Brasil: Inundaciones históricas afectaron a las ciudades de la cuenca del río Amazonas

¿Cómo es vivir rodeados de agua? Descubre cuál es la realidad que enfrentan los damnificados por las crecidas de los ríos Negro, Solimões y Amazonas; una situación crítica para una región ya muy perjudicada por la pandemia.

El Reloj Municipal de Manaos se refleja en las aguas que invadieron la ciudad durante las inundaciones de la cuenca del Amazonas en junio de 2021.

Fotografía de Christian Braga
Fotografías de Christian Braga
Publicado 1 de oct. de 2021 15:33 GMT-3

Nota del editor: la cobertura fotográfica de este reportaje fue realizada con el apoyo del Fondo de Emergencia por COVID-19 para Periodistas de National Geographic Society

Al son del saxofón, Jorge da Silva Machado, de 66 años, recibe al fotógrafo Christian Braga en su casa. Residente de Educandos, un barrio de Manaos, capital del Estado de Amazonas, Jorge lleva la vida diaria con música en medio de las corrientes del Río Negro, el mayor afluente de la margen izquierda del río Amazonas, que invadió su casa este año. Jorge fue una de las personas a las que siguió el fotógrafo durante el período en el que las aguas afectaron la vida cotidiana de las ciudades ya muy afectadas por la pandemia desde 2020.

Las crecidas del río Negro son comunes, pero en 2021 alcanzaron la marca récord de 30,02 metros, alcanzada el 1 de junio, la más alta desde 1902, cuando se empezaron a registrar los datos. El río Solimões, que luego de encontrarse con el río Negro en la región de Manaos se llama Amazonas, también batió récords de inundaciones: 20,8 metros, marca registrada en la ciudad de Manacapuru (AM), la más alta desde el inicio de la serie, que se inició hace 49 hace. Las mediciones de la altura del río Amazonas en las ciudades de Itacoatiara, Careiro y Parintins también fueron las más altas jamás medidas.

Según Jorge, para las personas que nacieron y se criaron a orillas de la cuenca hidrográfica más grande del mundo –la del Río Amazonas– la inundación, a pesar de ser histórica, fue solo una más a la que tuvieron que adaptarse. “Todos los años pasa siempre lo mismo, pero nunca se ha inundado tanto, todos tuvimos que hacer marombas para salir de casa, la mía es un poco más alta y, por suerte, solo llegó a una parte”, le dijo a nuestro reportaje. Las marombas son puentes de madera que muchos habitantes del Estado de Amazonas tuvieron que construir este año, tanto en el interior como en el exterior de sus casas, para moverse durante la inundación. Según el Ayuntamiento y la Defensa Civil de Manaos, se construyeron más de 13.000 metros de marombas en 21 barrios de la capital.

En el barrio Educandos, uno de los más grandes de la ciudad, con cerca de 15.000 habitantes, la población comenzó a recibir canastas básicas de alimentos y asistencias en dinero para sobrevivir durante la inundación. Las aguas acabaron por ayudar a Jorge, quien trabaja con reciclaje, pues hicieron flotar las latas vacías y la madera, que recoge y vende. “Un poquito allá, un poquito aquí, y nos arreglaremos”, dijo. También planta frijoles, maíz, cría cerdos y gallinas. "Ahora he puesto a los cerdos a la venta porque su ración está muy cara”, aclara. Sin embargo, su pasión es la música, tiene una colección de instrumentos musicales: batería, guitarra eléctrica, guitarra, teclado y saxofón, “estoy aprendiendo a tocar lambada, pero todavía no soy un profesional”, asegura.

Izquierda: Arriba:

Don Jorge, músico y residente del barrio Educandos, en Manaos, se vio directamente afectado por la mayor inundación de la historia. Vive en una casa de madera que tuvo que adaptar a la crecida del agua. En esta foto, toca el saxofón durante la visita del fotógrafo en mayo de 2021.

Derecha: Abajo:

Dueña Maroca recibe una dosis de vacuna en la comunidad Terra Brasil, en la ciudad de Anamã, 165 kilómetros al oeste de Manaos, Amazonas, en mayo de 2021. La histórica inundación no impidió el tránsito de los agentes de salud, que llegaron en bote a las numerosas comunidades de la región.

