National Geographic

El emotivo viaje de fotografiar un trasplante de cara

Maggie Steber y Lynn Johnson reflexionan sobre la historia de Katie Stubblefield, la paciente más joven de Estados Unidos en someterse a un trasplante de cara. Martes, 14 Agosto

Por Erin Blakemore

La cara, separada de su donante, descansa en una bandeja. Los cirujanos que la han removido, la observan, haciendo una pausa antes de trasplantarla. "Fue un momento que te dejaba sin aliento", afirma la fotógrafa Lynn Johnson.  "Todos en la sala estaban atónitos".

Todo se paró por un instante de "reverencia", cuenta mientras recuerda el momento. "Y luego se recompusieron y comenzaron a suturarla".

La sorprendente fotografía se convirtió en la imagen principal de la edición de septiembre de la portada de la revista de National Geographic sobre cirugía.

Johnson era una de las dos fotógrafas veteranas de National Geographic que documentaron el camino recorrido por Katie Stubblefield a medida que su cara, que había sufrido severos daños cuando quiso suicidarse con un rifle, era reconstruida y luego sustituida.

Durante dos años y medio, la fotógrafa Maggie Steber siguió a Katie y a su familia mientras dejaban su hogar en Miami y pasaban semanas en la Clinica Cleveland en Ohio, donde los cirujanos cuidaban de Katie, y en la Casa de Ronald McDonald, donde Katie vivía cuando no estaba internada. Steber hacia todo lo que los Stubblefields hacían, y solo los dejaba para ir a dormir, por lo que comenzó a considerarse parte de la familia. 

"Compartían sus más profundos pensamientos conmigo", cuenta Steber. "Esa es una posición bastante privilegiada. A veces, los fotógrafos necesitan dejar la cámara de lado y escuchar a los sujetos a los que están fotografiando". 

Pero cuando los llamaron para decirles que habían encontrado un donante, Steber estaba a miles de kilómetros en Dubai; demasiado lejos para llegar a tiempo. "No me iban a esperar, ¿y por qué lo harían?", señala Steber. "Caí de rodillas y me puse a llorar". 

En ese momento, Johnson se hizo cargo de la situación. "Lynn es una fotógrafa muy sensible y una excelente amiga", afirma Steber. "Es como mi hermana. Esta es nuestra historia. Tenemos la posibilidad de compartirla". 

Durante el procedimiento que duró 31 horas, Johnson estuvo tanto con la familia Stubblefield como con los cirujanos. "Había un tipo de tensión muy casual en la sala", cuenta. 

Johnson capturó la transformación de Katie en la sala de operaciones, pero Steber hizo la crónica de una familia transformada por una nueva misión. "Estaban con el corazón destrozado e impactados por lo que sucedió, pero acogieron esa situación", dice Steber sobre los padres de Katie, Robb y Alesia. "Son guerreros. Son como águilas protegiendo a su polluelo. Y ahora Katie tiene una misión en la vida. Puede intentar salvar otras vidas".

Asimismo, fue testigo de la agonía física y emocional de Katie mientras atravesaba las cirugías que repararían sus heridas, y luego, mientras luchaba con su nueva cara. La experiencia fue tan intensa que, en ocasiones, Steber tenía que llamar a Kurt Mutchler, editor fotográfico de National Geographic, en busca de palabras de aliento. "Solo tienes que escucharlos y tener empatía por lo que están atravesando", dice Mutchler.

Steber descomprimía caminando largos tramos, inmersa en la decisión de Katie de dispararse y el precio que pagaba por ello. "A veces la vida te quita la vida incluso aunque no hayas muerto", reflexiona. "Katie pagó por su decisión una y otra vez, y una y otra vez, y de maneras que fueron extremadamente dolorosas". 

Una vez que finalizó la toma de fotografías, Steber le entregó a Mutchler y su equipo más de miles de imágenes (en rollos de película). "Eran, probablemente, cuatro o cinco mil imágenes", afirma. Mutcher comenta que, con menos imágenes, es más fácil construir una narrativa. En este caso, crear una historia coherente con todas esas fotos era un gran desafío; e, incluso, algunas de las favoritas de Mutchler y Steber fueron eliminadas en la edición. 

Una sí llegó a ser parte de la historia final: una imagen de Katie sentada sola en su cama de hospital luego del trasplante. Steber dice que, como era usual, la sala era "un aluvión de actividad constante". Pero nadie hablaba con Katie. Estaba sentada allí, teniendo su momento de silencio y reflexión". Era un momento privado y extraño a la vez. "Al final, tenemos que lidiar con nosotros mismos". 

Para Steber, la nueva cara de Katie es mucho más que una maravilla médica. "No se trata de cómo te ves", cuenta. "Es tu espíritu. Tu cara es el mapa de tu vida".

La fotógrafa espera que la historia de Katie fomente el conocimiento científico y haga que la gente piense. "La gente le da la espalda a todo, ¿no es así?", dice. "Le da la espalda a las imágenes de niños muriéndose de hambre, a las imágenes de guerras. Tienen esa posibilidad. Pero luego pienso en todas aquellas personas a las que sí les interesaría esto. Tal vez haya niños que se convertirán en médicos algún día gracias a ver esto. Tenemos que pensar en las personas a las que esta historia puede inspirar, informar y cambiar". 

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