Historia y Cultura

Frida Kahlo: una vida desplegada en obras

La excéntrica artista mexicana hizo que todos repararan en los dolores físicos y emocionales que padeció toda su vida. Lunes, 14 Enero

Por Karen Karbo

El libro de National Geographic, In Praise of Difficult Women ("Alabar a las mujeres difíciles") de Karen Karbo. se describe a aquellas mujeres de todo el mundo que han traspasado las normas y los límites sociales en áreas que abarcan la política, el arte, los medios de comunicación, los libros, entre otras.

La legendaria artista Frida Kahlo pasó la mayor parte de 1950 en una cama de hospital en la Ciudad de México, recuperándose de una serie de cirugías de columna. Para recuperarse debía guardar reposo con el torso enyesado e inmóvil. En una fotografía contemporánea de la artista y futura feminista emblemática de todo el mundo, se la ve recostada sobre unas almohadas, adornando la parte delantera de su último corsé de yeso con un espejo de mano y un pequeño pincel. Tiene las uñas largas pintadas con esmalte oscuro. El cabello con raya al medio, recogido prolijamente hacia atrás. Y usa un montón de cintas de raso y flores en la cabeza. Luce aretes largos, anillos gruesos en los dedos y un par de pulseras.

Independientemente de su grado de sufrimiento, Frida Kahlo siempre disfrutaba de su exposición pública. Era una gran exhibicionista y una ferviente provocadora que arrojaba luz desde la tierra del sufrimiento de la mujer. Eso era parte de lo que la hacía difícil: obligaba a las personas a mirarla, a compartir sus sentimientos, cuando estas preferían mirar hacia otro lado.

Magdalena Carmen Frieda Kahlo y Calderón nació en julio de 1907 en Coyoacán, un suburbio ordenado de la Ciudad de México. Hasta el día en que a Frida (suprimió la "e" en 1922) la atropelló un tranvía a la edad de 18 años, su mundo de clase media alta no presentaba ningún indicio de lo que sería su futuro: que se convertiría en la pintora más célebre de México, una sexy megaestrella del arte internacional y un ícono del pop que crearía obras maestras desconcertantes que se expondrían en los principales museos del mundo. O de que "disfrutaría" de un matrimonio apasionado y tumultuoso con el muralista y mujeriego más famoso de México, Diego Rivera. Frida y Diego se casaron por primera vez en 1929, se divorciaron en 1939, se volvieron a casar en 1940 y permanecieron casados ​​hasta la muerte prematura de Frida en 1954, a la edad de 47 años. Unos años después de que ambos artistas murieran, en una nota del New York Times se escribió lo siguiente: "Si bien crearon gran parte de las obras más fascinantes de México, ha sido la extraña dinámica de la Bella y la Bestia lo que cautivó al mundo y envolvió a ambas figuras en la intriga".

Suele decirse que las niñas que acaban siendo mujeres a gusto consigo mismas son aquellas que tuvieron relaciones armoniosas con padres muy dedicados. Ser apreciadas y aceptadas por el primer hombre en nuestras vidas nos da confianza para movernos por el mundo, para sentir que no seremos rechazadas por ser mujer y ser humano complejo. El padre de Frida, el alemán Guillermo Kahlo, fue uno de esos padres. Entre sus cinco hijas, Frida (la animada, inteligente y divertida) era su favorita. Frida se iba a robar frutas de un huerto cercano en lugar de asistir a una clase de catecismo, o se escabullía detrás de sus hermanas cuando estaban usando el orinal y se escapaba. Pero estas travesuras terminaron cuando contrajo polio a los seis años. 