Fotografía de Christian Braga

El barrio Educandos, en Manaus, durante las inundaciones de los ríos Solimões y Negro, en la cuenca del Amazonas, el mayo 2021. El barrio es directamente afectado por los problemas ambientales provocados por la crecida de los ríos: más basura, alcantarillas y casas destruídas.

Fotografía de Christian Braga

Jorge dice que ya ha construido seis casas en la región, todas altas, sobre palafitos. Por estar tan acostumbrado a esta vida, a Jorge no le parece raro que, durante la inundación, haya pescado un pirarucú dentro de su casa; aparecieron cuatro y logró atrapar al más pequeño, que pesaba 12 kilogramos. “Aquí solo podemos construir casas altas y de madera, no pueden ser de albañilería porque la casa tiene que adaptarse a las aguas”. Un estilo de vida según las estaciones amazónicas, el verano, con el período de sequía (entre los meses de junio y diciembre), y el invierno, con el período lluvioso (de diciembre a mayo). Y es este volumen de lluvia que provoca la crecida de los ríos de la región, un volumen que varía de un año a otro, dependiendo de la cantidad de lluvia y de la capacidad de caudal del río.

Pero el volumen de agua no fue el mayor desafío que enfrentaron los residentes de la ciudad de Manaos. El récord en el nivel del agua ocurrió después de más de un año y medio del período en que la ciudad vivió un caos en el sistema de salud causado por dos olas de COVID-19 que han matado a más de 13.000 personas en el Estado. El hijo de Jorge fue una de estas víctimas. “Han pasado siete meses desde que ha fallecido, fue un shock para mí, pues tenía solo 30 años y éramos muy cercanos”.

Las inundaciones no impidieron el avance de la vacunación en el estado. Los agentes de salud utilizaron lanchas y lanchas rápidas para llegar a ciudades como Anamã -una población de alrededor de 14 mil habitantes y bañada por Solimões-, donde viven la profesora Maura da Costa Avelino, de 29 años, y su madre, María, de 69 años. “Con la inundación ya estamos acostumbradas; aunque sea de grandes proporciones, no es capaz de causar el daño que causó la pandemia”, dijo Maura en una entrevista. Para ella, la inundación también facilitó el aislamiento de la ciudad, ubicada a orillas del Río Amazonas, 165 kilómetros al oeste de Manaos, reduciendo el número de casos en la región. María no sufrió muchas pérdidas materiales como consecuencia de las aguas, pero perdió a su padre a causa de la nueva enfermedad.

Cementerio principal de la ciudad de Careiro da Várzea (Estado de Amazonas), durante la inundación de la cuenca del Río Amazonas en mayo de 2021. El cementerio quedó completamente bajo el agua.

Fotografía de Christian Braga
Izquierda: Arriba:

Sumergido en el agua, un letrero en el piso de una escuela municipal en Careiro da Várzea instruye sobre las reglas de distanciamiento durante la pandemia, en mayo de 2021. Las clases se interrumpieron debido a la inundación.

Derecha: Abajo:

Cruz del cementerio de Careiro da Várzea completamente inmersa en el agua de la inundación de la cuenca del Amazonas.

 

Fotografía de Christian Braga

Un niño juega en la plaza principal de la ciudad de Careiro da Várzea, vecina de Manaus, Amazonas, el mayo 2021.

Fotografía de Christian Braga

Le preocupa la devastación del medio ambiente y cree que es probable que las inundaciones empeoren en los años siguientes. “Vivimos en un área de llanura aluvial; por suerte, logramos salvarlo todo, pero año tras año el río sube. Veo que otras partes de Brasil también se vieron afectadas por sequías, si los gobernantes no toman medidas, la situación empeorará”, advierte.

En la otra dirección, a 15 minutos en bote, al este de Manaos, vive Valcemir Cardoso da Silva, 54 años, conocido como Tío Capu. El comerciante, hincha de Flamengo, dice que construyó marombas en el interior de su casa, pero perdió muchas cosas, muchos muebles que no tuvo tiempo de subir. Solo pudo salvar el frigorífico. “Esta vez creo que el agua subió más rápido; un día, pensando que bajaría, fui a dormir seco y me desperté mojado, incluso mis chancletas se fueron flotando por el río”, recuerda.

