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El "auto escarabajo", un modelo icónico en las calles de México

SI bien el clásico Volkswagen Beetle ya no se fabrica, pueden verse muchos modelos antiguos restaurados, desde la Ciudad de México hasta San Miguel de Allende.

Por Norie Quintos
Publicado 26 de feb. de 2021 13:49 GMT-3
Oaxaca Bug on the road

Los VW Beetles, o “vochos” como se les dice en México, configuran una escena típica de las calles de Oaxaca.

Fotografía de Adam Rose

¿Quién no tiene una anécdota con el Volkswagen Beetle, o al menos un recuerdo? Para muchos, se trata del automóvil en el que aprendieron a conducir o el que usaron para ir a protestas o festivales de música. A otros, les recuerda la señal que habilitaba un puñetazo en el brazo de un hermano mientras viajaban en ruta jugando al clásico juego infantil “Punch Buggy” (o “Vocho”).

El adorable cupé de dos puertas con motor trasero y estilo hippie se veía por todas partes y podías reconocerlo enseguida. Desde la década de 1970 hasta la de 1990, fue el automóvil más vendido del mundo, con una producción mundial de más de 21 millones de vehículos; es por eso que recibió el apodo de “el auto del pueblo”. 

El coche no es solamente una leyenda; es un auto que hasta las celebridades adoran. El actor Ewan McGregor (Moulin Rouge, Star Wars), por ejemplo, cuenta que es el auto de toda su infancia. “Mis padres tuvieron tres escarabajos seguidos, uno blanco, uno rojo y luego uno naranja. Nos ponían en la parte de atrás y viajábamos desde Escocia hasta Francia para ir a acampar durante las vacaciones de verano". El primer automóvil de McGregor fue un Beetle de 1978; y actualmente tiene dos en su casa de Los Angeles. “Me encantan. Son como viejos amigos".

En el pasado, el Beetle fue el automóvil más vendido del mundo, pero Volkswagen dejó de producirlo en Alemania en 1978.

Fotografía de Adam Rose

En la actualidad, ya casi no vemos Beetles por las calles. Más bien, los autos de hoy son más sofisticados, más seguros y más ecológicos, con accesorios que ahora se consideran esenciales, desde el control de crucero hasta el sistema de entrada sin llave, la cámara posterior y el Bluetooth. A lo largo de los años, el clásico se ha convertido en una "especie en peligro de extinción", y cada vez es más común en museos, exhibiciones de autos antiguos y repeticiones de la película Herbie Goes to Monte Carlo (Herbie en el Grand Prix de Montecarlo, The Walt Disney Company posee la mayor parte de las acciones de National Geographic Partners).

Pero en México sigue teniendo una fuerte presencia, y quienes visitan el país por primera vez se sorprenden (y los fanáticos se obnubilan) ante la cantidad de VW Beetles que recorren los pueblos de las colinas, como Valle de Bravo, San Miguel de Allende y Cuernavaca, desafiando la edad y la gravedad. “La mayoría se ve en las áreas turísticas de México”, dice McGregor. "A muchos los hicieron convertibles quitándoles el techo con una motosierra (literalmente). Y así es como convierten un escarabajo común en un descapotable". 

En la Ciudad de México, los estrictos controles de contaminación han prohibido la circulación de muchos autos. Pero es posible ver modelos destartalados asomándose desde los garajes de barrios históricos como La Lagunilla, mientras que los ejemplares más relucientes y restaurados aparecen en fotos de Instagram estacionados frente a las fachadas barrocas del siglo XIX en barrios modernos como Roma.

Fotografía de Adam Rose

Durante todo el año los fanáticos organizan fiestas, carreras y diversas reuniones. Aunque quedan muy pocos en comparación con su época dorada, estos autos son un testimonio de la historia de amor entre el país y el intrépido automóvil de nacionalidad alemana.