Frida estuvo confinada en su cama durante nueve meses, una eternidad para una niña activa de seis años. Su padre le brindó todos los cuidados, y cuando finalmente le dieron el visto bueno para regresar a la escuela, Guillermo le recetó hacer deporte. Frida se destacó en fútbol, ​​natación, patinaje y boxeo. En términos generales se fortaleció, pero su pierna derecha quedó débil y más pequeña, y perdió fuerza. En la escuela la discriminaban por su "pata de palo". Para ayudar a compensarla por su soledad, su padre, que creía que, de todas sus hijas, ella era la más parecida a él (inteligente, artística, fuerte, ¡prácticamente un hijo!), le dio libros de su biblioteca y le enseñó a tomar fotografías y a trabajar con ellas.

La relación de Frida con su madre, Matilde, fue tensa, como suele ser el caso de las hijas inteligentes preparadas para superar la existencia limitada de una generación mayor que acató todas las reglas. Hermosa, piadosa y analfabeta, Matilde había cumplido con la obligación de casarse con un "buen partido", se hizo cargo de la casa y se dedicó a hacer bebés y deliciosas comidas. Frida se atrevió a aspirar a algo mejor.

Cuando tenía 15 años, Frida se inscribió en la prestigiosa Escuela Nacional Preparatoria, donde se especializó en biología con la esperanza de convertirse en médica algún día. Todavía insegura por su pierna derecha más pequeña, usaba pares de calcetines adicionales para disimularla. Pero parecía haberse recuperado bastante bien. Era brillante, se dedicaba a sus estudios con gran empeño y era famosa entre los Cachuchas, un club de élite de cerebritos subversivos. Tuvo un novio muy popular, Alejandro Gómez Arias.

El 17 de septiembre de 1925, Frida y Alex volvían a casa desde la escuela en autobús cuando chocaron contra un tranvía. Una baranda le atravesó la cadera izquierda y le salió por la vagina. Se fracturó la espalda y la pelvis en tres lugares. También se quebró la clavícula. Se le fracturó la pierna débil afectada por la polio, su pie más pequeño se dislocó y quedó destrozado. Alguien pensó que era una buena idea sacarle la baranda antes de que llegara la ambulancia. Los gritos de Frida y los ruidos de los huesos resquebrajándose sonaban más fuerte que las sirenas que se acercaban.

Alex, quien sufrió solo heridas leves, lo recuerda así: “Algo extraño pasó, Frida estaba completamente desnuda. El choque le desató la ropa. Alguien del autobús, probablemente un pintor de casas, llevaba un paquete de oro en polvo. Este paquete se rompió y el oro cayó sobre el cuerpo ensangrentado de Frida. Cuando la gente la vio, comenzó a gritar: “¡La bailarina, la bailarina! Por el oro sobre su cuerpo rojo y sangriento, pensaban que era una bailarina”.

Durante un mes, Frida tuvo que usar un yeso en todo el cuerpo. Nadie creía que sobreviviría. Cuando fue dada de alta del hospital, el tratamiento consistió en reposo: al principio, unos meses de reposo en cama. Luego, dos años enteros de reposo en cama. Adiós a Alex, el novio, adiós al sueño de convertirse en médica. Las facturas del hospital se acumulaban y su padre tuvo que hipotecar la casa para pagarlas. Allí comenzó su vida de dolor crónico. El año siguiente, un nuevo grupo de médicos examinó su columna vertebral y se dio cuenta de que el primer grupo de médicos no había notado que varias vértebras se habían curado mal. Esto se convertiría en un tema recurrente, los nuevos médicos indignados ante la ineptitud de los anteriores. La solución: otro yeso y más reposo en cama.

"Nunca pensé en pintar hasta 1926, cuando estaba en cama debido a un accidente de autos", escribió a Julien Levy, dueña de la galería, en 1938. “Estaba aburrida hasta el hartazgo... así que decidí hacer algo. Le robé [sic] a mi padre algunas pinturas al óleo, y mi madre ordenó un caballete especial porque no podía sentarme [la carta estaba escrita en inglés; quiso decir “mantenerme erguida”], y comencé a pintar".

