos advierten que es cada vez más probable que los residentes enfrenten el “Día cero”. En ese día, que ahora se prevé para mediados de abril, se dice que la ciudad se verá forzada a cerrar los grifos de las casas y empresas porque los depósitos han llegado a niveles peligrosamente bajos; una posibilidad que ahora los funcionarios consideran casi inevitable.

“La pregunta que siempre me hago es: cuando llegue el Día cero, ¿cómo hacemos que el agua sea accesible y prevenimos una anarquía?”, dice Helen Zille, antigua alcalde de Ciudad del Cabo y la actual primer ministro de la provincia de Cabo Occidental, en una columna de invitados de un periódico publicada la semana pasada.

Por años, un cierre de esta magnitud en una ciudad tan cosmopolita habría sido casi inconcebible. Sin embargo, al alterarse el equilibrio entre el uso y el suministro de agua por el desarrollo excesivo, el crecimiento de la población y el cambio climático, los centros urbanos de Norteamérica a Sudamérica y de Australia a Asia enfrentan cada vez más amenazas de escasez grave de agua potable.

En ningún lugar parece venir esa amenaza más rápido y tomar a más personas por sorpresa que en Ciudad del Cabo.

“Me temo que nos estamos quedando sin tiempo”, dice el experto sudafricano en gestión de recursos Anthony Turton. “No hay más tiempo para soluciones. Necesitamos una acción de Dios. Necesitamos una intervención divina”.

EL “DÍA CERO” SE ACERCA

La situación parece empeorar día tras día.

La ciudad está preparando 200 estaciones de agua de emergencia afuera de las tiendas de comestibles y otros puntos de reunión. Cada una tendría que servir a casi 20 000 residentes. Los funcionarios de Ciudad del Cabo están haciendo planes para almacenar agua de emergencia en instalaciones militares, y afirman que usar los grifos para llenar piscinas, regar jardines o lavar coches es ahora ilegal. Solo en esta semana, las autoridades intensificaron los patrullajes contra el robo de agua en fuentes naturales, en las que han tenido lugar peleas, de acuerdo con reportes de la prensa local. Se les ha pedido tomar medidas contra los “comerciantes sin escrúpulos” que han elevado el precio del agua embotellada.

Durante meses, se ha exhortado a los ciudadanos a consumir menos, pero más de la mitad de los residentes ignoró estas restricciones voluntarias. De este modo, a principios de enero, la ciudad solicitó cortes aún más pronunciados, y pidió a los residentes consumir sólo 50 litros al día; menos de una sexta parte de lo que utiliza un estadounidense promedio. Si el consumo no baja drástica y rápidamente, advirtieron los funcionarios de la ciudad esta semana, todos se verán forzados a enfrentar el Día cero, en el que todos tendrán que vivir con mucho menos, cerca de 25 litros al día, de lo que utilizan regularmente en ducharse cuatro minutos.

“No estoy seguro de que podamos evitar el Día cero”, dice Kevin Winter, investigador en jefe de un grupo de agua urbano en la Universidad de Ciudad del Cabo. “Estamos utilizando demasiada agua, y no podemos contenerlo. Es trágico”.

Afirma David Olivier, un investigador asociado en el Global Change Institute de la Universidad del Witwatersrand: “El problema básico es el tipo de estilo de vida que tenemos. Hay casi un sentido de tener derecho a consumir todo lo que queramos. La actitud y la reacción de la mayor parte de las publicaciones en los medios sociales es la indignación. Es el decir: ‘pagamos nuestros impuestos’ y, por lo tanto, deberíamos estar tan cómodos como sea posible”.

LAS COMPLICACIONES DEL CLIMA

El camino a la crisis de la Ciudad del Cabo es a la vez típico, y no lo es.

Al igual que el sur de California, Sudáfrica es árida, pero la masa de tierra más reconocible de la Ciudad del Cabo, la Montaña de la Mesa, atrapa las brisas de la costa que se desprenden de las aguas calientes del océano, lo que causa lluvias locales que alimentan ríos y llenan acuíferos subterráneos. Es un oasis rodeado de desierto con un clima mediterráneo. Su belleza ha llevado a poblaciones hacia el cielo y traído creciente riqueza y prosperidad. Hay piscinas y parques acuáticos, vinerías y jardines exuberantes, a pesar de que incluso al modernizarse la ciudad, cientos de miles todavía viven en asentamientos empobrecidos. El desempleo alcanza 25 por ciento.

Durante los últimos 20 años, la ciudad ha reconocido parte de la amenaza cada vez mayor. Hizo avances en la reducción del uso de agua de sus seis reservas más importantes, que albergan hasta 870 mil millones de litros de agua. El consumo per cápita disminuyó; la ciudad redujo las fugas, obligó a los usuarios importantes a pagar más y, en general, promovió el uso eficiente del agua, dice Winter. Ciudad del Cabo ganó varios premios internacionales por su gestión del suministro del agua. Hasta trata de avergonzar a los usuarios que consumen más con la publicación de sus nombres.

Pero los oficiales también cometieron un error cada vez más común: dieron por sentado que los patrones de lluvia futuros se asemejarían a los pasados, o que, al menos, no cambiarían demasiado rápido.

“Es como manejar un automóvil mirando por la ventanilla trasera”, dice Winter. “Resolvieron problemas del pasado, pero no se dieron cuenta de los riesgos que tenían por delante. Ahora deben hacerle frente a la fuerza de la naturaleza”.

Hace una década, se le informó a la ciudad que el crecimiento de la población y las modificaciones que se proyectaban con al cambio climático —un clima más seco y caluroso, con menos precipitaciones durante el invierno, y una reducción en el caudal de los arroyos— requeriría encontrar fuentes de agua adicionales.