Parte de la cultura

"Cada vez que visito México, siento que estoy de safari, dada la cantidad de animales exóticos que ya casi no se ven en otros lugares", dice Andrea Hiott, berlinesa y autora del libro Thinking Small, sobre la historia del Beetle. “Por supuesto que puedes admirarlos en los museos, como el Volkswagen AutoMuseum en Wolfsburg, pero si quieres tener uno propio debes pagar una enorme cantidad de dinero, por eso las personas que de hecho poseen uno, ya no los usan. Pero lo cierto es que este coche fue fabricado para ser conducido; es muy robusto y está preparado para la aventura. Me hace feliz porque en México, especialmente lejos de las grandes ciudades, puedes ver que el auto se usa como auto”.

Al ser económicos y prácticos, eran elegidos no solo por las familias, sino también por los taxistas de la Ciudad de México. Su ubicuidad en el paisaje les dio un lugar fijo en el cine mexicano, como telón de fondo obligado en las telenovelas y películas latinas.

El vocho, como le dicen en México, “es parte inseparable de la cultura”, dice Nicolas Caillens, que realiza recorridos arquitectónicos por la Ciudad de México con su flota restaurada de escarabajos y camionetas VW antiguos. “Durante la última mitad del siglo XX, era imposible caminar por la calle y no toparte con uno; estaban por todas partes. Literalmente se convirtió en el auto del pueblo, que unía generaciones: un padre le enseñaba a su hijo a conducir un Beetle, quien, a su vez, le enseñaba al suyo".

En México, los modelos antiguos del “auto del pueblo” forman parte de la cultura. “Es un integrante de la familia que vive en el garaje”, comenta un residente de la Ciudad de México.

Fotografía de Adam Rose

Luego de la crisis financiera de 2008, Caillens dejó Estados Unidos para mudarse a la Ciudad de México. Compró un escarabajo muy deteriorado para restaurar, luego tuvo otro, y luego otro y otro más. Al darse cuenta de que le dolía deshacerse de ellos, combinó esta pasión con su amor por el arte y la arquitectura, y así nació The Travelling Beetle. (Por ahora, hasta que se reanude el turismo, la compañía se ocupa de restaurar Volkswagen antiguos para clientes principalmente de Estados Unidos).

“Es el miembro de la familia que vive en el garaje”, comenta Enrique Wanzke, residente de la Ciudad de México, quien tuvo el Beetle más antiguo del país, un modelo de 1950 de ventana dividida color aguacate. Wanzke coopera en la organización de Treffen, uno de los eventos clásicos de VW más conocidos en América Latina, que exhibe autos en muy buenas condiciones, "como si recién salieran de la fábrica". “A la gente le encanta este automóvil y cada país lo ha apodado de diferente manera: fusca en Brasil, pichirilo en Ecuador, pulga en Colombia o sapito en Perú. Pero aquí en México, estamos locos por nuestros vochitos".

Una de las grandes particularidades de este auto es su forma. “Tiene algo que hace sonreír a la gente”, dice Caillens. “Tiene que ver con su diseño atemporal: sus curvas, su forma simple, su alegre paleta de colores y quizás su pequeño tamaño”. McGregor dice: “Tiene una forma muy agradable y feliz. Y es como si tuvieran personalidad. Es extraño, algo más allá de la maquinaria. Tienen una especie de alma, por así decirlo. Sí, creo que tienen alma".

Fotografía de Adam Rose

El entorno ideal

¿Cómo es que un automóvil nacido en la Alemania nazi (de hecho, a partir de una idea promulgada por Hitler), que fue recuperado por los ocupantes británicos después de la Segunda Guerra Mundial y elegido por los hippies estadounidenses en los años 60 terminó teniendo su época de oro en México?

“Este coche tiene una solidez y persistencia únicas; puedes comprobarlo en su historia, se reinventa constantemente, incluso en su mecánica”, dice Hiott. “El motor se enfría por aire y nunca necesita agua. Puede andar y andar".

En México, con sus desiertos y colinas polvorientas y fácil acceso a repuestos, el Beetle encontró su entorno ideal. “El coche resistió más de lo esperado”, añade Hiott.