La carta de Frida era astuta, engañosa. Después del accidente, acostada de espaldas en la cama, la pintura era una de las únicas actividades disponibles. Fingió no preocuparse por la calidad de su trabajo, pero en 1927, una vez que estuvo de pie, buscó la opinión profesional del célebre artista Diego Rivera. Tal como lo describe la conocida historia y la película biográfica de 2002, Frida, lo consiguió: acorraló al artista un día mientras él estaba en la cima de una escalera trabajando en un mural; le exigió que bajara, echara un vistazo y le dijera de frente si era lo suficientemente buena. “Mira, no he venido a coquetear ni nada, aunque seas un don juan”, le dijo. “He venido a mostrarte mi pintura. Si te interesa, dímelo; si no, también”. (Es probable que Frida haya conocido a Diego en una fiesta organizada por la fotógrafa y activista Tina Modotti. Pero la historia de que lo buscó y desafió desde la parte baja de la escalera encajaba mejor con su personalidad dramática).

Rivera y Frida eran miembros del Partido Comunista Mexicano, y Rivera quedó cautivado por el espíritu bohemio de Frida. Era una de esas mujeres diminutas que podía beber más que un hombre dos veces más grande. Ella vivía comiendo dulces, fumando cigarrillos y tomaba una botella diaria de brandy. Cuando esta dieta (y, seguramente poca higiene dental) causó que sus dientes se pudrieran a comienzos de la mediana edad, ordenó rápidamente dos juegos de dentaduras postizas: una de oro macizo y otra con diamantes. Todo el que haya comprado una bolsa de Frida, una postal, una taza de café o una camiseta sabe que Frida estaba orgullosa de su uniceja y su bigote, que mantenía limpio con un peine pequeño que usaba únicamente para eso.

Un caluroso día de agosto de 1929, Frida y Diego se casaron, para consternación de su familia y amigos. Frida tenía 22 años, había pasado tres de esos años postrada en cama, y ​​Rivera era un hombre de 43 años, un artista establecido, famoso por sus murales que celebraban la revolución mexicana de 1910. Venía con un historial de dos exesposas y tres hijas; cuando él y Frida se enamoraron, todavía estaba casado con la esposa número dos.

Las personas no suelen sorprenderse si una mujer hermosa se casa con un hombre de aspecto común. Pero en este caso, la gente estaba desconcertada por la adoración y devoción que tenía Frida por Diego Rivera. Me resisto a cosificar a Diego de la misma manera que los hombres lo hacen con las mujeres, pero a pesar de haber hecho investigaciones realmente extensas, no he podido encontrar ni una sola fotografía del gran muralista en el que no se vea repulsivo. “Rivera era veintiún años mayor, pesaba 90 kg y medía más de 1, 80 m, casi 30 cm más que ella; era grotesco tanto por sus medidas como por sus gustos”, escribió Amy Fine Collins en Vanity Fair. “Tan irresistible como feo, Rivera fue descrito por Frida como ´un niño rana parado sobre sus patas traseras´”.

Hubo un paréntesis durante los primeros años de su matrimonio en el que Frida, ya más o menos recuperada de su accidente, desempeñó feliz el papel de esposa ejemplar. Se dedicaba a cocinar para su marido, se preocupaba por su ropa y su comodidad, le daba el baño nocturno y ponía juguetes de baño a flotar para que se divirtiera. Su pintura de 1949 “El abrazo de amor del Universo, la Tierra (México), Yo mismo, Diego y el Señor Xólotl”, en la que ella acuna a un Diego desnudo en su regazo mientras que a la vez es acunada por la Madre Tierra Azteca Cihuacoatl, resume el modo en que Frida percibía su matrimonio: su marido era un bebé gigante.

En 1930, Frida viajó con Rivera a San Francisco, donde le habían encargado pintar un mural para el San Francisco Stock Exchange Luncheon Club. Para esto, debía buscar una modelo que representara la esencia de la condición de mujer en California. Se puso en contacto con la estrella internacional de tenis Helen Wills. Ella era la indicada, habiendo ganado 31 títulos de Grand Slam y dos medallas de oro olímpicas. Con la excusa de “estudiar” a Wills para el mural, Rivera desapareció con ella durante unos días.