“Se les advirtió, pero esas advertencias no fueron suficientes para cambiar el foco de atención de las escuelas o los hospitales a otros temas de la agenda”, dice Winter.

Al final, el peligro se presentó de repente. En 2014, los seis diques estaban llenos, pero luego vinieron tres años seguidos de sequía —la peor en más de un siglo—. En la actualidad, según datos de la NASA, las reservas se encuentran con el 26 por ciento de su capacidad, y la más grande de ellas, que provee la mitad del agua de la ciudad, es la que se encuentra en peor estado. Los funcionarios de la ciudad planean cerrar las llaves de paso cuando las reservas lleguen al 13,5 por ciento de su capacidad.

Si bien no se sabe con certeza en qué medida la actual racha de sequía es causada por la variabilidad natural, en oposición al cambio climático, “queda claro que nuestro sistema actual ya no es confiable”, dice Olivier. “Es probable que no tengamos una sequía como esta durante varias décadas. Pero sí que los eventos extremos sean cada vez más frecuentes”.

Y las consecuencias podrían percibirse en muchas otras partes del mundo.

OTRAS CIUDADES DEL MUNDO EN PELIGRO

Hasta este momento, las sequías de los años recientes contribuyeron a desencadenar hambruna y malestar en naciones rurales de todo el mar Arábigo, desde Irán hasta Somalia. Pero las crisis hidráulicas también amenazan a ciudades grandes de todo el mundo.

En la actualidad, una gran parte de los 21 millones de residentes de Ciudad de México solo tienen agua corriente durante una parte del día, mientras que uno de cada cinco habitantes solo obtiene agua de sus grifos unas horas por semana. Varias ciudades importantes de la India no tienen agua suficiente. Los administradores del suministro de agua de Melbourne, Australia, comunicaron el verano pasado que podrían quedarse sin agua en poco menos que una década. Yakarta experimenta una sequía tan grande que la ciudad se está hundiendo más rápido de lo que se eleva el mar, ya que los residentes drenan las aguas subterráneas de su superficie.

Al igual que con el fiasco de Ciudad del Cabo, las reservas de Sao Paulo, Brasil, tuvieron un desgaste tal en 2015 que las tuberías succionaban lodo, los camiones de agua de emergencia sufrían saqueos y el flujo de agua a los grifos de muchos hogares se reducía a unas pocas horas dos veces por semana. Solo las lluvias de último momento evitaron que las autoridades brasileñas tuvieran que cerrar las llaves de paso por completo.

“Sao Paulo llegó a tener un suministro de menos de 20 días de agua”, dice Betsy Otto, directora del programa global de agua del World Resources Institute. “Lo que estamos empezando a ver es la confluencia de muchos factores que tal vez hayan sido menospreciados o ignorados, o estén cambiando, pero que, si se juntan, podrían crear la tormenta perfecta”.

La competencia por el agua es cada vez mayor a medida que el crecimiento de la población impulsa la demanda de agua potable y agricultura, y los países son cada vez más prósperos. De hecho, las ciudades ni siquiera son conscientes de que el agua con la que creen que cuentan ha sido reclamada o contaminada y está siendo consumida por otros usuarios.

Mientras tanto, el cambio climático está provocando cambios meteorológicos más pronunciados, con tormentas más intensas y eventos más extremos. “Piensen en el récord de acumulación de nieve en el sur de California después de cinco años de sequía seguidos de más sequía; estos cambios abruptos probablemente comiencen a ser normales”, dice.

Al mismo tiempo, como con Ciudad de México y Yakarta, la infraestructura suele ser inadecuada. La gestión del suministro de agua se ve afectada por la falta de saneamiento, las fugas, la contaminación con metales pesados y una escasez que impide el suministro suficiente para satisfacer la demanda. “Simplemente no está a la altura de las circunstancias”, dice Otto.

Con frecuencia la falla tiene que ver con dinero, pero casi siempre hay también dinámicas políticas en juego.

“Francamente, el peligro subyace en la falta de capacidad de nuestras instituciones políticas para mantenerse a tono”, dice Geoff Dabelko, director y decano adjunto del programa de estudios ambientales de la Universidad de Ohio. “La historia predominante de la próxima década será sobre la eficacia con que nuestras instituciones enfrenten la velocidad cada vez mayor del cambio”.

En Sudáfrica, tanto el Congreso Nacional Africano, que se encuentra en el poder, como la Alianza Democrática, el partido de la oposición que administra la ciudad, tienen parte de la responsabilidad de mantener o administrar el agua. Los expertos sugieren que cada uno de ellos ha cometido errores fundamentales.

“Ambos creyeron que esta sería una sequía a corto plazo, y que las cosas volverían a la normalidad en algún punto”, dice Turton. “Pero el cambio climático es un factor ahora, y recién comienzan a percatarse de la intensidad con que seguirá creciendo la demanda de agua”.

Por el momento, la región está intentando traer nuevos suministros a la línea. Se están construyendo cuatro plantas de desalinización nuevas. Se están perforando pozos de agua nuevos y se está construyendo una planta de reutilización de efluentes. La mayoría de los proyectos llevan completada más de la mitad de la obra.

Sin embargo, todos menos uno están atrasados, y los líderes de las ciudades están presionando para que, al menos, algo comience a funcionar pronto.

“Los residentes de Ciudad del Cabo están sorprendidos por cómo ha empeorado la situación, dice Magalie Bourblanc, una analista de políticas públicas que se especializa en la gestión de recursos de la Universidad de Pretoria, Sudáfrica. “Pero creo que la gente se está dando cuenta rápidamente de lo mala que puede ser la situación”.

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