"Vengo trabajando en la restauración de escarabajos durante más de 10 años y puedo decir que son como cortadoras de césped sofisticadas", expresa Caillens. “Nunca he tenido que llamar a una grúa; no es necesario ser mecánico para arreglarlos. Es decir, puedes confiar en este automóvil estando en medio de una granja o aldea remota".

El VW Beetle ha unido las generaciones de familias mexicanas, dice el operador turístico Nicolas Caillens. "Un padre le enseñó a su hijo a conducir un Beetle, quien, a su vez, le enseñó al suyo".

Fotografía de Roger Cracknell, Alamy Stock Photo

El primer Beetle llegó al puerto de Veracruz, México, en 1954 en el contexto de una exhibición. Fue un éxito al instante. Por eso, en 1964, la empresa automotriz alemana decidió construir una fábrica, la más grande fuera de Alemania, en el estado central de Puebla. Para 1973, un tercio de los autos vendidos en México eran Beetles.

La planta siguió fabricándolos de a millones, incluso cuando los estándares de seguridad más estrictos y las importaciones japonesas hicieron que las ventas en otros lugares cayeran y que Alemania dejara de producir el automóvil en 1978. 

La planta de Puebla produjo el clásico Beetle durante 25 años más hasta que finalmente, en 2003, lo dio de baja. Continuó fabricando los “New Beetles” de segunda y tercera generación hasta 2019 (el último salió de la línea de montaje al ritmo de una banda de mariachis). Para entonces, la mayoría de los taxis vochos originales también habían sido descartados y enviados a depósitos de chatarra.

"Una pieza icónica de la historia mexicana"

Pero la historia ha demostrado que las especulaciones sobre la muerte de la cultura vocho en México no tienen asidero. “Aún se los puede encontrar trabajando como taxis en lugares como Taxco, en el estado de Guererro. O sirven como caballos de batalla en las granjas de Oaxaca”, dice Caillens. “Y de repente la gente se está dando cuenta de que lo que tienen en el garaje es una pieza icónica de la historia de México, y cada vez hay más autos restaurados. Los están reviviendo".

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El automóvil y la cultura se unen en una exhibición denominada “Vochol”, para la cual ocho artesanos colocaron a mano más de dos millones de pequeñas cuentas decorativas en un vocho de 1990 utilizando un diseño indígena tradicional huichol de las regiones de Jalisco y Nayarit. La exhibición ha recorrido el mundo; cuando no está asignado a otro sitio, puede verse en el Museo de Arte Popular de la Ciudad de México.

Con su empresa Matilda 70, Jorge y Tanya Reich alquilaban Buses antiguos (otro automóvil de culto de VW) a turistas que recorren el centro de México. Hace un par de años, compraron un Beetle rojo (del 2000) con la idea de desarrollar el turismo del vocho. “Desafortunadamente, la pandemia interrumpió nuestros planes y tuvimos que venderlo para sobrevivir”, dice Jorge. Pero tienen el mismo espíritu perseverante que el auto…no se rinden, son optimistas y creen que volverán a encarrilar sus planes.

McGregor cree que pronto los automóviles serán eléctricos. Y convirtió su modelo de ventana ovalada de 1954 en un automóvil completamente eléctrico. “A simple vista, no puedes decir que el auto tiene algo que no es original hasta que paso cerca tuyo sin hacer nada de ruido… no se puede creer”, dice. En el futuro, “tal vez solo tendremos que pensar: autos más pequeños, sin emisiones y que nos hagan sentir felices. Listo, trato hecho".

La felicidad que provocan los Beetles no se debe simplemente a su diseño. “Durante casi todo un siglo, este auto ha formado parte de la vida de las personas”, dice Hiott. “Ver estos autos en la calle es como transportarse en una cápsula del tiempo. Trae recuerdos y evoca anécdotas que de otro modo no podrían recuperarse, por eso estos objetos son tan importantes".

Y agrega: “Al hacernos viajar en el tiempo, nos permiten recordar las cosas importantes. En un mundo tan complicado como el de hoy, este coche representa lo más básico, terrenal y genuino".

Justo el tipo de viaje que necesitamos en este momento.

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