Frida lloraba por el incesante coqueteo extracurricular, que él no tenía intención de abandonar a pesar de la angustia que causaba. Le explicaba con paciencia que para él la monogamia era simplemente imposible, y que consideraba que las relaciones sexuales eran tan vitales y simples como hacer pis. Frida gritaba furiosa, y cada tanto arrojaba un plato de cerámica contra una pared pintada de brillantes colores, y luego prohibía la entrada de Rivera a la habitación. Él tomaba represalias recurriendo a una o dos amantes. A veces, al descubrir la identidad de la nueva amante, Frida disfrutaba de una pequeña venganza seduciendo a la mujer. Luego tenían otra pelea y Frida sacudía por los aires otra placa de cerámica, y así sucesivamente.

El temperamento de Frida era el aspecto más saliente de su condición de mujer “difícil”, y esto reforzaba el estereotipo de las mujeres propensas a la histeria. Una mujer llorona y enojada sentada en el sofá comiendo un pote de Ben y Jerry representa algo estresante y fastidioso, pero, en parte, también es aceptable porque a una mujer que llora no se la tiene que tomar en serio.

Piensa lo siguiente: un estudio reciente realizado por la revista Law and Human Behavior sobre las dinámicas de un jurado reveló que aunque un hombre enojado puede influir en los sentimientos y opiniones de sus compañeros jurados, no ocurre lo mismo en el caso de las mujeres. De hecho, cuanto más enojada se pone una mujer, más cantidad de jurados se convencen de que las propias opiniones eran las correctas. Cuanto más furiosa la jurado, menos la escuchaban. Traducido al ámbito doméstico, esto significa que a los esposos no les importa el tipo de comportamiento que Frida solía mostrar. Convierte a la mujer en alguien a quien no tienen que tomar en serio, y también les permite hacer algo que disfrutan, como levantar la mano, ir al bar, pedir una bebida fuerte y quejarse con otros hombres de lo complicadas que son las mujeres.

Pero Frida tenía otros rasgos, menos predecibles. Era astuta y engañosa. En 1933, en el Detroit News mientras la pareja vivía en Detroit ese año (Diego estaba pintando “Detroit Industry”, una celebración de los trabajadores de la ciudad), se escribió la siguiente descripción infame: “La esposa del maestro pintor de murales se anima a hacer obras de arte”.

La foto en blanco y negro que acompaña la nota muestra a Frida en el caballete, con la cabeza hacia la cámara en un ángulo que refleja exactamente la imagen del autorretrato que está pintando. Lleva un delantal atado a la cintura, como si volviera de la cocina. En la cita donde se refiere a su esposo Diego se lee: “Lo hace bien para ser un niñito, pero yo soy la gran artista”.

Lo decía con gracia, pero la escritora no lo notó, no estaba preparada para el ingenio de Frida. Sin embargo, en esta broma reside el núcleo de su ambición. Frida pudo haber comenzado a pintar para divertirse durante su periodo convaleciente, pero a principios de la década de 1930 estaba decidida a dejar su huella. Durante su estancia en Detroit, pintó dos cuadros que algún día se considerarían obras maestras: “Henry Ford Hospital” y “My Birth” (Mi nacimiento). Esta última representa a una mujer, probablemente Frida, que se dio a luz a sí misma. La imagen es sorprendente, incluso hoy. La figura en la cama está cubierta por una sábana blanca de la cintura para arriba. Sus piernas están abiertas, y una cabeza de mujer adulta con la característica uniceja sobresale de su vagina. La reina del pop Madonna tiene este cuadro. En una entrevista en Vanity Fair, Madonna comentó: “Si a alguien no le gusta esta pintura, entonces sé que no puede ser amigo mío”.