Tío Capu cuenta que su familia tuvo suerte, nadie se infectó con COVID-19 y hoy ya están vacunados. Durante la pandemia, empezó a prestar servicios de taxi, llevando a pacientes en su bote, pero lo perdió en un accidente que le sucedió junto con su hijastra y yerno durante la inundación. “El bote se volcó y casi no pude salir. Por suerte, me sacaron y nadie resultó herido, de lo contrario, ¡habría sido un accidente terrible”! 

Anamã, en el interior del Estado de Amazonas, durante las inundaciones en la cuenca del Amazonas en mayo de 2021. La ciudad, conocida como Venecia Amazónica, se volvió completamente sumergida.

Fotografía de Christian Braga
Izquierda: Arriba:

Los habitantes de la ciudad de Careiro da Várzea, municipio del Estado de Amazonas, tuvieron que adaptar sus viviendas con maderas compradas o donadas, durante la crecida del Río Amazonas.

Derecha: Abajo:

La vida cotidiana de los habitantes de la ciudad de Anamã durante la mayor inundación de la historia del Río Amazonas. Los coches se sustituyen por botes y lanchas. Anamã, Estado de Amazonas.

Fotografía de Christian Braga

“Cuando llega la inundación, todo es agua. No hay tierra, solo agua, solemos decir que en el cementerio de la ciudad es donde uno muere dos veces, cada año cuando llega el agua se muere de nuevo”, dice Tío Capu. Las imágenes hechas por Christian Braga así lo demuestran, con el reflejo de las cruces en el agua, recordándonos que hay un otro mundo justo debajo de la línea de flotación. La ciudad vista desde arriba es una gran Venecia Amazónica, con calles por donde solo se puede pasar navegando. Tío Capu sigue vendiendo gas y agua y espera poder comprar pronto otro bote. Para él, la inundación fue muy similar a las de 2009 y 2015. Sobre el futuro, no puede predecirlo, “quien lo determinará es Dios”, dice.

Lo que en la percepción de los habitantes de Amazonas es solo otro año más construyendo marombas, para Flávio Mendes de Oliveira, Jefe del Primer Distrito Meteorológico de Manaos, es una consecuencia de la Oscilación Decadal del Océano Pacífico. Este fenómeno cíclico provoca sequía en el sureste de Brasil y más lluvias en el norte. Según él, todo esto está sucediendo debido a un problema oceánico, relacionado con el Pacífico Norte.

Para Flávio, el período que se llamaría seco está registrando mucha lluvia. En agosto, llovió tres veces más de lo normal en la región. “Se han registrado lluvias muy intensas en la región desde el 2020. Y los modelos indican la posibilidad de un retorno a finales del año”, explica el meteorólogo. “Hay un pronóstico de La Niña y, con eso, la posibilidad de inundaciones para el 2022”.

Cabe destacar que, en 119 años de análisis de estos datos, de los 11 registros más altos, los siete máximos históricos ocurrieron en la última década.

“Vivimos en un área de llanura aluvial; por suerte, logramos salvarlo todo, pero año tras año el río sube. Veo que otras partes de Brasil también se vieron afectadas por sequías, si los gobernantes no toman medidas, la situación empeorará”

Por: Maura da Costa Avelino
Profesora y habitante de la ciudad Amaña

Los 11 más altos registros históricos del nível del río Negro en el puerto de Manaos:

1. 2021 - 30,02 m.

2. 2012 - 29,97 m.

3. 2009 - 29,77 m.

4. 1953 - 29,69 m.

5. 2015 - 29,66 m.

6. 1976 - 29,61 m.

7. 2014 - 29,50 m.

8. 1989 - 29,42 m.

9. 2019 - 29,42 m.

10. 1922 - 29,35 m.

11. 2013 - 29,33 m.

Este año, la crecida del río afectó la vida de más de 455.000 personas en la región, provocando principalmente pérdidas materiales. Sin embargo, además de fenómenos con nombres difíciles, la experiencia de quienes conviven con los ríos implica siempre superar las dificultades. Jorge, por ejemplo, planea construir una casa sobre madera flotante. El corral donde cría a los cerdos ya es así. “La idea es construir una casa que flote para que no haya problemas con las subidas y bajadas de los ríos”, dice.

Para Tío Capu, las aguas vienen a limpiar todo lo sucedido. “La inundación vino y llevó toda la tierra”, dice, “se llevó lo que sucedió en el pasado”.

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