En el verano de 1938, a los 31 años, Frida concretó su primera venta. El actor Edward G. Robinson también era un coleccionista de arte, y mientras estaba en la Ciudad de México, compró cuatro pequeñas imágenes, a 200 dólares cada una. El artista francés André Breton también descubrió su trabajo y lo anunció como surrealista: “Sus pinturas eran como una cinta alrededor de una bomba”.

Se podría pensar que después de trabajar a la sombra de su marido durante casi una década, Frida se sentiría emocionada e incluso agradecida de ser incluida dentro de un gran movimiento artístico junto a los poderosos pintores Max Ernst, Marcel Duchamp y René. Magritte. Pero ella no estaba muy interesada. Descubrió que los franceses eran insoportables, fríos y burgueses. Y de todos modos, ella era su propio movimiento.

En el otoño de ese año, Frida viajó a Nueva York para su primera exposición individual, en la Galería Julien Levy. Clare Boothe Luce, esposa del magnate de la revista Time Henry Luce, estaba disfrutando de su exitosa obra de Broadway The Women y asistió a la inauguración. Frida era muy encantadora, incluso con los gringos capitalistas que tanto desdeñaba. Ella y Clare tuvieron gran química, y al final de la noche, Clare le terminó encargando a Frida que pintara un retrato. El tema era la difunta Dorothy Hale, una joven socialite deprimida y amiga de Clare que había vivido más allá de sus posibilidades en un apartamento en el piso superior de la recién inaugurada Hampshire House en Central Park South. Detalles clave de importancia: la noche anterior a su muerte, Dorothy se organizó un cóctel de despedida. Después de que se fuera la última invitada, se puso su vestido de terciopelo negro favorito y un ramillete de pequeñas rosas amarillas. Luego, a eso de las 5:15 a.m., se tiró por la ventana. [Lee la historia de una persona de 18 años que sobrevivió tras un intento de suicidio].

Clare y Frida habían conocido a Dorothy y estaban de acuerdo en que la situación era trágica. Clare también se sentía culpable. Su relación con Dorothy había sido tensa por cuestiones de dinero; Clare le había prestado el dinero del alquiler y Dorothy lo había gastado en un vestido de cóctel. Dorothy era la típica amiga molesta. En algún punto, Clare le había hecho algo feo. Y ahora ella estaba muerta. Para aliviar su culpa, y como un gesto amable, Clare quería regalarle a la madre de Dorothy el hermoso retrato de Dorothy hecho por Frida para que lo atesore.

Experimento mental: eres Frida, en situación económica apremiante. Tu matrimonio es más inestable de lo habitual. También tienes una catarata de problemas médicos. Estás comenzando a ganar público para tus pinturas, y la única forma en que puedes o quieres ganar algo de dinero extra es vendiéndolas. Clare Boothe Luce es rica y poderosa, y si está contenta con el retrato que te ha encargado, se lo contará a sus amigos ricos y poderosos, quienes también podrían encargarte un retrato. Sabes que así es como funciona. Es la regla de oro: el que tiene el oro, gobierna.

¿Qué haces? ¿Le das a Clare Boothe Luce lo que sabes que quiere, una imagen agradable y armoniosa que pueda presentarle a la madre de su amiga Dorothy? ¿O respetas tu propio talento y visión, y le das el impactante “El suicidio de Dorothy Hale”, y de paso, un mini ataque al corazón?

A diferencia de Frida, a mí me ha marcado para siempre la regla número uno de cada trabajo que tuve en tiendas pequeñas y de comida rápida durante mi juventud: la satisfacción del cliente es nuestra meta principal. En otras palabras, como muchas mujeres (como tú) siempre estuve condicionada a complacer al otro desde pequeña. Hubiera sido emocionante recibir una comisión de alguien como Clare Boothe Luce. Teniendo en cuenta que estaba pintando el retrato para la pobre madre de Dorothy, habría hecho que Dorothy se viese aún más bonita de lo que era en la vida real. Mi objetivo hubiera sido hacer que todos lloraran de alegría, hasta el propio espíritu de Dorothy.

Pero bueno, yo no soy difícil. Frida sí lo era.

En el centro de la pintura, detrás de lo que parece ser una capa de plumas de cirros, se levanta el Hampshire House de color crema con su gran cantidad de ventanas pequeñas y el techo de mansarda. En el fondo, una pequeña figura se desploma desde los pisos superiores. En el piso del medio hay otra mujer más grande que cae, claramente Dorothy Hale, con los brazos extendidos y la falda flameándole sobre las rodillas. En primer plano, descansando en el piso marrón está Dorothy con su vestido de terciopelo negro y su ramillete amarillo, con el cuello roto. La leyenda que se encuentra en la parte inferior de la pintura dice: En la ciudad de Nueva York el día 21 del mes de octubre de 1938, a las seis de la mañana, la Sra. DOROTHY HALE se suicidó arrojándose de una ventana muy alta del edificio Hampshire House. En su memoria [una línea en blanco] este retablo realizado por FRIDA KAHLO. La sangre fluye desde debajo de la cabeza de Dorothy y gotea sobre la leyenda y el marco.

Decir que Clare Boothe Luce estaba horrorizada es poco. “Siempre recordaré el impacto que sentí cuando saqué la pintura de la caja”, escribió más tarde. “Realmente me descompuso. ¿Qué iba a hacer con esta pintura espantosa de mi amiga aplastada en el suelo con la sangre goteando por todo el marco?

El primer impulso de Clare Boothe Luce fue destrozar “El suicidio de Dorothy Hale” con unas tijeras. Pero antes de hacerlo llamó a un amigo ilustrador que hacía tapas para el New Yorker. Intrigado, se apresuró y se lo quitó de las manos.

Actualmente, la imagen se encuentra colgada en el Museo de Arte de Phoenix y se cita habitualmente como una de las obras maestras de Frida Kahlo.

Es posible que Frida se haya emocionado al recibir una comisión, pero su gratitud no contaminó su perspectiva. Frida, siempre obedeció a sus verdaderos y agitados sentimientos, y solo podía pintar lo que estos le dictaban. Si la gente se alarmaba, mucho mejor. No estaba dispuesta a hacer una excepción del tipo: “Esta vez me abstendré de hacer las cosas locas de Frida”. No. Frida expresaba lo que había en su corazón con cada pincelada, y lo que había en el corazón de Frida ese otoño de 1938 fue desesperación. Su matrimonio había terminado. La gota que rebasó el vaso había sido el último asunto de Diego. De todas las mujeres disponibles para Diego en la Ciudad de México -y de acuerdo con los historiadores, al ser tan encantador e irresistible, eso quería decir todas las mujeres en la Ciudad de México-, su elección para tener un amorío extramarital fue la hermana de Frida, Cristina.

En 1939, Frida y Diego Rivera se divorciaron. Tal vez hubieran permanecido separados para siempre, si no hubiera sido por el asesinato del exiliado líder comunista ruso Leon Trotsky.

Varios años antes, mientras Frida y Diego todavía estaban relativamente felices, Trotsky y su esposa llegaron a la Ciudad de México para vivir con ellos, después de haber sido expulsados ​​de la Unión Soviética. El resumen de los Trotsky con los Riveras fue: tequila, tequila, tequila; Trotsky y Rivera discuten sobre política; Trotsky y Frida tienen una aventura, y Madame Trotsky cae en una depresión; Trotsky escapa de varios intentos de asesinato por parte de agentes estalinistas enviados desde la Unión Soviética, y acaba siendo asesinado el 20 de agosto de 1940, por un demente local con un hacha de hielo. ¡Frida y Diego, ahora viviendo separados, eran sospechosos! Rivera huyó a San Francisco, mientras que a Frida la detuvieron para interrogada. Al cabo de unos días, la liberaron, y Frida también se fue a San Francisco para consultar al Dr. Leo Eloesser acerca de una infección crónica por hongos; Eloesser la había tratado por varias afecciones en 1930 y se había convertido en una amiga de confianza.

Frida quería tanto a este “doctorcito” (como le gustaba llamarlo) que le pintó dos cuadros: “Retrato del Dr. Leo Eloesser” (1931), una representación un tanto improvisada del doctor parado con el codo sobre una mesa alta frente a un velero (Frida nunca fue muy buena pintando a otras personas) y “Autorretrato dedicado al Dr. Eloesser” (1940), que muestra su característica mirada perturbada. Se captura a sí misma en su ángulo favorito de tres cuartos, mirando directamente el paisaje por debajo de su infame uniceja. De su única oreja visible cuelga un pendiente dorado de una palma abierta. Una gargantilla de espinas se hunde en su cuello y extrae unas gotas de sangre.

En San Francisco, Frida y Diego volvieron a estar juntos. Tal vez los reunió la calamidad de ser personas acusadas del homicidio de Trotsky. O tal vez no podían resistirse al romance de la Ciudad junto a la Bahía. En cualquier caso, se volvieron a casar en 1940 en una pequeña ceremonia civil. Me excede tratar de analizar la lógica detrás de su reconciliación.

Durante Friego 2.0, Frida pintó la mayoría de sus obras maestras.

La inspiración es compleja y misteriosa. Lo que enciende a un artista es tan único como una huella digital. Frida parecía requerir de una mezcla balanceada de desesperación por los actos de desaparición de Diego, soledad y el compromiso con su propio cuerpo roto. Hasta la fecha, su historial médico completo sigue siendo desconocido. Se dice que tuvo 30 cirugías a lo largo de su vida, la mayoría de ellas intentaron reparar los daños causados ​​por el accidente del autobús que sufrió a los 18 años. Vio una gran ronda de médicos, la mayoría de los cuales se contradecían entre sí. Los médicos mexicanos una vez declararon que tenía “tuberculosis en los huesos” y querían operar; El Dr. Eloesser no estuvo de acuerdo. En 1944, su dolor crónico de espalda empeoró (tratamiento: corsé de acero recetado para reducir “irritación de los nervios” que usó durante cinco meses).

En la primera parte de 1946, buscó a un “médico de alto nivel de Gringolandia” para hacer una cirugía complicada en la que se fusionaban cuatro vértebras utilizando hueso de la pelvis. La operación se realizó en junio. Su recuperación fue un éxito, pero volvió a padecer malestar, esta vez, dolores de cabeza. Un nuevo médico en México la examinó y afirmó que el médico de Nueva York había realizado la fusión en las vértebras equivocadas. Pero hay otra versión de esta historia: La fusión fue un éxito y Frida se recuperó por completo. Entonces, una noche, Diego no regresó a casa, y en un ataque de rabia y frustración, se abrió sus propios puntos o se tiró al suelo y comprometió los huesos recién operados.

Los injertos óseos de Frida desarrollaron infecciones que requirieron inyecciones terriblemente dolorosas. Su circulación sufrió tanto por la inactividad y una dieta terrible que un día se despertó y descubrió que las puntas de los dedos del pie derecho estaban negras. Finalmente, fueron amputados, luego le amputaron la parte inferior de las piernas en 1953, un año antes de que muriera.

El amor de Diego por Frida parecía estar directamente relacionado con su invalidez. Cuanto peor era el dolor de su esposa, cuanto más sufría ella, menos la engañaba él. Se sentaba junto a su cama y le leía poesía en voz alta, o la abrazaba mientras se dormía. Cuando el dolor podía sortearse (a menudo con la ayuda de medicamentos fuertes ​​a los que ella eventualmente se volvería adicta), él volvía al trabajo, se distraía con una nueva amante y la dejaba. Otra vez.

Entonces, ella pintaba. Algunos de los trabajos más llamativos de Frida, sus obras maestras, provienen de este período. “La columna rota” (1944) muestra su cuerpo desnudo dividido irregularmente por la mitad, su piel perforada con las uñas. En el interior de su cuerpo abierto, el acero resquebrajado reemplaza su espina dorsal, su torso unido por las correas blancas que corrían debajo y sobre sus bonitos pechos. En “El ciervo herido” (1946), su rostro, en su ángulo estándar de tres cuartos, ocupa la cabeza de un ciervo herido corriendo en el bosque. Las cornamentas se extienden desde ambos lados de su cabeza, y nueve flechas perforan el cuerpo del venado. Su angustia por los alimentos que le obligaban ingerir, prácticamente, comida para bebés, se muestra en “Sin esperanza” (1945). Ella se encuentra en una cama en lo que parece ser un paisaje postapocalíptico; un marco de madera se cierne sobre ella, y se ve un embudo lleno de cabezas de pez, un pollo estrangulado, despojos y una calavera. Ella mira al espectador con su mirada clásica, lágrimas en las mejillas, con el extremo del embudo presionado entre sus labios.

El grado en que Frida ayudó a facilitar su propia miseria seguirá siendo un misterio. Su cuestionable atención médica es inferior solo en retrospectiva. Los médicos eran en su mayor parte de primera categoría, y practicaban los métodos más actualizados de la época. Pero sin importar si el sufrimiento disminuía, Frida no estaba dispuesta a hacerlo en silencio. No estaba interesada en comunicar su situación sino en expresarla. Así es como se siente estar en este cuerpo femenino roto. Así es como se siente estar sola y sin mi amado. Así es como se siente ser yo. Te reto a que me mires, y una vez que me veas, me aseguraré de que no puedas apartar la vista.

“La recomiendo a usted, no como marido sino como admirador entusiasta de su trabajo”, escribió Diego una vez a Picasso. “Ácida y tierna, dura como el acero y delicada y fina como el ala de una mariposa, adorable como una hermosa sonrisa, y profunda y cruel como la amargura de la vida”. 

Cuando Frida murió en 1954 a la edad de 47 años, era conocida principalmente como la exótica y pequeña esposa de Diego Rivera. El auge del feminismo a fines de la década de 1970 trajo consigo la pregunta “Oye, ¿dónde están todas las artistas? ¿Dónde están todas las mujeres de color? “Y la respuesta fue el redescubrimiento de Frida Kahlo. 

En 2016, la pintura de Frida de 1939 “Dos desnudos en el bosque (la Tierra misma)” se vendió en Christie's por un récord de ocho millones de dólares, la obra de arte latinoamericana más cara vendida en una subasta hasta la fecha. Una pintura al óleo sobre metal, pequeña y sombría, muestra a una Frida desnuda descansando su cabeza en el regazo de otra Frida desnuda, en medio de las enredaderas gruesas y las hojas de una jungla voluptuosa que solo existía en su mente.

55 de las 143 imágenes de Frida Kahlo son autorretratos. Muchos de ellos describen los males de vivir en un cuerpo femenino, entre estos, el desorden de la reproducción femenina y sus frecuentes fallas. Camas de hospital, instrumentos sangrientos, órganos internos que parece estar vomitando con desesperación. Una imagen delicada y anatómicamente correcta de su propio corazón latiendo dentro de su pecho, su cuerpo desnudo abierto, dando a luz a su yo adulto con bigote. El desnudo femenino, tan querido por los artistas finos, nunca había estado tan desnudo.

Entonces, es evidente que los hombres se sienten incómodos cuando las mujeres lloran. Solo se puede imaginar lo inquietante que puede ser esto, lo inquietante que es, cuando observamos los retratos de Frida. Pero Frida era una mujer que se sentía bien en el caos de sus sentimientos. Ella nunca los negó, nunca los camufló. Y eso la hizo fuerte. O, en opinión de algunos, difícil.